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· Los bautistas y su música (61)

 © 2026 Josep Marc Laporta

     1-     La aparición de los grupos de alabanza
2-    Nuevo ciclo musical y adoracional

              1- La aparición de los grupos de alabanza

Además de la figura de Promotor de Música de la UEBE, recaída en Elies Cortès, y de las nuevas ediciones de la Semana de Música, los últimos años de la década de los ochenta se caracterizaron por una lenta renovación de la música y la alabanza en las iglesias, con nuevas propuestas. Mientras que, por ejemplo, en 1988 la Iglesia de la Nativitat de Terrassa contaba con un espléndido coro de 45 voces dirigido por Esther Fitó y los jóvenes de la iglesia ofrecían una cantata titulada ‘Desayuno en Galilea’, o grupos como Selah, Nuevo Pacto o Sin Comentarios surgían y formaciones como la Coral Ale·luia de Sabadell gozaban de su mayor esplendor, la alabanza intraeclesial se enfrentaba a una muy lenta pero imparable revolución interna.

La novedad de los grupos de alabanza en las iglesias bautistas y evangélicas en general se empezó a vislumbrar a principios de la década de los ochenta en Estados Unidos, con la transición del ‘Jesus Movement’ –que había presidido los años sesenta y setenta– hacia la Contemporary Christian Music (CCM), con un estilo pop-rock, baladas suaves y la construcción de ministerios de adoración. Por consiguiente, hubo un tránsito de los himnos tradicionales a un sonido influenciado por el pop y el rock de la época, con nuevos cantos que la renovada industria discográfica profesionalizó y diversificó. La mudanza de himnos a cantos modernos conllevó la aparición de grupos de música moderna con sintetizadores, guitarras eléctricas y baterías que desde el estrado dirigían a congregaciones de talante más carismático, mientras que una gran mayoría siguió con sus himnos y tradiciones. Al principio, la ascendencia de los grupos de alabanza a sus congregaciones fue de simples animadores o directores del canto, con poca intervención en la dinámica espiritual de los congregados. Sin embargo, poco a poco fueron formando un liderazgo que incidía en la parte inspiracional de los mismos cantos, con proclamas y directrices de carácter pastoral, convirtiendo la alabanza en un formato o unidad espiritual en sí misma.

En España, aquel proceso se empezó a vislumbrar en el cambio de año de 1980 a 1981 y en el de 1982 a 1983, cuando un gran número de jóvenes españoles asistieron a unos encuentros europeos de misiones de cinco días de duración: Mission’80 y Mission’83, celebrados en Holanda. Una de las novedades fue el grupo que dirigía los cantos, con instrumentos modernos combinados con instrumentos clásicos orquestales y con adecuados arreglos musicales, además de la incorporación de nuevos cantos. Uno de los jóvenes asistentes, JM Laporta, importó el modelo en 1983 en una misión multievangelística de Juventud para Cristo en Girona celebrada el 12 de octubre, organizando y dirigiendo un grupo de alabanza. ‘Jesús, 2000 años de historia en un día’ –lema publicitario de aquel evento– implicaba que durante todo el día y en diferentes enclaves al aire libre de la ciudad se celebraban conciertos, actuaciones de teatro o actos artísticos para llevar el mensaje de salvación a los gerundenses. Asimismo, desde diferentes puntos de Catalunya confluyó una multitud de jóvenes de las iglesias evangélicas que, con su presencia, aportaban apoyo y calor a los distintos actos artístico-evangelísticos repartidos por toda la ciudad. Al final del día, en una plaza céntrica, se celebró un gran concierto de clausura con la intervención del grupo Paz de Albacete, pero con una primera parte de cantos dirigida por un novedoso grupo de alabanza, al modo de Mission. El siguiente vídeo recoge la grabación en vivo de un buen número de los cantos.

Un siguiente paso en la consolidación del concepto ‘grupo de alabanza’ en España aconteció en el cambio de año de 1984 a 1985 en el Palacio de Congresos de Barcelona. El evento internacional denominado Explo’85, organizado en España por Ágape (Campus Crusade for Christ), contó con un grupo de alabanza coordinado y dirigido por JM Laporta, tras la renuncia a última hora de Luis Alfredo Díaz, quien había sido designado en su momento por la organización. El siguiente vídeo recoge algunos de los cantos entonados junto a imágenes del grupo musical.

Tanto las iglesias bautistas como las evangélicas en general bebieron de las nuevas influencias, con algunos tímidos intentos de incorporación de grupos de alabanza en los templos. Pero no sería hasta finales de la década de los ochenta cuando, poco a poco, se fueron incorporando y generalizando en actividades extraeclesiales. Eventos, como el Festival de Música Evangélica Gospel celebrado en València el 6 de diciembre de 1988, contaron con un grupo de alabanza denominado para la ocasión ‘grupo base’, que fue dirigido por jóvenes de Dénia, con Ruth Comíns al frente. El siguiente vídeo recoge las intervenciones del grupo dianense.

Entretanto, en aquel mismo año El Eco reproducía un artículo del renombrado himnólogo Cecilio (Harry Cecil) McConnell (1913–2007) abordando el tema de las nuevas canciones y formatos, con el enunciado: ‘Nuevos modelos de cantos cristianos’. Rememorando diversos procesos históricos de renovación musical, desde los salmos, himnos y cánticos espirituales mencionados en Efesios 5:19 y Colosenses 3:16, pasando por breves aspectos de la renovación musical en la Reforma protestante para arribar a los cantos modernos, McConnell afirmaba que los coritos «tienen un ministerio legítimo dentro de la causa de Cristo», pero «son como una ensalada en una comida: refrescante y agradable. Sin embargo, la mayor parte de la gente no quiere alimentarse únicamente de ensaladas, precisa de cosas más sólidas, como judías, patatas o arroz y un poco de carne. Lo que hace que un corito sea fácil de memorizar comúnmente hace que su contenido doctrinal sea muy limitado; conmueven, pero enseñan poco. Los himnos, en cambio, siendo más largos, pueden desarrollar un pensamiento y mirar diversas facetas de un tema». Para concluir el artículo, publicado inicialmente en la revista Preludio en enero de 1988, el himnólogo y escritor aseguraba que «Al aceptar nuevas expresiones de adoración y de canto, no es deseable desechar del todo los modos anteriores. Cada cristiano y cada denominación tiene raíces en la historia, y los himnos son parte de esas raíces. Usemos de la nueva moda lo que nos sea útil, pero no rompamos lo que sea bueno del pasado».

           2- Nuevo ciclo musical y adoracional

El cambio de ciclo que se avecinaba se concretaba también en actividades musicales juveniles, como la del 12 de octubre de 1988 en Lorca, al celebrarse el Festival de Música del Sureste. Como norma de la organización del encuentro, «la unión [de jóvenes] anfitriona debe presentar canciones nuevas que enriquezcan nuestra música; en esta oportunidad el grupo de Lorca presentó las canciones ‘Se busca’ y ‘Cambiemos el mundo con Jesús’». El acto contó con un grupo invitado de València, ‘Nuevo Pacto’, «cuya actuación fue muy aplaudida por los jóvenes asistentes». ‘Nuevo Pacto’ se formó en 1985, cuando Arturo Aguilera, que provenía de Málaga y había participado activamente en la movida malagueña con Spray, decidió montar un grupo en València. Además de Arturo a la guitarra eléctrica y voz, el grupo lo completaban Juan Ortega al bajo y la voz, y Candi Montero a la batería. En 1987 fueron seleccionados para cerrar el año en la Expo de València y ese mismo año grabaron una maqueta que consiguió situarse entre los diez finalistas en un concurso promovido por los 40 Principales. El grupo finalizó su trayectoria a principios de 1990 después de actuar en diferentes escenarios evangélicos y seculares con un mensaje de base y fondo cristiano. En el siguiente vídeo se pueden escuchar dos de sus canciones provenientes de una maqueta grabada en 1985: ‘Vértigo’ y ‘Naturaleza rebelde’.

Otro de los grupos que aparecieron a finales de los ochenta fue ‘Sin Comentarios’. Surgido en València en 1987 con el nombre de ‘Revelación’, originalmente estaba formado por Francisco de la Torre Gómez y Carlos Ropa Muñoz a las guitarras eléctricas, Jonathan de la Torre Gómez a la guitarra y bajo eléctrico, y Sergio Martín Zamora al teclado y la voz. Debutó como grupo invitado en el Festival de Música Evangélica Gospel, celebrado en la Facultad de Historia de València el 6 de diciembre de 1988, acto organizado por la Unión de Jóvenes Bautistas valenciana. Al siguiente año, Carlos Ropa dejó el grupo, incorporándose José Miguel Padilla a la batería y cambiando el nombre a ‘Sin Comentarios’. La época más activa fue entre 1989 y 1993, año de su disolución, periodo en el que se unieron al proyecto varios cantantes. En 1990, Raquel Aguilarte, Ana López, Josué Rubio y Robert entraron haciendo coros. Y en 1991 participaron, aunque de manera más puntual, los hermanos Francisco y Mª Dolores Revert, actuando también fuera de la Comunidad Valenciana. La banda dio su último concierto en la plaza del Huerto de Senabre, en València, en 1993. En el siguiente vídeo se pueden escuchar dos de sus temas más celebrados: ‘Tiempo de decidir’ y ‘Tengo libertad’, maqueta grabada en 1990; aunque una de las canciones más recordadas del grupo sea ‘Invaders’, «irónica y alegórica acerca de una invasión de unos seres con forma de champiñones que aludía a las cosas y costumbres que nos atrapan en la rutina y que nos apasionan», según explicaba Sergio Martín.

        En el noreste de España y en la Iglesia Bautista de Zaragoza surgió ‘Selah’, grupo heredero de ‘Voces para Cristo’. Con los arreglos musicales de Javier Rodríguez, ‘Selah’ estuvo formado por Mario Velasco y J. Antonio Rodríguez en las guitarras; Óscar Pérez al bajo eléctrico; Javier Rodríguez a la batería; Verónica Vázquez y Mario Velasco a los teclados; y con las voces de Adelita Arroyo, Aurora Millán, Mabel Millán, Pili Millán y Rosita Dobato. En el siguiente vídeo se puede escuchar un álbum del grupo de 1988, editado por la Iglesia Evangélica Bautista de Zaragoza.

La renovación de la música eclesial tuvo muchos movimientos que, sin atañer directamente a los cultos regulares, promocionaban una nueva perspectiva de alabanza con actos especiales. El 6 de marzo de 1988 se celebró en la Iglesia Bautista de Cartagena un concierto doble, con la participación del coro de la iglesia, que presentó una cantata, y también un coro infantil, organizado y ensayado para la ocasión, entonando el musical ‘Oye, Papá’. Después de unas semanas de preparación con la invitación exprofeso de JM Laporta para la dirección musical del evento, el acto reunió a más de 250 personas en un templo con un aforo de 150. Asimismo, al concierto asistieron autoridades de la ciudad cartagenera.

Pero en el largo proceso de renovación de la alabanza cúltica, el pastor Ángel Martínez Samperio (1942–) salió al paso en 1989 con un artículo en El Eco titulado ‘Alabanza desde lo profundo’. En él resaltó la función pascual del culto y su dimensión escatológica, concluyendo con el epígrafe ‘Las desviaciones cúlticas: un camino estrecho entre falsas elevaciones’. Samperio aseveraba: «Francamente, desconfío de aquellas expresiones cúlticas que muy a menudo se corresponden con un estilo de vida que pretende ser siempre una expresión de lo extraordinario». Y ahondaba definiendo que «mucho me temo que una vida cristiana que huya de la mediocridad, poniendo sus acentos en la expresión de lo extraordinario, en la exhibición de lo portentoso y en la sumisión bajo su estilo de todo cuanto tiene, ni a lo mejor quiere, su manera de entender, tal vida va a entrar en un terreno resbaladizo». También apuntaba que «puede haber expresiones de pretendida alabanza que no broten del silencio activo de la adoración y sí de un clima contagioso, de una sugestión dirigida o de una neurosis inducida. En ese caso, se quedan en puro rito, un puro gesto autoincentivado, y pertenecen al terreno de las cosquillas». Sus consideraciones incidían en que «es posible que en algún momento estemos en el límite de Aarón, dando a las gentes lo que las gentes piden: siempre nos será más fácil una locura colectiva que una experiencia de adoración, la exaltación de un estado que el regocijo interior, la emoción como prejuicio que el sentimiento que brota de la comprensión».

El debate estaba servido. No obstante, los procesos de renovación y cambio de ciclo seguían su curso mediante actividades exteriores a los templos, como las juveniles o en encuentros supraeclesiales. Sin embargo, las tensiones a flor de piel se percibían en la organización y disposición cúltica dentro de las iglesias: el único espacio que aún ponía ciertas resistencias a un cambio de ciclo musical y adoracional.

Ciertamente los actos externos a los templos rezumaban mucha más creatividad, como el 25 de junio de 1989, cuando se celebró en Carcaixent el congreso anual de los bautistas valencianos, reuniendo a unos seiscientos creyentes llegados desde la Marina Alta hasta la Plana. La música estuvo a cargo del grupo de alabanza de Dénia, participando también el Coro Unido Valenciano bajo la dirección de Pau Grau Ballester (1967-) y Jaime Morell Camarasa (1954-). También en la Barceloneta (Barcelona) se desarrolló en aquel mismo año la III Muestra Coral del Barrio, con un concierto del coro de la iglesia de la calle Ginebra 35. Una presentación que fue patrocinada por una caja de ahorros.

Tras la publicación en El Eco en 1989 de ‘¿Puede Dios utilizar la música rock?’, escrito por el cantante estadounidense Keith Green (1953-1982), en el que defendía que «intentar cambiar los gustos musicales de la gente antes de permitirles oír la verdad es tan malo como cuando los judíos intentaban imponer la circuncisión a los gentiles de la época», a finales del mismo año el rotativo bautista reproducía un artículo de JM Laporta con el título ‘¿Tiene que evolucionar la música cristiana?’, en el que afirmaba que: «Tal vez lo que más miedo nos da es que dentro de cada evolución convive una revolución y, la verdad, es que no somos muy amantes de cambiar cosas que parecen más espirituales tal y como están. Muchas veces suponemos que el tradicionalismo es el perfecto sinónimo de la espiritualidad y esto no es cierto. La cuestión no es enterrar los himnos de más de 30 años y cantar sólo la novedad de turno. Muchos himnos son bellos, de gran valor musical y literario, y otros son una maltrecha adaptación de la tonadilla más exitosa de su momento. Posiblemente parezca más actual cantar el último éxito del compositor esforzado de no sé qué iglesia y entonar otra alabanza de tres acordes, cuatro frases y pocas ideas. Si algo debe evolucionar no es solamente la música. También deberían hacerlo los músicos porque, en principio, son los máximos responsables de lo que hacen».

Más adelante, Laporta postulaba que: «La música y la alabanza cristiana necesitan adquirir una vivencia espontánea y más inmediata. Muchas de nuestras melodías, aparte de contar con buenos o malos músicos, con buenos o malos instrumentos, tienen reloj de pulsera para anunciar a los que llegan a deshora que aún están a tiempo. También nuestras amadas sonatas utilizan despertador para avisar que el principio del fin está llegando. Y todo ello gracias a que la involución parece más santa que la evolución. Que nuestra música sea una vivencia espontánea devendrá gracias a que pastores, músicos y congregación sepan valorar no solo la música, sino el ministerio musical como algo más real y dinámico. Cantar, tocar instrumentos o batir palmas puede quedar en simple folclore evangélico si no nos proponemos revolucionar nuestra comunicación con Dios en cada melodía. Si canto el mismo himno que el domingo pasado, con las mismas intenciones que tenía ese día, estoy cerrando una puerta a la auténtica vivencia de la alabanza y relación con mi Señor».


Bibliografía y documentación




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