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· Migración misionera (2)

 © 2026 Josep Marc Laporta

  8- Integración y convivencia
            9- Cohabitación y aculturación
            10- Integración y misión
            11- Aquila y Priscila
            12- Misión inversa
            13- Migración misional inmersiva
            14- Del protestantismo histórico al evangelicalismo transnacional
            15- La política como prolongación de la misión

 

8- Integración y convivencia

Habitualmente, por la convicción religiosa que poseen, por la propia necesidad de ser acogidos y por la cadena de relaciones que establecen, los migrantes creyentes suelen integrarse en las actividades cúlticas y sociales de la congregación de acogida. No obstante, y por lógica de afinidades culturales y sociales, el migrante acostumbra a relacionarse con mayor facilidad con sus congéneres de origen, país o macrorregión. Y pese a que confraternicen de una manera u otra con los demás creyentes, las circunstancias sociológicas de parte invitan a crear grupos de afinidad propios más o menos abiertos, más o menos cerrados. En ello también participan los nativos, que desde hace años tienen sus propios círculos de relación, por lo que, instintivamente, siguen manteniendo sus inercias, preferencias o grupos de amistad eclesiales.

Cuando individuos o un número pequeño de migrantes arriban a una congregación, la integración suele ser mucho más efectiva. El grupo receptor los acoge y fusiona con bastante celeridad. Sin embargo, cuando los migrantes arriban, ya sea rápida o paulatinamente en mayor número y colectividad, pueden surgir discrepancias, discordancias o desavenencias de carácter eclesio-cultural. Especialmente en el evangelicalismo, donde teologías, liturgias o formas de hacer pueden ser notoriamente dispares entre distintas iglesias y/o denominaciones, la integración puede convertirse en un proceso más lento, no exento de dificultades. En dicho proceso y en algunas iglesias, la integración se ha invertido: los migrantes crecieron en número, mientras los naturales vieron menguar su asistencia e influencia. Consecuentemente, los naturales se tuvieron que acoplar a los migrantes. Y en llamativos y complejos casos, y tras un proceso más o menos dilatado en el tiempo, los arribados tomaron las riendas de la iglesia y, al final, los originarios abandonaron la congregación asistiendo a otras congregaciones o creando nuevas.

Alcanzar una cierta simbiosis socioeclesial es uno de los objetivos en congregaciones de múltiples procedencias migrantes de primera generación. Por lo general, el grupo receptor integra al recién llegado y el migrante acogido se afilia al modelo eclesial establecido; pero muchas veces la integración no engendra convivencia, sino cohabitación cúltica. Y es aquí cuando se pueden generar sinergias de imposición pasiva o activa que, a la larga, conduzcan a partes o a la totalidad del grupo migrante de primera generación a pugnar o imponer su criterio socioeclesial.

9- Cohabitación y aculturación

A menudo la cohabitación cúltica no es convivencia ni fraternidad cristiana. Es connivencia mientras tanto. La dificultad de los residentes para entender a la masa que ha ido llegando condiciona la ayuda y la integración. Y, por lo general, comprender integralmente al que llega implica bajar muchos peldaños del pedestal cultural en el que se ha estado instalado desde siempre. El proceso de empatía y comprensión hacia ellos necesita tanto de discernimiento espiritual como de empatía, humildad y benevolencia.

Por otro lado, el recién llegado sufre el síndrome de Ulises o estrés crónico múltiple. Un estrés de aculturación por la tensión derivada de la adaptación a una nueva cultura, idioma, valores, normas sociales, separación de la familia, soledad, incertidumbre económica, discriminación o miedo. Para el migrante, la adaptación implica aprender de nuevo sin querer dejar u olvidar nada del equipaje de vida acumulado anteriormente. Pero adaptarse a una nueva sociedad sin querer renunciar o ceder una parte del bagaje fácilmente puede llevarlo a vivir en estructura de gueto, que es lo mismo que encerrarse en su propio mundo y no querer abrir un resquicio a la realidad y a los beneficios culturales y sociales del lugar de acogida. No obstante, a pesar de que de entrada muchos se encierren en sus costumbres, formas de pensar, liturgias e interpretaciones teológicas inamovibles, por lo general y con el tiempo van abriendo e incorporando aspectos que les permitirán entender que hay vida más allá de su cultura de origen.

Pero mientras tanto, el proceso puede ser laborioso e incluso conflictivo, porque si por una parte no hay capacidad de ver más allá de la presencia y asistencia a actividades cúlticas de un migrante, y la otra se refugia en el recuerdo de sus anteriores tradiciones eclesiales, lo propio es que la inconexión se acomode en una cohabitación cúltica en la que prácticamente sólo se intercambiarán saludos bienintencionados.

10- Integración y misión

En las iglesias evangélicas, los procesos de integración social y eclesial de la población migrante relacionados con la misión presentan algunas variables. Una de las más frecuentes son los apoyos personales y favores sucesivos que se dan entre migrantes provenientes de un mismo país o macrorregión. Esta dinámica puede quedar reflejada en el siguiente proceso: un migrante cristiano conoce a un no cristiano de su misma latitud, quien de manera espontánea recibe apoyo práctico o emocional, invitándole a un culto o a una actividad social en los locales de una iglesia. Poco a poco, el auxiliado se asienta en la red de protección, encontrándose cómodo en el grupo humano y espiritual de la congregación, ampliando su círculo social. Y ya sea por propia iniciativa, por conversión o en un proceso más largo de transformación espiritual, su implicación le llevará a asistir a nuevos migrantes en una cadena de ayudas más o menos regular y activa.

En esta relación de paraguas eclesial y soporte social, la invitación a ir o asistir a una congregación generalmente no se percibe como una propuesta espiritual, sino como una forma de incorporar a alguien a una comunidad de apoyo en la que personas de la misma nacionalidad hacen de puente. De manera que la integración mediante las redes de protección eclesiales y migrantes creyentes convierte a estos últimos en misioneros sociales. Consecuentemente, la misión es un punto de encuentro entre personas, fomento de relaciones y una sensibilidad empática hacia quien tiene necesidades esenciales sin cubrir.

La multipertenencia, la movilidad constante, las redes internacionales, el intercambio cultural y las identidades híbridas son valores misionales a tener en cuenta y valorar en su justa medida. La cadena migratoria es un suceso transcultural que revitaliza la misión, aunque el paso del tiempo, el acomodo y la sedimentación religiosa también puedan producir un cierto estancamiento y gentrificación socioeclesial, con segundas y terceras generaciones más acomodadas. 

11- Aquila y Priscila

Lo primero que sabemos de Aquila y Priscila (Hechos 18) no es que fueran líderes religiosos, sino que eran personas desplazadas. Fueron expulsados de Roma por una decisión política del emperador Claudio César (10 a. C.-54 d. C), quien desterró a los judíos de la capital del Imperio, teniendo que reconstruir sus vidas a más de mil kilómetros de distancia. En términos modernos, podríamos considerarlos migrantes forzosos o exiliados. Esto significa que conocían de primera mano la incertidumbre del desplazamiento, la pérdida de estabilidad, la necesidad de comenzar de nuevo y la búsqueda de trabajo y de una comunidad.

Cuando Pablo llegó a Corinto, de viaje desde Atenas, se encontró a Aquila y Priscila, que venían de Roma. Entre ellos entablaron una relación de compañía y apoyo mutuo, trabajando juntos, ya que tenían el mismo oficio de fabricar tiendas. La misión empezó en la hospitalidad, la compañía, la relación franca y el trabajo. Tal fue la fraternidad entre el apóstol y el matrimonio que fueron pasando los años y Pablo seguía acordándose de ellos de manera entrañable y muy afectuosa: «Saludad a Priscila y a Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron su vida por mí; a los cuales no sólo yo doy gracias, sino también todas las iglesias de los gentiles. Saludad también a la iglesia de su casa» (Romanos 16:3-5).

En otra ocasión, en Éfeso y ante la llegada de Apolos —un brillante expositor y conocedor de las Escrituras, aunque con la comprensión del bautismo incompleta —, «Priscila y Aquila lo tomaron aparte y le expusieron más exactamente el camino de Dios» (Hechos 18:26). No lo humillaron ni lo confrontaron públicamente; lo acogieron, lo instruyeron y le ayudaron a crecer. Hasta tal punto fue de bendición el ministerio de tacto y cuidado del matrimonio, que Apolos continuó su viaje hasta Acaya para seguir anunciando las Buenas Nuevas con el envío de cartas de recomendación de parte de los creyentes de Éfeso.

Aquila y Priscila fueron una pareja intercultural. Vivieron en varios lugares. Procedían de Ponto, habían residido en Roma, emigraron a Corinto, se trasladaron a Éfeso y más tarde volvieron a Roma. Una lectura actualizada de sus vidas en referencia a la migración del siglo XXI sería la siguiente: llegan a un país nuevo, encuentran apoyo en una congregación abierta a la multiculturalidad; reciben ayuda práctica; forman redes de amistad y protección; comienzan a ayudar a los recién llegados e invitan a otros a conocer a Cristo. En este sentido, Aquila y Priscila son el mejor ejemplo bíblico de cómo una experiencia de migración puede transformarse en un ministerio de hospitalidad, acompañamiento y evangelización. Su historia muestra que Dios no sólo usa a grandes predicadores como Pablo, sino también a migrantes que abren su hogar y su vida para que otros encuentren a Cristo. El principio misionero no comienza construyendo edificios, sino abriendo hogares.

12- Misión inversa

La misión inversa es uno de los fenómenos religiosos más relevantes de las últimas décadas y constituye un cambio profundo en la historia del cristianismo mundial. Se refiere al proceso por el cual cristianos procedentes de países que fueron evangelizados por misioneros europeos y norteamericanos regresan ahora a Occidente como misioneros, con la intención de reevangelizar un continente que perciben como secularizado y espiritualmente debilitado.

Durante aproximadamente cinco siglos –desde el XVI hasta mediados del XX–, Europa fue el principal centro emisor de misioneros cristianos. Desde Portugal, España, Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza o los Países Bajos partieron miles de misioneros hacia América, África y Asia. La línea era unidireccional: Europa enviaba y el resto del mundo recibía. Sin embargo, durante el siglo XX se produjo un cambio demográfico extraordinario. La mayoría de los cristianos ya no vivía en Europa sino en América Latina y el Caribe, concentrando alrededor del 35% de los cristianos del mundo; África era el continente donde el cristianismo crecía con mayor rapidez y Asia experimentaba un crecimiento sostenido. Por el contrario, Occidente vio disminuir la práctica religiosa, concretamente en Europa occidental.

Este desplazamiento del cristianismo mundial fue descrito por historiadores como Philip Jenkins (1952-) y Andrew F. Walls (1928-2021), quienes señalaron que el centro de gravedad del cristianismo se trasladó del Norte global al Sur global. Por lo tanto, la misión inversa no consiste únicamente en inmigrantes que practican su religión fuera de su país, sino en personas que llegan deliberadamente con conciencia misionera para evangelizar a la población europea. Antes, Europa evangelizaba África; ahora, africanos evangelizan Europa. Antes, españoles iban a América Latina; ahora, pastores latinoamericanos fundan iglesias en Madrid, Barcelona o Sevilla.

La opinión de muchas iglesias africanas, asiáticas o latinoamericanas es que Europa atraviesa una profunda crisis espiritual. Las razones son la secularización, el descenso de la práctica religiosa, el envejecimiento y aburguesamiento de algunas iglesias históricas con una estructura ensamblada a una clase media acomodada, el individualismo, el relativismo moral y la pérdida de vivencia bíblica. Es por ello por lo que, para numerosos líderes evangélicos del Sur Global, Europa se ha convertido en un campo misionero.

La misión inversa está estrechamente vinculada a las migraciones internacionales, donde muchos cristianos llegan al viejo continente y no se sienten a gusto en las iglesias evangélicas históricas, por lo que se agrupan y crean nuevas congregaciones de mayoría migrante. En el proceso misionero organizan pequeños grupos de oración, alquilan locales, forman a nuevos líderes y desarrollan actividades evangelísticas entre sus congéneres. Sin embargo, todo este proceso forma parte de una gran infraestructura humana que se instala y permanece en el tiempo con la participación de nuevos agentes misioneros llegados de sus latitudes.

Tanto América Latina como África están asumiendo que la migración natural conlleva una fuerte conciencia histórica de la misión. Por lo tanto, muchas de sus iglesias consideran que, si el cristianismo llegó mediante misioneros europeos, ahora corresponde a sudamericanos o africanos revitalizar la fe europea con responsabilidad espiritual, también como una devolución de una deuda histórica.

Grandes iglesias pentecostales de Nigeria, Ghana o Kenia han desarrollado proyectos explícitos para evangelizar Europa. Consecuentemente, la misión no solamente se concreta en la migración regular o irregular hacia Europa, sino que también es una estrategia eclesial y pastoral mundial. Países africanos y latinoamericanos envían pastores a Europa valiéndose de las redes de congregaciones migrantes de primera y segunda generación ya establecidas. Casos como la Redeemed Christian Church of God de Nigeria ejemplifican un ministerio de alcance transmundial. Con implantación en más de 200 países, la Redeemed Christian Church of God cuenta con unas 40.000 iglesias en Nigeria, con un número estimado de pastores y personal de unas 200.000 personas, en un país con más de 242 millones de habitantes. En el ámbito internacional, la iglesia está presente en otros países africanos como Costa de Marfil, Ghana, Zambia, Malaui, Zaire, Tanzania, Kenia, Uganda, Gambia, Camerún y Sudáfrica. En Europa, la iglesia se extiende por Inglaterra, Alemania y Francia. Y en Estados Unidos hay congregaciones en Dallas, Tallahassee, Houston, Nueva York, Washington y Chicago, así como en los países caribeños de Haití y Jamaica. Asimismo, uno de sus programas más conocidos —el Servicio del Espíritu Santo, un culto de milagros que dura toda la noche y que se celebra el primer viernes de cada mes — se ha extendido por diferentes partes del mundo, incluyendo el Reino Unido, India, Estados Unidos, Canadá, Sudáfrica, Australia, Dubái, Ghana o Filipinas.

La descolonización de la misión o misión inversa implica que ya no existe dependencia occidental, que los líderes del Sur Global actúan con autonomía, que producen su propia teología y financian sus propias misiones. Por lo tanto, el liderazgo demográfico del cristianismo se ha decantado hacia el hemisferio sur con un trasfondo más pentecostal o neopentecostal y unos distintivos externos más expresivos, espontáneos o emocionales.

13- Migración misional inmersiva

Sin poder acotar todas las variables que el tema contiene, tanto los textos bíblicos como las evidencias nos muestran que la migración siempre ha sido, es y será parte de la misión. La transnacionalidad es un valor que permite vivir y crear múltiples relaciones, por lo que, en esencia, la misión puede multiplicarse al no estar sometida a una sola cultura o círculo regional o nacional.

El siguiente ejemplo nos permitirá observar los horizontes que se abren. Migrantes colombianos llegan a España y se establecen. Asisten a una iglesia evangélica y, en su adaptación, conocen a otro grupo de colombianos con los que tienen mayor sintonía. Mientras tanto, también tienen relación con otros colombianos no creyentes, ayudándose mutuamente y, mediante la iglesia a la que asisten, participando en una red de protección que, según procesos particulares, también desemboca en nuevas conversiones. No obstante, semanalmente siguen manteniendo relación con la familia y cristianos que viven en Colombia, conversando regularmente. Hay invitaciones a pastores del país de origen para visitar España y conocer la realidad. La iglesia colombiana de origen ve en el grupo de migrantes una oportunidad de misión y envía a un pastor misionero a España o lo forma sobre el terreno. Consecuentemente, nace una célula local con algunos colombianos. Al mismo tiempo, las ayudas económicas y humanas viajan indistintamente de un país a otro de distintas maneras y con diversos objetivos. Unas son para familiares, otras para proyectos, otras para necesidades concretas y otras financiando de manera práctica la misión. Finalmente, se forma una comunidad de migrantes colombianos en España, ministerialmente confraternizada con Colombia y con una responsabilidad misionera permanente. El resultado es una movilización de recursos de todo tipo que da como resultado nuevos objetivos misioneros con nueva vitalidad eclesial y espiritual: la migración misional inmersiva.

Este concepto surge cuando la migración se establece y consolida misionalmente como grupo étnico o nacional en un marco de refugio cultural, pudiendo representar pública y socialmente al protestantismo nativo, llegando incluso a la posibilidad de subrogarlo. La primera realidad objetiva que hay detrás de todo ello es la revitalización evangélica mediante la inmersión misionera migrante. Pero la segunda es una probabilidad real: la mutación de la posición pública y social del evangelicalismo ante la sociedad.

14- Del protestantismo histórico al evangelicalismo transnacional

La religión del siglo XXI es el pentecostalismo, con sus derivadas e influencias. Esta realidad espiritual y socioeclesial empapa a todas las confesiones cristianas, desde el evangelicalismo al catolicismo, incluso alcanzando a ciertos sectores de la Iglesia ortodoxa. Si el siglo XX fue cuando ciertas características teológicas pentecostales de fondo y forma se fueron implantando poco a poco en todas las denominaciones mediante la copia de costumbres eclesiales y espirituales, el siglo XXI es el de su uniformización.

Gran parte de la llegada de la inmigración evangélica a España de otros países ha traído consigo una tradición pentecostal, especialmente la arribada de Sudamérica y África. Sin embargo, durante gran parte del siglo XX y comienzos del XXI, el protestantismo español ha desarrollado una forma de presencia pública caracterizada por la moderación institucional, la búsqueda de reconocimiento jurídico y la cooperación prudente pero creciente con el poder político. En un país donde la hegemonía católica era evidente, las iglesias protestantes españolas entendieron que su avance no dependía de la confrontación, sino de la negociación paciente, la construcción de confianza y la creación de interlocutores estables ante la Administración.

En las últimas dos décadas, España ha recibido una migración significativa procedente de países latinoamericanos donde el evangelicalismo —especialmente el pentecostalismo y el neopentecostalismo— posee una presencia social más intensa. En países como Brasil, Perú, Colombia o República Dominicana, las iglesias evangélicas participan activamente en la vida política apoyando a candidatos, movilizando votantes, organizando campañas públicas y, en algunos casos, impulsando partidos o corrientes políticas explícitamente cristianas.

Este modelo contrasta con la tradición española. Mientras que el protestantismo histórico defendía una separación estricta entre iglesia y Estado, la migración latinoamericana trae consigo una cultura de participación política directa, donde pastores y líderes religiosos pueden convertirse en diputados, concejales o figuras públicas con influencia política explícita.

La consecuencia sociológica es evidente: el perfil del protestantismo en España está cambiando. La comunidad evangélica ya no es únicamente la de iglesias históricas con décadas de diálogo institucional, sino también la de congregaciones nuevas procedentes de la migración, vibrantes en la expresión, con una identidad marcada por la movilización comunitaria, la visibilidad pública y una relación más emocional e influyente con la política.

15- La política como prolongación de la misión

El cambio demográfico evangélico plantea a medio o largo plazo un escenario futuro diferente y múltiple. Hasta ahora, la tradición protestante española ha sido un modelo de cooperación institucional sin inmiscuirse en la política ni en el partidismo. Pese a ir incorporando paulatinamente ciertos tintes lobistas, su influencia se ha ejercido mediante la negociación, la representación federativa y la defensa de derechos, no mediante la presión electoral, la misión politizada ni la movilización de masas.

Sin embargo, la llegada de modelos sudamericanos introduce la posibilidad de que pastores entren en política, que comunidades movilicen a sus fieles en torno a ciertos candidatos, que la fe evangélica se convierta en un actor político visible, que la agenda religiosa ética entre en debates políticos o que la cooperación tradicional con el Estado se vea alterada. Esto no implica un juicio de valor, sino un análisis sociológico: dos culturas evangélicas distintas conviven ahora en España. Una, la histórica, basada en la institucionalidad y la separación de poderes; otra, la migrante, paulatinamente más decantada hacia la participación política activa y la movilización comunitaria. Es decir, la política, lo público y la influencia en los mass media como prolongación de la misión en un escenario de lobismo duro.

Además de que una nueva opinión pública de la sociedad española, diferente de la anterior, se está instalando respecto a las iglesias evangélicas, la FEREDE, como interlocutor histórico, podría enfrentarse a un desafío doble: mantener su tradición de separación entre Iglesia y Estado, su talante de respeto y cooperación institucional de carácter lobista blando, con la integración de comunidades migrantes que, de origen, pueden tener una perspectiva de las relaciones institucionales más politizadas, superando la actual para pasar a convertirse en un grupo de influencia y acción sociopolítica más directa.

Si el evangelicalismo sudamericano continúa creciendo —como indican los datos demográficos— es posible que la identidad evangélica española evolucione hacia una mayor diversidad interna, donde convivan iglesias nativas e históricas con una visión institucional, iglesias migrantes con una visión participativa y movilizadora, y nuevas generaciones que mezclen ambas influencias. Ejemplo de ello son algunas campañas evangelísticas masivas con un marcado acento sociopolítico en referencia a lo ético y espiritual. El resultado podría ser una politización parcial o cada vez más creciente de la fe evangélica, no necesariamente conflictiva, pero sí distinta de la tradición anterior, con nuevos escenarios de sustitución institucional, como ya ha sucedido en congregaciones históricas, donde la migración ha cambiado totalmente liderazgos y membresías, desplazando, segregando o sustituyendo las anteriores.

Migración misionera (1)

· Migración misionera (1)

© 2026 Josep Marc Laporta

1- A modo de introducción

2- Migraciones bíblicas

3- Cuius regio, eius religio

4- Religiones migrantes

5- Equipaje cultural

6- Red de protección

7- Relaciones transnacionales

 

1- A modo de introducción

       El concepto de migración no es nuevo ni tampoco ajeno a la historia de la humanidad. De tapa a tapa, la Biblia presenta un pueblo en constante movimiento: llamado a salir, exiliado, peregrino, refugiado o enviado. Consecuentemente, la experiencia migratoria no es un elemento secundario, sino una realidad sociocultural que moldeó la identidad del pueblo de Israel y la de la Iglesia de todos los tiempos.

       Pese a que el título anuncie el tema como ‘migración misionera’, también podría denominarse ‘migración transcultural y misión’ o ‘migración misionera colateral’, puesto que, básicamente, el traslado de la mayoría de personas de un país a otro es por razones económicas, de subsistencia inmediata o en busca de una mejor calidad de vida, especialmente perceptible cuando la necesidad moviliza a una colectividad en tiempo, espacio y número. Por consiguiente y como punto de partida, en el migrante común no hay una motivación prioritaria a una misión evangelizadora, sino que la creencia religiosa o de fe lo acompaña como un equipaje cultural y/o creyente en diferentes grados de experiencia, espiritualidad o religiosidad. Sin entrar en variables económicas, legales o administrativas, ni tampoco demográficas, la base del temario es la relación entre migración y misión, con especial atención al evangelicalismo.

2- Migraciones bíblicas

       Las Escrituras distinguen varios tipos de migración: por llamado divino, por hambruna, por persecución, por exilio o como metáfora de la vida del creyente. El libro del Génesis presenta la primera migración bíblica con Abraham, con la orden de abandonar su tierra, su familia, su cultura y su seguridad por mandato divino (Génesis 12:1-3). Posteriormente, en el Nuevo Testamento, Hebreos 11:8 ratifica la realidad primera y última de aquella migración: «Por la fe Abraham […] salió sin saber a dónde iba» (Hebreos 11:8). Es decir, fe y obediencia absoluta.

Sin embargo, la migración también tuvo lugar por causa de hambrunas, según narra Génesis 26:1-3, cuando Yahvé habló a Isaac advirtiéndole que no descendiera a Egipto: «Habita en la tierra que yo te diré». Seguidamente, Jacob y su familia emigran tras recibir la directriz de Dios en visión de noche: «No temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación. Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos» (Génesis 46:2-4). Pasados los años, el viaje a la tierra de los faraones también tenía pasaje de vuelta bajo la providencia divina y la vara de Moisés: «He visto la aflicción de mi pueblo […] y he descendido a librarlos» (Éxodo 3:7-8).

Por supuesto que el exilio forzoso es migración con pérdida de los privilegios culturales que protegen la identidad y el bienestar social de las familias. Este fue el caso del exilio babilónico, con la deportación hebrea a tierras hostiles. Tras la caída de Jerusalén, narrada en 2 Reyes 25, el Salmo 137 expresa la dureza de la estancia en un lugar inhóspito para el alma hebrea y la reiterativa añoranza sin recompensa, sin poder entonar cántico a Yahvé en tierra de extraños. Pero, sorprendentemente, Dios insta a buscar la paz en ciudad extraña, a construir hogares y formar familias: «rogad por ella a Yahvé; porque en su paz tendréis vosotros paz» (Jeremías 29:4-7). Pero tras el exilio llega otra migración y otras adaptaciones bajo un tiempo que no volverá ya más. Esdras 1 da cuenta de que el retorno también forma parte de la historia migratoria, con sus difíciles reencuentros con la realidad y la reconstrucción en todos los sentidos.

Jesús nació en un desplazamiento: un traslado temporal de la familia a Belén por causa de un censo dictado por Augusto César (Lucas 2:1-5). El viaje no fue todo lo sencillo y placentero que podían prever sus padres. El tiempo se cumplió y María dio a luz a su hijo primogénito en medio del traslado, en un pesebre, entre animales. Y el resto de la historia incluye una huida a Egipto por causa de la persecución de Herodes (Mateo 2:13-15). Sin embargo, el ministerio de Jesús no gozó de acomodaciones y privilegios. Fue itinerante. Aun sin salir de su propia tierra, el Salvador no dispuso de residencia fija: «Las zorras tienen guaridas, mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza» (Mateo 8:20). En esas condiciones de vida recorrió Galilea, Judea y Samaria.

Tras la muerte, resurrección y ascensión de Jesús, en Pentecostés los primeros cristianos experimentaron el primer encuentro internacional con partos, medas, egipcios, romanos, árabes y ciudadanos de Asia Menor (Hechos 2:5-11). Pero la persecución a la que posteriormente fueron sometidos provocó una diáspora que favoreció la expansión del Evangelio: «En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. […] Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio» (Hechos 8:1-4).

Gran parte del libro de los Hechos es un relato de migraciones misioneras, de desplazamientos, de viajes a tierras conocidas y desconocidas. El apóstol Pablo recorrió miles de kilómetros fundando iglesias en Chipre, Asia Menor, Grecia, Macedonia y Roma (Hechos 13-28). Consecuentemente, la misión cristiana se desarrolló y expandió mediante constantes viajes.

Sin embargo, la migración también se convierte en una imagen espiritual. Hebreos 11:13 expone la identidad del cristiano: «Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra». La expatriación y el peregrinaje también son parte de la misión del cristiano, hasta el punto de que el apóstol Pedro utiliza el lenguaje migratorio para describir la verdadera personalidad en la misión: «Os ruego como a extranjeros y peregrinos…» (1 Pe 2:11), concluyendo Pablo con el definitivo padrón: «Nuestra ciudadanía está en los cielos» (Fil. 3:20).

En resumen y como compendio: Abraham sale de Ur; Israel sale de Egipto; Israel vuelve del exilio; Jesús vuelve de Egipto; su ministerio no tiene domicilio fijo; los apóstoles recorren el mundo; y la Iglesia peregrina viaja entre las naciones. En definitiva, el cristianismo nació como una fe migrante y misionera, y las iglesias locales son hitos en el trayecto que marcan y señalan el camino a seguir.

3- Cuius regio, eius religio

Cuius regio, eius religio: ‘de quien sea el reino, de él será la religión’. O dicho de forma más libre: ‘la religión del gobernante será la religión de sus súbditos’. Esta era la fórmula del Sacro Imperio Romano Germánico durante el siglo XVI para resolver los conflictos religiosos. Aunque no aparece en el texto regio, la frase se asocia a la Paz de Augsburgo de 1555, un acuerdo firmado entre el emperador Carlos V y los príncipes luteranos del Sacro Imperio. El principio que establecía cuius regio, eius religio era que cada príncipe podía elegir la religión oficial de su territorio. Tras la Reforma protestante, las opciones eran el catolicismo o el luteranismo; por lo tanto, los habitantes debían aceptar la religión establecida por su gobernante o emigrar a otro territorio donde se practicara una de las confesiones que deseasen seguir. Por consiguiente, la libertad religiosa era un asunto de Estado que correspondía decidir según el criterio del gobernante, no del individuo; es decir, se producía migración por causa de la religión.

Es evidente que, siglos más tarde, en las sociedades occidentalizadas, la libertad religiosa es un derecho que pertenece al individuo y a su asociación, no al Estado. Este solamente tiene la facultad de permitirla, de proteger sus actividades y libertades y de regular su participación pública, preservando la buena convivencia en todos los ámbitos. Pero no tiene el derecho de prohibir ninguna de ellas, ni tan siquiera de entrar en valoraciones teológicas o doctrinales, o de decidir sobre cuestiones internas de cada religión, a no ser que atenten contra alguno de los principios fundamentales del Estado o de los derechos humanos.

4- Religiones migrantes

El concepto de religiones migrantes es una de las categorías más importantes de la sociología de la religión contemporánea. Se refiere a las tradiciones religiosas que se desplazan con los movimientos migratorios, estableciéndose en nuevos países y transformando tanto a las comunidades de inmigrantes como a las sociedades receptoras. No se trata simplemente de personas que cambian de residencia, sino de la movilidad transnacional de creencias, prácticas, instituciones, líderes religiosos y formas de organización. Sin embargo, el concepto de migración misionera va más allá de las religiones migrantes, observando la capacidad y pretensión de anunciar su fe a la sociedad receptora.

En esencia, una religión migrante es aquella que acompaña a una población que emigra desde su lugar de origen y se implanta en un nuevo contexto social, político y cultural sin más afectación que la presencia y sus derivaciones sociales. Y una migración misionera es la que en su proceso migratorio se instala en una nueva sociedad distinta a la original, anunciando o comunicando con mayor o menor intención, de forma más o menos activa o pasiva, su fe, creencias o experiencias religiosas.

En la historia reciente, religiones migrantes han desembarcado en otras sociedades, afectándolas en mayor o menor grado. El islam ha sido transportado por inmigrantes a Europa occidental; el hinduismo ha establecido comunidades indias en el Reino Unido, Canadá o Estados Unidos; migrantes latinoamericanos de confesión evangélica se han instalado en España; comunidades yazidíes fueron desplazadas por la violencia en Irak; o iglesias ortodoxas se han fundado en Europa occidental por ciudadanos del Este.

Pero en épocas pretéritas también hubo migración religiosa. Conquistadores españoles y portugueses llevaron la religión católica al otro lado del Atlántico, a África o Asia; puritanos europeos se instalaron en la América septentrional huyendo del acoso anglicano; hugonotes franceses escaparon a Inglaterra, Prusia, Suiza y los actuales Países Bajos tras la revocación del Edicto de Nantes; católicos irlandeses llevaron sus creencias a Estados Unidos, Canadá y Australia; colonos protestantes británicos contribuyeron a la expansión del anglicanismo en Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica; o menonitas y otros grupos anabaptistas emigraron a Rusia, América del Norte y América Latina.

5- Equipaje cultural

Las religiones migrantes son consustanciales con los movimientos de población, ya sean regionales, suprarregionales o globales. La religión, como equipaje cultural, se traslada como la ropa, la forma de vestir, los documentos o los bienes que viajan con ellos. Llevan consigo costumbres, valores éticos y morales, tradiciones litúrgicas o ancestrales y maneras de expresarse con términos asociados a su religiosidad. Estos elementos son importantes a tener en cuenta, puesto que muchas veces la fe y la creencia quedan revestidas de un ropaje que, en muchos casos, adquiere mayor significación que la propia esencia creyente.

Cuando una persona emigra pierde muchas referencias. Pierde el contacto con el idioma o acento de procedencia, pierde relaciones familiares, vecindad y rutinas diarias que le aportaban seguridad. Es por ello que, cuando llega a un nuevo lugar, el ejercicio de su religión es un medio de conexión con su tierra de origen, especialmente cuando contiene elementos litúrgicos semejantes a los que dejó atrás. Por tanto, el equipaje religioso es un vestido cultural que cubre la desnudez de la distancia. Así que, pese a que la fe esté muy arraigada en el creyente migrante, el equipaje cultural de esa creencia podría llegar a ser tanto o más intenso que la profundidad de su fe.

En confesiones litúrgicamente estandarizadas, como son la católica, la ortodoxa o el islam, la adherencia y pertenencia es, aparentemente, mucho más instantánea, lo que ayuda a la conservación de vínculos con su invarianza referencial. Sin embargo, en las comunidades de liturgias heterogéneas y diversificadas, como es el caso del evangelicalismo, la adhesión y conexión a menudo conlleva más tiempo de aproximación y vinculación. Pero, como veremos en siguientes capítulos, tras la aproximación tentativa acostumbra a producirse la vinculación activa, que en algunos casos puede derivar en diversos escenarios de sustitución.

6- Red de protección

Además del espacio de reconexión espiritual y litúrgica, los lugares de culto son centros de socialización. Entre otras, hay dos necesidades básicas que impulsan al migrante creyente a ir a un oratorio religioso. Sin establecer un orden concreto, ya que varía según cada individuo, una de ellas es la necesidad de encarnarse con la trascendencia; es decir, trascender espiritualmente para obtener una mirada más elevada de su realidad y/o mantener o profundizar en su fe. La otra necesidad tiene que ver con la filiación social: ser parte de una comunidad que sirva de red de protección y consiguiente apoyo social en el caso de necesitarlo.

Básicamente, más que la búsqueda de un apoyo puntual o concreto, la necesidad instintiva del migrante es ser parte de algo que pueda ser su red de protección. Las iglesias evangélicas, como también mezquitas, templos o sinagogas, pueden ofrecer ayuda económica, suministro de alimentos, orientación legal, ayuda para encontrar vivienda, búsqueda de empleo, clases de idiomas, cuidados infantiles o apoyo emocional. Y con el deseo de sentirse amparados por una red de protección aunque no tengan ninguna necesidad inminente, los migrantes suelen asistir a congregaciones étnicas o en las que se reúnan personas de la misma o parecida procedencia para saberse auspiciados, tanto espiritual como materialmente.

7- Relaciones transnacionales

Peggy Levitt (1957-), socióloga y profesora de sociología en el Wellesley College de Massachusetts, sostiene que las comunidades religiosas integradas por migrantes se desenvuelven en tres dimensiones: el país de origen, el país receptor y las redes sociales. Estas tres magnitudes en una sola realidad propician vínculos en dos direcciones: lazos emocionales y culturales con el país de origen y, paralelamente, lo mismo con el de llegada. Curiosamente, esta dimensión confiere al migrante un sentido de pertenencia transnacional que, aparte de los beneficios espirituales, humanos y materiales que pudieran aportarle, fácilmente puede desembocar en una psicología social de migración flotante o migrante permanente, especialmente cuando se da en la primera generación. Es decir, mantienen un contacto fluido con el pasado, conviven con el presente y sus circunstancias, pero el futuro podría ser una variable muy incierta. Por lo tanto, convivir por largo tiempo con dos raíces identitarias más o menos equidistantes acostumbra a generar migrantes permanentes, con identificaciones más utilitarias que vinculadas.   

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Próxima entrega:

8- Integración y convivencia

9- Cohabitación y aculturación

10- Integración y misión

11- Aquila y Priscila

12- Misión inversa

13- Migración misional inmersiva

14- Del protestantismo histórico al evangelicalismo transnacional

15- La política como prolongación de la misión

         

 

· La Biblia de Bach

© 2026 Josep Marc Laporta

     1-     El hallazgo
2-    El descubrimiento
3-    La sorpresa
4-    La validación
5-    La ubicación
6-    El olvido
7-    El proceso
8-    La autenticación
9-    El laboratorio
10-  La voz
11-    Las deducciones

            1- El hallazgo

        Fue en el mes de junio de 1934 cuando, con ocasión de una reunión del Sínodo de la Iglesia Luterana de Missouri celebrada en la pequeña ciudad de Frankenmuth, un delegado de distrito eclesial, el pastor Christian Riedel de Detroit, se alojó en casa de un primo suyo, Leonard Reiche, granjero de avanzada edad. Durante la estancia, Leonard le mostró una Biblia que su padre, emigrante alemán de Württemberg, había comprado en Filadelfia hacia 1847. Al morir el progenitor en 1879, aquella Biblia quedó en su posesión, aunque sin prestar atención al añadido valor histórico del libro. Durante su estancia en casa de su primo, Christian Riedel se dio cuenta de que aquella Biblia de grandes dimensiones resultaba ser el tercer volumen de la llamada Biblia de Calov.
        Johann Abraham Calov (o Calovius) (1612–1686) fue un destacado teólogo y filósofo luterano alemán, reconocido por ser el principal defensor de la estricta ortodoxia luterana en el siglo XVII. Entre otras obras teológicas y filosóficas, Calov editó la Grosse Teütsche Bibel, la Gran Biblia Alemana en tres volúmenes (1681-1682), que contenía, además del texto bíblico, extensos comentarios con una recopilación de los escritos de Martín Lutero (1483-1546), ordenados adecuadamente con relación a los pasajes sagrados.

            2- El descubrimiento

        Mientras Christian Riedel observaba detenidamente aquel tercer volumen de la Biblia de Calov, sus ojos se detuvieron en el ángulo inferior derecho de la página del título: un monograma con las letras J. S. Bach y la inscripción 1733. Al parecer, ni Reiche ni su padre habían advertido este detalle. Después de haber leído diligentemente y durante años aquella vieja Biblia de Calov, nunca habían imaginado que podría haber pertenecido a tan ilustre propietario. La escritura a mano de las iniciales y el apellido de Bach junto al año, tal vez de adquisición, desvelaba que muy probablemente estaban ante un ejemplar único. Pero sólo tenían un volumen de los tres que componían la Biblia de Calov. Faltaban dos. Meses más tarde encontraron en una caja perdida en el desván del granjero Reiche los otros dos libros. Sin embargo, la pregunta que se habían formulado Christian Riedel y su primo era si en los dos tomos faltantes encontrarían el mismo monograma y la fecha. Y así fue. Al igual que el primer volumen, los tomos II y III tenían el monograma prácticamente idéntico: J. S. Bach, y la fecha 1733 en la página interior del título.

            3- La sorpresa

        Cuando Riedel y Reiche se introdujeron en el grueso textual de los libros, examinando numerosas páginas de la Biblia de Calov, saltó la sorpresa. Aparte del monograma J. S. Bach y el año al principio de los tres tomos, en más de 250 páginas aparecieron diversos comentarios marginales escritos de puño y letra, presumiblemente por Johann Sebastian Bach (1685-1750), relacionando la música con el culto divino. También aparecían correcciones ortográficas e inserciones de textos faltantes. Pero lo que más abundaba eran subrayados y comillas en la parte del comentario teológico de Calov, hechos en tinta negra y roja, predominando las de tinta negra.
        Sin embargo, las anotaciones más interesantes tenían que ver con textos bíblicos alusivos a la música y al culto. Escrito al lado de Éxodo 15:20 se podía leer el siguiente Nota Bene: Erstes Vorspsiel. auf 2 Chören zur Ehre Gottes zu musicieren (Primer preludio, para ser interpretado a dos coros para la gloria de Dios).

 

        En el margen de 1ª Crónicas 25:7-31: Dieses Capitel ist das wahre Fundament aller Gottgefälligen Kirchen Music, etc. (Este capítulo es el verdadero fundamento de toda la
música sagrada, etc.).
        Al lado de 1ª Crónicas 28:21 la siguiente NB: Ein herrlicher Beweis, dass neben anderen Anstalten des Gottesdienstes, besonders auch die Musica von Gottes Geist durch David mit angeordnet worden (Maravillosa evidencia de que, aparte de otros tipos de adoración, la música en particular fue ordenada por el Espíritu de Dios a través de David).

 

        Y en 2ª Crónicas 5:13: Bey einer andächtigen Musique ist allezeit Gott mit seiner Gnadengegenwart (En la música devota, Dios está siempre presente con su gracia).

            4- La validación

        La confirmación de que aquello podía ser un descubrimiento trascendente llevó al pastor Riedel a consultar por carta a su amigo, el pastor Paul Sauer (1898-1964), quien entonces era el presidente del Coro Bach de Chicago. Tanto Riedel como Sauer conocían el ensayo pionero de Hans Preuss (1876-1951) titulado Bibliothek, publicado en Leipzig en 1928, de manera que escribieron al autor, residente en Erlangen, y también a Karl Straube (1873-1950), Kantor de Santo Tomás de Leipzig, para realizarles varias consultas sobre el tema. A pesar del gran interés suscitado, las respuestas no fueron nada categóricas y sí muy dubitativas. No obstante, el descubrimiento se hizo público en marzo de 1935, año del 250º aniversario del nacimiento de Johann Sebastian Bach.

        Mientras tanto, los pastores Riedel y Sauer escribieron un artículo que apareció en la revista alemana Der Lutheraner (vol. 91), y Preuss publicó en Erlangen un breve estudio titulado Johann Sebastian Bach der Lutheraner. Y otro primer estudio en inglés escrito por Henry George Hoch (1896-1971), titulado Lost Volume of Bach Found in Thum Home, apareció en 1935 en el rotativo Detroit News.

            5- La ubicación

        Aquella Biblia de Calov, que según los primeros indicios podría haber pertenecido a Bach, aún seguía en manos del granjero Reiche. Pero tanto Riedel como Sauer intentaron persuadirlo para que donara la Biblia al Museo de la Casa Natal de Bach en Eisenach. Sin embargo, Leonard Reiche, consciente del clima político en Alemania a mediados de los años treinta, se negó y en 1938, al cumplir 79 años,
decidió entregar los tres tomos a la Biblioteca 
Ludwig Fuerbringer del Concordia Seminary, principal centro de la Iglesia Luterana en St. Louis, Missouri.
        La Biblia de Calov es una Biblia en alemán con comentarios extractados mayoritariamente de los escritos de Martín Lutero (1483-1546), preparada y publicada en Wittenberg durante los años 1681 y 1682 por el teólogo Johann Abraham Calov (1612-1686). Su impresión es en folio vertical de 33 x 19,5 cm, y los tres volúmenes están encuadernados en cuero de chancho, encontrándose en excelentes condiciones. Originalmente, las cubiertas tenían ganchos que servían de cerradura y, en total, los tres volúmenes contienen 4355 páginas.
        Un dato historiográfico adyacente e interesante es que EE.UU. atesora más manuscritos autógrafos y fuentes primarias de Bach que cualquier otro país del mundo, evidentemente fuera de la tierra natal del compositor. Estos tesoros están dispersos a lo largo del territorio en 30 enclaves diferentes. Una reseña de estas fuentes de Bach enumera al menos 19 manuscritos, 55 partituras de ejecución originales, además de otros escritos autógrafos, entre ellos cartas, recibos y hasta un retrato del compositor pintado del natural. Entre estos documentos se encuentra la Biblia de Calov, la fuente de Bach más antigua en los EE.UU.

            6- El olvido

        Aquella Biblia de Calov, que supuestamente había pertenecido a Johann Sebastian Bach, permaneció durante más de treinta años totalmente ignorada en la Biblioteca Ludwig Fuerbringer del Concordia Seminary. En realidad, estuvo perdida, incluso para los propios bibliotecarios, que no tenían idea de su paradero y, en algunos casos, de su existencia. Pero gracias a la mudanza de la antigua biblioteca a un nuevo edificio dentro de las instalaciones del Seminario, en 1961 se encontró de nuevo, rescatándose de la negligencia acumulada de tres décadas.
        Tras su redescubrimiento, pocos años más tarde, en 1969, el estudioso alemán Christoph Trautmann (1933-1984), de Berlín, convenció al Concordia Seminary para que cediera la Biblia en préstamo a fin de ser exhibida públicamente en una muestra dedicada a los libros de Bach, que se celebraría en la ciudad de Heidelberg en el 44º Festival Bach. Finalizado el evento, Trautmann, como miembro del comité ejecutivo de la Neue Bachgesellschaft, pidió al Concordia Seminary la autorización para retener la Biblia a fin de estudiarla a fondo durante un año, devolviéndola en el plazo indicado al Seminario de St. Louis, Missouri.

            7- El proceso

        Antes de profundizar en la Biblia de Calov, en su datación y en la verdadera historia que ocultaba tras el monograma y los apuntes escritos a mano, Christoph Trautmann escribió un artículo en la revista Musik und Kirche que llamó la atención de investigadores de todo el mundo. Los expertos sabían muy bien que cuando Bach murió se hizo un recuento de todas sus posesiones, de su música, sus manuscritos; y entre el listado había una mención a su Biblia personal.
        El inventario detallado de los bienes de Johann Sebastian Bach realizado poco después de su muerte en 1750 enumeraba, entre otros artículos, una biblioteca teológica de más de ochenta volúmenes. Y encabezando la lista destacaba Calovii Schrifften 3. Bände (Escritos de Calov, 3 volúmenes), referencia a la Biblia comentada.
        Al dividirse los bienes entre los herederos, su viuda y los nueve hijos sobrevivientes, la Biblia de Calov pasó a su esposa, Anna Magdalena
Wilcke (1701-1760) quien, por las indigentes condiciones que atravesó, se vio obligada a vender la mayoría de sus bienes. Sin embargo, conservó la Biblia de Calov hasta su muerte, acontecida diez años después, permaneciendo en posesión de su familia hasta 1809, año en que en Leipzig muere en medio de la pobreza la última hija de Bach, Regine Susanna (1742-1809). Posteriormente se produce un vacío de varios años, sin datos sobre su paradero, hasta que en la primera mitad del siglo XX reapareció en casa del granjero Leonard Reiche, adquirida por su padre en 1847 y, presumiblemente, llevada desde Sajonia en alguna de las numerosas corrientes migratorias entre 1830 y 1840.
        Pese a los datos historiográficos familiares y los acontecimientos relativos al hallazgo, en la comunidad de estudiosos hubo un serio debate sobre si fue Bach el que escribió directamente en aquella Biblia editada por Calov. Tal vez otras manos que la tuvieron en su poder podrían haber agregado sendas inscripciones. Sin embargo, el artículo que escribió Trautmann en la revista Musik und Kirche y que llamó la atención de investigadores de todo el mundo, tuvo consecuencias tanto positivas como negativas. Contar la historia de la Biblia de Bach y ofrecer una descripción general de sus volúmenes fue una contribución muy importante; pero algunas de sus opiniones originaron serias dudas sobre su autenticidad. Sin un estudio científico y pormenorizado de la escritura no podía asentarse ninguna convicción.

            8- La autenticación

        Trautmann aceptó como auténticos los cuatro comentarios que relacionan la música con el culto y todas las entradas hechas con tinta roja; pero sobre la mayor parte de los escritos y anotaciones planteó una gran duda. Lo que hacía el asunto especialmente complejo era el hecho de que sólo muy pocas anotaciones eran escritos caligráficos, pues la mayor parte eran subrayados y comillas marginales. La insinuación de Trautmann de que sólo unos pocos pasajes eran atribuibles a Bach y que la identidad del escritor nunca podría conocerse a ciencia cierta puso la Biblia de Calov en un estado de eterno suspense.
        La situación parecía alargarse por la sencilla razón de que todo eran opiniones suscitadas por impresiones genéricas sin una base científica que las respaldase. Tal era la complejidad, que Alfred Mann (1917-2006), director del Bach Choir de Bethlehem, en Pensilvania, y secretario de la filial norteamericana de la Neue Bach-Gesellschaft, recientemente formada, le encomendó a Howard H. Cox (1924-2022), profesor emérito de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Moraviano de Bethlehem, Pensilvania, realizar una serie de análisis de la Biblia de Bach en representación de la filial.
        Mann envió una copia en microfilm de la Biblia a Cox, y también una copia del artículo de Trautmann. La primera mirada a la Biblia de Bach dejó a Cox bastante desconcertado. Como muchos otros entusiastas bachianos, supuso que encontraría en las Nota Bene vestigios del pensamiento del compositor. El bibliotecario del Concordia Seminary ya le había comentado que de tanto en tanto músicos locales iban a la biblioteca para ver la Biblia de Bach con la esperanza de encontrar alguna insinuación que se relacionara con una u otra de sus obras musicales. Y aunque no se pueda verificar con certeza, un comentario sí que se podría relacionar con una composición musical.
        La Nota Bene adjunta a Éxodo 15:20: Erstes Vorspsiel. auf 2 Chören zur Ehre Gottes zu musicieren (Primer preludio, para ser interpretado por dos coros para la gloria de Dios), invita a asociarlo con el motete de Bach, titulado Singet dem Herrn ein neues Lied (Cantad al Señor un cántico nuevo), puesto que el motete está escrito para doble coro. El Canto de Miriam, después de que los israelitas cruzaran milagrosamente el mar, empieza con las palabras: Singet dem Herrn. Sin embargo, la dificultad para su aceptación es que la nueva cronología designa el año 1727 como fecha de composición del motete; es decir, seis años antes de que Bach pudiera haber escrito 1733 al lado de su firma en la Biblia de Calov. La pregunta que queda en el aire es si Bach podría haber escrito el Nota Bene a modo de posdata.

        Los otros tres comentarios sobre música son de carácter general y relacionan la música con el culto. También hay un comentario geográfico en el cual Bach menciona un distrito de Erfurt llamado Schwerborn. Pero aparte de estas referencias, todas las anotaciones se relacionan específicamente con la Palabra, mostrando que el interés del anotador estuvo en el texto bíblico o en el comentario teológico.

            9- El laboratorio

        Ante la magnitud de la empresa, lo importante era acercarse al estudio de los escritos a mano en la Biblia de Calov sin ideas preconcebidas, buscando encontrar la verdad más absoluta. Por esta razón, Howard H. Cox decidió que, en lugar de seguir los pasos de Christoph Trautmann, empezaría un estudio nuevo del texto, usando a Trautmann sólo como una referencia. De esta manera comenzó a compilar una lista de las páginas que tenían anotaciones, para clasificarlas por categorías y poder evaluar sus valores intrínsecos.
        Durante un periodo de casi cuatro años recorrió una y otra vez las 4.355 páginas del microfilm, examinando cada una meticulosamente. De hecho, cada vez que recorría la película, encontraba anotaciones que no había visto previamente. A cada paso que daba, más convencido estaba de que el asunto de la autenticidad era prioritario, y que, dada la sustancia material de la fuente, era evidente que la única manera de encontrar una solución al problema consistía en un análisis de las tintas capaz de relacionar los subrayados con la escritura de las notas marginales.
        Cox no sabía si tal tipo de análisis había sido realizado alguna vez , pero asumió que era posible, bajo la premisa de que la ciencia puede resolver cualquier problema técnico. Sin embargo, pronto descubrió que el análisis de tinta de documentos históricos no se había intentado nunca. En la búsqueda de un laboratorio capaz de realizar los análisis de tinta, su primer contacto fue con el Museo Winterthur en Delaware. Había aprendido de su hijo, un museólogo restaurador, que los grandes museos tenían laboratorios desarrollados con métodos muy sofisticados para examinar objetos. Winterthur tenía tal laboratorio y el especialista con quien habló había hecho investigaciones sobre papel, pero nunca había analizado tintas. Sugirió, entonces, a un investigador privado en Washington, experto en trabajos para el FBI. Así comenzó una búsqueda de laboratorios capaces de efectuar análisis de tinta que, al cabo de tres años de infructuosos intentos, dio resultado.
        Otras instituciones contactadas incluyeron el Instituto Smithsoniano, el Departamento de Comercio de los E.E.U.U., la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, los Archivos Nacionales, la Biblioteca del Congreso, el Museo Metropolitano de Arte, los Laboratorios de Walter McCrone y Asociados, la Universidad de Lehigh y la Universidad de Washington. Lamentablemente, una de las instituciones contactadas —la Oficina de Alcohol, Tabaco y Armas de fuego — que disponía de un especialista en análisis de tinta para la investigación que se necesitaba, estaba restringida por ley a investigaciones forenses, de manera que esa puerta se cerró.
        En la primavera de 1982, Cox entró en conversaciones con los Laboratorios McCrone en Chicago, empresa que había examinado el Sudario de Turín. Finalmente, un día recibió la llamada de un profesor de la Universidad de California que lo conectó con el Laboratorio Nuclear Crocker, donde habían hecho pruebas de tinta de imprenta de una Biblia de Gutenberg y de otros incunables, pero todavía no habían experimentado con tinta manuscrita. En consecuencia, se hicieron las gestiones necesarias para transportar la Biblia de Calov y hacer pruebas en el laboratorio.
        El proceso analítico del Laboratorio Crocker era totalmente no destructivo. Disponía de un ciclotrón generador de un rayo de protones que, al atravesar un milímetro cuadrado de tinta y papel, produce radiografías de los mismos. La lectura de la radiografía resultante se envía a una computadora que proporciona un análisis
inmediato del espectro en términos de composición elemental cualitativa y cuantitativa. La técnica se conoce como ‘PIXE’ o emisión de rayos X inducida por partículas.
        Las copias impresas de la computadora incluyeron la lectura de diecinueve elementos, desde el sodio en el extremo ligero de la tabla periódica hasta el plomo en el extremo pesado. Los elementos pesados más estables fueron más útiles para los propósitos comparativos. Las unidades listadas son cantidades infinitesimales que se acercan a los nanogramas (billonésima parte de un gramo). Por medio de la computadora se procesaron los datos revisando las cantidades absolutas y las proporciones.
        En total se tomaron 152 muestras, 91 de las cuales eran de tinta manuscrita negra a fin de investigar la autenticidad de las anotaciones escritas. La Biblia de Bach se convirtió así en el primer documento histórico en el que se probó tinta manuscrita con propósitos de investigación. De las 91 muestras de tinta negra, 57 correspondían a escrituras marginales; las otras 34 pertenecían a subrayados y comillas. Asimismo, se estudiaron otros manuscritos de Bach, catalogando ejemplos paralelos. Sin embargo, para presentar pruebas convincentes, se estimó recurrir al juicio de un experto en la escritura autógrafa de Bach. Por consiguiente, las 57 muestras fotográficas disponibles se llevaron al Archivo Bach de Leipzig, donde su director, Hans-Joachim Schulze (1934-), las dividió en tres grupos: 36 que eran definitivamente de Bach, 10 que eran probablemente de Bach y 11 que posiblemente fueran de Bach.
        Al retornar de Leipzig, el nuevo material fue analizado y todo empezó a tomar su lugar: la escritura caligrafiada, los subrayados y las comillas pertenecían al mismo tipo de tinta; lo mismo sucedió con el caso de los tres grupos de Schulze. Por consiguiente, las conclusiones indicaban con gran probabilidad que todo el material escrito en la Biblia de Calov provino de la mano del compositor de Eisenach. Por lo tanto, se podía certificar que aquella Biblia datada en 1733 había pertenecido a Johann Sebastian Bach, quien también escribió de su puño y letra numerosos apuntes.

            10- La voz

        Detrás de los escritos de Bach en los márgenes de su Biblia está la voz del creyente, del músico, del marido, del padre, del hombre. Su voz es audible en las palabras que no escribió para nadie, sino para él mismo. Por lo tanto, debemos considerar su Biblia como un documento absolutamente privado. Bach habló consigo mismo y se expresó en su intimidad sin realmente pensar que nadie lo leería o analizaría. Raramente los investigadores han tenido un documento histórico semejante, exento de toda influencia externa.
        Bach anotó privadamente unos principios espirituales y teológicos representados en su música sacra y en sus cartas. Las Notas Bene más numerosas se encuentran en el Antiguo Testamento, especialmente en el Pentateuco y, aparte de los libros históricos y sapienciales, en los libros proféticos de Isaías, Ezequiel, Daniel y Joel. Esto permite deducir que Bach siempre relacionaba las profecías del Antiguo Testamento con su realización en el Nuevo Testamento.
        También hay marcas en los Salmos de David y los Proverbios de Salomón y en los textos que se refieren a la construcción de los templos, el Arca de Noé, el origen de la Iglesia, el Tabernáculo de Moisés y el Templo de Salomón, destacando que «todas estas construcciones fueron hechas según medidas dadas por Dios». En este apunte riguroso de subordinación prácticamente matemática a Dios se aprecia el pensamiento de Bach: una obediencia incondicional a las directrices divinas. Por esta razón escribió en el margen de 1ª Crónicas 28:21: «Maravillosa evidencia de que, aparte de otros tipos de adoración, la música en particular fue ordenada por el Espíritu de Dios a través de Davi». O al lado de 1ª Crónicas 25:7-31: «Este capítulo es el verdadero fundamento de toda la música sagrada, etc.». Su arte de fuga, tan matemático como creativo, también refleja la admisión absoluta y clarividente del orden divino.
        Johann Sebastian Bach era una persona ordenada, metódica, de costumbres sistemáticas y prácticas exigentes consigo mismo. Y ese comportamiento se manifestó en la aceptación del orden divino como esencia vital de conducta y proceder. En muchos episodios de su vida se observa un carácter adusto, firme en sus convicciones, incluso hasta llegar a cierta intransigencia. Las inscripciones de su puño y letra en su Biblia de cabecera delatan una fe entregada y dependiente de la gracia de Dios, como el apunte al margen de 2ª Crónicas 5:13: «En la música devocional, Dios está siempre presente con su gracia». Es aquí donde Bach describe la gracia de Dios como el aceite santo que resguarda el alma de las fricciones de la vida, identificando el doble sentido de la alabanza: una expresión profunda de gozo y agradecimiento a Dios y la respuesta divina con su gracia.

            11- Las deducciones

        Para redactar en un solo documento todo lo que Bach escribió y marcó en su Biblia de Calov se necesitaría un libro de centenares de páginas. Sin embargo, hay tres aspectos que pueden deducirse de sus anotaciones y que podrían resumirse en los siguientes epígrafes:
        Primeramente, el orden providencial de Dios. Es decir, esa magnífica disposición, equilibrio y armonía divina que ordena la vida de quien confía en Él.
        Como segundo aspecto, la vocación musical de Bach como un llamado divino. Esto es, la comprensión y aceptación de que sus talentos y dones debían ser puestos a los pies de Dios como una respuesta obediente y eficiente.
        Y, en tercer lugar, su determinación en establecer una música eclesiástica comprensible y admisible por la congregación, aceptable a Dios.
        Curiosamente, el bloque de material más marcado con subrayados está en el comentario de Calov sobre el Libro del Eclesiastés. Esto se podría interpretar en que el interés del Kantor crecía hacia una «sabiduría teológica práctica». En otras palabras, en el conjunto de actitudes por el cual el hombre confronta su vida diaria con el propósito de Dios, abarcando sus relaciones, sus valores profundos, sus emociones, el reconocimiento del gobierno de Dios por encima de los procesos históricos particulares y globales, o las corresponsabilidades sociales y aceptación del inmediato superior.
        En las cartas de Bach —perfectamente datadas por los historiadores— se pueden encontrar algunos comentarios que reflejan la idea de que Dios lo controla todo. Cuando Bach recibió su nombramiento en Weimar en 1708, solicitó su dimisión a la iglesia de Mühlhausen comunicándoles: «Ahora Dios ha dispuesto que se me presente un cambio inesperado». Y, en tiempos de desaliento en Leipzig, escribió en 1730 a su amigo de juventud, Georg Erdmann (1682-1736), una carta con los siguientes argumentos: «Quiso Dios que fuese nombrado aquí director de música y chantre de la Escuela de Santo Tomás… Me atreví con la ayuda del Altísimo, y dirigiéndome a Leipzig, rendí mis pruebas y cambié de residencia. Aquí estoy aún, por voluntad de Dios».
        Lo cierto es que estas manifestaciones podrían ser consideradas meras formalidades si no fuera por las numerosas similitudes que se encuentran en los pasajes marcados por Bach en los comentarios de la Biblia de Calov. Las siguientes frases fueron subrayadas por el Kantor:
        «Por consiguiente, quien quiera ser cristiano y llevar una vida piadosa debe aprender a soportar sus propias preocupaciones y encomendarle el mando a Dios, aprendiendo a rezar sinceramente la oración del Señor: ‘Señor, hágase tu voluntad’. Así la alegría y la tristeza, la paz y la intranquilidad, la fortuna y la desgracia, la muerte y la vida están absoluta y completamente en manos de Dios».

         De los escritos, apuntes, remarcados o subrayados de Bach en su Biblia se puede deducir, sin margen de error, que su convicción espiritual y dependencia de su Creador se trasladaba a su obra musical. Pese a que algunos historiadores han cuestionado su fe, las fugas, corales, motetes, suites, conciertos u oratorios describen una intención de expresión íntima que, aparte de que musicalmente son arte con todas las mayúsculas, espiritualmente son el reflejo de algo realmente profundo e inalterable. Es por ello por lo que posteriores
músicos y compositores honraron al Kantor de Leipzig aludiendo 
a su fe en Dios desde diferentes apreciaciones personales.

        >Robert Schumann (1810-1856): «Considero que Bach es inalcanzable, inconmensurable mediante criterios ordinarios. La música le debe tanto como la religión a su fundador».
        >Johannes Brahms (1833-1897): «Bach tiene el poder milagroso de aliviar los corazones afligidos».
        >Achille-Claude Debussy (1862-1918): «Sólo Bach adivinó la verdad eterna».
        >Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832): «Al oír la música de Bach tengo la sensación de que la armonía eterna habla consigo misma, como debió de haber sucedido en el seno de Dios poco antes de la creación del mundo».
        >Friedrich Nietzsche (1879-1888), tras escuchar la Pasión según san Mateo tres veces en una semana: «Y en cada una de ellas con el mismo sentimiento de adoración máxima. Alguien que, como yo, ha olvidado completamente el cristianismo, no puede evitar oírla como si se tratase de uno de los evangelios».
        >Emil Cioran (1911-1995): «Bach es la escalera de lágrimas por la que ascienden nuestras ansias de Dios».
        >Gustav Mahler (1860-1911): «En Bach, las células vitales de la música están unidas como el mundo está en Dios».
        >Peter Kreeft (1937-): «La música de Johann Sebastian Bach existe. Por tanto, debe existir un Dios».
        >Gilles Deleuze (1925-1995): «La música de Bach es un acto de resistencia contra la separación de lo sagrado y lo profano».


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Bibliografía:

Cox, Howard H., Editor. ‘The Calov Bible of J. S. Bach’. Studies in Musicology, No. 92, George Buelow, Series Editor. Ann Arbor: UMI Research Press, 1985.

Hans Preuss: ‘J.S. Bach der Lutheraner’. Der Lutheraner, Vol. 91 (1935).

Christoph Trautmann: ‘Calovii Schrifften. 3. Bände, aus J. S. Bachs‘. Musik und Kirche 39 (1969) pág. 145-160.

Translated as ‘J.S.Bach: new light on his faith‘. Concordia Theological Monthly 42 (1971) pág. 88-99.

Robin A. Leaver: ‘The Calov Bible from Bach’s Library‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol VII No. 4 (1976) pág. 16-21.

Renate Steiger: ‘Bach und die Bible‘. Musik und Kirche 57 (1987) pág. 119-126.

Howard H. Cox: ‘Bach’s conception of his office‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol. XX, No. 1 (1989) pág. 22-30.

Howard H. Cox: ‘The scholarly detective: Investigating Bach’s Personal Bible‘. Journal of the Riemenschneider Bach Institute, Vol. XXV, No. 1 (1994) pág. 22-30.

Gerhard Hertz: ‘Bach Sources in America Bärenreiter‘ (1984) pág. 187-195.

Mario Videla: Mario Videla El pensamiento íntimo de Bach a través de la Biblia de Calov’. Academia Bach de Buenos Aires.

Agradecimientos: A Mario Videla (1939-2023), por su colaboración en el documento y sus valiosas aportaciones en 2015. A Johannes Schilling (1954-), por la revisión documental, textual e histórica. A ambos agradecí y agradezco su sincera amistad.


© 2026 Josep Marc Laporta