1-Los
orígenes de la Casa de la Radio 2-El nuevo
estudio de grabación
1- Los orígenes de la Casa de la Radio
Cuando en 1953 Joseph W. Mefford (1921-2005), su esposa e hijos
llegaron a España como misioneros de la Foreign Mission Board, no imaginarían
la gran ayuda que significaría su presencia para las iglesias bautistas:
predicando, dando conferencias, alentando espiritualmente a las congregaciones,
tocando el acordeón, cantando y, también, editando programas de radio. El
trabajo de José Mefford como director y productor radiofónico fue muy
importante para lo que devendría. En la época en que el Seminario Bautista
estaba radicado en la calle Camp 65 de Barcelona, algunos estudiantes
participaron tanto en las grabaciones radiofónicas como en la preparación de
guiones. Ejemplos fueron Julio Díaz (1937-), Luis Playà (1940-), Ataúlfo Simarro (1922-2014), Narciso Núñez (1924-), Antonio Gómez (1936-2016) o Julio Marañón (1940-). Posteriormente, ya trasladados temporalmente a Alicante y definitivamente
a Dénia, se incorporarían otras voces y guionistas, como Adolfo de Silva (1927-2014), Jorge J. Pastor (1949–), Valentín Cueva (1945-) o Fernando Vergara (1946–2013).
Dada la repercusión y alcance que los
programas de radio tenían mediante el monográfico de 15 minutos denominado ‘Maravillosa
Gracia’, que se emitía desde Montecarlo (Mónaco) por Trans World Radio en onda corta para Europa
y América Latina, y ante la nueva posibilidad de contratación de tiempo en
emisoras locales por parte de las iglesias en territorio español, surgió la
necesidad de disponer de un lugar más apropiado para producir los nuevos
programas. Tras su larga estancia en el Seminario Bautista de Barcelona y su
temporal radicación en la IEB de Alacant, en 1975 el ministerio de Producciones
Audiovisuales de la UEBE se trasladó a la Residencia Bautista de Dénia,
acondicionando una habitación en el edificio central del recinto. La dirección estaba
a cargo de José Mefford (de
1965 a 1976),
quien, junto a Jorge J. Pastor como técnico, guionista y productor, y con la
aquiescencia de la Comisión de Audiovisuales de la UEBE formada por tres
misioneros estadounidenses y tres pastores españoles, propusieron construir un
inmueble más apropiado para grabar y editar los programas de radio. De esta
manera se inició la construcción de una casita en los terrenos de la Residencia
Bautista bajo la dirección del contratista José Gasquet. La Casa de la Radio
dispondría de un exclusivo espacio destinado a estudio radiofónico y dos
dependencias que serían usadas como despacho y archivo.
La historia del ministerio audiovisual,
que había pasado por un minúsculo y muy doméstico estudio en el Seminario Bautista
de Barcelona, por una pequeña dependencia en la Iglesia Bautista de Alacant y
por un dormitorio en la Residencia Bautista, por fin tendría un lugar más
adecuado donde preparar y editar de manera efectiva los programas de radio. En
1976 Jorge J. Pastor fue elegido director de la Comisión de Audiovisuales de la
UEBE y, consecuentemente, de la Casa de la Radio, inaugurando una época en que
la difusión de programas bajo el nombre ‘La Llamada’ creció considerablemente,
con espacios en emisoras públicas y privadas de Alcoi, Dénia, Granada, Vitoria,
Bilbao, Elx, Lorca, Manresa o Badajoz. Asimismo, el tradicional ‘Maravillosa
Gracia’ se seguía produciendo en Dénia y emitiendo desde Montecarlo,
iniciándose también la producción de materiales audiovisuales para las iglesias,
con diapositivas y grabaciones musicales como ‘Brisas de amor’ o ‘Nuevas sendas’,
herederos de antiguas producciones de los años 60 y 70, como ‘Cantos espirituales’
del tenor Pascual Haro u otros discos sencillos como Shalom.
Desde sus inicios, la Misión Bautista en
España fue la que sostuvo económicamente el ministerio de audiovisuales, siendo
muy generosa en su visión y finanzas, buscando los fondos necesarios tanto para
la edificación de la Casa de la Radio como para su posterior ampliación a
estudio profesional en 1990. El asesoramiento de Wesley E. Miller (1938–2017), que trimestralmente viajaba de Suiza a España,
fue muy importante en la preparación y disposición técnica de los primeros equipos
fonográficos. Asimismo, Paul Douglas Lee (1936–2019),
ingeniero de
sonido e imagen que había ejercido su profesión en la NASA, fue enviado por la
Misión para trabajar en la segunda mitad de los años setenta y principios de
los ochenta en Dénia, sirviendo como apoyo al ministerio de producciones, radio
y, también, en la Semana de Música. Junto a Paul, su esposa Brenda Lee (1943–),
excelente pianista, también sirvió en diversos ministerios.
2 2-El nuevo estudio de grabación
El 25 de abril de 1990 fue el día que se
inauguró la ampliación de la Casa de la Radio, convirtiendo la Casa de la Radio
en un estudio de grabación profesional. En el largo proceso intervinieron muchas
personas, desde el director Jorge J. Pastor, pasando por operarios, hasta Elías
Nofuentes (1961–), que sería parte del
equipo a tiempo completo asumiendo diversas tareas, o Luis Vicens (1965-), colaborando activamente en la ampliación
del estudio. Seguidamente, Rubén Sarrión (1958–), técnico ingeniero de
telecomunicaciones formado en el Reino Unido, fue recomendado a Jorge J. Pastor
por el pastor Marcelino Huidobro (1937-). Tras unos primeros pasos
de colaboración que no llegaron a fructificar, Sarrión y su familia se mudaron
definitivamente a Dénia en 1986, dedicando medio tiempo al ministerio de los
programas de radio y a la adecuación sonora del nuevo estudio, para pasar a dedicación
completa un tiempo más tarde.
Los procesos de construcción también
fueron de reconstrucción, ya que algunos aspectos técnicos en cuanto a sonido y
acondicionamiento acústico tuvieron que ser reajustados. Para este menester fue
muy importante la colaboración del ingeniero electrónico Rupert Neve (1926-2021), mundialmente conocido como diseñador de
equipos de grabación profesional y famoso por sus trabajos de preamplificación,
ecualizadores y mesas de mezclas para estudios de gran tamaño. Debido a la amistad
con Jorge J. Pastor, Neve se desplazó varias veces a Dénia para asesorar sobre
la acústica y realizar el seguimiento del proyecto. Asimismo, la colaboración
de Rupert Neve con Rubén Sarrión fue muy estrecha a fin de definir lo mejor
posible diversos aspectos técnicos, como gruesas capas de fibra de vidrio como
parte del diseño absorbente, puertas con planchas de plomo para aislar
absolutamente la sala de grabación de la de control, así como faldones de
madera de pino con paneles superiores fonoabsorbentes. La complejidad del
aislamiento y acondicionamiento acústico finalmente recibió el visto bueno de
Neve, quien garantizó que el estudio tendría una acústica óptima para grabar
todo tipo de música.
La mano de obra de todo el proceso de
reajuste acústico la asumió Rubén Sarrión, también ayudado durante ocho meses y
de manera altruista por un viejo amigo inglés, Tim Clinch (1956-). Otras personas trabajaron parcialmente, como un
matrimonio alemán, Volker y Sabina, quienes aportaron sus conocimientos en
placas de metal para bases de cascos de estudio, o unos hermanos suecos
expertos en madera, fabricando trampas de sonido para la ventilación entre la
sala de control y grabación. Sin embargo, una de las tareas más laboriosas fue
el cableado de la microfonía y los cascos o auriculares, con cientos de metros
de cables que conectaron la sala de control con la gran mesa de mezclas DDA.
En medio de las actividades del Retiro de
Pastores de la UEBE, el 25 de abril se inauguraron los nuevos estudios de
grabación cuya marca comercial se conocería como Kroma. Presidido por Jorge J.
Pastor como director desde 1976 y auspiciado por Manuel Sarrias, secretario
general de la Unión Bautista, en el acto participó Ruth Comíns Broch (1960-), con dos cantos de su recién estrenado álbum
‘Jesús, mucho más’, producido en su totalidad en los nuevos estudios. Tras
varios reconocimientos, la oración de dedicación fue elevada al Señor por el
pastor Juan Luis Rodrigo Marín (1923-2008).«Cuando salí de aquella
inauguración –escribía
un mes más tarde en El Eco el pionero José Mefford– recordé algunos detalles
de cómo todo esto se puso en marcha. En el año 1964, la Misión Bautista
Española me pidió que me hiciera cargo del incipiente ministerio de la radio.
En aquella época, claro está, no había forma de ponernos en antena desde dentro
de España, por los años de represión de la dictadura franquista. Las ondas,
como todo lo demás, estaban bajo control del Gobierno. Pero desde Montecarlo sí
que pudimos radiar, utilizando el sistema de onda corta. Radio Transmundial,
una organización cristiana, emitía programas cristianos desde sus estudios en
Montecarlo. El misionero Wes Miller, que residía en Rüschlikon, Suiza, y había
trabajado con la comisión de radio y televisión de los Bautistas del Sur de los
Estados Unidos durante ocho años, nos ayudó enormemente a ponerlo en marcha».
José Mefford proseguía con sus recuerdos: «Viendo todos los
aparatos tan sofisticados que poseen los nuevos estudios de Denia, mi mente
volaba hacia atrás en más de un cuarto de siglo y me acordé de muchas cosas.
Recordé los primeros esfuerzos que hacíamos para grabar, porque todo se tenía
que registrar en cintas magnetofónicas para que se mandaran a Montecarlo y que
los programas se emitiesen desde allí, para llegar a todos los rincones de
España por onda corta. Compramos un magnetofón y un micrófono. No teníamos estudio
de grabación: nuestro estudio era normalmente un dormitorio o una sala
cualquiera donde grabábamos los mensajes cristianos, y utilizábamos mantas para
absorber el sonido. Siempre estábamos luchando contra los ruidos de la calle o
de algún ascensor. De vez en cuando venía el Sr. Miller de Suiza con su
precioso magnetofón ‘Negra’ para grabar música de coros o de solistas o de
grupos, y yo tenía una envidia no muy santa cuando veía el despliegue de sus
aparatos, demasiado caros para nuestro siempre corto presupuesto. Pero se hacía
lo que se podía, siempre guiados por el Sr. Miller, que sobre el terreno nos
prestaba alguna pieza de equipo de vez en cuando. Todo lo que sé de la radio y
de la producción de programas se lo debo a él. Este hombre veía que aquí se
trabajaba con ilusión, no sólo de parte mía, sino por parte de muchos de los
bautistas españoles de aquel entonces. Más de una vez yo me reía de
satisfacción sabiendo con qué facilidad las ondas cortas llegaban a los oídos
españoles a pesar de la persecución tan vigorosa de la época».
La serie Los bautistas y su música termina
con este artículo. Con más de 60 documentos publicados durante más de cinco años, esta
historia musical, adoracional y musicológica de los bautistas españoles abarca
desde 1868 a 1990. Más de un siglo de datos e información que ha implicado una
exhaustiva investigación con la finalidad de establecer las líneas troncales de
la sociología y espiritualidad musical bautista, ahondando en cientos de rasgos,
particularidades o características que en algunos casos habían pasado
inadvertidos o eran desconocidos. A partir del próximo mes volveré a las
acostumbradas temáticas de Llum de Nit, con artículos de sociología, tanto
aplicada como de solidaridad internacional, derechos humanos, cristianismo o
histórica. También temas de psicología y sociología o psicología y
espiritualidad, así como de musicología o arte en general.
1-La
aparición de los grupos de alabanza 2-Nuevo
ciclo musical y adoracional
1- La aparición de los grupos de
alabanza
Además de la figura de Promotor de Música
de la UEBE, recaída en Elies Cortès, y de las nuevas ediciones de la Semana de
Música, los últimos años de la década de los ochenta se caracterizaron por una lenta
renovación de la música y la alabanza en las iglesias, con nuevas propuestas. Mientras
que, por ejemplo, en 1988 la Iglesia de la Nativitat de Terrassa contaba con un
espléndido coro de 45 voces dirigido por Esther Fitó y los jóvenes de la
iglesia ofrecían una cantata titulada ‘Desayuno en Galilea’, o grupos como
Selah, Nuevo Pacto o Sin Comentarios surgían y formaciones como la Coral
Ale·luia de Sabadell gozaban de su mayor esplendor, la alabanza intraeclesial
se enfrentaba a una muy lenta pero imparable revolución interna.
La novedad de los grupos de alabanza en
las iglesias bautistas y evangélicas en general se empezó a vislumbrar a
principios de la década de los ochenta en Estados Unidos, con la transición del
‘Jesus Movement’ –que había presidido los años sesenta y setenta– hacia la Contemporary
Christian Music (CCM), con un estilo pop-rock,
baladas suaves y la construcción de ministerios de adoración. Por consiguiente,
hubo un tránsito de los himnos tradicionales a un sonido influenciado por el
pop y el rock de la época, con nuevos cantos que la renovada industria
discográfica profesionalizó y diversificó. La mudanza de himnos a cantos
modernos en Norteamérica conllevó la aparición de grupos de música moderna con sintetizadores,
guitarras eléctricas y baterías que desde el estrado dirigían a congregaciones
de talante más carismático, mientras que la gran mayoría de las iglesias siguió con sus himnos
y tradiciones. Al principio, la ascendencia de los grupos de alabanza a sus
congregaciones fue de simples animadores o directores del canto, con poca
intervención en la dinámica espiritual de los congregados. Sin embargo, poco a
poco fueron formando un liderazgo que incidía en la parte inspiracional de los
mismos cantos, con proclamas y directrices de carácter pastoral,
convirtiendo la alabanza en un formato o unidad espiritual en sí misma.
En España, aquel proceso se empezó a vislumbrar
en el cambio de año de 1980 a 1981 y en el de 1982 a 1983, cuando un gran
número de jóvenes españoles asistió a unos encuentros europeos de misiones de
cinco días de duración: Mission’80 y Mission’83, celebrados en Holanda. Concretamente en Mission'83, una de
las novedades fue el grupo que dirigía los cantos, con instrumentos modernos combinados
con algunos clásicos, un buen grupo de cantantes y adecuados arreglos musicales,
además de la incorporación de nuevos cantos. Uno de los jóvenes asistentes, JM
Laporta, importó el modelo en aquel mismo año en una misión multievangelística de Juventud
para Cristo en Girona celebrada el 12 de octubre, organizando y dirigiendo un
grupo de alabanza. ‘Jesús, 2000 años de historia en un día’ –lema publicitario
de aquel evento– implicaba que durante todo el día y en diferentes enclaves al
aire libre de la ciudad se celebraban conciertos, actuaciones de teatro o actos
artísticos de diferente índole para anunciar el mensaje de salvación a los gerundenses. Asimismo,
desde diferentes puntos de Catalunya confluyó una multitud de jóvenes de las iglesias
evangélicas que, con su presencia, aportaban apoyo y calor a los distintos
actos artístico-evangelísticos repartidos por toda la ciudad. Al final del día,
en una plaza céntrica, se celebró un gran concierto de clausura con la
intervención del grupo Paz de Albacete, pero con una primera parte de cantos dirigida
por un novedoso grupo de alabanza, al modo de Mission'83. El siguiente vídeo
recoge la grabación audio en vivo de un buen número de los cantos.
Un siguiente paso masivo en la consolidación del
concepto ‘grupo de alabanza’ en España aconteció durante cinco días en el cambio de año de 1984 a
1985 en el Palacio de Congresos de Barcelona. El evento evangélico internacional
denominado Explo’85 con conexiones vía satélite en todo el planeta y organizado en España por Ágape (Campus Crusade for Christ/Cru),
contó con un grupo de alabanza coordinado y dirigido por JM Laporta, tras la renuncia
a última hora de Luis Alfredo Díaz, quien había sido designado en su momento
por la organización. El siguiente vídeo recoge el audio de algunos de los cantos entonados, junto a imágenes del grupo musical.
Tanto las iglesias bautistas como las
evangélicas en general bebieron de las nuevas influencias, con algunos tímidos
intentos de incorporación de grupos de alabanza en los templos. Pero no sería
hasta finales de la década de los ochenta cuando, poco a poco, se fueron
incorporando y generalizando en actividades extraeclesiales bautistas. Eventos, como el Festival
de Música Evangélica Gospel celebrado en València el 6 de diciembre de 1988,
contaron con un grupo de alabanza denominado para la ocasión ‘grupo base’, que
fue dirigido por jóvenes de Dénia, con Ruth Comíns al frente. El siguiente
vídeo recoge las intervenciones del grupo dianense.
Entretanto, en aquel mismo año El Eco reproducía
un artículo del renombrado himnólogo Cecilio (Harry Cecil) McConnell (1913–2007) abordando el tema de las nuevas canciones
y formatos, con el enunciado: ‘Nuevos modelos de cantos cristianos’. Rememorando
diversos procesos históricos de renovación musical, desde los salmos, himnos y
cánticos espirituales mencionados en Efesios 5:19 y Colosenses 3:16, pasando
por breves aspectos de la renovación musical en la Reforma protestante para
arribar a los cantos modernos, McConnell afirmaba que los coritos «tienen un ministerio
legítimo dentro de la causa de Cristo», pero «son como una ensalada en una comida: refrescante
y agradable. Sin embargo, la mayor parte de la gente no quiere alimentarse
únicamente de ensaladas, precisa de cosas más sólidas, como judías, patatas o
arroz y un poco de carne. Lo que hace que un corito sea fácil de memorizar
comúnmente hace que su contenido doctrinal sea muy limitado; conmueven, pero
enseñan poco. Los himnos, en cambio, siendo más largos, pueden desarrollar un
pensamiento y mirar diversas facetas de un tema». Para concluir el artículo,
publicado inicialmente en la revista Preludio en enero de 1988, el himnólogo y
escritor aseguraba que «Al aceptar nuevas expresiones de adoración y de canto, no es
deseable desechar del todo los modos anteriores. Cada cristiano y cada
denominación tiene raíces en la historia, y los himnos son parte de esas raíces.
Usemos de la nueva moda lo que nos sea útil, pero no rompamos lo que sea bueno
del pasado».
2- Nuevo ciclo musical y adoracional
El cambio de ciclo que se avecinaba se
concretaba también en actividades musicales juveniles, como la del 12 de
octubre de 1988 en Lorca, al celebrarse el Festival de Música del Sureste. Como
norma de la organización del encuentro, «la unión [de jóvenes] anfitriona debe presentar canciones nuevas que
enriquezcan nuestra música; en esta oportunidad el grupo de Lorca presentó las
canciones ‘Se busca’ y ‘Cambiemos el mundo con Jesús’». El acto contó con un
grupo invitado de València, ‘Nuevo Pacto’, «cuya actuación fue muy aplaudida por los
jóvenes asistentes».
‘Nuevo Pacto’ se formó en 1985, cuando Arturo Aguilera, que provenía de Málaga
y había participado activamente en la movida malagueña con Spray, decidió
montar un grupo en València. Además de Arturo a la guitarra eléctrica y voz, el
grupo lo completaban Juan Ortega al bajo y la voz, y Candi Montero a la
batería. En 1987 fueron seleccionados para cerrar el año en la Expo de València
y ese mismo año grabaron una maqueta que consiguió situarse entre los diez
finalistas en un concurso promovido por los 40 Principales. El grupo finalizó
su trayectoria a principios de 1990 después de actuar en diferentes escenarios
evangélicos y seculares con un mensaje de base y fondo cristiano. En el
siguiente vídeo se pueden escuchar dos de sus canciones provenientes de una
maqueta grabada en 1985: ‘Vértigo’ y ‘Naturaleza rebelde’.
Otro de los grupos que aparecieron a
finales de los ochenta fue ‘Sin Comentarios’. Surgido en València en 1987 con
el nombre de ‘Revelación’, originalmente estaba formado por Francisco de la
Torre Gómez y Carlos Ropa Muñoz a las guitarras eléctricas, Jonathan de la
Torre Gómez a la guitarra y bajo eléctrico, y Sergio Martín Zamora al teclado y
la voz. Debutó como grupo invitado en el Festival de Música Evangélica Gospel,
celebrado en la Facultad de Historia de València el 6 de diciembre de 1988,
acto organizado por la Unión de Jóvenes Bautistas valenciana. Al siguiente año,
Carlos Ropa dejó el grupo, incorporándose José Miguel Padilla a la batería y cambiando
el nombre a ‘Sin Comentarios’. La época más activa fue entre 1989 y 1993, año
de su disolución, periodo en el que se unieron al proyecto varios cantantes. En
1990, Raquel Aguilarte, Ana López, Josué Rubio y Robert entraron haciendo
coros. Y en 1991 participaron, aunque de manera más puntual, los hermanos
Francisco y Mª Dolores Revert, actuando también fuera de la Comunidad
Valenciana. La banda dio su último concierto en la plaza del Huerto de Senabre,
en València, en 1993. En el siguiente vídeo se pueden escuchar dos de sus temas
más celebrados: ‘Tiempo de decidir’ y ‘Tengo libertad’, maqueta grabada en 1990;
aunque una de las canciones más recordadas del grupo sea ‘Invaders’, «irónica y alegórica
acerca de una invasión de unos seres con forma de champiñones que aludía a las
cosas y costumbres que nos atrapan en la rutina y que nos apasionan», según explicaba Sergio
Martín.
En el noreste de
España y en la Iglesia Bautista de Zaragoza surgió ‘Selah’, grupo heredero de
‘Voces para Cristo’. Con los arreglos musicales de Javier Rodríguez, ‘Selah’ estuvo
formado por Mario Velasco y J. Antonio Rodríguez en las guitarras; Óscar Pérez
al bajo eléctrico; Javier Rodríguez a la batería; Verónica Vázquez y Mario
Velasco a los teclados; y con las voces de Adelita Arroyo, Aurora Millán, Mabel
Millán, Pili Millán y Rosita Dobato. En el siguiente vídeo se puede escuchar un
álbum del grupo de 1988, editado por la Iglesia Evangélica Bautista de
Zaragoza.
La renovación de la música eclesial tuvo
muchos movimientos que, sin atañer directamente a los cultos regulares,
promocionaban una nueva perspectiva de alabanza en el marco de actos especiales. El 6 de
marzo de 1988 se celebró en la Iglesia Bautista de Cartagena un concierto doble,
con la participación del coro de la iglesia, que presentó una cantata, y
también un coro infantil, organizado y ensayado para la ocasión, entonando el
musical ‘Oye, Papá’. Después de unas semanas de preparación con la invitación exprofeso
de JM Laporta para la dirección musical del evento, el acto reunió a más de 250
personas en un templo con un aforo de 150. Asimismo, al concierto asistieron
autoridades de la ciudad cartagenera. El siguiente vídeo es la grabación original del musical sobre la que se preparó la parte infantil del evento.
Pero en el largo proceso de renovación de
la alabanza cúltica, el pastor Ángel Martínez Samperio (1942–) salió al paso en 1989 con un artículo en El Eco titulado
‘Alabanza desde lo profundo’. En él resaltó la función pascual del culto y su
dimensión escatológica, concluyendo con el epígrafe ‘Las desviaciones cúlticas:
un camino estrecho entre falsas elevaciones’. Samperio aseveraba: «Francamente, desconfío
de aquellas expresiones cúlticas que muy a menudo se corresponden con un estilo
de vida que pretende ser siempre una expresión de lo extraordinario». Y ahondaba definiendo que
«mucho me
temo que una vida cristiana que huya de la mediocridad, poniendo sus acentos en
la expresión de lo extraordinario, en la exhibición de lo portentoso y en la
sumisión bajo su estilo de todo cuanto tiene, ni a lo mejor quiere, su manera
de entender, tal vida va a entrar en un terreno resbaladizo». También apuntaba que «puede haber expresiones
de pretendida alabanza que no broten del silencio activo de la adoración y sí
de un clima contagioso, de una sugestión dirigida o de una neurosis inducida.
En ese caso, se quedan en puro rito, un puro gesto autoincentivado, y
pertenecen al terreno de las cosquillas». Sus consideraciones incidían en que «es posible que en algún
momento estemos en el límite de Aarón, dando a las gentes lo que las gentes
piden: siempre nos será más fácil una locura colectiva que una experiencia de
adoración, la exaltación de un estado que el regocijo interior, la emoción como
prejuicio que el sentimiento que brota de la comprensión».
El debate estaba servido. No obstante, los
procesos de renovación y cambio de ciclo seguían su curso mediante actividades
exteriores a los templos, como las juveniles o en encuentros supraeclesiales.
Sin embargo, las tensiones a flor de piel se percibían en la organización y
disposición cúltica dentro de las iglesias: el único espacio que aún ponía
ciertas resistencias a un cambio de ciclo musical y adoracional.
Ciertamente, los actos externos a los
templos rezumaban mucha más creatividad, como el 25 de junio de 1989, cuando se
celebró en Carcaixent el congreso anual de los bautistas valencianos, reuniendo
a unos seiscientos creyentes llegados desde la Marina Alta hasta la Plana. La
música estuvo a cargo del grupo de alabanza de Dénia, participando también el
Coro Unido Valenciano bajo la dirección de Pau Grau Ballester (1967-)y Jaime Morell Camarasa (1954-). También en la
Barceloneta (Barcelona)
se
desarrolló en aquel mismo año la III Muestra Coral del Barrio, con un concierto
del coro de la iglesia de la calle Ginebra 35. Una presentación que fue
patrocinada por una caja de ahorros.
Tras la publicación en El Eco en 1989 de ‘¿Puede
Dios utilizar la música rock?’, escrito por el cantante estadounidense Keith
Green (1953-1982), en el que defendía que «intentar cambiar los
gustos musicales de la gente antes de permitirles oír la verdad es tan malo
como cuando los judíos intentaban imponer la circuncisión a los gentiles de la
época»,
a finales del mismo año el rotativo bautista reproducía un artículo de JM
Laporta con el título ‘¿Tiene que evolucionar la música cristiana?’, en el que
afirmaba que: «Tal
vez lo que más miedo nos da es que dentro de cada evolución convive una
revolución y, la verdad, es que no somos muy amantes de cambiar cosas que
parecen más espirituales tal y como están. Muchas veces suponemos que el
tradicionalismo es el perfecto sinónimo de la espiritualidad y esto no es
cierto. La cuestión no es enterrar los himnos de más de 30 años y cantar sólo
la novedad de turno. Muchos himnos son bellos, de gran valor musical y
literario, y otros son una maltrecha adaptación de la tonadilla más exitosa de
su momento. Posiblemente parezca más actual cantar el último éxito del
compositor esforzado de no sé qué iglesia y entonar otra alabanza de tres
acordes, cuatro frases y pocas ideas. Si algo debe evolucionar no es solamente
la música. También deberían hacerlo los músicos porque, en principio, son los
máximos responsables de lo que hacen».
Más adelante, Laporta postulaba que: «La música y la alabanza
cristiana necesitan adquirir una vivencia espontánea y más inmediata. Muchas de
nuestras melodías, aparte de contar con buenos o malos músicos, con buenos o
malos instrumentos, tienen reloj de pulsera para anunciar a los que llegan a
deshora que aún están a tiempo. También nuestras amadas sonatas utilizan despertador
para avisar que el principio del fin está llegando. Y todo ello gracias a que
la involución parece más santa que la evolución. Que nuestra música sea una
vivencia espontánea devendrá gracias a que pastores, músicos y congregación
sepan valorar no solo la música, sino el ministerio musical como algo más real
y dinámico. Cantar, tocar instrumentos o batir palmas puede quedar en simple
folclore evangélico si no nos proponemos revolucionar nuestra comunicación con
Dios en cada melodía. Si canto el mismo himno que el domingo pasado con las
mismas intenciones que tenía ese día, estoy cerrando una puerta a la auténtica
vivencia de la alabanza y relación con mi Señor».
1-El Promotor de Música 2-La encuesta sobre la música en las
iglesias 3-Nuevas ediciones de la Semana de Música
1-El Promotor
de Música
La
figura del Promotor de Música de la UEBE la instauró Errol Simmons (1939-2014) en su propia persona a mediados de los
años 70. Su función era ayudar a potenciar o mejorar la música en las iglesias
y promover un mejor espíritu de alabanza. En unos años en los que los himnos
clásicos y su interpretación acorde a épocas pasadas no concordaban con los
nuevos tiempos, la tarea del Promotor de Música tenía un doble objetivo: renovación
y actualización. En otros términos, inspirar a un renovado espíritu de
alabanza, también actualizando y mejorando los componentes musicales que
participaban en el culto.
Sin
embargo, hacía ya un tiempo que otra parte significativa del ministerio musical
surgido en las iglesias bautistas había experimentado una importante
transformación. La música pop, que se había abierto camino en los círculos
evangélicos a partir de los años 70, en los 80 se consolidó con el mismo
propósito: ser misión de testimonio fuera de las iglesias. Grupos musicales
bautistas nacidos en los 70, como Proa, Paz, Shalom o Voces para Cristo, tuvieron
un significativo ministerio evangelístico fuera de los templos; mientras que
otros jóvenes talentos con grupos como Sin Comentarios, Judá, Rock Xàtiva,
Nuevo Pacto o Misión aparecerían hacia mediados y finales de los 80. Asimismo,
los coritos o cantos cortos y animados participaban con asiduidad en las
reuniones de jóvenes o en actividades paralelas a los cultos regulares, aunque
poco a poco fueron perdiendo su tradicional identidad para dar paso a canciones
de tendencia más pop, con énfasis músico-adoracional y con incipientes grupos de
alabanza.
A
pesar de los progresos estéticos y conceptuales, un visible contraste delataba una
realidad compleja. Dentro de los templos, los himnos clásicos aún prevalecían,
siguiendo los modelos de antaño, con su solemnidad, rituales y protocolos de interpretación,
mientras que el testimonio con música fuera de ellos gozaba de nuevos
horizontes. Esta disonancia entre música de culto tradicional y música moderna
de testimonio era, en principio, más estética que ética, aunque en realidad
eran vasos comunicantes. Consecuentemente, la espontaneidad de la alabanza comunitaria
se expresaba muy atenazada por el peso de la historia, con ritualizaciones y repeticiones
fuera de contexto, y sin facilitar o proponer una renovación más acorde a la
estética de los tiempos. A todo ello se sumaron iniciativas como la de Adolfo
de Silva Rodríguez (1927-2014), reivindicando
mensualmente en El Eco Bautista el valor imperecedero de los himnos, con la
inclusión de uno de ellos junto a un comentario alusivo. Y aunque una nueva realidad
empezaba a emerger lentamente con los grupos de alabanza, el proceso de
implementación tendría sus dificultades, además de puntuales controversias
eclesiales.
La
labor del Promotor de Música, que había implantado Errol Simmons y que hasta
1987 estaba vacante, era un ministerio cuya finalidad debía ser ayudar a los
ministerios de alabanza de las iglesias. Y pese a que hacia finales de los 80
aún no había irrumpido en toda su plenitud el movimiento de alabanza y
adoración que sacudiría a las iglesias evangélicas de todo el mundo, lo cierto
es que el futuro del ministerio tendría en sus manos una delicada tarea de
renovación ministerial y musical.
Elies
Cortès Casanovas (1954-), recién graduado del Seminario Teológico Bautista Español, fue
propuesto por la UEBE para dicho cargo en 1987. Su ideario se vislumbraba en un
artículo que escribió a mediados de los 80 en El Eco, con el retador título:
‘¿Sobre qué has sido fiel?–La música y el compromiso con Dios’. Buceando en el
documento se puede descifrar una de sus preocupaciones: «Es cierto que entre
nuestras iglesias el nivel musical es bajo, que no hemos entendido todavía que
la única posibilidad para ir ‘afuera’ es hacerlo igual o mejor que ellos, pero
también es cierto que tenemos que estar batallando, como luchadores natos, entre
nosotros aquellos que quizá no tenemos la mitad de los conocimientos y la preparación
que otros tienen en nuestras iglesias, pero que no aportan al Señor, y a estos
quiero hacer un llamado especial. ¡Hermano músico!, ¿qué le vas a decir al
Señor cuando te enfrentes con Él y te recuerde que tu capacidad no es tuya,
sino que te la dio Él para que la administraras? ¿Desenterrarás tu talento y se
lo darás entonces? Nuestro nivel es bajo, sí, pero podría estar mucho mejor si
los que tienen estudios y capacidades los aportan al Señor. Una última palabra
quiero deciros, y pensar que estas palabras no quieren molestar a nadie, que
están dichas con temor y temblor y que lo que buscan es animar y hacer
reaccionar al pueblo de Dios en este aspecto, para que se rindan a Aquel que
los salvó. El Señor no utiliza al que más sabe, no; sino a aquel que quiere
dejarse llevar y usar por Dios».
El
razonamiento de Cortès, como futuro Promotor de Música, iba especialmente
dirigido a aquellos creyentes que disponían de una buena formación musical, pero
que se reservaban su talento y no lo entregaban al Señor. En una entrevista
realizada por la periodista Beni
Moreno Cárdenas (1967–) en El Eco, Elies
Cortès también afirmaba que se debía «proveer a los
músicos de materiales para que ellos practiquen y todo se pueda poner al
servicio de las iglesias». En unas reflexiones de 1988 publicadas
en el rotativo bautista tituladas ‘Alabanza’, Cortès apuntaba que «El cristianismo real, al no poder ser una religión teórica, sino una
experiencia viva, es inconcebible sin la alabanza». Y que por eso «la Palabra de Dios nos invita a alabar a Dios por su
carácter y su obra (Salmo 117)». También que la misma Palabra divina «nos invita a cantar como expresión de nuestra fe
en Él (Salmo 146)». Y,
asimismo, «nos
invita a cantar en comunión con otros, sin barreras (Salmo 148:11-14). Así como
explicita el salmo, las barreras sociales (reyes, príncipes, jueces) o las
generacionales (jóvenes, doncellas, niños, ancianos) se rompen. Alabanza y
comunión son inseparables». Consecuentemente, escribía Elies Cortès, «la Palabra de Dios nos invita a cantar un
cántico nuevo (Apocalipsis 5:9-14)». Y, por último, remarcaba que «nos invita a cantar proféticamente. Así ahora,
unos cuantos de sus hijos aquí cantamos lo que después cantarán, como dice
Apocalipsis, millones y millones allí (Ap. 21:1-7)».
Construidos
y compartidos los cimientos básicos de la alabanza y de su ministerio como Promotor de Música en 1987, Elies puso en marcha los mecanismos para
retomar la Semana de Música, que había desaparecido de las agendas bautistas en
1982.
2-La encuesta
sobre la música en las iglesias
Con
la finalidad de determinar cuál era la situación musical de las congregaciones
bautistas, Elies Cortès envió una encuesta a todas las iglesias en la que
preguntaba sobre aspectos concernientes a la dirección de la música
congregacional, instrumentos utilizados en la alabanza y datos referentes a
estudios musicales. Y aunque la encuesta fue realizada con el proyecto de la
Semana de Música en marcha y en su segunda edición, dicha investigación daba
resultados desesperanzadores:
En
unas conclusiones anexas a la encuesta, Cortès valoraba que «el nivel musical de las
iglesias es bajo, aunque es normal teniendo en cuenta el nivel musical del país
en general».
Su apreciación iba acorde con la realidad social y cultural que rodeaba a las
iglesias, un contexto sociocultural que con los años y decenios se
transformaría radicalmente, influenciando también a los músicos de las iglesias,
que crecieron exponencialmente en conocimientos y prestaciones. Respecto a la
situación del momento, Elies Cortès apreciaba un cierto despertar en «la necesidad de tratar
la música en la iglesia como un todo coherente». Y apuntaba: «Hay signos de vitalidad
musical».
Destacaba que «los
instrumentos utilizados son muy poco variados, restringiéndose prácticamente a
cuatro (guitarra, órgano, piano y flauta dulce)». Refiriéndose al himnario
de uso eclesial, resaltaba que el «más implantado es el Himnario de las Iglesias
Evangélicas de España, pero hay una búsqueda y una demanda de un tipo de música
más actual».
Y destacaba que «la
mayoría de nuestros músicos son pianistas y guitarristas. Hay un buen número de
solistas y directores. Es muy escaso el nivel de creatividad en nuestros músicos.
La mayoría son intérpretes, pero no componen». Resolviendo que «el 96,8% de las iglesias
encuestadas disponen de guitarristas, pero que no hay uno solo con preparación
superior, y más del 90’% de los guitarristas no tienen ningún tipo de
estudios».Sin embargo, «el 80,7% de las iglesias
utilizan el órgano, pero de los 23 organistas encuestados, solo hay cuatro con
estudios, y estos poco significativos».
En
cuanto a los himnarios, incidía en que «se encuentra a faltar un himnario unificado, con
música autóctona actual, con letras que hablen de las necesidades de hoy y que
incluya la realidad musical moderna y contemporánea. Cada iglesia lo soluciona
como puede y la mayoría de las veces con cancioneros que no corresponden a la
situación que nos ha tocado vivir». En cuanto al llamado Campamento de Música, su
propuesta era «descubrir
la realidad musical del mundo que nos rodea», y también «iniciar y fomentar la
creatividad musical, que tienda a la creación de una música enraizada en
nuestra cultura. Fomentar el uso de la música para la congregación, que sea
actual y comprometida junto con la música histórica de calidad».
En
su propuesta de estudios incluía instrumentos como la guitarra, la flauta, el piano
y el órgano, indagando también en otras posibilidades instrumentales, además de
dirección, canto y enseñanza de música nueva para la congregación. Y en cuanto
al profesorado de la Semana de Música sugería «cuatro o cinco: Núria Puig, JM Laporta,
Anna Cortès, Erwin Serutton y Elies Cortès».
3-Nuevas
ediciones de la Semana de Música
Reinstaurar
la Semana de Música, que de 1976 a 1982 se había celebrado en las instalaciones
de la Unión Bautista de Dénia, fue una de las prioridades de Elies Cortès como
Promotor de Música de la UEBE. Auspiciado por Núria Puig Mayor (1959-), que había participado como alumna y
profesora en todas las ediciones de la anterior etapa, Cortès quiso que la
nueva Semana de Música fuera la rótula sobre la que girase su ministerio promotor.
Y aunque personalmente nunca estuvo en ninguna de las primeras Semanas de
Música, la cooperación de Puig Mayor como subdirectora fue muy importante para
dar un sentido de continuidad al proyecto. Consecuentemente, aquella segunda
etapa fue instaurada con bastantes similitudes respecto a las primeras
ediciones.
En 1988 se celebró en el Centro de Encuentros
Cristianos Montgó de Dénia la primera edición de la nueva Semana de Música, del
22 al 28 de agosto, con una asistencia de 35 alumnos y con Elies Cortès como
director y Núria Puig Mayor como subdirectora. Los profesores fueron Miguel
Ángel (Micky) Bou (1962-), que impartió panorama de la música moderna; Anna Cortès Casanovas (1949–)con clases de piano; Núria Puig Mayor (1959-), impartiendo canto,
flauta dulce y coros de niños; y Elies Cortès, ofreciendo clases de dirección
coral y congregacional. En definitiva, los talleres fueron: canto, guitarra, flauta
dulce, piano, taller de música moderna, solfeo y dirección coral y congregacional. También hubo alguna clase adicional para cubrir vacíos en el programa, que fue impartida por Dàmaris Playà. Como en las ediciones de la primera etapa, el coro de la Semana de Música fue
el centro neurálgico del campamento, ensayando piezas corales contemporáneas como
‘And in that day’ de Adrian Snell (1954–) o ‘Fat Baby’ de Rodney
Robison y Steve Millikan, y obras de
la polifonía renacentista española, como ‘Niño Dios de amor herido’ de
Francisco Guerrero (1528–1599), piezas que se ensayaron
durante toda la semana y que se interpretaron el domingo en la Iglesia Bautista
de Dénia.
La cronista de la congregación dianense escribía:
«Nuestra iglesia tuvo un hermoso culto musical
como colofón a la Semana de Música, campamento organizado por la UEBE, el día
28 de agosto. Este culto estuvo a cargo del pastor en la Iglesia de la
Barceloneta, don Elías Cortés, con participación de creyentes de diversos
lugares de España».
Al siguiente año –1989– se celebró una nueva
Semana de Música del 21 al 28 de agosto con una cincuentena de asistentes,
repitiendo el mismo claustro de profesores, aunque con la incorporación de Daniel Fernández
Navarrete (1965–) y JM Laporta (1959-). Las asignaturas fueron similares a las de
la pasada edición, con la inclusión de ‘Perspectivas del arte’ por Fernández, y
‘Alabanza, arreglos e instrumentación’ por Laporta. Además, se incluyó un
taller de música moderna (bajo, batería, guitarra, sintetizador, etc.),
preparando un tema que se interpretó en el concierto del domingo. Asimismo, hubo
un pequeño grupo de alabanza de la Semana que participó en el culto de
clausura. Respecto a los horarios y según anunciaba la dirección, «Los talleres serán por
la mañana. Por la tarde habrá el ensayo de la coral», con obras como ‘Brilla
en mí, Señor’ de Billy Smiley, Mark Gersmehl y Bob Farrell o una versión
bachiana del himno ‘Grata certeza, soy de Jesús’.
Uno
de los elementos que Elies Cortès usó para promocionar nuevas composiciones,
con la finalidad de que fueran usadas en el canto congregacional de las
iglesias, fue la inclusión mensual en El Eco Bautista de una canción con su
partitura y acordes. Con periodicidad mensual, a partir de 1989 incluyó en el
rotativo once composiciones de diferentes autores. La lista y el orden fueron las
siguientes:
1- ‘A
tus pies, Señor’, de autor desconocido, con arreglo de Chris A. Bowater y letra
de Elies Cortès.
2- ‘Tan
cerca de mí’, composición de Luis Alfredo Díaz-Britos (1952-) y con arreglo musical de JM Laporta.
3- ‘Dios,
ten piedad’, composición de Adrian Snell Snell (1954–)
y adaptación al castellano de James Philips (1954–)y Elies
Cortès.
4- ’Pon tu
amor en mí’, de Àlex Sánchez Martínez (1962–).
5- ’Aleluya’,
composición de Jerry Sinclair(1943–1993).
6- ‘Sobre
la tierra’, de Luis Alfredo Díaz-Britos.
7- ‘Levántate
y anda’, compuesta por Elies Cortès.
8- ‘Quiero
cantar’, por Peter y Hanneke Jacobs, y adaptación de Elies Cortès.
9- ‘Tú
eres el Dios de mi salvación’, escrita por Teresa Muller, con texto adaptado de
Elies Cortès.
10- ‘Voy
a cantar’, composición de Jaime Fernández Garrido (1960–).
11- ‘Únenos,
Señor’, por Àlex Sánchez Martínez.
Posteriormente,
JM Laporta continuaría la serie con 62 composiciones más, insertadas
mensualmente en El Eco Bautista durante seis años .
Tras
las dos ediciones dirigidas por Elies Cortès y Núria Puig (1988 y 1989), JM Laporta, junto a un
equipo coordinador, asumió la dirección desde 1990 hasta 1996.
Desde
que en 1928 se estructuró por primera vez en València la Convención Bautista
Española como órgano asambleario de la UEBE, las reuniones se sucedieron con
una cadencia, por lo general, anual. Heredera de las Conferencias regionales de
Catalunya y València, principales focos bautistas, la Convención también fue un
espacio de música y alabanza donde se podían observar las tendencias
adoracionales de las iglesias. Del embrión Convencional en València, El Eco de
la Verdad reseñaba que «Había una cosa que los hermanos valencianos habían
conservado y fue la amabilidad que siempre les ha caracterizado. También se
distinguían en el canto y en verdad disfrutamos mucho de escuchar sea un solo o
en el coro que cantaban». En el mismo reportaje se agradecía «A los jóvenes del coro
que nos deleitaron con sus bien afinados cantos. A las señoritas García y
Villalba, que pusieron sus talentos musicales al servicio de la Convención».
Al
siguiente año, el encuentro asambleario se celebró en Barcelona, presentando a
un buen número de coristas jóvenes organizados por Samuel López Pérez (1911-1988). El coro de la Iglesia fue el núcleo de
las alabanzas cantadas, puesto que no solo interpretó números especiales, sino
que fue el animador de los cantos congregacionales, con López Pérez al frente. En
1930 Albacete acogió la reunión asamblearia con la participación musical de la
iglesia receptora, dirigida por el, popularmente denominado en la ciudad, ‘obispo
de las petacas’, Juan Antonio López Rodríguez (1886-1982),«que
con la orquesta que dirige interpretó varios himnos». La encomiable labor de
López, quien cedió las dependencias de su fábrica de petacas para los cultos
eclesiales, era muy estimada en Albacete, tanto por su faceta empresarial como ministerial
y musical.
La
Convención en Carlet en 1931 también contó con la orquesta de Albacete que «con sus bien
interpretadas piezas musicales, supo deleitar a todos los reunidos». Asimismo, «el coro de los jóvenes de
Carlet cantó un preciosísimo cántico adornado especialmente con la voz de la
niña Juanita Francés».Según las crónicas, «las reuniones nocturnas contribuyeron a que estas
fueran del todo magnas»,asegurando que «Los coros de diferentes
iglesias amenizaron mucho las reuniones. Emocionantes fueron los momentos en
que D.ª Lídia Vila de Pujol cantó un solo con la sencillez que la caracteriza,
después de la sesión en que se trató de los himnos, que nos puso más en
contacto con Dios».Una constante en los diferentes encuentros asamblearios,
tanto en los primeros años como en los de la posguerra, fue la participación de
coros de iglesia, advenidos a las Convenciones ex profeso para compartir sus
cantos.
En
la de 1932, Antonnio Almudévar Urriens (1894-1976)escribió una poesía dirigida a la Iglesia de
Sabadell que, a petición de El Eco de la Verdad, la dedicó «con mucho gozo a la
Convención Bautista Española».La tituló ‘Y vi… una Tierra nueva’
Más
allá de los montes y los mares, de
las nubes y pálidas estrellas, donde
acaban las ansias y los males, yo vi.. una tierra nueva. Una
tierra de azur… Un paraíso más
bello que el primero, donde Dios habita
con los hombres, y es Su Hijo lumbrera y bello sol. Así
escribía Juan, el desterrado: ¡dichoso
él, pues vio tanta grandeza, esas
playas que apenas vislumbramos en nuestra fe pequeña! ¡Pero
qué importa! Henchidos por el tiempo de
nuestra nave las ansiosas velas, sobre
las olas pálidas marchemos, avancemos sin tregua. Y
un día no lejano, en la playa el
áncora felices anclaremos, y
llegando a pisar su arena santa, ya salvos, cantaremos. ¡Ah,
qué delicia ver cómo los años pasan
ligeros para no volver llevándonos
a Dios, al cielo amado, a nuestra patria, al Bien! ¡Que
pasen y se alejen! Nada pueden contra
nosotros: Cristo nos salvó… ¡Adiós,
horas pasadas, días, meses, años… la vida, adiós! La
nave siga recta a su destino, rumbo
a la aurora, a la Eternidad, guiada
por la mano fiel de Cristo…. Empiece el nuevo año… Hermanos…, ¡paz!
Tras
tres años de ausencia, en 1935 se celebró en Terrassa la que podría denominarse
cuarta Convención, con la participación del grupo instrumental de la iglesia y,
según previsiones, una «masa coral de 80 a 100 voces para entonar alabanzas a Dios en las
sesiones magnas, contando, naturalmente, con elementos de diversas iglesias.
Tendremos además los coros organizados de Barcelona y Terrassa, dispuestos a cantar
por sí y algunas veces unidos en todas las sesiones que se les solicite». El Eco de la Verdad también
pronosticaba lo siguiente: «Se dice que tendremos valiosos elementos musicales para
amenizar los intermedios y acompañar alguno de los cantos. De Albacete vienen
varios violines, violoncelo, laúd, etc. Y sabemos que de los pueblos de
València se formará otra pequeña orquesta de aficionados al divino arte, que en
esta ocasión lo será en doble sentido, por ser el grande y principal objeto de
nuestros hermanos tributar alabanzas al Señor».
En
las sesiones administrativas y entre varios debates de fondo, se reiteró la
necesidad de avanzar hacia el Himnario Único, proyecto que quedaría detenido
por causa de la Guerra Civil hasta los años cincuenta. Por otro lado, el
himnario que se usó en la Convención fue el titulado ‘Himnos Selectos
Evangélicos’, de edición argentina. En El Eco y en fechas anteriores al
encuentro se anticipaba en referencia al himnario que «aunque mucha parte de los
cánticos serán entonados por los coros de Terrassa, Barcelona y Badalona que
están preparándose con gran entusiasmo, habrá ocasiones en que tendrá necesidad
de ellos la asamblea entera». Este enunciado ilustra cómo los coros eran
quienes centralizaban la alabanza a Dios, mientras que los asistentes se
gozaban auditivamente, participando de los cantos de manera irregular.
En
1936, Elvira Vila de Manresa escribía un poema titulado ‘La Convención’, en
alusión al encuentro del año anterior.
La Convención ya pasó. Demos gracias al Señor que en su bondadoso amor mucho bien nos concedió. Ella nos hizo pensar en la grande reunión que en la celestial Sión pronto hemos de celebrar. Grande alegría nos dio estrechar allí as manos de los queridos hermanos que el Señor nos envió. Y de un solo corazón entonar himnos de gloria al que nos dio la victoria por Cristo el gran Salvador. Informes de todos lados alegran el corazón; es de Dios la bendición sobre sus hijos amados. Y el coche bíblico al ver tan cargado de riqueza nos dio una grata sorpresa que nos llenó de placer. ¡Oh, bendito coche, amado de toda la Cristiandad! Tú anuncias la Libertad al esclavo del pecado. A los siervos del Señor oírles dar su mensaje infundiéndonos coraje contra el fiero Tentador. ¡Qué dulce fue para el alma que ama la Verdad divina! Porque la bella doctrina expuesta en claro lenguaje quedará en el corazón para producir su fruto, que será justo tributo al que nos dio salvación. Mas lo que al alma alegró de un modo muy especial fue el culto devocional cada matinal sesión. Penetraba al corazón aquella verdad bendita: ‘Lo que el mundo necesita son personas de oración’. Tan gran necesidad háznosla, Señor, sentir; que la podamos suplir con toda fidelidad. De espíritu de oración llena nuestros corazones y abundarán bendiciones de esta grata Convención.
Tras
trece años de silencio por la Guerra Civil Española y la perpetuación política
del franquismo, en 1948 se celebró la quinta Convención en Sabadell,
coincidiendo en el año con la inauguración del nuevo templo. El lema fue ‘Cada
bautista, un misionero’. Las crónicas de la época expresan el gozo de volver a
reunirse, destacando el «minuto de silencio en memoria de los servidores del Señor
que han trabajado en favor de la obra bautista en España en esta última época y
han sido promovidos a la gloria». En las reuniones, aparentemente más austeras en
cuanto a participaciones musicales foráneas, cantó el coro de la Iglesia de
Sabadell, dirigido por Pere Puig Inglada (1899-1959),
aunque
también tuvieron breves intervenciones los coros de Terrassa y Barcelona. En la
magna sesión del domingo, se cantó como apertura el himno ‘Santo, Santo,
Santo’, concluyendo la sesión con el himno ‘Dios te guarde hasta volverte a
ver’, aunque sin la participación de ningún coro.
La
siguiente Convención, la sexta, se celebró en Madrid en 1949, con el lema
‘Mirar hacia arriba’. El coro de la Primera Iglesia Bautista entonó cantos e
himnos bajo la dirección de Adolfo Lahoz García (1927-2000). Antonio Almudévar Urriens (1894-1976) escribió un poema expresamente dedicado, con el título
‘Convención’:
Cómo escapan las horas cuando son nobles, francas, y se viven buscando la gloria del Señor… ¡Qué ligeras corrían! No eran corzas blancas huyendo ante el arquero, el tiempo, cazador. Llegaban dulcemente. Se paraban, muy quietas, orando cara al Cielo esplendente de luz. Y luego nos hablaban y enseñaban, discretas, a nosotros, la Esposa, en nombre de Jesús. Y partían tan pronto… Mas, dejando en el pecho la sueva fragancia de unas horas en paz, de fragmentos de vida vencedores del tiempo que volverán al alma, allá… en
la eternidad. En ellas, como abejas laborando afanosas el néctar perfumado en las
flores de luz, las Ponencias, humildes, nos brindaban sabrosas lecciones, aprendidas a los pies de Jesús. Era su tema: ‘Iglesias del Nuevo Testamento’. Su exposición, doctrina humildemente fiel. Y creyentes sencillos, humildes, los maestros, discípulos primero a los pies de Emanuel. ‘Esto creían ellos, los primeros cristianos… Así vivieron, fieles, testigos del Señor en los primeros siglos… Y así somos llamados a vivir hoy nosotros…’, cada uno expresó. Hablamos de negocios: De una vida presente de conflicto y victoria en la iglesia local… De oposición maligna, frialdad inconsciente, ¡pero también de visas arrancadas al mal! Y de ansias ardientes de ganar la batalla confiando en las fuerzas del Santo Campeón, del Jefe que nos guía por su Santa Palabra, ¡el Cristo Triunfante en su resurrección! Cómo escapan las horas cuando son nobles, francas, y se viven rodeadas del fraternal amor… ¡Qué ligeros corrían! Nos eran breves, santas, saludos, experiencias, esperanzas… ¡valor! Hermanos entre hermanos, nos gozábamos todos en las cosas del Padre, como el joven Jesús, al igual que los niños expresan en mil modos el gozo de su vida en sus días de luz. Los cultos en la noche inspirados del Cielo, expresando el deseo de un Dios que es puro amor. Invitando al reposo de una vida sin duelo, en los brazos de Cristo, al triste pecador. En el templo tan bello… Expresión noble, santa, de los que en otras tierras, de los que, allende el mar, aman a sus hermanos que sufren en España por la misma Palabra, por la misma Verdad. Escaparon las horas… La nostalgia nos queda de unos días muy dulces que hubieron de morir, en la vida del tiempo, en la Tierra que rueda, en las cosas que pasan de este breve vivir. Adiós, días…, hermanos ¡Hasta que Dios nos una otra vez, por los lazos de nueva Convención, o en la gloria sublime, en la perfecta, suma Gran Convención del Cielo… sobre su corazón!
El
siguiente encuentro asambleario de 1951 se celebró en Barcelona, coincidiendo
en el año con la inauguración del nuevo templo en el barrio de la Bonanova. La coordinación
musical corrió a cargo de Samuel López Pérez (1911-1988), dirigiendo el coro de Barcelona. También intervino el coro de
la Iglesia de Sabadell, bajo la dirección de Pere Puig Inglada (1899-1959). Entre las colaboraciones musicales
hubo un preludio de Mendelssohn por Carmen Orteu, dos himnos cantados por
Aurora Conde de Bosque y Conchita Latorre, y un coro femenino a cuatro voces
con texto compuesto ex profeso por Antonio Almudévar.
Tras
la obligada ausencia de un año por prohibiciones gubernamentales, en 1953
Sabadell recibió la VIII Convención Bautista. Junto a la participación del coro
de Barcelona, la formación sabadellense, con Pere Puig Inglada en la dirección,
marcó el evento de manera muy notoria, puesto que el grupo había crecido en
calidad y repercusión entre las iglesias. De aquel año es esta fotografía,
tomada en la Iglesia Bautista de Manresa.
Después
de otro año vacante, la Convención de 1955 se celebró en Madrid con la
participación del coro de la capital, bajo la dirección de Miguel Fernández
Clemente (1931–), quien tres años antes
había tomado la responsabilidad. «El coro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid
dirigido por nuestro muy amado hermano Sr. Fernández, ha interpretado numerosos
himnos evangélicos en todos los cultos extraordinarios, con lo que ha dado una
brillantez especial a todos los actos». No consta que intervinieran otros coros, aunque
es de suponer que habría participaciones de solistas o pequeñas agrupaciones
vocales, como tríos o cuartetos.
Tras
la inauguración del templo en 1954, en 1957 la Iglesia de la Barceloneta acogió
la XI Convención con la participación de los coros de Barcelona, Sabadell y
Terrassa, y con el acompañamiento de los himnos al órgano por Samuel López
Pérez (1911-1988). No obstante, a partir de
aquella Convención, el misionero José Mefford (1921-2005) y su esposa LilaPritchard(1921-2012)participaron muy activamente
con el acordeón y cantos a dúo, así como enseñando coritos e himnos foráneos.
En
1959 València recibió la XII Convención Bautista, después de que en 1957 la
congregación dejara el edificio de la calle Palma para instalarse en el nuevo
templo de la calle Quart 134. Con el lema ‘Jesús vive’, las reuniones contaron
con el coro de la iglesia, que interpretó algunos himnos desde el antepalco
posterior del templo, destacando el Aleluya de Haendel en el culto de clausura,
dirigido por Elías Esteve Sempere (1921-1947) y con la asistencia
de José Mefford. También hubo una participación de una sección de la Coral
Al·leluia de Sabadell, que se desplazó para dos intervenciones, en las que una
buena parte fueron en conjunto con el coro valenciano, incluyendo la
participación en el culto de clausura.
Dos
años más tarde, en 1961, Badalona fue la sede de la XIII Convención Bautista
Española, con la participación del coro badalonés dirigido por Samuel López
Pérez y de las corales de Sabadell, Terrassa y Barcelona en una velada especial.
Entre los himnos congregacionales escogidos se entonaron tres en catalán, y un
grupo de jóvenes acompañó el canto con sus armónicas, junto al órgano. Entre
otros, cabe destacar la participación de Giorgina Pla, solista muy apreciada en
Cataluña. Como dato curioso, la preparación del encuentro bautista por parte de
la iglesia badalonesa incluyó el ensayo de himnos para toda la congregación
unos meses antes –cada viernes–, con la finalidad de presentar la mejor calidad
y dirección musical en los días de Convención.
Tras
bastantes años de espera, por fin Alacant recibió la Convención en 1963 con el
lema ‘Mayordomía del Evangelio’. El coro de la iglesia alicantina, dirigido por
Magda Pedreño (1944-),«deleitó a los presentes
con escogidos himnos de su repertorio». No hay más noticias respecto a la intervención
de otros coros, aunque son probables diversas participaciones, así como de solistas
y cuartetos de la propia congregación.
1965
fue el año en que la Iglesia de Xàtiva recibió la XV Convención Bautista
Española con el lema ‘Muévese potente la Iglesia de Dios’, lo que indicaría que
el canto ‘Firmes y adelante’ podría haber sido el himno oficial del encuentro,
al citar el lema la primera frase de la segunda estrofa. Celebrado en el nuevo
templo de la calle Argentería, el encuentro contó con el coro de la
congregación receptora más sendas intervenciones de solistas y cuartetos
femeninos y masculinos. Por deferencia del pastor Pau Grau, disponemos del
audio de un buen número de intervenciones corales, de solistas y formaciones
femeninas y masculinas, que nos pueden ofrecer una idea muy aproximada del
ambiente musical y del espíritu de alabanza de aquella Convención y, por ende,
de otras de la época.
En
1967, Albacete acogió la XVI Convención en su templo con la intervención del
coro de la iglesia dirigido por Onesíforo Sotos Martínez y la participación
especial del coro infantil ‘Rayitos de Sol’ de la vecina congregación bautista
de Alicante, uniformados para la ocasión. El coro de la iglesia alicantina
también participó, además de José Mefford i Lila Pritchard.
Madrid
volvió a recibir la Convención Bautista. La XVII edición, celebrada en 1969,
contó con el coro de la iglesia como prolífico eje musical del evento, dirigido
por Miguel Fernández Clemente (1931–).
Entre los
himnos entonados por los congregados, constan ‘Hijos de los españoles’ y ‘Grata
certeza, soy de Jesús’.
Castellón
de la Plana recibió por primera vez la Convención en 1970, tras haber
inaugurado su nuevo templo seis años antes. Se desconoce quiénes fueron los
participantes musicales de la iglesia, pero consta que José Mefford acompañó a
la congregación bautista en varios himnos.
Por
primera vez Dénia acogió una Convención. Fue en 1971, en el templo de la calle
Patricio Ferrandiz y con el lema ‘Permanezca el amor fraternal’. El encuentro contó
con «el
coro de Alicante con un acertado repertorio», con el cantante y
solista de trompeta Dick Baker (1927–2011), y «la siempre acertada y
puntual música de don José Mefford».
La
XX Convención se celebró en 1972 en Alcoy, bajo el lema ‘Iglesias fuertes-Unión
fuerte’. La música coral estuvo a cargo del coro de Alcoy, con las participaciones
solistas de José Sánchez Albadalejo (1940-2019) y Francisco Morote Durán
(1947–) de la iglesia de Alacant.
La alabanza comunitaria estuvo acompañada por José Mefford al órgano y
acordeón. Precisamente, la congregación alcoyana recibió aquel mismo año la
donación de un armónium por parte de la Iglesia de Málaga para previsión
musical de la Convención.
En
1973, Dénia acogió de nuevo la Convención, la XXI, y por primera vez los
documentos dejan constancia de un himno oficial, junto al lema general del
encuentro: ‘Reconciliación a través de Jesucristo’. Aunque es muy probable que
en anteriores Convenciones ya hubiera himnos lema, en esta edición se
especificaba: ‘Himno oficial’, sin más información. Entre las ponencias e
informes se incluían intervenciones musicales de cinco minutos y, en algunos
casos, de media hora. En el programa destacaba el «Acto músico-cultural con
participación de coros, cuartetos, etc.» del miércoles 5 de septiembre a las 20 horas,
con la presencia de los coros de València, Alacant y Xàtiva, además de solistas.
La
siguiente convocatoria de 1974 se celebró en Badalona, en la Iglesia ‘Nueva
Salem’, con el lema ‘Un paso al frente’. La XXII Convención contó con la
presencia del afamado cuarteto ‘Voces de Nueva Vida’, formado por Tomás
Garralón Sevilla (1945–1976), Jesús Zazo de la Torre (1948–2022), Juan Ramón Gandía (1946-) y Miguel Ángel Sánchez (1945-). En su crónica, José Borrás Cerveró (1927-2002) explicitaba que «El cuarteto ‘Voces de Nueva
Vida’ cantó mucho y bien. Una Convención debe ser una reunión fraternal donde
se informe, se promocione y se inspire, además de tomarse los acuerdos
generales precisos para el progreso de la obra. El cuarteto de la Iglesia Bautista
de Usera sirvió de inspiración en todas sus intervenciones». Además de la prolífica
participación del cuarteto madrileño, Tomás Garralón escribió un himno lema con
el título ‘Convención’, del que seguidamente se reproduce sonoramente la
partitura original con la voz del tenor Ramón González.
En
Córdoba y en 1975 se celebró la XXIII Convención, sin fuentes concretas sobre las
alabanzas entonadas, aunque el pastor de la iglesia receptora, Antonio Gómez
Carrasco (1936–2016), avivó los cantos
congregacionales con su bandoneón, colaboración musical que fue muy habitual en
los años setenta y ochenta. También participó como solista la esposa de Gómez, María
del Carmen [Maruja] Blázquez Martínez (1931-2013). Por otra parte, José
Luis Castejón Blázquez (1939–) aportó sus dones
instrumentales y vocales. Su invidencia no le había impedido prepararse
musicalmente a fondo en el Conservatorio de Música Sevilla, siendo muy estimado
tanto por la Iglesia Bautista sevillana de la que era miembro como por los
creyentes andaluces que disfrutaron de su arte. Como dato curioso, por primera
vez la sede de la Convención no fue en un templo recién inaugurado, como se
acostumbraba, o en la capilla de alguna de las iglesias de la UEBE, sino en un
auditorio público, en el Salón de actos de la Caja de Ahorros de Córdoba. Dadas
las distancias con las zonas centro, norte y este de la península, además del
ministerio de Gómez, Blázquez y Castejón, es muy probable que participara el
coro de la iglesia de Córdoba.
La
siguiente Convención, la XXIV en 1976, fue otra vez en Dénia, en la Residencia
Bautista, bajo el lema ‘Firmes, constantes, creciendo’, y con el himno oficial
‘Construyendo estamos’, el 336 del HIEE. Pese a que no hubo veladas musicales
como en anteriores ocasiones, los himnos fueron dirigidos por el misionero José
Mefford al órgano, y el pastor y tenor Fernando Vergara Juan (1946-2013) tuvo sendas
intervenciones en las plenarias, además de un devocional matutino.
La
sede de la Iglesia Bautista de Murcia acogió la XXV Convención en 1977. Como en
la anterior edición, cantó Fernando Vergara Juan, y el grupo Paz de Albacete
tuvo un concierto nocturno en el mismo templo. Asimismo, Antonio Gómez estableció
de manera definitiva su bandoneón como acompañamiento de coritos e himnos
populares, tanto en las plenarias como en los tiempos de asueto. Y José Mefford
participó junto a su esposa cantando a dúo e invitando a cantar himnos del
HIEE.
El
siguiente encuentro se volvió a celebrar en Dénia, en 1978. Fue la XXVI
edición, en la que el himno lema se tomó prestado de una cantata de la primera
Semana de Música celebrada en 1975. ‘De unos a otros’ prestó una de las piezas
más emblemáticas de la obra: ‘Juntos confiemos en Dios’. La particularidad de
celebrar las Convenciones en días de entre semana ralentizó algunos hábitos de las
ediciones de antaño, como la afluencia de coros, tríos y cuartetos para
intervenir en veladas musicales a modo de escaparate musical de las iglesias.
En su ausencia, solistas como Fernando Vergara, Rafael Roca o el grupo dianense
Judá tomaron el relevo, participando puntualmente en algunas sesiones.
Dénia
repitió convocatoria en 1979, con el lema ‘Vida y servicio’, y también en 1980
con parecidas dinámicas musicales de las anteriores ediciones. Y al siguiente año,
en 1981, la Residencia Bautista en la capital de la Marina Alta reunió por
tercera vez consecutiva a pastores y delegados de las iglesias bautistas con el
lema ‘Vosotros sois testigos’. La XXIX Convención volvió a tener las mismas
coordenadas musicales que las anteriores ediciones, escribiendo el cronista de
El Eco la siguiente apreciación: «Felices porque las improvisaciones musicales,
gracias a los hermanos Gómez y Vergara, cumplieron debidamente llenando un
vacío que no recomendamos a ninguna Convención y que nos dieron la oportunidad
de comprobar la belleza del corazón, simpatía en su rostro y esos dedos que
parecen alas angelicales revoloteando sobre el teclado del piano; nos estamos
refiriendo a la hermana Brenda Lee». Brenda Haggard Lee (1943-), pianista eclesiástica consagrada y esposa
de Paul Douglas Lee (1936–2019), residieron ambos durante
unos años en Dénia, asumiendo Paul responsabilidades ministeriales en la Casa
de la Radio con los programas afines. Seguidamente, el corresponsal Antonio
Aparici Díaz (1929-2022) amonestaba a colación de
la realidad musical de las últimas Convenciones, «Felices, porque una vez
al año se airea, débilmente al menos, nuestra música, tan maltratada y
maltrecha. El Día de la Música debiera de calar más en los responsables de la
Unión y que oteasen el horizonte bautista musical (ojo, he dicho bautista y
añado española) para aprovechar la riqueza artística y vocacional de los
numerosos valores que tenemos dormitando por falta de cortesía de oportunidad».
La
XXX Convención en 1982 se celebró en Cartagena, con el himno oficial ‘A Cristo
coronad’, propuesto por el pastor de la congregación Santiago Williams, (1926-2015). El programa careció de música o velada especial,
excepto sendas intervenciones del coro de la iglesia cartagenera bajo la
dirección de Williams y con JM Laporta al piano. Los himnos congregacionales
fueron liderados por Santiago Williams al acordeón y su esposaMartha Faye Mathews (1926–2017) a la guitarra.
La siguiente convocatoria de 1983, la XXXI,
fue en Vitoria, con la participación especial del coro de la Iglesia del ‘Buen
Pastor’ de Madrid y con los himnos dirigidos por el misionero José Mefford,
además de la participación de un grupo vocal de Zaragoza.
Dénia
volvió a acoger en 1984 la Convención, bajo el título ‘Mayordomía total’. La
edición XXXII incorporó como algo novedoso una fiesta fraternal en el campo de
juegos de la Residencia, a cargo del pastor Valentín Cueva Barrientos (1945–), con participaciones musicales, cuadros
humorísticos y una obra dramática. Las mismas dinámicas musicales que en
anteriores años se reprodujeron en este encuentro.
En
1985, la XXXIII Convención se celebró en Barcelona en la Iglesia de la Bona
Nova, con Roberto VelertChispert
(1945-2019) como pastor anfitrión.
El encuentro contó con la dirección musical de Ambròs Monsó Celma (1952–) al órgano y un concierto del coro de la iglesia,
bajo la dirección de Jordi Palacios Casanovas (1953–). También hubo una actuación de la cantante norteamericana
Donna Hightower (1926-2013). El lema fue ‘Dios
responde hoy’ y no hubo himno oficial.
La
XXXIV edición volvió a Dénia, en 1986, siendo, a diferencia de anteriores
ocasiones, la Iglesia de ‘La Trinitat’ la receptora oficial. Se celebró en la
Casa de la Cultura de la ciudad con el lema o tema general ‘Jesús, fundamento
permanente’ y con el himno oficial ‘¡Oh, cuán dulce es fiar en Cristo!’, número
430 del HIEE. La novedad de aquel año la proporcionó la Banda de Música de
Dénia, perteneciente a la Agrupación Artística y Musical de la ciudad, que
interpretó, a invitación y gestión de Jorge J. Pastor Mut (1949–), varios himnos conocidos, con partituras
cedidas por la Scripture Union Band de Suiza.
Alacant
acogió la siguiente Convención de 1987, la XXXV, con la peculiaridad de volver
a celebrarse en fin de semana. El lema fue ‘Renovando nuestro compromiso’ y el
coro de la Iglesia receptora tuvo una destacada participación bajo la dirección
de Magda Pedreño
(1944–). También participó un
numeroso coro de voces infantiles, así como solistas invitados, como Elías
Nofuentes Molina (1961–). Sin embargo, la novedad
fue la participación de Elies Cortès Casanovas(1954-), recién nombrado Promotor
de Música de la UEBE, y que en aquel año y en los tres siguientes ejerció de coordinador
de música en las reuniones asamblearias de la Unión, además de organista.
La
siguiente convocatoria fue en 1988, coincidiendo con el centenario de la
Primera Iglesia Bautista de València y celebrado en la sala de congresos del
Expo-Hotel de la ciudad del Túria. Con el lema ‘Edificando el futuro’ y con el
himno oficial ‘Construyendo estamos’, el evento contó con la participación del
actor y cantante Lorenzo Valverde (1929-2021) en algunas de las sesiones ordinarias, actuando
también el coro de la iglesia valenciana. Asimismo, Elies Cortès ejerció de Promotor de Música de la UEBE, también dirigiendo un pequeño coro en representación de la Semana de Música de aquel mismo año, con algunas composiciones renacentistas castellanas. En el culto de clausura celebrado en el Palau de
la Música de València, la cantante norteamericana Donna Hightower (1926-2013) tuvo una destacada actuación como colofón
de la XXXVI Convención Bautista Española ante más de 1700 personas. También
intervino el cantante Lorenzo Valverde.
1989
es el año de la XXXVII Convención celebrada en Lleida, con el sugerente lema de
‘Sirviendo en esperanza’. Caliu fue el dúo invitado que «amenizó el periodo de
votaciones»,
también «con
una destacada intervención en diferentes partes de la Convención». El broche de oro final
en el culto organizado por la iglesia de Lleida contó con la participación de
Anna Cortès al piano y Raquel Cortès al violonchelo; Sílvia López declamó
poesía y Blandina Ronsano tuvo un pensamiento bíblico. La alabanza
congregacional estuvo dirigida por el grupo musical de la iglesia receptora.
Y
para concluir la serie, en 1990 la XXXVIII Convención Bautista se celebró en El
Escorial
(Madrid) con
la dirección congregacional de Jorge J. Pastor (1949–) y JM Laporta al piano.
Participaron en un concierto especial el Coro de la Primera Iglesia Bautista de
Madrid, dirigido por Miguel Fernández Clemente (1931–), y el Coro de Jóvenes de la misma congregación, con Juan
David Jiménez Cela (1963-)
al frente.