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· Los bautistas y su música (59)

 

© 2026 Josep Marc Laporta

Música y alabanza en las Convenciones

Desde que en 1928 se estructuró por primera vez en València la Convención Bautista Española como órgano asambleario de la UEBE, las reuniones se sucedieron con una cadencia, por lo general, anual. Heredera de las Conferencias regionales de Catalunya y València, principales focos bautistas, la Convención también fue un espacio de música y alabanza donde se podían observar las tendencias adoracionales de las iglesias. Del embrión Convencional en València, El Eco de la Verdad reseñaba que «Había una cosa que los hermanos valencianos habían conservado y fue la amabilidad que siempre les ha caracterizado. También se distinguían en el canto y en verdad disfrutamos mucho de escuchar sea un solo o en el coro que cantaban». En el mismo reportaje se agradecía «A los jóvenes del coro que nos deleitaron con sus bien afinados cantos. A las señoritas García y Villalba, que pusieron sus talentos musicales al servicio de la Convención».

Al siguiente año, el encuentro asambleario se celebró en Barcelona, presentando a un buen número de coristas jóvenes organizados por Samuel López Pérez (1911-1988). El coro de la Iglesia fue el núcleo de las alabanzas cantadas, puesto que no solo interpretó números especiales, sino que fue el animador de los cantos congregacionales, con López Pérez al frente. En 1930 Albacete acogió la reunión asamblearia con la participación musical de la iglesia receptora, dirigida por el, popularmente denominado en la ciudad, ‘obispo de las petacas’, Juan Antonio López Rodríguez (1886-1982), «que con la orquesta que dirige interpretó varios himnos». La encomiable labor de López, quien cedió las dependencias de su fábrica de petacas para los cultos eclesiales, era muy estimada en Albacete, tanto por su faceta empresarial como ministerial y musical.

La Convención en Carlet en 1931 también contó con la orquesta de Albacete que «con sus bien interpretadas piezas musicales, supo deleitar a todos los reunidos». Asimismo, «el coro de los jóvenes de Carlet cantó un preciosísimo cántico adornado especialmente con la voz de la niña Juanita Francés». Según las crónicas, «las reuniones nocturnas contribuyeron a que estas fueran del todo magnas», asegurando que «Los coros de diferentes iglesias amenizaron mucho las reuniones. Emocionantes fueron los momentos en que D.ª Lídia Vila de Pujol cantó un solo con la sencillez que la caracteriza, después de la sesión en que se trató de los himnos, que nos puso más en contacto con Dios». Una constante en los diferentes encuentros asamblearios, tanto en los primeros años como en los de la posguerra, fue la participación de coros de iglesia, advenidos a las Convenciones ex profeso para compartir sus cantos.

En la de 1932, Antonnio Almudévar Urriens (1894-1976) escribió una poesía dirigida a la Iglesia de Sabadell que, a petición de El Eco de la Verdad, la dedicó «con mucho gozo a la Convención Bautista Española». La tituló ‘Y vi… una Tierra nueva’

Más allá de los montes y los mares,
        de las nubes y pálidas estrellas,
        donde acaban las ansias y los males,
                 yo vi.. una tierra nueva.
 
        Una tierra de azur… Un paraíso
        más bello que el primero, donde Dios
        habita con los hombres, y es Su Hijo
                       lumbrera y bello sol.
 
        Así escribía Juan, el desterrado:
        ¡dichoso él, pues vio tanta grandeza,
        esas playas que apenas vislumbramos
                    en nuestra fe pequeña!
 
        ¡Pero qué importa! Henchidos por el tiempo
        de nuestra nave las ansiosas velas,
        sobre las olas pálidas marchemos,
                   avancemos sin tregua.
 
        Y un día no lejano, en la playa
        el áncora felices anclaremos,
        y llegando a pisar su arena santa,
                 ya salvos, cantaremos.
 
        ¡Ah, qué delicia ver cómo los años
        pasan ligeros para no volver
        llevándonos a Dios, al cielo amado,
                   a nuestra patria, al Bien!
 
        ¡Que pasen y se alejen! Nada pueden
        contra nosotros: Cristo nos salvó…
        ¡Adiós, horas pasadas, días, meses,
                     años… la vida, adiós!
 
        La nave siga recta a su destino,
        rumbo a la aurora, a la Eternidad,
        guiada por la mano fiel de Cristo….
            Empiece el nuevo año…
                         Hermanos…, ¡paz!

Tras tres años de ausencia, en 1935 se celebró en Terrassa la que podría denominarse cuarta Convención, con la participación del grupo instrumental de la iglesia y, según previsiones, una «masa coral de 80 a 100 voces para entonar alabanzas a Dios en las sesiones magnas, contando, naturalmente, con elementos de diversas iglesias. Tendremos además los coros organizados de Barcelona y Terrassa, dispuestos a cantar por sí y algunas veces unidos en todas las sesiones que se les solicite». El Eco de la Verdad también pronosticaba lo siguiente: «Se dice que tendremos valiosos elementos musicales para amenizar los intermedios y acompañar alguno de los cantos. De Albacete vienen varios violines, violoncelo, laúd, etc. Y sabemos que de los pueblos de València se formará otra pequeña orquesta de aficionados al divino arte, que en esta ocasión lo será en doble sentido, por ser el grande y principal objeto de nuestros hermanos tributar alabanzas al Señor».

En las sesiones administrativas y entre varios debates de fondo, se reiteró la necesidad de avanzar hacia el Himnario Único, proyecto que quedaría detenido por causa de la Guerra Civil hasta los años cincuenta. Por otro lado, el himnario que se usó en la Convención fue el titulado ‘Himnos Selectos Evangélicos’, de edición argentina. En El Eco y en fechas anteriores al encuentro se anticipaba en referencia al himnario que «aunque mucha parte de los cánticos serán entonados por los coros de Terrassa, Barcelona y Badalona que están preparándose con gran entusiasmo, habrá ocasiones en que tendrá necesidad de ellos la asamblea entera». Este enunciado ilustra cómo los coros eran quienes centralizaban la alabanza a Dios, mientras que los asistentes se gozaban auditivamente, participando de los cantos de manera irregular.

En 1936, Elvira Vila de Manresa escribía un poema titulado ‘La Convención’, en alusión al encuentro del año anterior.

La Convención ya pasó.
        Demos gracias al Señor
        que en su bondadoso amor
         mucho bien nos concedió.
 
        Ella nos hizo pensar
        en la grande reunión
        que en la celestial Sión
        pronto hemos de celebrar.
 
        Grande alegría nos dio
        estrechar allí as manos
        de los queridos hermanos
        que el Señor nos envió.
 
        Y de un solo corazón
        entonar himnos de gloria
        al que nos dio la victoria
        por Cristo el gran Salvador.
 
        Informes de todos lados
        alegran el corazón;
        es de Dios la bendición
        sobre sus hijos amados.
 
        Y el coche bíblico al ver
        tan cargado de riqueza
        nos dio una grata sorpresa
        que nos llenó de placer.
 
        ¡Oh, bendito coche,
        amado de toda la Cristiandad!
        Tú anuncias la Libertad
        al esclavo del pecado.
 
        A los siervos del Señor
        oírles dar su mensaje
        infundiéndonos coraje
        contra el fiero Tentador.
 
        ¡Qué dulce fue para el alma
        que ama la Verdad divina!
        Porque la bella doctrina
        expuesta en claro lenguaje
 
        quedará en el corazón
        para producir su fruto,
        que será justo tributo
        al que nos dio salvación.
 
        Mas lo que al alma alegró
        de un modo muy especial
        fue el culto devocional
        cada matinal sesión.
 
        Penetraba al corazón
        aquella verdad bendita:
        ‘Lo que el mundo necesita
        son personas de oración’.
 
        Tan gran necesidad
        háznosla, Señor, sentir;
        que la podamos suplir
        con toda fidelidad.
 
        De espíritu de oración
        llena nuestros corazones
        y abundarán bendiciones
        de esta grata Convención.

Tras trece años de silencio por la Guerra Civil Española y la perpetuación política del franquismo, en 1948 se celebró la quinta Convención en Sabadell, coincidiendo en el año con la inauguración del nuevo templo. El lema fue ‘Cada bautista, un misionero’. Las crónicas de la época expresan el gozo de volver a reunirse, destacando el «minuto de silencio en memoria de los servidores del Señor que han trabajado en favor de la obra bautista en España en esta última época y han sido promovidos a la gloria». En las reuniones, aparentemente más austeras en cuanto a participaciones musicales foráneas, cantó el coro de la Iglesia de Sabadell, dirigido por Pere Puig Inglada (1899-1959), aunque también tuvieron breves intervenciones los coros de Terrassa y Barcelona. En la magna sesión del domingo, se cantó como apertura el himno ‘Santo, Santo, Santo’, concluyendo la sesión con el himno ‘Dios te guarde hasta volverte a ver’, aunque sin la participación de ningún coro.

La siguiente Convención, la sexta, se celebró en Madrid en 1949, con el lema ‘Mirar hacia arriba’. El coro de la Primera Iglesia Bautista entonó cantos e himnos bajo la dirección de Adolfo Lahoz García (1927-2000). Antonio Almudévar Urriens (1894-1976) escribió un poema expresamente dedicado, con el título ‘Convención’:    

Cómo escapan las horas cuando son nobles, francas,
        y se viven buscando la gloria del Señor…
        ¡Qué ligeras corrían! No eran corzas blancas
        huyendo ante el arquero, el tiempo, cazador.
        Llegaban dulcemente. Se paraban, muy quietas,
        orando cara al Cielo esplendente de luz.
        Y luego nos hablaban y enseñaban, discretas,
        a nosotros, la Esposa, en nombre de Jesús.
 
        Y partían tan pronto… Mas, dejando en el pecho
        la sueva fragancia de unas horas en paz,
        de fragmentos de vida vencedores del tiempo
         que volverán al alma, allá… en la eternidad.
        En ellas, como abejas laborando afanosas
         el néctar perfumado en las flores de luz,
        las Ponencias, humildes, nos brindaban sabrosas
        lecciones, aprendidas a los pies de Jesús.
 
        Era su tema: ‘Iglesias del Nuevo Testamento’.
        Su exposición, doctrina humildemente fiel.
        Y creyentes sencillos, humildes, los maestros,
        discípulos primero a los pies de Emanuel.
        ‘Esto creían ellos, los primeros cristianos…
        Así vivieron, fieles, testigos del Señor
        en los primeros siglos… Y así somos llamados
        a vivir hoy nosotros…’, cada uno expresó.
 
        Hablamos de negocios: De una vida presente
        de conflicto y victoria en la iglesia local…
        De oposición maligna, frialdad inconsciente,
        ¡pero también de visas arrancadas al mal!
        Y de ansias ardientes de ganar la batalla
        confiando en las fuerzas del Santo Campeón,
        del Jefe que nos guía por su Santa Palabra,
        ¡el Cristo Triunfante en su resurrección!
 
        Cómo escapan las horas cuando son nobles, francas,
        y se viven rodeadas del fraternal amor…
        ¡Qué ligeros corrían! Nos eran breves, santas,
        saludos, experiencias, esperanzas… ¡valor!
        Hermanos entre hermanos, nos gozábamos todos
        en las cosas del Padre, como el joven Jesús,
        al igual que los niños expresan en mil modos
        el gozo de su vida en sus días de luz.
 
        Los cultos en la noche inspirados del Cielo,
        expresando el deseo de un Dios que es puro amor.
        Invitando al reposo de una vida sin duelo,
        en los brazos de Cristo, al triste pecador.
        En el templo tan bello… Expresión noble, santa,
        de los que en otras tierras, de los que, allende el mar,
        aman a sus hermanos que sufren en España
        por la misma Palabra, por la misma Verdad.
 
        Escaparon las horas… La nostalgia nos queda
        de unos días muy dulces que hubieron de morir,
        en la vida del tiempo, en la Tierra que rueda,
        en las cosas que pasan de este breve vivir.
        Adiós, días…, hermanos ¡Hasta que Dios nos una
        otra vez, por los lazos de nueva Convención,
        o en la gloria sublime, en la perfecta, suma
        Gran Convención del Cielo… sobre su corazón!

El siguiente encuentro asambleario de 1951 se celebró en Barcelona, coincidiendo en el año con la inauguración del nuevo templo en el barrio de la Bonanova. La coordinación musical corrió a cargo de Samuel López Pérez (1911-1988), dirigiendo el coro de Barcelona. También intervino el coro de la Iglesia de Sabadell, bajo la dirección de Pere Puig Inglada (1899-1959). Entre las colaboraciones musicales hubo un preludio de Mendelssohn por Carmen Orteu, dos himnos cantados por Aurora Conde de Bosque y Conchita Latorre, y un coro femenino a cuatro voces con texto compuesto ex profeso por Antonio Almudévar.


        Tras la obligada ausencia de un año por prohibiciones gubernamentales, en 1953 Sabadell recibió la VIII Convención Bautista. Junto a la participación del coro de Barcelona, la formación sabadellense, con Pere Puig Inglada en la dirección, marcó el evento de manera muy notoria, puesto que el grupo había crecido en calidad y repercusión entre las iglesias. De aquel año es esta fotografía, tomada en la Iglesia Bautista de Manresa.

Después de otro año vacante, la Convención de 1955 se celebró en Madrid con la participación del coro de la capital, bajo la dirección de Miguel Fernández Clemente (1931–), quien tres años antes había tomado la responsabilidad. «El coro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid dirigido por nuestro muy amado hermano Sr. Fernández, ha interpretado numerosos himnos evangélicos en todos los cultos extraordinarios, con lo que ha dado una brillantez especial a todos los actos». No consta que intervinieran otros coros, aunque es de suponer que habría participaciones de solistas o pequeñas agrupaciones vocales, como tríos o cuartetos.

Tras la inauguración del templo en 1954, en 1957 la Iglesia de la Barceloneta acogió la XI Convención con la participación de los coros de Barcelona, Sabadell y Terrassa, y con el acompañamiento de los himnos al órgano por Samuel López Pérez (1911-1988). No obstante, a partir de aquella Convención, el misionero José Mefford (1921-2005) y su esposa Lila Pritchard (1921-2012) participaron muy activamente con el acordeón y cantos a dúo, así como enseñando coritos e himnos foráneos.



En 1959 València recibió la XII Convención Bautista, después de que en 1957 la congregación dejara el edificio de la calle Palma para instalarse en el nuevo templo de la calle Quart 134. Con el lema ‘Jesús vive’, las reuniones contaron con el coro de la iglesia, que interpretó algunos himnos desde el antepalco posterior del templo, destacando el Aleluya de Haendel en el culto de clausura, dirigido por Elías Esteve Sempere (1921-1947) y con la asistencia de José Mefford. También hubo una participación de una sección de la Coral Al·leluia de Sabadell, que se desplazó para dos intervenciones, en las que una buena parte fueron en conjunto con el coro valenciano, incluyendo la participación en el culto de clausura.

Dos años más tarde, en 1961, Badalona fue la sede de la XIII Convención Bautista Española, con la participación del coro badalonés dirigido por Samuel López Pérez y de las corales de Sabadell, Terrassa y Barcelona en una velada especial. Entre los himnos congregacionales escogidos se entonaron tres en catalán, y un grupo de jóvenes acompañó el canto con sus armónicas, junto al órgano. Entre otros, cabe destacar la participación de Giorgina Pla, solista muy apreciada en Cataluña. Como dato curioso, la preparación del encuentro bautista por parte de la iglesia badalonesa incluyó el ensayo de himnos para toda la congregación unos meses antes –cada viernes–, con la finalidad de presentar la mejor calidad y dirección musical en los días de Convención.

Tras bastantes años de espera, por fin Alacant recibió la Convención en 1963 con el lema ‘Mayordomía del Evangelio’. El coro de la iglesia alicantina, dirigido por Magda Pedreño (1944-), «deleitó a los presentes con escogidos himnos de su repertorio». No hay más noticias respecto a la intervención de otros coros, aunque son probables diversas participaciones, así como de solistas y cuartetos de la propia congregación.

 


1965 fue el año en que la Iglesia de Xàtiva recibió la XV Convención Bautista Española con el lema ‘Muévese potente la Iglesia de Dios’, lo que indicaría que el canto ‘Firmes y adelante’ podría haber sido el himno oficial del encuentro, al citar el lema la primera frase de la segunda estrofa. Celebrado en el nuevo templo de la calle Argentería, el encuentro contó con el coro de la congregación receptora más sendas intervenciones de solistas y cuartetos femeninos y masculinos. Por deferencia del pastor Pau Grau, disponemos del audio de un buen número de intervenciones corales, de solistas y formaciones femeninas y masculinas, que nos pueden ofrecer una idea muy aproximada del ambiente musical y del espíritu de alabanza de aquella Convención y, por ende, de otras de la época.


En 1967, Albacete acogió la XVI Convención en su templo con la intervención del coro de la iglesia dirigido por Onesíforo Sotos Martínez y la participación especial del coro infantil ‘Rayitos de Sol’ de la vecina congregación bautista de Alicante, uniformados para la ocasión. El coro de la iglesia alicantina también participó, además de José Mefford i Lila Pritchard.

Madrid volvió a recibir la Convención Bautista. La XVII edición, celebrada en 1969, contó con el coro de la iglesia como prolífico eje musical del evento, dirigido por Miguel Fernández Clemente (1931–). Entre los himnos entonados por los congregados, constan ‘Hijos de los españoles’ y ‘Grata certeza, soy de Jesús’.

Castellón de la Plana recibió por primera vez la Convención en 1970, tras haber inaugurado su nuevo templo seis años antes. Se desconoce quiénes fueron los participantes musicales de la iglesia, pero consta que José Mefford acompañó a la congregación bautista en varios himnos.

Por primera vez Dénia acogió una Convención. Fue en 1971, en el templo de la calle Patricio Ferrandiz y con el lema ‘Permanezca el amor fraternal’. El encuentro contó con «el coro de Alicante con un acertado repertorio», con el cantante y solista de trompeta Dick Baker (1927–2011), y «la siempre acertada y puntual música de don José Mefford».

La XX Convención se celebró en 1972 en Alcoy, bajo el lema ‘Iglesias fuertes-Unión fuerte’. La música coral estuvo a cargo del coro de Alcoy, con las participaciones solistas de José Sánchez Albadalejo (1940-2019) y Francisco Morote Durán (1947–) de la iglesia de Alacant. La alabanza comunitaria estuvo acompañada por José Mefford al órgano y acordeón. Precisamente, la congregación alcoyana recibió aquel mismo año la donación de un armónium por parte de la Iglesia de Málaga para previsión musical de la Convención.

En 1973, Dénia acogió de nuevo la Convención, la XXI, y por primera vez los documentos dejan constancia de un himno oficial, junto al lema general del encuentro: ‘Reconciliación a través de Jesucristo’. Aunque es muy probable que en anteriores Convenciones ya hubiera himnos lema, en esta edición se especificaba: ‘Himno oficial’, sin más información. Entre las ponencias e informes se incluían intervenciones musicales de cinco minutos y, en algunos casos, de media hora. En el programa destacaba el «Acto músico-cultural con participación de coros, cuartetos, etc.» del miércoles 5 de septiembre a las 20 horas, con la presencia de los coros de València, Alacant y Xàtiva, además de solistas.

La siguiente convocatoria de 1974 se celebró en Badalona, en la Iglesia ‘Nueva Salem’, con el lema ‘Un paso al frente’. La XXII Convención contó con la presencia del afamado cuarteto ‘Voces de Nueva Vida’, formado por Tomás Garralón Sevilla (1945–1976), Jesús Zazo de la Torre (1948–2022), Juan Ramón Gandía (1946-) y Miguel Ángel Sánchez (1945-). En su crónica, José Borrás Cerveró (1927-2002) explicitaba que «El cuarteto ‘Voces de Nueva Vida’ cantó mucho y bien. Una Convención debe ser una reunión fraternal donde se informe, se promocione y se inspire, además de tomarse los acuerdos generales precisos para el progreso de la obra. El cuarteto de la Iglesia Bautista de Usera sirvió de inspiración en todas sus intervenciones». Además de la prolífica participación del cuarteto madrileño, Tomás Garralón escribió un himno lema con el título ‘Convención’, del que seguidamente se reproduce sonoramente la partitura original con la voz del tenor Ramón González.

 


En Córdoba y en 1975 se celebró la XXIII Convención, sin fuentes concretas sobre las alabanzas entonadas, aunque el pastor de la iglesia receptora, Antonio Gómez Carrasco (1936–2016), avivó los cantos congregacionales con su bandoneón, colaboración musical que fue muy habitual en los años setenta y ochenta. También participó como solista la esposa de Gómez, María del Carmen [Maruja] Blázquez Martínez (1931-2013). Por otra parte, José Luis Castejón Blázquez (1939–) aportó sus dones instrumentales y vocales. Su invidencia no le había impedido prepararse musicalmente a fondo en el Conservatorio de Música Sevilla, siendo muy estimado tanto por la Iglesia Bautista sevillana de la que era miembro como por los creyentes andaluces que disfrutaron de su arte. Como dato curioso, por primera vez la sede de la Convención no fue en un templo recién inaugurado, como se acostumbraba, o en la capilla de alguna de las iglesias de la UEBE, sino en un auditorio público, en el Salón de actos de la Caja de Ahorros de Córdoba. Dadas las distancias con las zonas centro, norte y este de la península, además del ministerio de Gómez, Blázquez y Castejón, es muy probable que participara el coro de la iglesia de Córdoba.

La siguiente Convención, la XXIV en 1976, fue otra vez en Dénia, en la Residencia Bautista, bajo el lema ‘Firmes, constantes, creciendo’, y con el himno oficial ‘Construyendo estamos’, el 336 del HIEE. Pese a que no hubo veladas musicales como en anteriores ocasiones, los himnos fueron dirigidos por el misionero José Mefford al órgano, y el pastor y tenor Fernando Vergara Juan (1946-2013) tuvo sendas intervenciones en las plenarias, además de un devocional matutino.

La sede de la Iglesia Bautista de Murcia acogió la XXV Convención en 1977. Como en la anterior edición, cantó Fernando Vergara Juan, y el grupo Paz de Albacete tuvo un concierto nocturno en el mismo templo. Asimismo, Antonio Gómez estableció de manera definitiva su bandoneón como acompañamiento de coritos e himnos populares, tanto en las plenarias como en los tiempos de asueto. Y José Mefford participó junto a su esposa cantando a dúo e invitando a cantar himnos del HIEE.

El siguiente encuentro se volvió a celebrar en Dénia, en 1978. Fue la XXVI edición, en la que el himno lema se tomó prestado de una cantata de la primera Semana de Música celebrada en 1975. ‘De unos a otros’ prestó una de las piezas más emblemáticas de la obra: ‘Juntos confiemos en Dios’. La particularidad de celebrar las Convenciones en días de entre semana ralentizó algunos hábitos de las ediciones de antaño, como la afluencia de coros, tríos y cuartetos para intervenir en veladas musicales a modo de escaparate musical de las iglesias. En su ausencia, solistas como Fernando Vergara, Rafael Roca o el grupo dianense Judá tomaron el relevo, participando puntualmente en algunas sesiones.

Dénia repitió convocatoria en 1979, con el lema ‘Vida y servicio’, y también en 1980 con parecidas dinámicas musicales de las anteriores ediciones. Y al siguiente año, en 1981, la Residencia Bautista en la capital de la Marina Alta reunió por tercera vez consecutiva a pastores y delegados de las iglesias bautistas con el lema ‘Vosotros sois testigos’. La XXIX Convención volvió a tener las mismas coordenadas musicales que las anteriores ediciones, escribiendo el cronista de El Eco la siguiente apreciación: «Felices porque las improvisaciones musicales, gracias a los hermanos Gómez y Vergara, cumplieron debidamente llenando un vacío que no recomendamos a ninguna Convención y que nos dieron la oportunidad de comprobar la belleza del corazón, simpatía en su rostro y esos dedos que parecen alas angelicales revoloteando sobre el teclado del piano; nos estamos refiriendo a la hermana Brenda Lee». Brenda Haggard Lee (1943-), pianista eclesiástica consagrada y esposa de Paul Douglas Lee (1936–2019), residieron ambos durante unos años en Dénia, asumiendo Paul responsabilidades ministeriales en la Casa de la Radio con los programas afines. Seguidamente, el corresponsal Antonio Aparici Díaz (1929-2022) amonestaba a colación de la realidad musical de las últimas Convenciones, «Felices, porque una vez al año se airea, débilmente al menos, nuestra música, tan maltratada y maltrecha. El Día de la Música debiera de calar más en los responsables de la Unión y que oteasen el horizonte bautista musical (ojo, he dicho bautista y añado española) para aprovechar la riqueza artística y vocacional de los numerosos valores que tenemos dormitando por falta de cortesía de oportunidad».


La XXX Convención en 1982 se celebró en Cartagena, con el himno oficial ‘A Cristo coronad’, propuesto por el pastor de la congregación Santiago Williams, (1926-2015). El programa careció de música o velada especial, excepto sendas intervenciones del coro de la iglesia cartagenera bajo la dirección de Williams y con JM Laporta al piano. Los himnos congregacionales fueron liderados por Santiago Williams al acordeón y su esposa Martha Faye Mathews (19262017) a la guitarra.

 La siguiente convocatoria de 1983, la XXXI, fue en Vitoria, con la participación especial del coro de la Iglesia del ‘Buen Pastor’ de Madrid y con los himnos dirigidos por el misionero José Mefford, además de la participación de un grupo vocal de Zaragoza.

Dénia volvió a acoger en 1984 la Convención, bajo el título ‘Mayordomía total’. La edición XXXII incorporó como algo novedoso una fiesta fraternal en el campo de juegos de la Residencia, a cargo del pastor Valentín Cueva Barrientos (1945–), con participaciones musicales, cuadros humorísticos y una obra dramática. Las mismas dinámicas musicales que en anteriores años se reprodujeron en este encuentro.

En 1985, la XXXIII Convención se celebró en Barcelona en la Iglesia de la Bona Nova, con Roberto Velert Chispert (1945-2019) como pastor anfitrión. El encuentro contó con la dirección musical de Ambròs Monsó Celma (1952) al órgano y un concierto del coro de la iglesia, bajo la dirección de Jordi Palacios Casanovas (1953–). También hubo una actuación de la cantante norteamericana Donna Hightower (1926-2013). El lema fue ‘Dios responde hoy’ y no hubo himno oficial.

La XXXIV edición volvió a Dénia, en 1986, siendo, a diferencia de anteriores ocasiones, la Iglesia de ‘La Trinitat’ la receptora oficial. Se celebró en la Casa de la Cultura de la ciudad con el lema o tema general ‘Jesús, fundamento permanente’ y con el himno oficial ‘¡Oh, cuán dulce es fiar en Cristo!’, número 430 del HIEE. La novedad de aquel año la proporcionó la Banda de Música de Dénia, perteneciente a la Agrupación Artística y Musical de la ciudad, que interpretó, a invitación y gestión de Jorge J. Pastor Mut (1949–), varios himnos conocidos, con partituras cedidas por la Scripture Union Band de Suiza.

Alacant acogió la siguiente Convención de 1987, la XXXV, con la peculiaridad de volver a celebrarse en fin de semana. El lema fue ‘Renovando nuestro compromiso’ y el coro de la Iglesia receptora tuvo una destacada participación bajo la dirección de Magda Pedreño (1944–). También participó un numeroso coro de voces infantiles, así como solistas invitados, como Elías Nofuentes Molina (1961–). Sin embargo, la novedad fue la participación de Elies Cortès Casanovas (1954-), recién nombrado Promotor de Música de la UEBE, y que en aquel año y en los tres siguientes ejerció de coordinador de música de las reuniones asamblearias de la Unión, además de organista.


La siguiente convocatoria fue en 1988, coincidiendo con el centenario de la Primera Iglesia Bautista de València y celebrado en la sala de congresos del Expo-Hotel de la ciudad del Túria. Con el lema ‘Edificando el futuro’ y con el himno oficial ‘Construyendo estamos’, el evento contó con la participación del actor y cantante Lorenzo Valverde (1929-2021) en algunas de las sesiones ordinarias, actuando también el coro de la iglesia valenciana. Asimismo, Elies Cortès ejerció como Promotor de Música de la UEBE. En el culto de clausura celebrado en el Palau de la Música de València, la cantante norteamericana Donna Hightower (1926-2013) tuvo una destacada actuación como colofón de la XXXVI Convención Bautista Española ante más de 1700 personas. También intervino el cantante Lorenzo Valverde.


1989 es el año de la XXXVII Convención celebrada en Lleida, con el sugerente lema de ‘Sirviendo en esperanza’. Caliu fue el dúo invitado que «amenizó el periodo de votaciones», también «con una destacada intervención en diferentes partes de la Convención». El broche de oro final en el culto organizado por la iglesia de Lleida contó con la participación de Anna Cortès al piano y Raquel Cortès al violonchelo; Sílvia López declamó poesía y Blandina Ronsano tuvo un pensamiento bíblico. La alabanza congregacional estuvo dirigida por el grupo musical de la iglesia receptora.

Y para concluir la serie, en 1990 la XXXVIII Convención Bautista se celebró en El Escorial (Madrid) con la dirección congregacional de Jorge J. Pastor (1949–) y JM Laporta al piano. Participaron en un concierto especial el Coro de la Primera Iglesia Bautista de Madrid, dirigido por Miguel Fernández Clemente (1931–), y el Coro de Jóvenes de la misma congregación, con Juan David Jiménez Cela (1963-) al frente.










· Los bautistas y su música (58)

 © 2026 Josep Marc Laporta


Solemnidad versus lentitud del canto

A lo largo de gran parte del siglo XX, tanto los coros como las congregaciones bautistas y, también, las iglesias evangélicas españolas en general, tuvieron una característica común: la asociación entre solemnidad y lentitud en el canto. Una relación que tendría su raíz en la cultura católica, cultivo de formas eclesiásticas parsimoniosas que impregnaba todo comportamiento religioso y, por ende, la percepción de social de la divinidad. Era un fondo sociológico labrado en una sociedad absolutamente católico-romana, que históricamente había bebido del misticismo y la contemplación estética y cinestésica de lo sobrenatural. Consecuentemente, cualquier manifestación efusiva y entusiasta de la fe debía ensamblarse o incrustarse en el ritual de la solemnidad y del ceremonial, bajo protocolos rituales muy ordenados y consolidados. Consecuentemente, salirse de tales parámetros litúrgicos podría llegar a ser considerado sacrílego e irreverente. Incluso, nuevas formas de expresión podrían llegar a ser, prácticamente, un motivo de excomunión.

El protestantismo, y en nuestro caso los bautistas, fue parte de la cultura religiosa predominante. Como españoles socialmente catolizados, bebieron de las mismas fuentes litúrgicas y protocolarias, reproduciendo un modelo forjado en siglos donde la devoción se vinculaba al quietismo, y la espiritualidad al recogimiento y la contemplación pasiva. Si bien los himnos protestantes de la Reforma y de los diferentes avivamientos históricos aportaron a los evangélicos españoles una mirada devocional de la deidad mucho más renovada y expresiva, el poso del canto latino de las misas católicas y sus iterativas litúrgicas, en realidad no permitió despegarse de una determinada lentitud en la interpretación de los himnos.

En 1926, un escrito en el rotativo España Evangélica denota la sociología imperante: «Lo que se necesita es que haya correspondencia entre la expresión y la emoción. Que no cantemos el himno ‘Cantad alegres al Señor’ con música de endecha, ni un himno de arrepentimiento en tono de vals y con voces chillonas. No sé si la música de vals es a propósito para momento alguno en el cuto, aunque haya himnos a los cuales no va mal una música así. Pero si sé que hay música solemne, melodiosa, que se adapta mejor a un ambiente de reverencia. […] ¡Reverencia! Reverencia en el pastor y reverencia en la congregación. La reverencia en el pastor es por sí misma un sermón».

Sin embargo, el contraste estético de los nuevos himnos protestantes con la anticuada liturgia católica, presentaba otras variables. En el mismo año que el anterior escrito –1926–, Samuel Vila Ventura (1902-1992) relataba en el Mensajero Bautista la conversión de un hombre muy fanático que defendía a los curas y a su religión siempre que se atrevían a atacarlos en su presencia. Un día su esposa le dijo: «¿Quieres venir a un lugar donde predican el Evangelio? El hombre halló muy ridículo eso de predicar el Evangelio y dijo: ‘Voy a ir para reírme de esa gente’. […] Al llegar al local, nuestro católico oyó cantar un himno que decía: Oíd, oíd, lo que nos manda el Señor, marchad, marchad, hablad de mi amor. Los deseos de reírse desaparecieron inmediatamente. Halló la reunión más solemne de lo que pensaba. La predicación conmovió profundamente su ser. […] Especialmente resonaban en sus oídos las palabras del cántico que conmovió su corazón».

La peculiar solemnidad musical en los cultos españoles también fue el tema de una entrevista de 1965 en el Eco por parte del pastor Rubén Gil Pendón (1929-2020) al evangelista Fernando V. Vangioni (1912-1995). «¿Cree Ud. que el sistema americano de evangelismo, alegre por lo general, va bien en países amantes de la solemnidad en el culto como en este caso es España?». Respondía Vangioni: «Yo creo que le interpreto, si digo que en España que tiene un gran antecedente religioso, un cierto temor reverencial al culto y a la forma en que se desarrolle, el evangelismo debe ser aplicado con sabiduría en ese sentido. Creo que la seriedad conviene a todos los públicos. Creo que el respeto y la seriedad con que se debe rodear un culto, la solemnidad que debe caracterizar el mensaje debe estar presentes en cualquier reunión. Naturalmente depende también de los ambientes y de la clase de gente que esté en la reunión. La atmósfera del cielo debe ser traída a la atmósfera del templo».

En otra entrevista del año 1969, el profesor de música del Seminario Teológico Bautista del Sudoeste en Forth Worth, Texas, y organista del 4º Congreso Evangélico Español, fue preguntado sobre cómo cantan los españoles. La respuesta fue muy directa: «¡Estupendo! Son muy melódicos». En la repregunta formulada de si nos diferenciamos de los norteamericanos en el canto, Thomas W. Hunt (1929-2014) apuntó: «En algunos aspectos». Y profundizó con más detalles: «La introducción musical antes del canto, en España es más corta. En América no se empieza a cantar antes de haber sonado la música hasta la segunda línea». Y apostilló: «Los americanos cantamos más deprisa. Los españoles son más lentos, pero cantan con mucho más entusiasmo».

En 1988, el pastor José Luis Martínez (1942-), que por aquel entonces servía como administrador en la Casa Bautista de Publicaciones en El Paso, Texas, escribía una carta al ministerio de la Comisión de Medios Audiovisuales de la UEBE con las siguientes apreciaciones: «Una pequeña crítica de parte de una joven española universitaria, que vive desde hace trece años aquí y está acostumbrada a escuchar música evangélica de USA y ahora ha recibido dos casets grabados por ustedes en España: Primero, le supieron a gloria, le tocaron el corazón por ser de la Patria. Segundo, le pareció que el ritmo es un poco lento, me decía que en comparación con el ritmo de USA es lento. Y digo yo, probablemente también en comparación con ciertos ritmos de Hispanoamérica. […] ¿No se podría avivar (acelerar) un poco ese ritmo?».

El ancestral poso ritual católico tuvo una gran ascendencia en el pueblo evangélico y en su manera de entonar los himnos. Para muchos creyentes, cantar solemnemente significaba cantar lento, aunque incluyendo matices de cierta pompa y fastuosidad que, en realidad, no acababan de elevar el ritmo o el tiempo de interpretación. Incluso, el canto se arrastraba, aletargando las frases hasta descompasarse del órgano, que guiaba y acompañaba. Con todo, es indudable que la baja cultura musical de las congregaciones de la época también contribuyó, incorporando vicios que se traspasaban empáticamente al coro de la iglesia.

En el siguiente vídeo se puede escuchar una recopilación de himnos por tres congregaciones que representan tres décadas: 60, 70 y 80. Primeramente, una campaña celebrada en Xàtiva del 4 al 6 de junio de 1965 que congregó a más de 500 personas, donde 27 aceptaron seguir a Jesús. El predicador invitado era el conocido evangelista Fernando V. Vangioni (1912–1995), que fue acompañado por dos músicos de nivel: el tenor Jorge Sánchez (1938-2009) y el organista Pierre Van Woerden (1924–1990). Los más de 500 asistentes entonaron ‘Grata certeza’. Seguidamente podemos escuchar la congregación de la IE Bautista de València en la década de los 70, entonando el canto navideño ‘Suenen dulces himnos’ (02:57). Y, por último, los congregados en la IEB de Dénia en 1986, cantando el himno ‘Del amor divino’ (06:28).

Y en cuanto a los coros de iglesia, en el siguiente vídeo se puede escuchar a cuatro de ellos representando tres décadas. De 1964, el Coro de la IEB de Alacant, interpretando ‘Yo espero la mañana’. De 1975, el Coro de la 1ª IEB de Madrid, cantando ‘Por tus ojos en Cristo’ (01:38). De 1981, el Cor Familiar Horeb de Terrassa, con un canto navideño: ‘El coro angelical’ (05:03). Y de 1988, el Coro de la IEB de València interpretando ‘Canten a Cristo, Rey’ (06:59).