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· Los bautistas y su música (9)

 © 2022 Josep Marc Laporta

                  1- ¿El primer himnario bautista en España?
             2- Alma, cese tu dolor
             3- Cantad alegres a Dios
             4- Más cerca, oh Dios, de Ti

1- ¿El primer himnario bautista en España?

     Introducirnos en los himnarios del siglo XIX conlleva ciertas dificultades, básicamente por la escasa información que sus páginas aportan y, en muchas ocasiones, por los inciertos datos que se incluyen, como es el caso que nos ocupa. Aunque el epígrafe de Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870 anunciaba una utilidad presbiteriana, la realidad es que William Ireland Knapp publicó un primer intento de himnario bautista en España. Es evidente que por cómo se anunciaba no fue el primero, pero por la intención y la autoría sí lo fue, especialmente porque sus dos colegas presbiterianos mostraron poca participación en la selección de himnos y menos en las traducciones. Aparte de algunos indefinidos, la práctica totalidad de cantos provenían de colecciones de Estados Unidos y no de Irlanda, Escocia –tierras de procedencia de los consiervos presbiterianos, William Moore y John Jameson– o de Inglaterra, lo que invita a pensar que la mayoría de los himnos eran bien conocidos por el Dr. Knapp, de himnarios y colecciones norteamericanas.

Un ejemplo son Oh Salvador, tierno Jesús, Voy al cielo, soy peregrino y Yo voy viajando, sí, números seis, siete y ocho del librito, cuyas versiones en castellano provenían de los opúsculos neoyorquinos La Estrella de Belén, publicados en 1867 por Henry C. Riley (1835-1904). La confluencia neoyorkina de los opúsculos con la procedencia del Dr. Knapp de la ciudad de los rascacielos, invita a presuponer su determinante participación en la edición.

Otro aspecto interesante que aporta más luz sobre la autoría del himnario es que en ninguna publicación posterior consta una sola traducción o adaptación de los dos ministros presbiterianos, ni tampoco se observa en sus currículos alguna faceta musical o poética. Pero de William I. Knapp sí que hay, como mínimo, dos traducciones o adaptaciones en Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid. Una de ellas es la mencionada en el anterior capítulo: Alma, basta de gemir, originalmente Alma, cese tu dolor. Y aunque en el himnario de 1870 no aparece su nombre, posteriores colecciones de otras denominaciones evangélicas sí dan fe repetidamente de la autoría del Dr. Knapp. Es por estas razones que, de facto y paradójicamente, Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid podría ser considerado el primer himnario bautista de España:

Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid (1870) >>> PDF

Como se puede comprobar en la digitalización adjunta, la colección que publicó el Dr. Knapp adolece de suficiente información, hasta el punto de que no existe siquiera un índice alfabético. Tan sólo en la portada interior aparece el nombre de la imprenta de José Cruzado, en la calle Dos Amigos, 10 y el año de publicación: 1870. No hay más datos ni indicaciones. Así que los 21 himnos sin autoría que lo componen son la única fuente sobre la paternidad de William I. Knapp de la colección y sobre qué cantaron aquellos primeros bautistas en España.

1- Alma, cese tu dolor

Este es el título original del poema hímnico más conocido del Dr. Knapp que él mismo incluyó en Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870. No obstante y como es habitual en este himnario, ningún nombre aparece como crédito; el suyo tampoco. Pero distintas colecciones himnológicas posteriores sí notifican su autoría. Con todo, Alma, cese tu dolor es la gran y más representativa poesía del misionero bautista William I. Knapp. Su buen conocimiento del castellano le permitió escribir un texto con sentido y adecuada rima, que en principio merecería la aprobación general. Pero no fue así.

Tan sólo un año más tarde de que apareciera Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid, el exescolapio y poeta Juan Bautista Cabrera Ibars (1837-1916) publicó su primera colección de cantos: Himnario Evangélico para uso de las Iglesias Evangélicas (1871), incluyendo el himno del Dr. Knapp con el texto original. Sin embargo, cuando unos años más tarde, en 1878, Cabrera publicó un segundo y ampliado volumen con 300 cantos denominado Himnario Evangélico para uso de la Iglesia Cristiana Española, volvió a incluir el himno, aunque esta vez con algunas variaciones en el texto, al parecer a modo de rectificación o mejora.

Ya en el prefacio de su himnario, el propio Juan Bautista Cabrera defiende la alteración de textos ajenos. Tras aclarar la correspondencia entre los nombres de los traductores más reconocidos con las iniciales identificativas a pie de himno, el obispo escribe: «Y de los que no llevan firma alguna, la mayor parte son de los usados en nuestras iglesias de España, entre los cuales hay algunos (dicho sea sin ofensa) de escaso mérito, pero que el uso ha hecho generales y no hemos creído prudente eliminarlos, si bien nos hemos tomado la libertad de introducir en ellos algunas ligeras modificaciones».

De esta aclaración preliminar se entiende que, a pesar de que bajo el texto de Alma, basta de gemir dejó constancia de la autoría del Dr. Knapp, para Cabrera el himno entraba en el grupo de los conocidos entre las iglesias, pero también de los calificados de escaso mérito, creyendo conveniente hacer algunas modificaciones, como así sucedió. Tras la intervención de Cabrera, a partir de 1878 Alma, cese tu dolor pasó a denominarse Alma, basta de gemir, versión que se difundió en otros himnarios españoles y del continente americano del siglo XIX y XX. Los cambios en el texto que hizo Juan Bautista Cabrera quedan reflejados en este cuadro:

Es entonces cuando a partir de las modificaciones del obispo anglicano, el himno ya tiene dos versiones literarias, popularizándose por distintos caminos e himnarios según la denominación y el país. Estas dos vías incentivaron la aparición de nuevas y distintas tonadas para las dos versiones del texto de Knapp. Es propio del siglo XVIII, XIX e incluso del XX interpretar un poema con distintas melodías, hasta encontrar aquélla que el uso, la belleza o la idoneidad la hiciera más popular. Esto es lo que sucedió, por ejemplo, con la melodía que acompaña a Amazing Grace (Sublime Gracia). Durante años, y gracias a su métrica regular, se cantó con unas veinte tonadas distintas hasta consolidarse con la que hoy conocemos. En el caso de Alma, cese tu dolor o Alma, basta de gemir se han podido encontrar hasta siete melodías distintas en diversos himnarios, la mayoría diferentes de la que se acostumbraba a entonar en las iniciáticas congregaciones bautistas del siglo XIX.

La tonada que cantaron en Madrid probablemente podría ser una melodía de Henri Abraham Cesar Malan (1787-1864) de 1834, denominada Rosefield. William I. Knapp tuvo gran predilección por el proceso espiritual y renovador del predicador ginebrino. Por su francofonía intelectual —acabó sus años terrenales como profesor en París— y por conocer y disponer de dos de los himnarios que publicó Malan en 1837 y 1841 —Soixante chants et chansons pieuses y Musique des chants de Sion—, el Dr. Knapp probablemente adaptaría Rosefield para un texto propio. 

Sin embargo, diez años después de la edición de Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid, en 1880 la revista cristiana e infantil El Amigo de la Infanciaeditada en Madrid por Friederich (Federico) Fliedner Bertheau, publicó una partitura de Alma, cese tu dolor, aunque sin mencionar autoría, ni de música ni de letra. La tonada, que hasta hoy se desconoce el origen y la fuente, bien podría ser del mismo William I. Knapp o, incluso, de su esposa, Adeline Roberts. La probabilidad de que ésta fuera la tonada original es bastante factible. Dos importantes aspectos confluyen. Primeramente, que se editara en Madrid, pudiendo recoger la melodía más usada entre las iglesias de la capital. Y, segundo, que tanto Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid como El Amigo de la Infancia se imprimieran en la misma empresa de José Cruzado, en la calle Dos Amigos, 10. Este último dato invita a pensar que entre el Dr. Knapp y el misionero Fliedner existió una fluida relación, también himnológica.

Pero un detalle no menor nos sorprende: veintidós años después de la publicación de Alma, cese tu dolor en El Amigo de la Infancia, en 1902 la misma revista volvió a publicar el mismo himno, aunque esta vez con una melodía totalmente distinta. El cambio e intercambio de tonadas de manera aleatoria y según conveniencia era una práctica muy extendida en los siglos XIX y XX.

Con todo, la primera y más posible tonada original del Dr. Knapp aparecida en 1880 en El Amigo de la Infancia es la siguiente:

No obstante, cuando el popular Himnario Evangélico de los Hermanos de Plymouth (1873 y sucesivos) empezó a circular en España bajo el empeño editorial del misionero inglés Carlos E. Faithfull, en 1874 se incluyó el texto original del Dr. Knapp, Alma, cese tu dolor, Sin embargo, en otras ediciones de finales de siglo ya se introdujo definitivamente la modificación de Cabrera, Alma, basta de gemir, vinculándola a una melodía que apareció en el Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal de México, editado en 1881. Así fue que la tonada Dix, de Conrad Kocher (1786-1872), fue la que predominó en España, muy lejos de la escogida originalmente por Knapp; aunque, en justicia, también es pertinente señalar que su himno nunca fue de los más entonados en el país.

Pero los vericuetos melódicos de Alma, cese tu dolor Alma, basta de gemir llegaron hasta la recopilación bautista española en partitura de 1968 realizada por Joseph W. Mefford (1921-2005), Pere Puig Ballonga (1929-2016) y Samuel Rodrigo Mora (1918-1995): el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España. Paradójicamente, esta popular colección, heredera denominacional de las del Dr. Knapp, no recoge la letra de la versión original, sino la modificada por Juan Bautista Cabrera: Alma, basta de gemir. Pero la paradoja no solamente alcanza al texto escogido, sino que la melodía que se adjunta nada tiene que ver con alguna de las probables del siglo XIX ni con la que proponían las sucesivas ediciones del Himnario Evangélico de los Hermanos de Plymouth (Asambleas de Hermanos). La tonada Toplady, conocida en España por el himno Roca de la Eternidad, es la que escogieron los editores de la Junta Bautista de Publicaciones española, probablemente por una aleatoria adaptabilidad melódica e idoneidad músico-poética.

Sin embargo, el texto señera de William I. Knapp y, al mismo tiempo, el primer y original poema bautista en territorio español, también sufrió otra incongruencia histórica. Es muy probable que Alma, basta de gemir nunca se haya cantado en ninguna iglesia bautista española en todo el siglo XX. Entre los casi quinientos himnos que recoge el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España de 1968, parece factible que ninguna congregación haya prestado atención al texto del Dr. Knapp. Una rápida y sencilla investigación de campo entre creyentes bautistas de años, consultando si recordaban haberlo cantado, refuerza la sospecha. La totalidad ni siquiera sabía de su existencia.

3- Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier

Sin entrar a desarrollar todos los minuciosos análisis que conducen a la fijación académica del origen de la traducción del himno denominado Salmo C, sí que es oportuno dejar constancia de lo que sucedió con este popular canto. Al ojear las páginas de Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid (1870) es relevante preguntarse si el texto del himno número 18, Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier (Salmo C), pudo ser obra del Dr. Knapp y si su poema fue, en realidad, la primera traducción sobre la cual se generaron otras versiones.

Tradicionalmente, la autoría o traducción al castellano de Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier ha sido adjudicada a Tomás José González de Carvajal (1753-1834), pero en ningún himnario de la época en que vivió se encuentran vestigios del texto ni de su autoría, aunque posteriormente se observan trazas sueltas en algunos himnarios, también confundibles con otro himno suyo que tiene similar título. Ya en su Historia del Himno en Castellano, Cecilio McConnell se refiere a ello con una duda: «El muy conocido ‘Cantad alegres al Señor mortales todos por doquier’ se ha atribuido a Carvajal, pero no es cosa segura el que él lo haya escrito, pues no aparecen estos versos en el Salterio publicado en Nueva York», editado por la Sociedad Americana de Tratados de mediados del siglo XIX. Entonces, ¿quién tradujo al castellano el canto identificado como Salmo C?

Volviendo al himnario de William I. Knapp, Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid (1870), encontramos en el número 18 una traducción del himno sin ningún dato del autor. No obstante, veinte años más tarde, en el índice alfabético del Himnario para uso de las Iglesias del Presbiterio de Andalucía (1890) aparece adjudicado a ‘W. Knapp’. Este escueto dato ha inducido a pensar al doctorando Josué Aguiar Rodríguez que el misionero y poeta norteamericano podría ser el primer traductor del himno. Es decir, pese a que en el himnario que editó el Dr. Knapp no desveló su autoría (ni la de otros cantos), por la relación y comunión entre pastores de las primeras congregaciones de la época parece ser que era sabido que William I. Knapp fue el escritor primario del texto. Por esta razón quedó constancia su autoría en el Himnario para uso de las Iglesias del Presbiterio de Andalucía de 1890.

Al parecer, el error de la adjudicación de la traducción del Salmo C a Tomás José González de Carvajal provino del Himnario Evangélico de 1891 publicado en Chile –el primero con partituras del país–, al anotar escuetamente a pie de himno el nombre de Carvajal, tal vez confundiéndolo con otro de su pluma que empieza de manera parecida: Cantad alegres al Señor, ahora. Por el efecto copia, el error se difundió en otros himnarios hasta llegar a nuestros días, con una falsa autoría que nada tiene que ver con la realidad.

Resiguiendo la pista inicial y dando por supuesto que la primera traducción del himno es del Dr. Knapp en su colección Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870, es interesante observar las distintas variaciones que otros autores han hecho sobre su texto, hasta dar con el que a día de hoy conocemos. Teniendo en cuenta que Juan Bautista Cabrera acostumbraba a cambiar o modificar los poemas de otros autores para, a su juicio, mejorarlos, sospechamos que su mano también intervino en el poema del Dr. Knapp. Y aunque en ningún momento deja su nombre bajo el himno, su poético y refinado dominio del castellano invita a pensar que fue él quien pudo intervenir en la mejora del texto. El siguiente cuadro permite tener una rápida perspectiva de la transformación que sufrieron los versos en castellano de Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier (Salmo C). De William I. Knapp en 1870 a la modificación en el Himnario para uso de las Iglesias Evangélicas, coleccionado y en parte compuesto por Juan Bautista Cabrera, Pastor de la Iglesia de la Santísima Trinidad en Sevilla, en 1871.

La consolidación del texto en los distintos himnarios de la época, tal y como lo conocemos hoy, se produjo en muy poco tiempo. Tras los cambios aparentemente ejecutados por Juan Bautista Cabrera en 1871, en 1874 Himnos para las Iglesias Evangélicas ya incluía el texto transformado y consolidado, dándole aún más popularidad. Y tras ser incluido en muchas ediciones hímnicas de los países hispanos, llegó hasta la colección bautista española denominada Himnario de las Iglesias Evangélicas de España, de 1968, con la modificación atribuida a Cabrera. Y treinta y cinco años más tarde a Adoración XXI.

Por lo tanto, se puede concretar que el texto primario de Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier (Salmo C), es un poema de William I. Knapp, supuestamente transformado por Juan Bautista Cabrera, ya que en ningún himnario de la época llegó a constar como autor del mismo.

4- Más cerca, oh Dios, de Ti

Una de las traducciones más populares de este himno es la del pastor presbiteriano mexicano Vicente Mendoza (1875-1955). Así aparece en el Nuevo Himnario Evangélico publicado en Nueva York en 1915. No obstante, la adaptación del himno al castellano tuvo algunas vidas anteriores en la década de 1870, muy lejos en el tiempo de la traducción de 1915 de Mendoza. Y en ellas encontramos otra vez al primer misionero bautista en España, William I. Knapp, y su libro de cantos Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870. Allí es donde por primera vez y con el número 19 aparece una primera adaptación de Más cerca, oh Dios de Ti, aunque ni en el mismo himnario ni en posteriores colecciones nunca se indique su autoría. Pero como ya sucedió con otros himnos, la mano de Juan Bautista Cabrera se deja ver retocando o modificando el texto, o utilizándolo de base para una nueva adaptación. Y en este caso hay dos supuestos y una certeza: 1- que el primer intento de traducción o adaptación podría haber sido de William I. Knapp, supuestamente con la música que conocemos hoy; 2- que, aparentemente, Juan Bautista Cabrera podría haber tomado la primera línea de la traducción del Dr. Knapp y el argumento original en inglés desarrollando una nueva versión en 1878; y 3- que, tras la supuesta primera versión, Cabrera hizo una definitiva adaptación en 1887 con un texto que se incluirá en algunos himnarios españoles.

A ciencia cierta no sabemos si William I. Knapp tradujo al castellano la primera versión del himno Más cerca, oh Dios, de Ti. Pero por su forma de proceder y escribir hay varios detalles que nos invitan a suponer que él fue el autor primario. Comparándolo con el anterior himno del anterior capítulo –Cantad alegres a Dios mortales todos por doquier–, considerado de su autoría, hay algunos paralelismos de cierta parvedad en el trato poético. Es evidente que el castellano no era la lengua nativa del Dr. Knapp, por lo que es lógico pensar que el texto descubra ciertas carencias léxicas, como sucede con el Salmo C. Al igual que en el anterior himno, Knapp traza una línea argumental bien hilada, pero sin la fluidez literaria y léxica de la lengua madre, lo que deja el texto bastante ausente de altura poética.

Otro aspecto que invita a pensar que Más cerca, oh Dios, de Ti es obra del Dr. Knapp tiene que ver con la irrupción de su personalidad vivencial, teológica y contextual en el poema. En el caso del Salmo C, en la última estrofa abandona el discurso más o menos literal del mismo salmo para introducir su particular mirada: «Su santo nombre bendecid, hoy en sus templos con loor, que Dios es bueno –repetid, e inmutable su favor». Es evidente que este verso poco o muy poco tiene que ver con la sucesión poética del Salmo 100; no obstante, el misionero bautista se toma la libertad de aportar su grano de arena en bien, tal vez, de una pedagogía de culto hacia su audiencia congregacional.

En el caso de Más cerca, oh Dios, de Ti no hace una traducción literal del poema original en inglés, sino que toma el concepto de cercanía con Dios para desarrollar una visión propia, donde la luz divina y la aceptación de su voluntad en presente es su gran argumento. Por lo tanto, abandona el texto original de Sarah Flower Adams (1805-1848) y su alusión a Génesis 28:11-19, con el simbolismo del caminante que va al cielo, la piedra de Betel, el sueño y el deseo de llegar a la patria celestial.

Otra de las razones que permite suponer que el texto que se incluye en Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870 es del Dr. Knapp, tiene que ver con que es el primer intento de traducción o libre adaptación del himno Nearer, my God, to Thee, nearer to Thee! de Sarah Flower Adams. Con anterioridad a 1870 no aparece en ningún himnario, por lo que es posible que, al igual que hizo con la adaptación del Salmo 100, hiciera lo mismo intentando una adaptación de Más cerca, oh Dios, de Ti. Como esmerado poeta y amante del canto congregacional, parece ser que el Dr. Knapp quiso dejar constancia de dos de los himnos más bellos de su época.

Aunque las investigaciones históricas, sociológicas y musicológicas puedan conducirnos a una hipótesis que podría ser bastante cercana a la realidad sobre quien fue el traductor de Nearer, my God, to Thee, nearer to Thee!, también es admisible pensar que ya que Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid fue el primer himnario donde apareció la primera traducción, también habrá que reconocer el acierto de esa primera línea. El texto del poema sufrió muchas y sucesivas variaciones hasta las versiones más aceptadas hoy, pero la primera línea, Más cerca, oh Dios, de Ti, permaneció inalterable, obra del primer traductor en Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870. Supuestamente de William I. Knapp.

Todas estas consideraciones sobre los himnos que tradujo o adaptó el Dr. Knapp nos lleva a pensar qué más novedades podríamos encontrar en los otros dos himnarios bautistas de su autoría desaparecidos de finales del siglo XIX. Seguro que entre sus páginas surgirían bastantes sorpresas y, tal vez, algunos eslabones himnológicos y musicológicos perdidos.

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>>> Historiadores y musicólogos de consulta: Pau Grau Ballester; Gabino Fernández Campos; Rev. Carlos López Lozano; Dr. Cristián Guerra Rojas; Quim Campistrón; Noemí Cortès; David Catalunya.
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* Biblioteca de Gabino Fernández Campos. Torrejón de Ardoz.
* Biblioteca de Pere Puig Ballonga. Sabadell.

· Los bautistas y su música (8)

 © 2021 Josep Marc Laporta

1- Madrid: primer foco himnológico bautista

2- Primicias hímnicas bautistas en Madrid

3- La música en la 1ª Iglesia Bautista de Madrid

4- La música en la primera expansión misionera

 

1- MADRID: PRIMER FOCO HIMNOLÓGICO BAUTISTA

Madrid fue el primer foco misionero bautista tras la revolución de La Gloriosa y la nueva constitución de 1868; y también fue el primer foco himnológico y musical de los bautistas en España. William Ireland Knapp (1835-1908) fue un reconocido profesor estadounidense, bachiller en artes, experto en lenguas antiguas y modernas, y catedrático en literatura española en diversas universidades. Además de su ferviente fe cristiana, de su pasión hispanista y de una considerable lista de publicaciones, la lectura y el estudio de George Borrow también le convirtió en vascófilo, escribiendo una obra sobre el colportor inglés. Sin duda, podríamos definir al Dr. Knapp como un hombre de espíritu cultivado, de alta intelectualidad y de un sensible corazón misionero. Pero mientras que sus méritos intelectuales han quedado bien reconocidos en la memoria común estadounidense, en la historiografía protestante se le conoce por ser el primer misionero bautista que llegó a España: en sus inicios como independiente, para seguidamente servir bajo los auspicios de la American Baptist Missionary Union. Sin embargo, su ministerio fue más global. Aunque su aportación himnológica sea la faceta menos conocida de su trayectoria, desde que se estableció en Madrid en 1869 se implicó en la traducción y adaptación de himnos y en la edición de himnarios de letra. Por esta importante razón también se le debe considerar pionero y padre de la himnología bautista en España.

2- PRIMICIAS HÍMNICAS BAUTISTAS EN MADRID

Tras su paso por el país en 1867, el profesor Knapp y su esposa, Adeline Roberts, se establecieron en Madrid a mediados de 1869. Si bien Knapp dominaba varios idiomas como el francés, alemán, latín, hebreo, griego y el nativo inglés, como hispanófilo hablaba el castellano con suficiente fluidez, lo que junto a su pasión poética le acreditaría para traducir y adaptar algunos himnos. Por su parte, Adeline Roberts era profesora de piano, por lo que muy pronto la vemos tocando el armonio en la primera congregación que pastoreaba su esposo, dirigiendo desde el instrumento el canto y enseñando música a los niños. Sin lugar a dudas, la preparación académica de ambos fue un gran activo para la pionera obra misionera que emprenderían.

Durante un breve tiempo y junto a dos consiervos presbiterianos –William Moore de la Presbyterian Church de Irlanda y John Jameson de la National Society de Escocia–, el Dr. Knapp formó una congregación de perfil presbiteriano bajo el apelativo Iglesia Evangélica de Madrid, aunque con elisión del bautismo de adultos. Fue una opción aparentemente forzada por la estricta tradición española del bautismo de neonatos y las derivadas legales y sociales del registro católico con las partidas de bautismo, documentos que se exigían para casi toda solicitud oficial, desde la admisión a una escuela hasta la formalización del matrimonio.  Pero sus bíblicas convicciones en cuanto a la inmersión de adultos chocaron frontalmente con el paido-bautismo presbiteriano y el acomodo socio-católico, conduciendo, mediante votación, a la constitución de la Primera Iglesia Bautista de Madrid. Sin embargo, el poco tiempo que pasó con los pastores presbiterianos, hasta el 10 de agosto de 1870 –fecha de constitución de la congregación bautista–, fue tiempo suficiente para traducir algunos himnos y publicar, junto a sus consiervos, un primer himnario: Himnos para uso de la iglesia presbiteriana en Madrid. Después, en 1871, ya como iglesia bautista, llegaría una ampliación: Himnario Cristiano; y en 1875 Himnos para el uso de las iglesias cristianas primitivas establecidas en España. Del primero sólo se ha localizado una copia en la Biblioteca Nacional de España, mientras que de los otros dos, pese a la continua búsqueda de algún vestigio, ha sido imposible encontrar ningún ejemplar.

Ante un campo misionero de tanta urgencia y necesidad, el Dr. Knapp empezó su ministerio bajo tres líneas maestras: la predicación y atención pastoral, la instrucción y formación bíblica, y el cuidado de las necesidades básicas. En su empeño, en noviembre de 1869 escribía el siguiente párrafo:

   «La gran dificultad de lograr hombres responsables como evangelistas, y las efímeras relaciones de nuestro trabajo con quienes nos han predicado, me han llevado a emprender la formación de una Escuela de Formación Teológica, para el suministro constante de hombres para todas las ramas de la obra. […] Estos me encuentran todos los días de la semana por la mañana de nueve a once, cuando les doy clases de Biblia, Principios de Interpretación, Historia Sagrada, Geografía Bíblica y Antigüedades, por lo que mis antiguas ocupaciones como profesor de hebreo, griego y latín ha sido una providencial preparación».

En otro punto de la carta a la misión escribe profusamente sobre la multitud de menores que atendía y el alcance del ministerio entre ellos:

    «Todavía no he hablado de los niños. Un cuidadoso estudio realizado, ante la falta de atención y entorpecimiento de nuestras reuniones mixtas, me determinó a impedir la entrada de niños en los grandes salones e instituir servicios nocturnos especiales para ellos que servirían al mismo tiempo como ‘gimnasia’ para los estudiantes. Este plan tiene más éxito. De esta manera, se están enseñando los principios del Evangelio a unos 250 niños. Tenemos cuatro ‘escuelas dominicales’ a la semana, dos en cada salón, una en domingo y otra en día laborable. La facilidad con la que los niños españoles aprenden es igual, si no superior, a la de nuestra ‘gente pequeña’ en casa. […] Doy algunas recompensas, pero no muchas, porque los niños parecen encontrar compensación adecuada a su diligencia en el privilegio de venir. También se enseña canto y alfabeto»

Tanto en este escrito como en otros documentos se pueden encontrar algunas pistas del ministerio de Adeline Roberts. Aparte de la faceta litúrgica de organista de la congregación, como profesora de piano Roberts enseñó música y canto, al tiempo que atendió diversas actividades educativas y familiares. Junto a la docencia del matrimonio misionero podemos entrever que algunos de los adultos que recibían instrucción bíblica eran los que asimismo atendían a los niños en su enseñanza, creando una sinergia pedagógica completa.

En cuanto al culto, un documento de la American Baptist Missionary Union de diciembre de 1869 descubre los elementos que conformaban la adoración:

   «La forma de culto adoptada en los servicios protestantes de Madrid es muy sencilla. Primero hay una breve oración, mientras la congregación permanece de pie; luego la gente sentada canta un himno (un himno traducido del inglés, como por ejemplo, "Just as I am"); luego se lee un capítulo de la Biblia; luego otro himno, al que todos se unen, seguido del sermón y la bendición de despedida de la audiencia. Aparte de estos servicios públicos, dos obreros cristianos, los Sres. Gould y Lawrence, están llevando a cabo una gran obra en Madrid».

Hay dos aspectos a destacar en este párrafo. Primeramente, el himno aludido, Just as I am (Tal como soy), fue muy popular entre las primeras congregaciones protestantes españolas de finales del siglo XIX, traducido del inglés por José Joaquín de Mora (1783-1864) y publicado en Londres en 1862 en Himnos para el uso de las congregaciones españolas de la Iglesia metodista. Pero no hay que confundir la melodía con la conocida tonada Woodworth de William Batchelder Bradbury (1816-1868) que, junto al texto de Charlotte Elliott (1789-1871), desde hace décadas ha alcanzado mayor popularidad. Así que, aunque designado en el himnario londinense como Colección Española, la melodía es de autor desconocido, derivado de himnarios franceses donde también apareció la tonada y supuestamente de autoría hispana o francófona. La siguiente interpretación organística responde a la melodía apuntada tal como se cantaba en el siglo XIX, junto al texto de José J. de Mora:

Un segundo aspecto a subrayar del párrafo anterior es la constatación del buen hacer ministerial de dos obreros cristianos de los Hermanos de Plymouth: William Gould (-1870) y George Lawrence (1831–1894). La admiración del documento hacia ambos no es baladí. La buena relación en Madrid entre Lawrence y el Dr. Knapp fue una sinergia espiritual que posteriormente tendría ramificaciones ministeriales e himnológicas en la obra bautista en Catalunya. Con el tiempo, aquella sintonía se transformó en cooperación entre Érik Anderson Lund (1856-1933) y George Lawrence en tierras catalanas, con una clara influencia himnológica del ministerio de Lawrence en la música y cantos bautistas en Barcelona y l’Empordà. Históricamente, la fluida relación y colaboración entre los Hermanos de Plymouth y los bautistas se produjo por afinidades teológicas respecto al bautismo de adultos; aspecto que con otros grupos protestantes de la época no se produciría, al bautizar neonatos.

3- LA MÚSICA EN LA 1ª IGLESIA BAUTISTA DE MADRID

Fue un miércoles 10 de agosto de 1870 cuando se constituyó la Primera Iglesia Bautista de Madrid. Muy poco tiempo pasó desde la primera alianza eclesial presbiteriana. Y en diciembre de ese mismo año, William I. Knapp escribía a la Misión dejando constancia de la situación sociopolítica y religiosa del país:

   «La libertad continúa. […] Generalmente, la Biblia se distribuye y se lee; pero, por desgracia, se acepta más por un descubrimiento imaginario de ideas socialistas que por una profunda convicción de que ella tiene la intención de señalar el camino de vida a los pecadores perdidos. Pero creo que veremos en España un gran cambio hacia los puntos de vista bautistas, tan pronto como la gente escudriñe las Escrituras un poco más y haya tomado una decisión».

        Tras este primer análisis, el Dr. Knapp abunda en la realidad eclesial y sus progresos misioneros, apuntando también a algunos aspectos relacionados con la música y el orden litúrgico:

   «La capilla está abarrotada, y tenemos entre setenta y cinco y ochenta personas de asistencia regular en las escuelas. Mañana bautizo de nuevo. Nueve candidatos. Hay un gran interés en el culto de bautismos, y todo se lleva a cabo con profunda solemnidad. Mi mujer toca el órgano (o armonio), y tras cada inmersión empieza a tocar un verso, sabiendo guiar al público y detener el canto en el momento oportuno, para que todo transcurra con perfecta satisfacción».

        En las iglesias bautistas de los Estados Unidos, la tradición de cantar una breve estrofa o coro después de cada inmersión estaba muy en boga en aquellos años. Y aunque el modelo se remonta a los Camp Meetings y a los Gospel Songs, donde los cantos cortos y animados serían muy populares en las reuniones al aire libre, también se usó en los bautismos celebrados en los ríos o en las albercas. Cuando el  Dr. Knapp menciona a su esposa tocando el armonio, relacionando la secuencia de los cantos tras cada inmersión con el bien hacer litúrgico, está indicando cuál era su prioridad ministerial:

«Ahora mi obra en Madrid, aunque relativamente pequeña, es la obra mejor ordenada y más inteligente de España», apuntaba el misionero, convencido de que «la mera evangelización» o «predicar a Cristo a una audiencia diversa, la mayoría de los cuales nunca se ve dos veces, es una obra sin un fundamento sólido». Y continuaba diciendo que «el verdadero camino a seguir es formar una iglesia, instruir a los miembros en el cristianismo, sus deberes, obligaciones y leyes, edificándolos y tratándolos como un pueblo peculiar».

Estas palabras son las de un misionero que está convencido que debe hacer comunidad e iglesia local y que, por lo tanto, tendrá que ser un misionero integral: pastor, evangelista, discipulador y maestro. Según su percepción, la tendencia de otros grupos protestantes de la época radicados en España se movía más en la simple y vociferada predicación, con el patrón predominante del meeting político, donde el extraño se acercaba o entraba a un local simplemente «para ver qué es esto», pero que luego se iban indiferentes. «Mi trabajo favorito ahora es, por el Espíritu de Dios, hacer discípulos y entrenarlos, y creo que tengo la Palabra de Dios conmigo», apuntaba. De esta manera se entiende que el Dr. Knapp diera tanta importancia a la música, al canto, a los himnarios, a los himnos, a enseñar a cantar, al cómo y de qué manera hacerlo para contribuir a crear un cuerpo eclesial sólido que, al mismo tiempo, fuera misionero y evangelizador.

William I. Knapp se sentía pastor y educador, pero también tenía alma poética, traduciendo y adaptando textos del inglés al castellano, a pesar de que este último no era su idioma nativo:

   «Ayer domingo fue un día maravilloso para mí. Por la tarde, después de la escuela sabática, me llamaron para ir a ver a un hermano paralizado de medio cuerpo. Llevé conmigo para cantar a tres niños de la escuela sabática; y llamé al enfermo. Era él; su rostro brillaba con la luz que emanaba de su interior. Nos congregamos alrededor de su cama y cantamos un hermoso himno, que traduje hace un año. El coro es:

Estaremos allí, estaremos allí.

Salmos de victoria,

coronas de gloria

nos pondremos”.

   Después de leer un capítulo, comentar algunas palabras y hacer una oración, el pobre hombre hizo un movimiento que no pude llegar a comprender, pero por lo que me transmitió su hijo expresaba cual era su deseo: estrechar mi mano y agradecerme. Mientras cantábamos ese solemne himno, las lágrimas corrían por sus mejillas; y esa mirada…, oh, nunca la olvidaré, ¡tan tierna, tan llena de gloria! No puedo expresarlo mejor: tan radiante en el proceso de santificación, que su alma se ensanchaba rápidamente… Este era su estado permanente».

Esta carta del 24 de octubre de 1870 refleja la profundidad de su ministerio pastoral. El catedrático universitario y misionero por vocación, tiene corazón pastoral y también nos muestra su faceta más musical, pese a no dar pistas sobre la autoría de la traducción al castellano. El himno que el Dr. Knapp cantó en su visita pastoral al enfermo impedido no se encuentra registrado en el primer himnario que editó, todavía en la congregación presbiteriana. Y no sabemos si se publicó en los dos siguientes cancioneros desaparecidos, por lo que ni tenemos el texto en castellano, ni podemos saber quién lo tradujo. Pero sí se puede afirmar que el Dr. Knapp cantó un himno country, que originalmente tenía cadencias de blue grass, y que en los Estados Unidos se popularizó en los Camp Meeting con los Gospel Songs y los cantos de avivamiento. Aparentemente fue compuesto en 1836 por el reverendo John B. Matthias (1767-1848), un ministro episcopal metodista en el estado de Nueva York. Y aunque esta atribución no está suficientemente documentada porque Matthias no tenía un historial conocido de composición, si él no fue el autor, como mínimo fue quien lo popularizó, publicándose en cuatro himnarios estadounidenses de la época.

En su carta a la misión, el Dr. Knapp recuerda la escena y este himno: Deliverance Will Come o, más popularmente, Palms of Victory. Curiosamente, el Dr. Knapp cantó a aquel hombre que estaba impedido en cama un himno de esperanza a ritmo de blue grass; aunque, por lo que podemos imaginar, con un estilo bastante menos country y, supuestamente, más castizo. El siguiente vídeo presenta una versión de Palms of Victory en su estilo original y traducción literal subtitulada, que el Dr. Knapp podría haber adaptado como Salmos de Victoria:

También se puede escuchar una versión libre al castellano, interpretada por Crystal Lewis en 1995, aunque con una adaptación literaria y poética bastante deficiente:


4- LA MÚSICA EN LA PRIMERA EXPANSIÓN MISIONERA

Desde Madrid el Dr. Knapp emprendió la expansión misionera bautista hacia el sur y suroeste del país. En muy poco tiempo el Evangelio alcanzó distintas poblaciones, como Linares, Alcoy o Alicante, siendo esta última ciudad donde acontece el episodio que el mismo misionero y pastor relata. Según la revista La Luz, hacía un año que se había predicado por primera vez el Evangelio por un obrero bautista: en agosto de 1870. Y el propio William I. Knapp explica en un documento del día 24 del mismo mes y año que había conseguido un evangelista joven que predicaba bien, al cual consideró prudente traerlo a Madrid para prepararlo. Sin embargo, por alguna razón no dio los frutos deseados, así que un pastor que le ayudaba en Madrid, Juan Martín Calleja, fue enviado a Alicante.

Era el 3 de marzo de 1871 cuando el Dr. Knapp salió de Madrid en dirección a Alicante. Después de seis días de mucho trabajo y sin descansar lo suficiente, tomó un tren durante diecinueve horas, aprovechando el viaje para dormir y recuperar fuerzas. Llegó a Alicante las 2 de la tarde del día siguiente, donde le esperaba el pastor Calleja y un buen grupo de hermanos que, según informaba, aún no se habían bautizado. William I. Knapp aseguró que «fue la primera recepción que tuve en España, y me superó en gran manera. Solo conocía al pastor y a algunos amigos; los otros, sin embargo, pronto fueron como viejos conocidos, y los amé igual que a los demás. Estos hermanos no eran pobres como los de Madrid, sino bien vestidos y de aspecto pulcro, en su mayoría hombres jóvenes, de veinticinco a treinta años. Me impresionó el puro gozo que iluminó los rostros de los hermanos».

Esa misma noche predicó sobre Hechos 17 –Pablo en Atenas–, recordando que «me detuve particularmente en el arrepentimiento. La capilla estaba abarrotada en exceso y muchos se marcharon o se quedaron en la puerta. Después de la adoración se convocó una reunión de candidatos, y de unos veinticinco que esperaban la ordenanza del bautismo, diez estaban en condiciones de seguir adelante el domingo». Ese día, domingo 7 de marzo, fue la formación de la iglesia en Alicante. Después de la prédica en el culto matutino de las once por el pastor Calleja, a las tres de la tarde se celebró un servicio público de bautismos:

   «Era la primera vez que bautizaba en el Mediterráneo, aunque el hermano Calleja lo había hecho a menudo. Puedes imaginar los pensamientos y sentimientos que tuve, cuando en la orilla, a una milla de la ciudad y bajo un acantilado imponente llamado Cantera, canté el himno:

‘Yo voy viajando, sí,

    al cielo voy.

    Lo cantamos con nuestros rostros hacia Corinto, Éfeso, Antioquía y Jerusalén. ¡Oh, qué gran día para España! ¡La iglesia primitiva y el bautismo primitivo, volviendo a casa otra vez! Es una de las muchas maravillas de estos últimos días. Mientras cantábamos, la gente de las casas vecinas bajaba en grandes grupos, tomando posiciones sobre las rocas salientes y las proyecciones más bajas de la Cantera. Allí estaba el recio pescador de la costa, su esposa e hijos, vestidos de gala, pues era domingo, día festivo en España. También acudieron muchos que estaban de paso, dando un paseo dominical».

El himno que junto a los hermanos alicantinos cantó William I. Knapp es una composición de Lowell Mason (1792-1872), traducida al castellano en los opúsculos neoyorquinos Estrella de Belén. Apareció en España con el número ocho del himnario que el mismo Dr. Knapp había publicado en 1870: Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid. Una interpretación más actual a cuatro voces suena así:

La narración del Dr. Knapp de su visita a Alicante aporta más información sobre qué cantaron los primeros bautistas españoles. Para tener una mejor perspectiva es necesario retomar la narración completa del misionero:

   «Prediqué mostrando cuál es la doctrina que Jesús vino a enseñar, la importancia de todos sus mandamientos y el cumplimiento exacto de lo que Él ordenó. Entonces enseñé qué es el bautismo y qué no es el bautismo; quiénes son sus siervos y quiénes no lo son, y la misión de una iglesia cristiana. Durante todo el tiempo de mi alocución, el auditorio escuchaba concentrado, y las olas, la fuerte brisa que soplaba del este y la multitud que se congregaba en la orilla, todo ello era una visión que no podía sino conmover los corazones más duros. Leí un pasaje (Felipe y el etíope) y oré. Y cuando levantaba a cada candidato del agua, los hermanos, por su propia cuenta, empezaron a cantar una estrofa que se oía a lo lejos en el mar, con el cielo brillando muy cerca. Cuando hube terminado, me arrimé a una roca, porque las olas eran altas y fuertes, y pronuncié una breve oración con la bendición.

   Al salir escuché entre la audiencia una charla en voz alta en dialecto valenciano (sic), y le pedí al pastor Calleja que me transmitiera lo que comentaban. Están diciendo: ‘Eso es el bautismo, esa es la manera cómo Jesucristo fue bautizado. Nos han engañado’.

   Mientras los hermanos me ayudaban a quitarme el hábito bautismal, se acercó un hombre de buen aspecto y tez curtida por el sol, invitándonos a todos a tomar un pequeño aperitivo antes de volver a la ciudad. Como el sol estaba muy fuerte, accedimos; y estando sentados en el gran salón frente al mar, las personas que habían presenciado el bautismo entraron a raudales, hasta que el salón se llenó. Cuando todo estuvo en silencio canté el himno ‘Alma, ya no llores más’, e hice algunos comentarios sobre cada verso antes de que lo repitieran todos línea por línea. Como había escrito el himno en su mayor parte imitando el capítulo 53 de Isaías, tuve ocasión de hablar de Jesús como nuestro sustituto. Después del himno leí y expuse la parábola del Hijo Pródigo. ¡Oh, qué apropiado era para esta pobre gente, viviendo en la confusión de Roma y del mundo!»

El himno que cantó, Alma, ya no llores más, podría ser una melodía que compuso Henri Abraham Cesar Malan (1787-1864) en 1830 y que el mismo William I. Knapp poetizaría libremente en 1870, sin tener ninguna relación con el texto que Joseph Humphreys (1720-?) escribió en 1743: Blessed are the sons of God. Pero la melodía que se cantó en aquellos años también podría ser una que apareció pautada en El Amigo de la Infancia, revista para niños editada por Friederich Fliedner en 1880, aunque sin ninguna citación de las autorías de música y letra. La coincidencia de publicación en Madrid y de que tanto el himnario del Dr. Knapp como la revista de Fliednder salieron de la misma imprenta, presenta una importante pista sobre cuál podría ser la tonada original.

No obstante y como dato importante, la adaptación libre de Alma, cese tu dolor –título del himno que posteriormente se denominaría Alma, basta de gemir–, es el texto poético e hímnico más conocido y reconocido del Dr. Knapp, que además tiene una curiosa historia de trastienda que en un posterior capítulo describiré. Pero en su narración el misionero no menciona el título del himno, sino la quinta frase de la primera estrofa, probablemente porque le iba bien para la redacción de su carta. Y en su alocución invitó a  la audiencia a aprenderlo, cantándolo línea por línea con una previa explicación de cada verso; un modelo que durante años se usó profusamente en Estados Unidos en el aprendizaje de cantos y la educación y formación musical de las congregaciones.

En el siguiente vídeo se puede escuchar una probable melodía del himno junto a la transcripción del poema libre que escribió el Dr. Knapp:

 

Y en este vídeo se puede escuchar otra probable melodía de Alma, cese tu dolor, la que publicó en 1880 El Amigo de La Infancia:

El ministerio en Alicante transcurrió con diversas vicisitudes de distinta índole; no todas positivas para la obra emprendida. Al año siguiente de la visita del Dr. Knapp, ya en 1872, hubo un desagradable suceso con un armonio, la iglesia, unos recibos y los tribunales en medio de todo. Según las crónicas, Benito Martín Ruiz, un ex-cura convertido que desde 1871 era el responsable de la obra en Alicante, compró un armonio para uso eclesial en nombre de la congregación, con la aportación de la membresía de unos mil y pico reales. Pero aquella suma de dinero no se invirtió íntegramente en la compra del instrumento, ya que costó 600 reales, por lo que el sobrante se lo apropió Martín Ruiz. En 1873 el armonio fue reformado por 500 reales, recogidos entre amigos y hermanos del extranjero. Cuando Martín Ruiz salió de la pastoral por irregularidades y faltas éticas de gran calado, se llevó los recibos que estaban a su nombre como presidente de la iglesia, sirviéndole delante de los tribunales para reclamar el armonio en propiedad. Y en medio de la contienda hubo falsas denuncias, falsificación de firmas, apropiación de documentos y otros subterfugios por parte del pastor. Al final de cuentas, la justicia determinó que el armonio pertenecía a Martín Ruiz, quien, en sus desvaríos éticos, se unió a los espiritistas, siendo su presidente, para al final volver al catolicismo.

Aparte de las tristes y no deseadas consecuencias que sucesos como este traerían a la iglesia en Alicante y también a otras, y que en el futuro participarían en la renuncia del Dr. Knapp de su ministerio en el país, el relato explica con bastante claridad la importancia de la música y el armonio en las congregaciones españolas del siglo XIX. En bastantes documentos de la época constan donativos del extranjero para la compra de un armonio y también donaciones directas de instrumentos o fórmulas para sufragar su compra, como es el caso de Alicante. En todas las denominaciones se dieron. La importancia del armonio fue tal que en algunos casos individuos comprometidos con la obra aprendieron solfeo y a tocar sólo y exclusivamente para acompañar los cantos. Este detalle, junto a la proliferación de himnarios, explica el gran valor que dieron a la música y al canto como educador doctrinal y transmisor eficiente de la fe evangélica y bautista.

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>>> Historiadores y musicólogos de consulta: Pau Grau Ballester; Gabino Fernández Campos; Rev. Carlos López Lozano; Dr. Cristián L. Guerra Rojas; Quim Campistrón; Noemí Cortès; David Catalunya.
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