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· Los bautistas y su música (16)

 © 2022 Josep Marc Laporta

 1- Cánticos populares de luz y amor
2- Francesc Puigjaner Gual

 1- Cánticos populares de luz y amor

        Cánticos populares de luz y amor (1893) fue un himnario coetáneo de Càntichs Evangèlichs, ambos surgidos de la Misión de George Lawrence. Pero esta colección de cuarenta y siete cantos, mayormente en castellano excepto dos, no tuvo gran incidencia entre las congregaciones bautistas del cambio de siglo. La razón es evidente: tanto Càntichs Evangèlichs como los cantos insertados en El Eco de la Verdad y, finalmente, el auge del Himnario Evangélico de 1895 tuvieron preferencia por su versatilidad y cercanía eclesial. No obstante, Cánticos populares de luz y amor incluyó en sus páginas algunos himnos que decenios más tarde se popularizarían entre las iglesias bautistas de todo el estado al quedar incluidos en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España de 1967.

        Contrariamente a lo que sucedió en las congregaciones bautistas, Cánticos populares de luz y amor fue el himnario de canto particular en las asambleas de Lawrence, ya que había sido impreso en la misma Misión, en la Vila de Gràcia. La recopilación reunía cerca de medio centenar de himnos, con doce traducciones de Isabel Lawrence, cuatro de F. P., otros cuantos compendio de los himnarios de Juan Bautista Cabrera, del Himnario Evangélico de Fenn y Faithfull, del Himnario Cristiano de 1892, del Salterio y Arpa de 1886, del Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal de México de 1881 y de la Lira Sagrada de Mateu Cosidó, además de dos himnos en catalán, obra de Isabel Lawrence y Érik A. Lund, y algunos de autoría traductora desconocida. A excepción de un himno de Isabel Lawrence que se había aprendido y cantado en las Conferencias Anuales bautistas que se celebraban en Figueres –Promete a los suyos el Salvador–, los demás no eran conocidos, pero con el paso del tiempo algunos de los himnos de Cánticos populares de luz y amor traspasaron fronteras y fueron preservados por la interrelación entre las distintas denominaciones, formando parte del imaginario himnológico bautista.

        Uno de los cantos que aparece por primera vez en un himnario en castellano es Lleno de angustia y temores (nº 15), de H. R. Palmer (1834-1907) y Mary A. Baker (1831-1921). Y aunque algunas fuentes lo han atribuido tanto a Isabel Lawrence como a Enrique Turrall, lo cierto es que hay serias dudas de que ambos hayan sido los adaptadores. Primeramente y en el caso de Isabel Lawrence, porque a pie de himno no aparece su nombre, mientras que en otros doce de la misma colección sí que consta: dato importante puesto que el himnario era producción propia de la Misión de Lawrence. Este detalle apremia la revisión lingüística, encontrando expresiones y narrativas nada habituales en Isabel, más propias de un autor castizo. Palabras como piélago fomenta aún más la idea de que la misionera galesa no tradujo o adaptó este himno.

        Posteriormente y en menor medida, Lleno de angustia y temores también se ha atribuido a Enrique Turrall (1867-1953). Teniendo en cuenta que Enrique Turrall llegó a España en 1899, es difícil de creer que en 1893 y sin los mínimos conocimientos de castellano ya lo hubiera adaptado, y que la Misión de Lawrence lo incluyera en su himnario Cánticos populares de luz y amor. Así que deberemos aceptar que no conocemos quien fue el traductor y adaptador de este bello canto, a pesar de repetidas referencias en himnarios que han normalizado la autoría. Se incluyó en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España con el número 370.

        Otros himnos muy apreciados por los bautistas también se popularizaron mediante Cánticos populares de luz y amor. Un amigo hay más que hermano (nº 28) de Hubert P. Main (1839-1925) y Marianne Nunn (1778-1847) fue uno de ellos. Proveniente del Salterio Cristiano de 1878 este canto gozó de gran aceptación, incorporándose paulatinamente a otras colecciones, como dos años después en el Himnario Evangélico de Feen y Faithfull de 1895 y medio siglo más tarde al Himnario de las Iglesias Evangélicas de España con el número 66.

        Otro himno introducido y popularizado en Cánticos populares de luz y amor fue Más que vencer, tal es nuestra divisa (nº 32), con texto de F. Ambresin (1822-1899) y música de Philip P. Blis (1838-1876). Anteriormente, en 1886 el himnario para las escuelas dominicales Salterio y Arpa ya lo había incluido por primera vez, por lo que se puede deducir que el adaptador estaba entre los editores madrileños de la colección. En el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España apareció con el número 159.

        Un canto muy querido por las congregaciones bautistas desde que Isabel Lawrence lo tradujo fue Promete a los suyos el Salvador (nº 34) de William A. Ogden (1841-1897) y Mary Leslie (1834-1907), misionera bautista en la India. Este himno se había aprendido y cantado en las Conferencias Anuales que se celebraban en Figueres y, según consta en el mismo himnario, fue adaptado al castellano por educadora galesa. En el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España consta con el número 401.

        Me gozo en Jesús (nº 29) de John J. Husband (1760-1825) en la música y William P. Mackay (1839-1885) en la letra es un canto cuya traducción provino del Himnario Cristiano de 1892. La popularidad del himno se evidenció hacia la segunda década del siglo XX al quedar incluido en varias colecciones, como en la cuarta edición de Himnos Evangélicos de 1910 o en el Himnario Evangélico de 1909. Quedó recogido en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España con el número 111.

        Un himno que también se conoció a raíz de Cánticos populares de luz y amor fue Cristiano alaba a tu Señor (nº 27), de George C. Stebbins (1846–1945) y Edward Payson Hammond (1831-1910), cuya letra en castellano es de Isabel Lawrence, según consta a pie de página del mismo himno. Sin embargo, no fue hasta la segunda década del siglo XX que se empezaría a cantar en las iglesias bautistas. Y en los años cincuenta se incluyó en la primera edición del himnario unido con el número 114.

        Uno de los himnos que prácticamente pasó desapercibido en el canto congregacional bautista, incluido en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España y que Cánticos populares de luz y amor introdujo es Oí la voz del Salvador (CPLA 11; HIEE 293), titulado por su compositor, John B. Dykes, Vox Dilecti (Voz del Amado). Como toda su obra, Oí la voz del Salvador mantiene un aura de romanticismo muy propio de la época y que en otro de sus himnos más famosos, Santo, Santo, Santo, también reproduce. Aparte del estilo musical, su belleza radica en las dos tonalidades usadas, empezando con una menor y transportándola a una mayor. No obstante, un hecho muy significativo es que el letrista, Horatius Bonar (1808-1889), destinó el texto del himno a los niños, usando una didáctica y terminología doctrinal que en nuestros días no sería muy habitual. Fue traducido por Pedro Castro Iriarte (1840-1887). La siguiente interpretación, deferencia del pianista británico Peter Duckworth, nos permite conocer la belleza espiritual de Vox Dilecti en su mejor expresión interpretativa.


        Otros himnos de Cánticos populares de luz y amor que tardíamente fueron conocidos por las congregaciones bautistas son La tierna voz del Salvador, con traducción de Pedro Castro Iriarte u Oh, cantádmelas otra vez, adaptado esporádicamente –al ser la única traducción que se le conoce– por Julia A. Butler (1857-1940). El himno tuvo su origen en el Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal de México, 1881.  En las congregaciones bautistas, estas dos composiciones no se popularizaron hasta los años treinta.

        También se incluyeron otros himnos que poco a poco se convirtieron en habituales, traducidos por Juan Bautista Cabrera, como A Jesucristo ven sin tardar (CPLA 9; HIEE 86) y Oyes como el Evangelio (CPLA 18; HIEE 84), este último muy popular en los años 30, pero casi inadvertido a partir de los 60. Asimismo hubieron dos cantos infantiles muy entonados en los años 50: Aunque soy pequeñuelo (CPLA 19; HIEE 486) y Jesucristo ha venido en busca de joyas (CPLA 21; HIEE 489).

        Por último cabe destacar que del misionero bautista Erik A. Lund aparece un himno que asimismo había sido incluido en El Eco de la Verdad, en Càntichs Evangèlichs de 1896 y posteriormente en Himnes i Càntics Evangèlics de Armengol Felip de 1923: Desitjas la pau, oh trist pecador, titulado por Lund como Tot en Jesús. Esta reiteración nos puede dar una idea de la gran popularidad que adquirió este canto en el cambio de siglo, aunque en las congregaciones bautistas pronto desapareció del imaginario colectivo, muy probablemente por las eventualidades sociales y políticas del país respecto a la lengua propia. Seguidamente se puede escuchar Desitjas la pau, oh trist pecador en una grabación retrospectiva de época.

            Cánticos populares de luz y amor cumplió perfectamente su objetivo de ser el himnario de las congregaciones y escuelas fundadas por George Lawrence. Su hija, Isabel Lawrence, participó activamente en la edición y selección de los cantos, además de ser autora de doce de ellos. No obstante, las pequeñas congregaciones bautistas de Catalunya no lo tomaron como propio ni como referencia, aunque sí lo hicieron con Càntichs Evangèlichs, siendo en cierta manera coeditores o colaboradores activos en la edición, dados los términos de la publicidad que aparecía en El Eco de la Verdad. Y pese a que en principio Cánticos populares de luz y amor no fue de uso general bautista, con los años algunos de sus cantos fueron incorporados paulatinamente en los cultos. Es evidente que la pujanza de himnario de las Asambleas de Hermanos –el Himnario Evangélico de Fenn y Faithfull– fue el más usado en el cambio de centuria y en sus primeros años, como muestra la portadilla interior de este himnario de la 1ª Església Evangèlica Baptista de Sabadell en la primera década del siglo XX.


2- Francesc Puigjaner Gual

        Aparte de los cantos ya mencionados, Cánticos populares de luz y amor presentó uno de los himnos más apreciados por los bautistas de mediados del siglo XX: Jesús crucificado, mi Salvador mi paz (CPLA 40). Con música de Samuel Sebastian Wesley (1810-1876), tonada denominada Aurelia y publicado en The European Psalmist, los himnarios de principio del siglo XX adjudicaron el texto en castellano a un tal Puijaner o Puigjaner, en algunos casos con la apostilla de ‘seudónimo’. La incógnita de quién era Puigjaner nos lleva a revisar el himnario de la Misión de Lawrence para descubrir en las siglas F. P. a su autor.

        Francesc Puigjaner Gual (1834-1882) fue un historiador y político catalán que de joven estudió música en los Caputxins de Valls, su ciudad natal, y se graduó de latín y gramática en el seminario de Tarragona, recibiendo órdenes menores del catolicismo. La coincidencia de que uno de sus compañeros de clase y amigo de esa época fuera Antonio Vallespinosa Catalá (1832-1897), nos conduce a observar la concomitancia histórica entre ambos. Como su amigo Puigjaner, Vallespinosa estudió en los mismos centros religiosos; de ahí, y por ser ambos de Valls, la amistad y relación. Y como otros religiosos católicos de la época, Vallespinosa vivió una transformación espiritual, pasando por convicción propia a las filas anglicanas, ubicándose temporalmente en Gibraltar y Reino Unido, siendo ordenado diácono en 1865 en la Roca y regentando ese mismo año la congregación de la colonia inglesa. La estrecha amistad entre Puigjaner y Vallespinosa queda corroborada por senda visita del segundo a Sanlúcar de Barrameda, donde temporalmente residía Puigjaner, con la intención de escribir conjuntamente la historia de la ciudad de nacimiento de ambos, Valls.

        Pero Puigjaner tenía alma musical. Su buena formación artística en los Caputxins de Valls le llevó a trabajar de músico, como actor cómico y también cantando durante bastante tiempo en una compañía de zarzuela por todo el territorio nacional; con el Teatro Lorca. Y aunque dejó de cantar por una afección en la garganta, su vocación musical fue una constante a lo largo de su vida. Tras volver a Catalunya y tras sucesivas peripecias, como condenado a muerte tras proclamar la república en Reus y Valls en la revolución de 1868, huyó a Francia, aunque por explícita intercesión política fue conmutada la pena por un exilio en las Filipinas. Cuando un tiempo más tarde volvió a Barcelona, se presentó y fue elegido diputado a las elecciones generales españolas de abril de 1872 en representación de la Vila de Gràcia, aunque en las siguientes no sería reelegido, por lo que hubo un nuevo vuelco en su biografía: fue a Caldes de Montbui para luchar contra los carlinos en la Tercera Guerra Carlina.

        En medio de todas sus aventuras sociales y políticas, la historia particular de Francesc Puigjaner le llevó a relacionarse con George Lawrence, quien se había instalado en Gràcia para establecer sus escuelas, imprenta y misiones evangélicas, mientras que Puigjaner era el máximo responsable de dos entidades gracienses: el Club Republicà y el Centre de Progrés de Gràcia. La relación ciudadana entre ambos y la combinación de que el amigo de la infancia de Puigjaner, Antonio Vallespinosa, hubiera llegado a Barcelona en 1868 para fundar una iglesia anglicana, invita a pensar que Puigjaner participaba asiduamente en dicha congregación. Es Antonio Vallespinosa quien relata cómo se acostumbraba a celebrar el culto dominical en la congregación que pastoreaba:

               «A la hora señalada, comenzaba el coro, acompañado de armonium, cantando el versículo 18 del capítulo XV del Evangelio de san Lucas. Mientras el coro cantaba  este versículo, salía yo vestido de la sacristía y me dirigía al reclinatorio, donde me arrodillaba. La congregación, que se había levantado al comenzar el canto, se arrodillaba a su conclusión, haciendo yo una oración en voz alta y según me dictaba mi espíritu. Leía algunos versículos de la Liturgia, que demostraban que todo es estábamos en pecado, siguiendo después nuestra confesión general según estaba en la misma Liturgia. Mientras se cantaba un himno, iba yo al pie de la mesa y, concluido, leía el Decálogo a la congregación. Cantábase otro himno, durante el cual subía al púlpito y, tras una   oración, venía la predicación, que duraba unos veinticinco minutos. Después del sermón se cantaba otro himno y con ello quedaba terminado el culto».

        Que Puigjaner fuera parte o participara activamente en la congregación anglicana pastoreada por su amigo Vallespinosa en Barcelona o incluso en la de Lawrence, es una probabilidad de la cual no tenemos confirmación; aunque por la intensidad de sus traducciones religiosas es presumible pensar que hubo mucha relación. Sin embargo, coincidentemente sí que existió una estrecha relación entre Vallespinosa y George Lawrence, ya que el primero solicitó amparo del galés cuando su ministerio pasó por serias dificultades económicas, accediendo este último a acogerlo en 1870. El círculo relacional entre Vallespinosa, Puigjaner y Lawrence se cierra cuando encontramos en Cánticos populares de luz y amor la traducción del himno número 40, Jesús crucificado, mi Salvador mi paz (HIEE 49), firmado por F. P., además de otras cuatro traducciones. Sin saber a ciencia cierta el alcance de su afiliación y vinculación religiosa con el protestantismo, sí sabemos que Francesc Puigjaner tradujo uno de los textos más bellos de la himnología evangélica.

        A pie del himno número 40 de Cánticos populares de luz y amor, aparecen también otras siglas: R. C. C. TRAD. de F. P. Las iniciales precedentes a las del autor (R. C. C.) siguen siendo una incógnita, aunque podría insinuar que hubo un letrista libre en lengua inglesa de la melodía de Wesley a quien Puigjaner tradujo. De las adaptaciones recogidas en este pequeño himnario, Francesc Puigjaner aparece cuatro veces: una sola como traductor (nº 23), dos como traductor de R. C. C. (nº 38 y 40) y una como autor de la letra (nº 26). Su buena formación musical queda reflejada en unos textos de alta poesía, donde se aprecia su vertiente lírica y narrativa, como en Jesús, crucificado. Seguidamente incluyo la versión original del himno, que decenios más tarde sufrirá tres pequeñas alteraciones en el texto para adaptarlo al espíritu doctrinal bautista:

            1- «Jesús crucificado,
            mi Salvador, mi paz,
            fija en tu cruz mi vista,
            junto a Ti quiero estar.
            Tu muerte, tu agonía,
            tu terrible penar,
            quiero junto al madero
            humilde contemplar.
 
            2- Herido, atormentado,
            Jesús, Dios eternal,
            me muestras cuánto encierra
            el nombre de Jehová.
           «Dios es amor», me dices,
            y esta excelsa verdad
            la descubro en tus penas,
            en tu angustia sin par.
 
            3- Tus hondos sufrimientos,
            de tu alma el afán,
            me muestran muy patente
            mi culpabilidad.
            ¡Oh! ¡Cuál fue mi caída
            y condición fatal,
            cuando todo un Dios quiso
            venirme a levantar!
 
            4- En el monte calvario
            pensando sin cesar,
            contrito y humillado
            mi espíritu será.
            Santidad y reposo
            en Jesús hallará,
            y en Su mente divina
            se verá transformar.

        Y en el siguiente vídeo se puede escuchar una versión instrumental contemporánea de Jesús crucificado, mi Salvador mi paz:

        De los otros tres himnos adaptados por Francesc Puigjaner cabe destacar el nº 38, observándose algunas de las trazas líricas del traductor/adaptador:

          «¡Ya no eres condenado!»
          es Dios quien te habla así;
          Perfecto en Cristo vives,
          des que murió por ti»
.

        Y en el himno nº 23 se aprecia con más detalle su capacidad descriptiva y narrativa, poso de su trayectoria en el género chico:

          «Ciertos niños de Salem
          acercáronse al Señor:
          los discípulos austeros
          les negaban tal favor.
          Pero á estos reprendiendo
          Díjoles Jesús así:
          “Dejad los niños venir á Mí”».

        Con todas las vicisitudes experimentadas, tanto musicalmente, socialmente y políticamente, Francesc Puigjaner Gual acabó en la pobreza, perdiendo su empleo político y malviviendo dando clases de música, aunque durante un tiempo cantó en el Teatre del Liceu de Barcelona, lo que le provocó serios problemas de garganta, perdiendo la voz y falleciendo poco después. De su obra sólo ha pervivido en la memoria protestante y bautista un himno, Jesús crucificado, mi Salvador mi paz, tal vez uno de los más bellos por su poética y significación pascual.



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