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· Los bautistas y su música (19)

 © 2022 Josep Marc Laporta

1- Los himnos de la Sociedad Coral Evangélica
2- Los himnos de Esfuerzo Cristiano 

        1- Los himnos de la Sociedad Coral Evangélica

        De todos los documentos cotejados de la Sociedad Coral Evangélica de València en la etapa en que Carolina Haglund fue la directora, tan sólo se han podido identificar dos himnos del repertorio. Fue en 1924 –un año antes de que se produjera la división de iglesia en que las Haglund marcharían para formar otra congregación– cuando en El Mensajero Bautista apareció la siguiente reseña de Florentino Tornadijo para concluir una crónica: «Pero olvidaba uno de los detalles más importantes: ¡El coro! así, con admiración ¡El coro! Los jóvenes que lo forman con su dignísima profesora Dª Karin Haglund, nos transportaron con sus melodías por unos momentos a otras regiones, donde el espíritu volaba en alas del pensamiento al escuchar la armonía del coro. 'Gloria a Dios en las alturas' y 'La ciudad de David' fueron los himnos que cantados a cuatro voces refrigeraron nuestro espíritu e hicieron saltar lágrimas de gozo de nuestros ojos».

        Once in Royal David's City es un villancico irlandés originalmente escrito como poema por Cecil Frances Alexander (1818-1895), publicándose por primera vez en 1848 en su himnario Hymns for Little Children. Un año después el organista inglés Henry John Gauntlett (1805-1876) lo musicó con la tonada Irby tras descubrir el poema. Más tarde, en 1914 fue traducido por Carlos Araujo Carretero (1856-1925) con el título La ciudad de David. La siguiente grabación, deferencia del Trinity College Choir de Cambridge, recoge una interpretación actual del 2020, himno que en 1924 cantó la Sociedad Coral Evangélica dirigida por Catalina Haglund Armengol.

Gloria a Dios en las alturas es un poema de Juan Bautista Cabrera (1837-1916) que formó parte de una trilogía de poesías denominada Natividad. Apareció formalmente en 1904 en Poesías religiosas y morales, recopilación antológica de Cabrera compendiada por el mismo autor. No obstante, años antes ya se conocía en ambos lados del Atlántico, adjuntándose aleatoriamente una melodía de G. J. Elvey en el Himnario Evangélico para todas las Iglesias, editado por la American Tract Society (1893). Pero fue en 1922 cuando el compositor Felipe Orejón Garrido (-1937), impelido por su relación y buen conocimiento de la obra poética de Juan Bautista Cabrera, escribió ex profeso una melodía, arreglada para coro a tres voces y armonio.

Que el arreglo de Orejón sea a tres voces es significativo, pues los primeros años de la década de los veinte marca un interesante cambio en la armonización coral evangélica. Hasta aquellas fechas los coros acostumbraban a cantar a dos o tres voces, de manera que cuando Carlos A. Haglund formó su primer coro en València a finales del siglo XIX acostumbraba a cantar con este patrón. Pero, paulatinamente, entre finales de la segunda década del siglo XX y principio de la siguiente los coros evangélicos empezaron a cantar a cuatro voces. Las crónicas de la época así lo reflejan cuando, por ejemplo, en 1923 el director de la obra bautista Ambròs Celma Chertó (1882-1944) recibió en su domicilio de Barcelona una agradable sorpresa en el día de su cumpleaños: «Algunos jóvenes y otros hermanos fueron temprano a su casa para despertarle con un canto a cuatro voces, flores y felicitaciones». O en 1925, cuando al inaugurarse el Instituto Teológico Bautista en Barcelona «cantóse un himno por los jóvenes de este Instituto, a cuatro voces, dirigido por la profesora de música, Dª Eva de David».

Muchas crónicas de la época puntualizan la interpretación a cuatro voces, lo que revela la novedad respecto a las dos o tres voces acostumbradas, que también quedaron especificadas en anteriores reportajes. La concreción periodística que se usa del canto a cuatro voces manifiesta la transformación cualitativa que estaba aconteciendo. Es por ello que el himno musicado por Felipe Orejón queda enmarcado en una frontera musicológica temporal, con un arreglo a tres voces publicado en 1922, aunque es probable que lo hubiera escrito años antes. Sin embargo, del coro de València tenemos noticias que en 1930 cantó a tres voces, lo que no significa que no lo hicieran a cuatro, pues en mayo de 1928 empezaron una «amena fiestecita, la cual llegó a convertirse en solemne culto, […] cantando el coro de la Iglesia un himno a cuatro voces acompañado de armonio, violín y acordeón, continuando con un buen nutrido recital-lectura de poesías». Como resumen de ámbito general que afectaría a los coros evangélicos de todo el país, el paso interpretativo de tres a cuatro voces puede emplazarse entre finales de la segunda década del siglo XX y la tercera.

En resumen, al poema de Juan Bautista Cabrera se aplicaron dos tonadas: la primera denominada St. George’s Windsor, de G. J. Elvey y publicada en 1893; y la segunda musicada para coro a tres voces de Felipe Orejón, aparecida en 1922 en el rotativo España Evangélica. Esta última es la que interpretó el coro de València y que reproducimos en una reciente grabación ilustrativa a tres voces cantada por Moisés Hernández y Lourdes Sierra.

Es indudable que el poema Gloria a Dios en las alturas posee el sello literario que tan bien identifica al autor episcopal, con notable capacidad descriptiva de los sucesos bíblicos y excelente conciliación con la realidad socioeclesial. En otros términos, expone con acierto el fondo de los textos sagrados, al tiempo que establece puentes contextuales con los congregantes e intérpretes. Sin embargo, Cabrera no tenía un alto concepto de sí mismo respecto a su obra. En el prólogo de 1904 de sus Poesías religiosas y morales dejó evidencias de su baja estimación poética:

«[…] Podría ahora discurrir sobre la historia de la poesía sagrada en España, y sobre el carácter que, a mi juicio, debe revestir este género de poesía en general, con el parcial objeto de inclinar el ánimo y la benevolencia de los lectores en favor de mis versos. Pero esto sería entrar en el terreno crítico y didáctico, para el cual no me juzgo con suficientes facultades. Y por otra parte yo no abrigo ilusiones respecto al mérito literario de mis composiciones: unas las considero pasaderas, otras las conceptúo menos que medianas, y algunas las habría omitido con gusto, porque no encuentro en ellas sino muy escaso valor. Pero me han instado a que las coleccionara todas, y las he coleccionado tal como vieron la luz por primera vez, permitiéndome tan sólo ligeras correcciones en unas pocas. Es verdad que algunos de los himnos han encontrado aceptación, y han llegado a hacerse populares entre las congregaciones cristianas, no sólo de España, sino también de los países hispano-americanos; pero esto no debo atribuirlo a su mérito intrínseco, sino más bien a la escasez de poesías de esta clase» […].

Volviendo a la formación coral valenciana y a las crónicas de España Evangélica, años más tarde, en 1930, se relata que tras una conferencia de Florentino Tornadijo sobre Los Hugonotes y unas palabras pronunciadas por el pastor de la Iglesia Bautista de València, Julio Nogal Mancebo (1879-1958), en el mes de julio «el coro cantó a varias voces algunos himnos, entre ellos ‘Castillo fuerte es nuestro Dios’, y el otro, ‘Hijos de los españoles’». En esa época la congregación valenciana ya había sufrido una división (1925) en que Feliciana Haglund y sus hijas Carolina y Catalina marcharon con el grupo disidente. Es por ello que la dirección del coro ya no estuvo a cargo de Carin, sino del hijo del pastor, Julio Nogal Cuadrado. Uno de los cantos interpretados fue Castillo fuerte es nuestro Dios (Ein feste brug) de Martin Lutero (1483-1546), traducido al castellano por Juan Bautista Cabrera (HIEE 166). Curiosamente, desde el siglo XIX y hasta después de la Guerra Civil española este canto reformador fue denominado El Himno de Lutero, término muy popular entre las iglesias españolas de todas las denominaciones. La siguiente grabación fonográfica de época es de Holger Marks, incluido como audio ilustrativo en el libro Lutero y la Música –la reforma pendiente del siglo XXI.

Otro de los cantos interpretados por el coro de la Iglesia Bautista de València fue Hijos de los españoles, himno cuya música fue obra de James McGranahan (1840-1907) bajo tonada The Song of the Soldier, con texto distinto al original en inglés escrito por Enrique S. Turrall (1867-1953). No obstante en distintos himnarios se observan algunas pequeñas y significativas variantes. Por ejemplo, el coro original del poema de Turrall difiere del incluido en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España (HIEE 360). Mientras el poeta escribe

    «Predicad el Evangelio
   del amor de nuestro Dios,
   más que vencedores somos
   por la sangre de Jesús»,

el himnario de 1967 dice:

    «Predicad el Evangelio
     de la sangre de Jesús
      y dejando las tinieblas
    marche España hacia la luz».

Como es de suponer, del himno no existe ningún registro sonoro de la época cantado por el coro de la 1ª Iglesia Evangélica Bautista de València, por lo que para ilustrarlo recurrimos a una grabación de la segunda mitad del siglo XX interpretada por el coro de la 1ª Iglesia Evangélica Bautista de Madrid, dirigido por Miguel Fernández Clemente.


2- Los himnos de Esfuerzo Cristiano

Los cantos y la música de las asambleas, congresos y convenciones interdenominacionales tuvieron mucha influencia en la alabanza de las congregaciones evangélicas españolas y por supuesto en las bautistas. Y aunque en otro apartado recapitularé brevemente las asambleas y congresos evangélicos que acontecieron en el país entre finales del siglo XIX y el primer tercio del XX, en este capítulo trataré más concretamente sobre los himnos de la Convención Esfuerzo Cristiano de 1911 en que el coro de València tuvo una importante participación. Muchos de los cantos del himnario de la Convención quedaron grabados tanto en la memoria de los congresistas como en las futuras generaciones. Con su carácter enérgico, vivo e incluso marcial, algunos fueron incluidos en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España.

Un previo y breve resumen de la historia de la Sociedad de Jóvenes de Esfuerzo Cristiano (Young People's Society of Christian Endeavor) nos lleva hasta Portland, EUA, donde en 1881 el pastor Francis Edward Clark (1851-1927) fundó el movimiento con el objetivo de promover una vida cristiana ferviente entre sus miembros, aumentar el conocimiento mutuo, hacerlos más útiles en el servicio de Dios y encauzar las energías de la juventud de la época dentro de las diversas actividades de la iglesia. Rápidamente el movimiento juvenil se extendió fuera de Estados Unidos, arraigando en toda Norteamérica, algunos países de Centroamérica y Sudamérica, y en Europa, siendo España una de las organizaciones más activas pese al bajo número de creyentes. En el primer tercio del siglo XX se contabilizan hasta ocho convenciones nacionales, además de varias conferencias regionales, como la celebrada en Barcelona en 1929 con más de dos mil asistentes en el Palacio de las Artes. No obstante, los encuentros de alcance nacional fueron un gran elemento cohesionador de la juventud de la época, que años más tarde en las iglesias bautistas derivaría en la formación de las Uniones de Jóvenes. Por lo tanto, histórica y cronológicamente se puede afirmar que las agrupaciones de Esfuerzo Cristiano fueron origen y núcleo para la formación de la primera asociación juvenil bautista en la iglesia de Barcelona en 1919, y sucesivamente en otras congregaciones de la misma denominación en el resto del país.

Tras esta breve sinopsis histórica y volviendo a la influencia de los himnos en los encuentros de Esfuerzo Cristiano, es importante destacar que la Convención de València de 1911 fue un hito dentro del movimiento, calificada de ‘inolvidable’ e ‘impactante’ por los rotativos periodísticos de la época, como afirmó España Evangélica y la revista Esfuerzo Cristiano. Probablemente, en su éxito tuvo mucho ver la participación del coro valenciano, formación que cinco años más tarde se consolidaría y adoptaría el nombre de Sociedad Coral Evangélica presidida por Feliciana Armengol y dirigida por su hija Catalina Haglund. Imágenes de la época muestran la fiesta final de compañerismo de la Convención en el desaparecido Teatro Escalante, con el coro valenciano en la parte delantera junto al armonio. Era el 15 de agosto de 1911.

Respecto al Himnario para la 4ª Convención de Esfuerzo Cristiano en València fue el mayor de todos los editados, reuniendo cuarenta y ocho himnos, de los cuales la inmensa mayoría provinieron de anteriores cancioneros convencionales. Un detalle significativo del himnario fue la inclusión de dos cantos-lema desde la primera edición de 1900: Por Cristo nuestro esfuerzo, que simbolizaba el espíritu de voluntad y decisión de los grupos esforzadores, y Por Cristo y la Iglesia, que recogía el lema universal del movimiento. De los dos himnos, tan sólo el segundo entró a formar parte del Himnario de las Iglesias Evangélicas de España de 1967 con el número 158. Sin embargo, de ambos no tenemos más noticias himnológicas que las partituras, sin constar ninguna autoría ni cualquier detalle que pudiera conducirnos a alguna otra composición en inglés, porque, además, tampoco coinciden con ningún canto del himnario matriz del movimiento: el Hymns of Christian Endeavor. Seguidamente incluyo una versión al órgano de Por Cristo y la Iglesia:

Firmes y adelante es el canto que aparece destacado con el número uno en el Himnario para la 4ª Convención de Esfuerzo Cristiano de València. Fue escrito por Arthur Sullivan (1842-1900) en 1871 con la tonada St. Gertrude, y en 1865 por Sabine Baring-Gould (1834-1924) respecto al texto. Originalmente fue compuesto para los más pequeños, según cuenta el autor de la letra: «quería que los niños cantaran mientras marchaban de un pueblo a otro, pero no se me ocurrió nada apropiado para la ocasión; así que esa noche me senté resuelto a escribir algo yo mismo. ‘Onward christian soldiers’ fue el resultado. Lo escribí tan aprisa que me temo que algunas de las rimas están mal».

Traducido por Juan Bautista Cabrera en 1887, Firmes y Adelante es uno de los himnos más cantados de la historia protestante, con significativas particularidades, como, por ejemplo, adaptado por el Ejército de Salvación como himno principal de desfile o entonado en la ceremonia fúnebre del presidente norteamericano Dwight D. Eisenhower (1890-1969). Pero un dato muy importante a tener en cuenta respecto a la forma de cantar en las iglesias de principios del siglo XX es el tempo marcadamente más pausado y firme de interpretación, a diferencia de la segunda mitad del mismo siglo, bastante más vivo y alegre. En la época este tipo de cantos se denominaban Himnos de Marcha. La siguiente grabación de Firmes y Adelante es un buen ejemplo: lento, procesional y de cadencia grave. Así que para entender mejor el modo de interpretación de los himnos en el primer tercio del siglo XX, podríamos hacer el ejercicio de transportar el tempo y el estilo de la siguiente grabación de Firmes y Adelante a otros cantos que tengan la misma forma musical y literaria de lucha y marcialidad.

 

Del siguiente himno que presento también se puede hacer el ejercicio de imaginar cómo sería la cadencia grave y lenta de interpretación habitual a principios del siglo XX, a pesar de que la grabación ilustrativa es actual, con sus formas más vivas y alegres. Seguid al Maestro, no importa sufrir fue musicado por William A. Ogden, bajo un poema de Fanny J. Crosby, sin embargo desconocemos el nombre de la adaptación al castellano (HIEE 161). Es muy probable que de éste y de otros himnos de carácter enérgico, el autor de la letra fuera Carlos Araujo Carretero (1856-1925), destacado líder del movimiento Esfuerzo Cristiano, que junto al músico y organista Felipe Orejón Garrido (-1937) a menudo hicieron tándem de composición.

Otro de los himnos de cadencia vigorosa proveniente del himnario Esfuerzo Cristiano es Nobles, sinceros y fieles en todo. Fue escrito musicalmente por George C. Stebbins (1846-1945), con tonada original True-Hearted, Whole-Hearted y con texto de Frances R. Havergal, (1836-1879). Como en otros casos, se desconoce el traductor, aunque también se podría conjeturar que la mano de Carlos Araujo Carretero podría haber intervenido para hacer la adaptación al castellano (HIEE 160). La siguiente interpretación es una deferencia del Dallas Christian Adult Concert Choir.

Oh, jóvenes, venid, también llamado Himno de los voluntarios, fue un canto muy querido por los bautistas y muy especialmente por varias generaciones de jóvenes, quienes lo asumieron como himno lema de facto en sus reuniones. Se popularizó gracias a los encuentros de Esfuerzo Cristiano, donde se cantaba como bienvenida oficial a los cultos y encuentros del movimiento. Originalmente O, we are volunteers, fue escrito por George F. Root (1820-1895) en la música y por Arabella Katherine Hankey (1834-1911) en el texto. No obstante, hay dudas sobre quién fue el autor de la adaptación al castellano. Unas fuentes informan que fue Pedro Castro Iriarte, mientras otras aseguran que fue Juan Bautista Cabrera. De ambos no tenemos absoluta certeza, aunque lo más probable es que fuera obra de Castro Iriarte. En el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España apareció con el número 157.

Soy yo un soldado de Jesús, en inglés Am i soldier of the cross, fue compuesto con la tonada Soldier of the Cross por Ira D. Sankey (1840-1908), mientras que el texto pertenece a Isaac Watts (1674-1748). Una de las traducciones más conocidas y aceptadas de la época, que quedó recogida en el himnario de Esfuerzo Cristiano, fue la que realizó Carlos Araujo Carretero (1856-1925), aunque Enrique S. Turrall también hizo su propia versión, que es la que posteriormente se incluyó en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España (HIEE 356). Este himno también pertenece a la categoría de cantos graves y pausados que se popularizaron gracias a los encuentros de Esfuerzo Cristiano y que su interpretación sería semejante al ejemplo ilustrativo de Firmes y adelante.

Uno de los himnos que mejor explica el movimiento de Esfuerzo Cristiano es Todo por Cristo será nuestro lema. Escrito por una de las hijas del obispo Cabrera, Josefa Cabrera Latorre (1871-1939…) y por Leonor Bustamante (1883-1920), su cadencia solemne, grave y pausada es un claro ejemplo del modelo musical imperante en la época. Es una de las pocas piezas en que la notación incluye una introducción musical, quedando recogido en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España con el número 163. La siguiente grabación es una deferencia de la 1ª Iglesia Bautista de Managua, Nicaragua.

Aparte de los ya apuntados, el Himnario para la 4ª Convención de Esfuerzo Cristiano de València recogió otros himnos del mismo estilo, que aunque no gozaron de popularidad como los anteriores sí que mantuvieron parecida cadencia literaria y musical de solemnidad marcial. Algunos ejemplos que por su título ya indican el aire y el contenido son: ¡Ea!, fieles decididos, de la verdad convencidos (42); Venid, la trompeta llamándoos está (5); ¡Camaradas! en los cielos ved la enseña ya (13); Soldados de Cristo, tened precaución (15); De Dios el Hijo va a la lid (22); Alerta, huestes de la luz, soldados de la fe (24); Al combate corramos valientes (26); Despliegue el cristiano su santa bandera (32); y ¿Teméis que el enemigo pronto vencerá? (38).

Junto a ellos, aparecen otros muy reconocibles para las siguientes generaciones como Si mi pobre fe se abate (EC 36 – HIEE 372); Solemnes resuenen los férvidos cantos (EC 27 – HIEE 273); Trabajad, trabajad (EC 10 – HIEE 164); o Cantaré la bella historia (EC 3). Este último con la tonada Wondrous Story, música de Peter Philip Bilborn (1865-1936) y letra de Francis H. Rowley (1852-1954), desconociéndose el nombre del traductor.

Para concluir este apartado es conveniente destacar uno de los himnos más queridos y cantados por las iglesias bautistas españolas, popularizado a raíz de las convenciones de Esfuerzo Cristiano: Quiero, Jesús, mi Rey, amarte más. Fue musicado en 1864 por William Howard Doane (1832-1915) con la tonada More Love to Thee, O Christ y acompañado del texto de Elizabeth Prentiss (1818-1878) en 1865. La traducción es del pastor bautista Aurelio del Campo Santamaría (1892-1964), incluyéndose en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España con el número 341. La siguiente grabación en inglés es cortesía de la congregación de la Grace Community Church en Sun Valley, California, EUA:


Fotografías: Fondo documental de la 1ª Iglesia Evangélica Bautista de València

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