· Semiótica de la mentira

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© 2008 Josep Marc Laporta

Las muecas ocultan muchas verdades, cuando se trata de la mentira. Se puede mentir de muchas maneras, directamente, sin piedad, o con ocultamiento y el falseamiento. El ocultamiento es decir la verdad o reconocerla, pero mentir en cuanto al motivo que lo había provocado. Y el falseamiento es decir la verdad de una manera retorcida, de tal manera que la víctima no lo crea. Es decir la verdad falsamente: “¡oh, ya te puedes imaginar, estaba hablando con mi amante, me llama a todas horas…!”. En realidad, estaba hablando con la amante, pero exagera la verdad con el fin de que no lo sea.

Otra manera, es decir falsamente la verdad, ocultándola a medias: “te quiero a ti, y a las flores, a todas las palomas, etc.”. La hipérbole de la verdad incita a no saber qué creer porque la verdad se confunde con la mentira. Otra manera es decir algo que falte a la verdad con evasivas por interferencia indirecta: “¡oh, estamos tan emocionados!”, mirándolo a los ojos. La mirada fija con una afirmación superlativa indica que lo cierto no es lo que se dice; la verdad saldría de minimizar la expresión gestual y oral.

Puesto que las personas no escogen deliberadamente el momento en que sentirán una emoción, la mentira es fácil de descubrir cuando la persona es descubierta. Las reacciones de los músculos de la cara pueden expresar claramente lo que las palabras ocultan. Un minúsculo movimiento de los músculos faciales, un leve apretón de labios, una tez que se ruboriza, una mirada fija, al tiempo que lejana y cercana, una vista ladeada y descendente en busca de argumentos o amparo, o una simple mueca de un moflete de la cara, puede ser la pista que lleve a descubrir una mentira.

Por su parte, la mirada ofrece algunas pistas que pueden ayudar a vislumbra una mentira. Los ojos se apartan en una serie de emociones: bajan con la tristeza, bajan o miran a lo lejos con la vergüenza, y miran a lo lejos con repulsión. Por lo tanto, cuando una persona no mira a los ojos cuando habla dirigiéndose a otra persona de bis a bis, puede estar expresando engaño u ocultación. Es por ello que una mirada fija es síntoma de verdad o sinceridad.

Las cejas se arquean involuntariamente cuando se siente miedo, pero si en cambio lo que se desea es simular enojo, se frunce el ceño. Por lo tanto, levantar levemente las cejas puede significar sorpresa y miedo ante el descubrimiento de una mentira. También se debe tener en cuenta que arquear las cejas también quiere decir extrañeza. El miedo y la extrañeza comparten mueca.

Al músculo que baja y junta las cejas Darwin lo llamó ‘el músculo de la dificultad’. Este movimiento se presenta cuando el individuo debe afrontar una dificultad de cualquier índole, desde levantar del suelo un objeto pesado hasta resolver un problema matemático complejo. Es por ello, que cuando alguien miente, cualquier leve movimiento de este músculo revela una pista de mentira.

Cabe recordar que no en vano el polígrafo no detecta mentiras, sólo señales emocionales. Son las emociones dibujadas en el rostro las que permiten observar cualquier atisbo que signifique engaño. La sorpresa de no saber qué se preguntará, permite conocer con bastante precisión dónde se esconde la mentira. Lo siguiente, no es la respuesta verbal, sino la fisiológica. El rostro y las constantes vitales anuncian un desasosiego o una placidez, que en sí mismas permiten anunciar que las palabras que se dirán tienen o no total credibilidad.

Los mentirosos naturales confían mucho en su capacidad de engañar. Esta confianza o falta de recelo a mentir, es una de las marcas características de la personalidad psicopática; pero es la única característica que los mentirosos naturales comparten con los psicópatas. Los rasgos más característicos de los psicópatas son: encanto superficial, falta de remordimiento o de vergüenza, comportamiento antisocial sin compunción aparente, egocentrismo patológico e incapacidad de amar.

Curiosamente a muchos mentirosos los traicionan sus palabras porque se descuidan. No es que no pudieran disimular, o que lo intentaran pero fallaron: ocurre simplemente que se despreocuparon de inventar su historia con cuidado.

El signo vocal de la emoción que está más documentado es el tono de la voz. En un 70%, aproximadamente, de los sujetos estudiados, el tono se eleva cuando están bajo el influjo de una perturbación emocional. Es válido cuando es ira o temor. Más velocidad y volumen cuando se tiene ira o temor, y menor velocidad y volumen cuando se siente tristeza. En el resto del cuerpo, una muestra de enojo es el dedo anular extendido, mientras todos los demás están encogidos.

Por su parte, los emblemas son ademanes con un significado preciso. Como encogerse de hombros, levantar el dedo anular con la mano hacia arriba para decir que te zurzan. Vaivén de la cabeza para decir sí o no.

En otro orden, las ilustraciones ilustran o ejemplarizan una frase o lo que se dice. Cuanto más estamos comprometidos con lo que decimos, más ilustramos, y al inversa cuanto menos. Y muy importante, las ilustraciones disminuyen cuando se habla con cautela. Es ahí cuando observamos que ciertas emociones, en especial el temor, obstaculizan la coherencia del discurso.

Otro de los aspectos son las manipulaciones, que son aquellos movimientos en los que una parte del cuerpo masajea, frota, rasga, agarra, pincha, estruja, acomoda o manipula de algún modo una u otra parte del cuerpo. Estos detalles de manipulaciones son significativos porque permiten observar la intranquilidad, el desasosiego o el miedo, que junto a las muecas faciales permiten observar que se fragua una mentira.

Las microexpresiones no se aprecian a simple vista y son el resultado de la represión y revelan emociones inconscientes. Percibir las microexpresiones es complejo y precisa de mucha dedicación y experiencia. La mayoría se pueden confundir con las muecas.

Una de las mejores claves para observar atisbos de rabia son los labios afinados, aunque ninguno de ellos chupe al otro ni estén forzosamente apretados, pero sí con una disminución de la zona roja visible. La palidez de los labios permite descifrar cierto nivel de engaño si va unido a un suave movimiento entreabierto.

Tres modos en que pueden autodelatarse los sentimientos ocultos:
1- Las microexpresiones;
2- Lo que puede verse antes de un movimiento abortado; y
3- lo que queda presente en el rostro después de haber fracasado en el esfuerzo por inhibir la acción de los músculos faciales fidedignos.

Las sonrisas también muestran sus certidumbres. Las falsas suelen ser más asimétricas que las auténticas. Una sonrisa falsa no estará acompañada nunca de la acción de lo músculos orbiculares de los párpados. Usada como máscara, la sonrisa falsa no abarca más que movimientos en la parte inferior del rostro y en el párpado inferior.

Como colofón, una regla de tres interesante a tener en cuenta es la siguiente: sólo es posible detectar a los mentirosos que, cuando mienten, saben que mienten. Es decir, cuando el mentiroso ha interiorizado tanto la mentira que se la creído, es bastante difícil percibir rastros de su engaño en su rostro y ademanes.
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3 comentarios:

  1. Anónimo01:05

    interesante resumen!

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  2. Maijk07:07

    perfecto estudio bien resumido para comprender los aspectos más importantes de la mentira. gracias

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  3. Anónimo20:49

    Pau

    La gran pregunta es ¿por qué el cuerpo (res extensa) no puede secundar al alma mentirosa? ¿ de dónde y porqué la cara roja, el rubor, el sudor frío, las muecas involuntarias?

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