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· Los bautistas y su música (21)

 © 2023 Josep Marc Laporta

Himnos en el primer tercio del siglo XX 

        Los primeros años bautistas del siglo XX fueron bastante velados para la historiografía. Debido a la emigración, a la zozobra social a causa de la guerra con Estados Unidos y a un tiempo de transición, hubo un cierto vacío informativo respecto las congregaciones del país. No obstante, hay constancia de los himnos que se cantaban, incluso en la frontera con el siglo XX, como en un entierro en València de la joven Amparo Vidal en 1899, donde se cantó Nos veremos en el río (HIEE-202), composición del predicador y músico estadounidense Robert Lowry (1826-1899), cuyo texto en castellano apareció por primera vez en 1881 en el Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal. El siguiente vídeo recoge una versión bilingüe contemporánea:

        En el cambio de siglo, Vicenta Fabra de 66 años enfermó tan repentinamente que en tan sólo 24 horas murió. La noche anterior, mientras un hermano le leía los primeros versículos del capítulo 14 de Juan y le decía que tenía motivos para estar tranquila y confiada en las promesas del Salvador, Vicenta contestó que lo estaba. Dos horas antes de partir del cuerpo para estar con el Señor empezó a cantar Voy al cielo, soy peregrino, a vivir eternamente con Jesús (HIEE-212),. El himno recoge la melodía de un aria italiana con texto de autor desconocido, copiado en el Himnario de la Iglesia Metodista Episcopal de 1881, del cual en el futuro los editores del himnario unido se servirán de él para incorporar una significativa selección de himnos. La siguiente interpretación corresponde al popular cuarteto norteamericano Los Heraldos del Rey.

                En 1923 la iglesia bautista en Barcelona celebró varios cultos con la predicación de Carlos de la Torre, pastor de la iglesia bautista de Pergamino, Argentina. El coro de la iglesia «cantó a voces el himno ‘Cuando el sol de mi vida’», que fue dirigido por Samuel López con el acompañamiento al órgano del misionero Nicolás J. Bengtson. Se desconoce a qué himno se refiere.

        El coro y la iglesia bautista de Barcelona tuvieron en Samuel López un destacable liderazgo, con «acertada y paciente dirección» ya que, según recogen las crónicas de la época, «el coro continúa haciendo los ensayos con clases de solfeo, usando en estas clases una buena pizarra con pentagrama, regalo de la srta. Carmen Alberti, uno de los valiosos elementos últimamente afiliados a nuestra Unión de Jóvenes». Asimismo, los cultos disponían de «hermosísimos y bien cantados himnos; música escogida, interpretada al piano por el Sr. López, y piezas a dúo, en las que el joven Juan Saint-Jean nos dejó oír los acordes de su violín».

        En 1924 la iglesia de València sufrió la pérdida de un amado hermano, el diácono José Bataller, que había pertenecido a la congregación durante más de 25 años. Pero la larga enfermedad no le impidió recordar su texto bíblico favorito, que citaba con frecuencia: «Yo y mi casa serviremos al Señor» (Josué 24:15), ni tampoco un himno que cantaba postrado ante su paso a la vida eterna, concretamente la última estrofa de Tesoro incomparable, Jesús amigo fiel, que sabía de memoria:

    «Al mundo de falacias
    no pertenezco ya;
    El cielo es mi morada,
    do mi Señor está.
    A donde habita
    con ansia quiero ir
    y en sempiterno gozo
    con Él también vivir».

        Tesoro incomparable (HIEE-135), fue compuesto por Salomon Liscovius (1640-1689) con la tonada Rutherford, supuestamente traducido por Ángel E. Fuster hacia 1870 en un himnario en Francia y arreglado primeramente por Chretien Urhan (1790-1845) y más tarde por Edward Francis Rimbault (1816-1876) en 1867. La siguiente grabación corresponde al canto congregacional de la Iglesia Reformada Ortodoxa de la Trinidad en Ontario, Canadá.

En València, el 2 de diciembre 1925 se celebró el enlace matrimonial del secretario de la iglesia, Juan Bautista Llorens, y María Riera, de Burjasot. El local de cultos quedó totalmente abarrotado, llenándolo por completo de familiares y amigos de los contrayentes. El culto fue celebrado por Ambròs Celma, y en obsequio a los desposados «la Srta. Ester Villaba cantó algunos solos con la afinación y buen gusto que la caracteriza, acompañando en el canto la profesora Dª Enriqueta, y el joven violinista Eliseo Llorens, hermano del novio». Unos días más tarde el pastor de Xàtiva, Antonio Esteve, tuvo la amabilidad de acudir a València para ayudar en los números musicales y «la joven Ester Villaba hizo las delicias del público con su preciosa voz y con su recitación de ‘Mis primitos’, que arrancó de la concurrencia una estrepitosa salva de aplausos». En el siguiente año los himnos también fueron acompañados por Daniel Martínez al acordeón, además del violín de Eliseo Llorens y selectos fragmentos interpretados con la guitarra por Bautista Oliver, que «deleitó nuestros oídos con unos solos de guitarra, ese instrumento tan español y que tan magistralmente maneja el mencionado hermano».

Según El Mensajero Bautista, a las cuatro de la tarde del día 26 de diciembre de 1926 empezó la fiesta de Navidad en la 1ª Iglesia Bautista de València con el canto de un célebre himno: Suenen dulces himnos (HIEE-39), al que le siguieron otros cantos navideños no especificados, con «el armonio tocado por las Stas. Elisa García y Ester Villalba, y el violín por el joven hermano D. Eliseo Llorens, acompañando el canto de himnos y solos». Este villancico fue compuesto musicalmente en 1866 por George Frederick Root (1820-1895), con la tonada Ring the Bells, texto de William O. Cushing (1823-1902) y letra en castellano original de Juan Bautista Cabrera (1837-1916). A continuación se puede oír una interpretación moderna de Suenen dulces himnos recogida en la colección Los 50 mejores cantos de Navidad de Art&Cel.

 

En 1926 la ciudad valenciana de Turís enterraba a la hermana Vicenta Nogueroles Aparici, cuyo culto fúnebre lo ofició el pastor de València, Rafael López Arias (1880-1930), en el Cementerio Civil, «con una gran muchedumbre ansiosa de presenciar el acto nada corriente en dicho pueblo». La crónica de El Mensajero Bautista daba fe del acto: «Dióse principio al culto con el canto del himno ‘Meditad en que hay un hogar’ y luego nuestro pastor habló sobre el capítulo 5 de la 2ª carta a los Corintios, exhortando a los presentes a aceptar la Palabra de Dios para tener la seguridad de una vida eterna por la salvación obrada por el Señor Jesús».

Compuesto por Tulius Clinton O'Kane (1830-1912) en la parte musical y por DeWitt Clinton Huntington (1830-1912) en el texto, Meditad en que hay un hogar (HIEE-203), fue traducido por el poeta y literato español Pedro Castro Iriarte (1840-1887). La siguiente grabación corresponde a los discos Buenas Nuevas de 77 rpm, muy populares en los años 60.


        El día de Navidad de 1923, la iglesia bautista en Dénia celebró «una hermosa fiesta en que los niños de la Escuela Dominical deleitaron a los presentes recitando preciosas poesías y diálogos», además de la interpretación de diferentes himnos navideños. Con el local lleno de amigos y familiares, al final «los niños se agruparon en torno a la bandera española, cantando un himno escrito ex profeso con música de la marcha real, que impresionó vivamente a todos los presentes». No ha trascendido el texto del canto interpretado.       

        El 3 de mayo de aquel mismo año, doce hermanos de la iglesia de Palamós tomaron el «tren para Figueres, y como que ‘de la abundancia del corazón habla la boca’, los cánticos de alabanza al Señor fueron incesantes durante el viaje, hablando además a cuantos querían oír el Evangelio, y repartiendo tratados y evangelios». Al terminar la reunión en la capital de l'Alt Empordà se «cantaron los himnos ‘Id, id por el mundo’ y el de despedida», refiriéndose a Dios te guarde hasta volverte a ver. El himno Oíd, oíd lo que nos manda el Salvador (HIEE-362), fue compuesto musicalmente por John Robson Swenet (1837-1899), con letra de Fanny Jane Crosby (1820-1915) y traducción al castellano de Enrique S. Turrall (1867-1953). Seguidamente se puede escuchar una interpretación rítmica y contemporánea del himno.

        Una de las actividades comunes de los creyentes de las primeras décadas del siglo XX fue cantar himnos fuera de los templos. En 1927 los hermanos de Terrassa se trasladaron a Barcelona para una gran reunión unida de las iglesias catalanas. Según cuentan las crónicas, en el viaje «fuimos dueños del tren por una hora llamando la atención de los viajeros con el canto de himnos a voces; repartiendo luego más de un centenar de folletos y evangelios». En el mismo año, tras una excursión al lugar denominado Can Falguera entre Sabadell y Terrassa, con diversas actividades lúdicas y deportivas, después de comer se celebró una pequeña reunión de despedida para los jóvenes estudiantes que marcharon a tomar parte en la fiesta de la iglesia de Barcelona, quienes obsequiaron a los concurrentes con un par de himnos a voces. Asimismo, «el coro de Terrassa contestó con el himno 137 del himnario de Turrall a tres voces». El canto aludido era Cuán bueno y delicioso ha sido el fraternal amor (HIEE-413), en inglés We'll Never Say Goodbye, con música de John Harrison Tenney (1840-1918), texto de Anzentia I. P. Chapman (1849-1889) y traducción de Enrique S. Turrall (1867-1953). Un detalle revelador es que el poema fue escrito en 1889 por Anzentia I. P. Chapman (1849-1889) tras la muerte de su hija Eva. La siguiente versión con voz y guitarra es deferencia de Gary Chapman.

        Las fiestas de Navidad en Terrassa de 1927 fueron un éxito completo, tanto la del 25 de diciembre como la del 6 de enero del siguiente año. En ambas «se recitaron muchos diálogos y versos debidos a la pluma de nuestro poeta, Antonio Almudévar» y «un gran repertorio de música, contándose en una sola fiesta más de 20 composiciones diferentes entre canto y órgano». Y en la del 6 de enero se cantó «un himno a propósito entonado por cada uno de los cinco grupos presentes». En el mismo año, la Semana Santa contó con reuniones, como la del jueves, en la que «celebramos una reunión muy solemne con proyecciones de la pasión acompañadas de música de órgano y lectura de los evangelios en catalán».

        En 1928, los hermanos de Palamós se trasladaron a Palafrugell para celebrar un día de comunión en casa de «la bien amada hermana Dª L. G».  Y por fin de fiesta «cantamos algunos himnos a voces y algunos más acompañados de acordeón, lo cual atrajo gran número de personas a las que se repartieron tratados». En el mismo año Samuel Vila reportaba un emotivo acontecimiento fraternal en Sabadell, destacando que «la parte musical fue digna de la fiesta. El Coro de Sabadell cantó varios himnos a voces», aunque el encuentro también contó con la participación del coro de Terrassa, de Barcelona y de los estudiantes del Instituto.

        Los cantos de alabanza a Dios estuvieron en todo momento en la boca de los creyentes en aquellos años. En 1929 la música también presidió y concluyó la ceremonia nupcial de Zacaries Carles Just, pastor de la Iglesia Bautista de Dénia, con Rosario García Gomis, practicante en medicina y cirugía. Presidido por el pastor Antonio Esteve Palazón (1883-1960), en el acto se «cantaron hermosos himnos a diferentes voces, ensayados ex profeso; y soltaron palomas por el local en el momento de entonar el último cántico por el coro de la iglesia». El organista y director de coro era Samuel Rodrigo Mora (1918-1995), que más tarde sería pastor en Barcelona y uno de los componentes de la Junta de Publicaciones que daría luz en 1967 el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España.

        En el mismo año de 1929 y en fechas de Carnaval, los jóvenes de la Iglesia de València organizaron un bazar donde se invitó a hermanos y amigos de la iglesia «a quienes se obsequió con una velada consistente en varios himnos cantados por el coro de la iglesia, un solo por la señorita Ester Villaba, acompañados de armonio por Dª Paca Sempere». Meses más tarde, en tiempo de Navidad, la solista Ester Villalba, Elisa García y el joven Enoch Esteve se encargaron de toda la organización musical de la fiesta de los niños.

        En 1930 Terrassa recibió por primera vez un grupo musical extranjero. Fue la banda de Potsdam, una orquesta de viento de afamados artistas alemanes que en una gira por Francia y España recalaba en la ciudad egarense. El concierto congregó a más de doscientas cincuenta personas, entre las que se contaban hermanos de otras ciudades cercanas. Las crónicas de la época relatan la sorpresa de los asistentes, pues nunca habían oído un concierto de esta clase, «sintiendo cómo puede hacerse expresar a la música los afectos del alma en el sentido más espiritual», asegurando que «el concierto parecía una reunión de evangelización en una forma más interesante y atractiva». La velada musical concluyó tras una última media hora muy agradable, «cantando el coro de la iglesia alguno de sus himnos a voces y otro en alemán por los músicos».

        Figueres celebró la fiesta de la Escuela Dominical el 26 de diciembre de 1931 con la interpretación de distintos cantos navideños, concluyendo «con el muy conocido himno catalán: ‘Alcem cristians la palma de victòria». Asimismo, unos años antes, en 1924, en la fiesta de la Escuela Dominical celebrada el 6 de enero se entonaron varios himnos, destacando El sueño del Mesías, un canto cuyo texto y música no ha trascendido.

        El bien hacer de los músicos en Madrid dio pie a que el hermano redactor narrase el culto de enlace matrimonial entre Enrique Ricardos y Jerónima Veguin en los siguientes términos: «La capilla de la calle de Lavapiés 12 fue adornada con profusión de flores artísticamente dispuestas por manos juveniles, ofreciendo un magnífico aspecto durante la solemne ocasión. A esta belleza se unieron los bien interpretados acordes del harmonio». Era el 10 de mayo de 1923. Años más tarde, en 1928, en los cultos extraordinarios de Semana Santa «se cantaron himnos a varias voces, los cuales deleitaron nuestros oídos y dieron además gran solemnidad al culto». Y en 1930, El Eco de la Verdad recoge de Madrid un detalle musical de testimonio que, al parecer, consecuentemente dio fruto de conversiones: «una de las mayores actividades ha sido la formación de un coro, que dirigido por el Sr. Nogal Cuadrado (hijo del pastor Julio Nogal), con gran celo y pericia y con mucha paciencia, nos enseña a cantar las bellas notas de las melodías religiosas que cautivan a muchos jóvenes, amantes del bello arte musical, viniendo muy pronto a formar parte de nuestro grupo, siendo este el motivo, en gran parte, de nuestra rica cosecha».

        Dos años más tarde y en plena efervescencia republicana del país, en 1932 en el cine-teatro de Masanassa se celebró un mitin de afirmación evangélica, donde participaron el pastor de Xàtiva, Antonio Sanchís; el de Carlet, Vicente Francés; el conocido propagandista Florentino Tornadijo; y el recientemente instalado como pastor en València, Julio Nogal Mancebo (1879-1958). Tanto al comienzo como al final del acto, el coro de jóvenes de la Iglesia bautista, organizadora del acto, «cantó a varias voces el Himno a la Bandera, dirigido por el entusiasta y querido joven don Julio Nogal Cuadrado», hijo del pastor, que también cantó un himno y una doxología «que fue remate de aquella hermosísima reunión».

        En diciembre de 1928, en Vilafranca del Penedès se celebró la fiesta de la Escuela Dominical con himnos y cantos especiales, empezando con un canto muy conocido: Juntos en tu presencia (HIEE-322). Tradicionalmente, este himno ha sido catalogado como melodía española, a la que Eduardo Turrall (1868-1962) adjuntó un texto libre. Sin embargo, anteriormente el evangelista metodista estadounidense Leander Lycurgus Pickett (1859-1928) ya había hecho una adaptación con el texto Speak to my soul dear Jesus. Así que desconocemos quien fue el autor de la música. La siguiente versión en castellano es una deferencia de Jazmin Carbone.

        En 1933, en meses previos a la inauguración del Temple Evangèlic bautista, Manresa acogió unos cultos especiales apologéticos. Con la participación expresa de Nicolás J. Bengtson y Josep Simón, venidos de Barcelona y Terrassa respectivamente, y con una concurrencia que abarrotaba la sala, hubo «una nota que contribuyó a dar mayor realce, […] los himnos a voces acompañados por acordeón que tocaba magistralmente el hermano Josep Niubó». En otro año, en 1936, la fiesta de Navidad contó con una participación especial, contribuyendo «a dar mejor realce al acto una parte del coro de Terrassa, que interpretó con su peculiar maestría los himnos ‘Salmo 100’ y ‘Somos hijos de la luz’». En el mismo año, más de cien personas de la Iglesia Bautista de Barcelona también se trasladaron a Manresa, aunque «lo que de forma especial impresionó fueron los hermosos cánticos, magistralmente interpretados». En el acto también participó el violinista manresano, J. Durán, que «deleitó con la excelente interpretación de una clásica composición musical».

        Como era habitual en la época, Eva de David, esposa del misionero Leroy David, acostumbraba a bendecir a las congregaciones que visitaba con sus cantos. Las crónicas narran que su voz era melodiosa y tanto podía cantar un himno como varios seguidos, ya que su interpretación era armoniosa y con mucho gusto interpretativo. Muchas congregaciones bautistas españolas, como las enclavadas en Murcia, València, Madrid, Barcelona, Albacete, Carlet o Sevilla fueron bendecidas por los cantos de Eva de David.

        Aprovechando la festividad del 14 y 15 de abril de 1934, los jóvenes de la Iglesia de Albacete se dirigieron a la pintoresca Villa Petrola con el fin de celebrar unas reuniones de avivamiento. Tras pasar dos días  en la población, el lunes 16 por la mañana regresaron a Albacete para reintegrarse a sus ocupaciones laborales, «y en todo el trayecto que hay desde Petrola a la estación del Villar, a donde teníamos que coger el tren que había de conducirnos a Albacete, vinimos cantando himnos de alabanza a nuestro buen Dios y Padre celestial». En ese mismo año, en Murcia los jóvenes de la iglesia acostumbraban a salir a «las calles y las plazas cantando himnos, predicando el Evangelio».

            En la primavera visitó Barcelona el conocido tándem formado por el músico Enric Strachan y el predicador Samuel Palomeque. Palomeque había nacido en Madrid, aunque por algunos años había vivido en Barcelona. No obstante, su vida no era precisamente ejemplar y se vio obligado a huir a América del Sur donde Dios le dio ocasión de escuchar el Evangelio. Convertido a la fe cristiana, dedicó su vida a la evangelización como orador. Strachan era el cantor que habitualmente acompañaba a Palomeque, con himnos escogidos, normalmente como preludio e inspiración a la predicación.

        La IV Convención bautista que se celebró  en Terrassa en 1935 contó con «una masa coral de 80 a 100 voces para entonar alabanzas a Dios en las sesiones magnas de la Convención», formado por coristas de las diversas iglesias. Pero también participaron los coros organizados de Barcelona, Badalona y Terrassa, «que estuvieron dispuestos a cantar por sí y algunas veces unidos». Sin embargo, según recogieron las noticias del evento, otros «valiosos elementos musicales» amenizaron los intermedios y acompañaron algunos de los cantos. De Albacete fueron varios violines, violonchelo y laúd, y de los pueblos de València se formó una pequeña orquesta de aficionados al divino arte con «el grande y principal objeto de tributar alabanzas al Señor». El himnario que se usó en la Convención fue Himnos Selectos Evangélicos, proveniente de Argentina, que en algunas iglesias ya se conocía y usaba.

        El 1 de julio de 1936 Badalona inauguraría su templo bautista con capacidad para unas 400 personas y con una amplia galería destinada a ‘coro’. Participaron las formaciones corales de las iglesias de Barcelona y Terrassa, que deleitaron a la concurrencia «con el canto de los más escogidos himnos de su selecto repertorio, que fueron ejecutados todos con maestría».

            En el mismo año, en Madrid y después de «una larga y penosa enfermedad, […] durmió en el Señor la hermana doña María Ruíz, de Méjico, una de las primeras instructoras de la Escuela Dominical. En una de sus últimas visitas, el pastor Sr. Fernández citó el cántico ‘Cristo está conmigo, qué consolación’, que agradándole tanto a ella, pidió que lo cantaran repetidas veces». Meses más tarde, en el pueblo de Alcàsser (València), durmió en el Señor Dª Rosa Raga de Martínez a «la avanzada edad de 78 años». Tanto en casa como en el cementerio «pudimos cantar los himnos que horas antes de partir había elegido Dª Rosa». Compuesto por Baylus B. McKinney (1886-1952) en la melodía, y en el texto por Eliza E. Hewitt, Cristo está conmigo, qué consolación (HIEE-363) fue traducido por Enrique S. Turrall (1867-1953). La siguiente interpretación es una deferencia del JMTC Choir.



1 comentario:

  1. Simplement apuntar que el poble on se celebra el funeral de Rosa Raga, és Alcàsser. Gràcies Josep.

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