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· Los bautistas y su música (12)

 © 2022 Josep Marc Laporta

1- Tres fuentes hímnicas en Catalunya
2- Érik A. Lund y el armonio americano
3- Los himnos de Éric A. Lund
4- Al traball (Al trabajo)
5- La Font (La fuente)
6- Decisió (Decisión)
7- Aprop de Jesús (Cerca de Jesús)
8- La salut (La salud)
9- Tot en Jesús (Todo en Jesús)
10- A vencer

1- Tres fuentes hímnicas en Catalunya

        Como ya adelanté, tres fueron las referencias o influencias hímnicas para los primeros bautistas catalanes de finales del siglo XIX. Primeramente, las composiciones y adaptaciones musicales de Isabel Lawrence, popularizadas en Cántichs –denominado indistintamente Cántichs o Cántichs Evangélichs; seguidamente, las traducciones de los primeros misioneros suecos y de algún que otro pastor nativo incluidas en El Eco de la Verdad; y, en tercer lugar, el Himnario Evangélico de Albert Robert Feen (1832-1896). De este último tenemos noticia de que las ediciones de 1878 y 1885 fueron muy difundidas y aceptadas entre las distintas iglesias evangélicas del estado, sustituyendo rápidamente en las primeras congregaciones bautistas a los tres himnarios que había editado William I. Knapp en Madrid en la década de 1870.

        Estas influencias himnológicas –Isabel Lawrence, El Eco de la Verdad e Himnario Evangélico– permeabilizaron la vida musical y adoracional de los primeros bautistas en Catalunya. La propuesta didáctica de Érik A. Lund en El Eco de la Verdad fue difundir traducciones o adaptaciones propias de himnos útiles para la misión, así como incorporar algunos de Isabel Lawrence. Sin embargo, en dicha revista bautista no se aprecia la inclusión de ningún canto del Himnario Evangélico de Feen.


2- Érik A. Lund y el armonio americano

La llegada de Éric Anderson Lund en 1877 fue uno de los inicios y el primer desarrollo de la obra bautista en Catalunya y, seguidamente, en València. Por la entrega y dimensión estratégica y espiritual del ministerio emprendido, su figura fue muy trascendente al legar un pequeño pero fecundo cuerpo ministerial. En sus apenas veinte años en el país (1877-1900), Lund entregó el testigo a otros misioneros suecos como Karl August Haglund (1854-1895) o Johan E. Uhr Kos (1858-1922), quienes iniciaron la obra en València; o nativos como Gabriel Anglada Terrades (1855-1917), Manuel C. Marín (-1910) o Francesc Bardolet García (1862-), que hicieron lo mismo en la comarca de l’Empordà y en la capital catalana.

De su ministerio en Barcelona el mismo Lund informa en una carta a la misión el 24 de noviembre de 1882: «El día 12 abrimos el salón para los españoles. De acuerdo con la ley de este país, avisamos al gobernador de nuestra reunión con cuarenta y ocho horas de anticipación. No tuve tiempo de invitar a la gente, así que pocas personas estaban presentes; pero en otra reunión, celebrada después de haber realizado invitaciones masivas, tuvimos la casa llena. Fue anteriormente una casa de juegos; pero la hemos hecho pintar, de modo que me atrevería a decir que es el mejor salón abierto para este propósito en Barcelona. La entrada es por una calle amplia; y un espléndido armonio americano, que toca mi esposa, hace un buen servicio como campana de iglesia para atraer a la gente. La sala está en un lugar muy bueno en un distrito laboral, cerca de la universidad. Espero que el pueblo cristiano de Estados Unidos pida que la bendición de Dios descanse sobre el trabajo en este lugar».

El «espléndido armonio americano» al que se refiere Lund y que tocaba su esposa, Emilia Bourn, era un modelo estadounidense de bastante éxito a finales del siglo XIX, en el que su mecanismo, a diferencia de los armonios europeos, succionaba el flujo interno del aire hacia adentro a través de la cámara de lengüeta, produciendo un sonido más suave. En cambio, en el sistema europeo el aire se empujaba hacia adentro y hacia afuera a través de la presión, produciendo un sonido más agresivo, como el de una trompeta o un oboe. Con presión el tono suena más agudo y con más ataque, mientras que el tipo de succión deja pasar menos armónicos disruptivos y suena más suave. Así que el armonio americano tenía un sonido más dulce y agradable al oído. En el siguiente vídeo se puede observar una comparativa entre ambos:


Al especificar Érik A. Lund «que hace un buen servicio como campana de iglesia para atraer a la gente» no estaba indicando implícitamente que tuviera un gran volumen o que fuera tan estridente como el armonio europeo, sino que el reclamo venía dado por lo inédito de la música de un armonio en algún local insospechado; y, tal vez, también atraídos por un sonido menos litúrgico, más aflautado, dócil y familiar, bastante desconocido para los barceloneses. Y al definirlo como espléndido, también se podría referir al mueble alto de algunos modelos, más aparatoso, elegante y vistoso, aunque lo más probable es que fuera de mueble bajo.

Un año más tarde, el 7 de agosto de 1883, Lund informa sobre la obra en Barcelona, apuntando a la capacidad de convocación del armonio americano y del ministerio musical de su esposa, Emilia Bourn: «Pensé que la congregación cercana a la universidad disminuiría con la temporada de calor, pero el hecho es que tenemos tres o cuatro veces el número habitual los domingos por la noche. Siendo el salón, por así decirlo, en un paseo público, los aludidos entran; y, con muy pocas excepciones, me alegra decir que permanecen atentos hasta que termina la reunión. Después de descansar unos minutos, mi esposa toca el órgano, cantamos y pronto tenemos otra audiencia. Me dirijo a la gente, les doy tratados y los invito a nuestras reuniones ordinarias. Y si tenemos fuerzas suficientes, tenemos una tercera reunión esa misma noche. En estos encuentros siempre tenemos caras nuevas, personas que muestran por sus genuflexiones en la puerta y por sus cruces hechas en la frente, boca y pecho, que nunca han entrado en un lugar como el nuestro. Dos o tres jóvenes de la Asociación han distribuido cientos y miles de tratados delante de la capilla; y, aunque no tenemos el privilegio de ver mucho fruto de este trabajo, estamos agradecidos a Dios por la oportunidad de sembrar la semilla. La promesa es: "El trabajo en el Señor no es en vano"».

Es probable que desde el siglo XXI no lleguemos a captar en toda su dimensión el impacto que generaba que un grupo de personas cantara a viva voz acompañados de un armonio. Por su novedad en un entorno tan católico y latinizado, la capacidad de convocación de los cantos protestantes en idioma vernáculo era un acontecimiento de gran convocación.

Aludiendo a un pequeño instrumento, probablemente de maleta o transportable, en el mismo año de 1883 Lund informa de algunos significativos detalles de la obra en Figueres y comarca: «Totalmente persuadidos de que no podrían unirse a los paidobautistas existentes en el lugar, han dispuesto por sí mismos una pequeña capilla, para la que pronto tendrán un pequeño armonium. Una de las hermanas, una señora acomodada, ha abierto una escuela evangélica para niñas, en la que ella misma es la maestra; sus reuniones son muy concurridas, y entre los oyentes encontré a tres o cuatro conversos, que pronto serán bautizados, y creo que hay seis o siete personas más. Nuestro colaborador les ayuda, por supuesto, tanto como su tiempo se lo permite. Ha visitado un gran número de pueblos y aldeas».

Y en 1892, en un nuevo reportaje relata el modus operandi colportor en los pueblos de l’Empordà y de la popularidad de los cantos evangélicos: «Antes de entrar a un pueblo, pasábamos mucho tiempo en meditación de la Palabra y en oración al Señor ‘para ser investidos de poder de lo alto’. A esto le damos la mayor importancia porque es el secreto de todo éxito. (…) Las reuniones tienen lugar todas las noches y nuestras doctrinas son tema de conversación en todos los hogares. Los niños cantan nuestros himnos por las calles y en las casas». Al referirse al canto de ‘nuestros himnos por las calles’, es probable que aluda a los incluidos en El Eco de la Verdad, aparentemente más evangelísticos y menos litúrgicos que los del Himnario Evangélico de Feen. 

3- Los himnos de Éric A. Lund

Historiadores y relatores de la historia han atribuido al misionero sueco Olaf Hakansson Durén (1864-1898) la autoría de los textos de algunos himnos en catalán de finales del siglo XIX. También se afirma que animó a Érik A. Lund a incorporar poemas hímnicos en El Eco de la Verdad. A pesar de reiteradas, estas informaciones no coinciden plenamente con los documentos cotejados. No obstante sí sabemos que en la preparación de su futuro ministerio en Catalunya, Durén estudió catalán en su país natal, llegando a Catalunya sin saber castellano. Consecuentemente es lógico pensar que tuviera una gran vinculación con la cultura catalana y sus gentes, por lo que podemos llegar a suponer que influenciara a Lund en cuanto a la inclusión de himnos en catalán.

Pero los diferentes números de El Eco de la Verdad de finales del siglo XIX reflejan una realidad distinta. De Durén solamente se recogen tres poemas, Cobart ó Valent, Mon refugi y Oració, que no podemos certificar si serían cantables porque no incluyen ninguna referencia hímnica ni parecen ser apropiadas para ser entonadas. Y también aparece una traducción al catalán de un texto sueco denominado La estrella vespertina, que sin lugar a dudas podemos considerarlo como un poema libre y no musicado sobre la potestad de Dios. Las tres poesías y la traducción es toda la obra que disponemos de Olaf H. Durén. En contraste, de Éric A. Lund reconozco seis himnos en catalán con su correspondiente tonada, y uno en castellano en la que se intuye una posible melodía, aunque sin incluir ninguna referencia que lo identifique.

En resumen, los himnos traducidos o adaptados por Érik A. Lund al catalán son, bajo sugerentes títulos, los siguientes: Al traball, La salut, Decisió, Aprop de Jesús, La font y Tot en Jesús. Y el himno en castellano del cual se intuye una posible melodía aunque sin asignación es A vencer. Sabemos a ciencia cierta que en su misión en tierras catalanas y valencianas Lund acostumbraba a firmar con dos seudónimos: Arboleda y Cantaclaro. Consecuentemente se puede afirmar que los cantos mencionados son de Lund, puesto que en cada uno de ellos firmó como Arboleda. Y aún más teniendo en cuenta que la traducción al castellano de la palabra sueca lund es arboleda. 

Sin embargo, un segundo análisis a fin de certificar las respectivas autorías nos conduce a revisar comparativamente las formas literarias y estilísticas de los textos de Durén y Lund. Los de Durén son más introspectivos e íntimos, como si los hubiera escrito para él mismo, con un lenguaje más personal; mientras que los textos de Lund son de testimonio, evangelísticos, de invitación a la fe, con una mirada hacia fuera, a la obra misionera y con un léxico más alegórico. Por lo tanto es evidente que los textos hímnicos insertados en El Eco de la Verdad definen y revelan con bastante certitud cada personalidad, sus incitaciones y deseos.

Si hay algo que a simple vista sorprende de los poemas de Érik A. Lund son sus rimas bien estructuradas, las adecuadas imágenes alegóricas usadas y su elegante aunque común catalán, a menudo muy por encima de las adaptaciones musicales de sus coetáneos ministeriales. Pero tampoco sería tanta sorpresa si advertimos su buena formación académica y filológica, con el vasto dominio de diferentes lenguas indoeuropeas y asiáticas que durante su vida cultivó. Por lo tanto estamos ante un misionero de muy buena formación académica, con importantes capacidades organizativas y operativas, bien preparado en lo teológico, entregado y vinculado a la obra de destino, muy competente lingüísticamente y con óptimas habilidades poéticas aún en un idioma no propio y recientemente aprendido; en este último aspecto probablemente asistido por el ministerio musical de su esposa, Emilia Bourn. 

4- Al traball (Al trabajo)

Al traball fue un himno muy conocido entre las iglesias evangélicas del siglo XX, y para los primeros bautistas en Catalunya de finales del siglo XIX uno de los más entonados y aclamados junto a Alcem, cristians, la palma de victòria de Isabel Lawrence. Además de ser uno de los cantos más apreciados y conocidos en los distintos puntos de misión de l’Empordà y en Barcelona, tenemos algunas referencias que indican que en 1897 se cantaba en las reuniones de trabajo de las Conferencias Anuales que habitualmente se celebraban en Catalunya, en ocasiones con participación de la naciente misión valenciana, creyentes que se desplazaban en barco hasta la capital catalana y en tren hasta Figueres: «El lunes, día 3, dióse principio a la Conferencia propiamente dicho, á las 9 en punto de su mañana, con oración y el himno catalán: «¡Al traball!, ‘al traball! – Som obrers del Señor’, siguiendo la lectura y explicación del capítulo III á los Colosenses, por uno de los hermanos y después de hecha la presentación de los grupos, procedióse á la elección de presidente y secretario».

Al traball fue escrito por William H. Doane (1832-1915) en la música, y por Fanny Crosby (1820-1915) en el texto, con una traducción de Lund al catalán bastante fidedigna al espíritu del original en inglés. Apareció con el número dos en Càntichs Evangèlichs, el himnario en catalán editado en 1896 por la Misión de George Lawrence; y años más tarde en Himnes y Càntics Evangèlics, compilado por Armengol Felip Albó (1889-1969) en 1924. Sin embargo, el protestantismo catalán lo ha atribuido erróneamente a Isabel Lawrence, apareciendo así en las sucesivas ediciones del himnario Cants de Glòria. Esta inadvertencia de los editores probablemente fue afectada por la prolífica actividad musical de la compositora y adaptadora galesa, y, seguramente, por el desconocimiento de quién había detrás del sobrenombre Arboleda. Pero El Eco de la Verdad y la historiografía atestiguan la autoría de Lund bajo su seudónimo. Paralelamente dicho himno apareció en castellano, traducido por Thomas M. Westrup (1837-1909), incorporándose en 1967 y 2006 en los dos himnarios oficiales de la UEBE, con los números 164 y 142 respectivamente. La siguiente interpretación es una retrospectiva y congregacional grabación de época realizada en el presente año, según texto original en catalán de Érik A. Lund:


5- La font (La fuente)

En la edición del 17 de enero de 1896 de El Eco de la Verdad apareció La Font, con primera línea Oh, ánima dolorida, sedenta de pau y virtut. Con texto original de Érik A. Lund –Arboleda– y melodía atribuida a H. L. Hassler (1564-1612), este bello himno se presentó ese mismo año con el número trece en Càntichs Evangèlichs, el himnario en catalán editado por la Misión de George Lawrence. Posteriormente, en 1924 también se incluyó en la recopilación de Armengol Felip Albó, Himnes y Càntics Evangèlics, con el número 26. La siguiente grabación retrospectiva de época nos permite conocer el texto de Lund en una forma muy usada en el siglo XIX en las iglesias protestantes: el canto alternativo de estrofas entre solista y congregación, un formato que también se usaba para facilitar el aprendizaje de himnos. En la actualidad esta práctica ha quedado en desuso.


6- Decisió (Decisión)

Decisió es una animosa melodía escrita por William F. Sherwin (1826-1888) con un poema titulado Sound the battle cry. Pero Lund no hizo una traducción al catalán del original en inglés sino un nuevo texto de invitación a la salvación. La habilidad filológica y narrativa del misionero es sobresaliente, otorgando al himno una nueva vida argumental. Mas como sucedió con Al traball, Decisió –ahora con el epígrafe Vine, pecador–, fue incorporado en los sucesivos himnarios Cants de Glòria del siglo XX y XXI, adjudicando la autoría a Isabel Lawrence. Pero como en el anterior caso, el texto de este himno no es de Lawrence sino de Érik A. Lund, bajo el seudónimo Arboleda. Por otra parte, el himno fue incluido con el número ocho en Càntichs Evangèlichs, el himnario en catalán de 1896 editado por la Misión de George Lawrence, y con el número 47 en Himnes y Càntics Evangèlics de 1924 compilado por Armengol Felip Albó. Recuperamos la música de Sherwin y el texto de Lund en una nueva grabación retrospectiva de época:


7- Aprop de Jesús (Cerca de Jesús)

Aprop de Jesús, con primera línea Tinc amb tu ma gran riquesa, es otra creación letrista de Érik A. Lund, con música de Humbert P. Main (1839-1925). Sin embargo, el texto original de Fanny Crosby (1820-1915), Weary wanderer, stop and listen, fue obviado por Lund para la construcción de su poema en catalán. Pero ello no fue impedimento para congeniar perfectamente melodía y letra con una nueva confesión de dependencia del creyente hacia su Salvador. Posteriormente, en 1924 el himno con el texto de Lund apareció en Himnes y Càntichs Evangèlics, la compilación que el obrero de las Asambleas de Hermanos, Armengol Felip Albó (1889-1969), confeccionó antes de marchar de misionero a Argelia.

Aprop de Jesús también aparece en las sucesivas ediciones de Cants de Glòria con algunas variantes, con el pronombre vos: Tinc en vos ma gran riquesa, y con algunas pequeñas alteraciones para adecuarlo al catalán moderno. Y en cuanto a la música usa una de Henry B. Richards (1817–1885), conocida en castellano por el himno Hoy es día de reposo, lejos de la melodía que usó Lund a finales del siglo XIX. Y como ha sucedido con otros himnos, Cants de Glòria también lo adjudica equívocamente a Isabel Lawrence. Sin embargo, la letra original en catalán es de Érik A. Lund bajo el seudónimo Arboleda, datada en 1897. La siguiente grabación retrospectiva y congregacional de época nos adentra en esta bella melodía y texto:


8- La salut (La salud)

Bajo el epígrafe La salut se esconde un precioso poema de esperanza cristiana de Lund –Lo dia gran de la salut–, distinto al del himno de Charles Hutchinson Gabriel (1856-1932). Si el poema original por sí mismo es bello, la melodía de Gabriel es muy apropiada para el texto. Y, aprovechando la mención del compositor estadounidense, no deberíamos pasar por alto su altura musical, prolífico compositor de aparentemente sencillas melodías que en realidad son excelentes tonadas por su gran musicalidad. Es por ello que la composición de Charles H. Gabriel adquirió gran notoriedad hacia mediados del siglo XX, siendo popularizada en castellano por el barítono californiano Ray Robles.

Pero el texto en catalán de Érik A. Lund esconde una interesante intrahistoria de la himnología de la época. La letra de Lund aparece por primera vez en El Eco de la Verdad en 1894, mientras que la primera edición en himnario del original en inglés es de 1905. La pregunta que surge es ¿cómo pudo Lund usar la melodía de Gabriel si aún no había sido publicada? La respuesta tiene que ver con el desfase o décalage entre exposición y publicación. A diferencia de lo que sucede en la actualidad en la industria discográfica y editorial cristiana, habitualmente los himnos se cantaban y popularizaban entre las iglesias bastante tiempo antes de ser recogidos en un himnario. Cuando habían disfrutado de suficiente aceptación popular, era entonces cuando se incorporaban a una colección. Es de esta manera cómo podemos entender que Lund lo publicara antes en El Eco de la Verdad que su autor en el Revival Hymns: a Collection of New and Standard Hymns for Gospel and social meetings, Sunday schools and Young People’s Societies (1905). Muy probablemente el misionero sueco conocería el himno con anterioridad en algún encuentro evangélico internacional, donde se difundiría y popularizaría; o también podría haber comprado la partitura individual ofrecida por correo a las clases medias que disponían de algún instrumento de teclado en casa. Sin embargo, la pista que nos conduce a la melodía original la dejó Lund en un artículo en el mismo número de El Eco de la Verdad donde apareció el poema en catalán, referenciando el título del himno en inglés: He lifted me. Comparado el texto de Gabriel con la versión libre y aleatoria de Lund se observa que, a pesar de ser absolutamente disímiles, el misionero sueco conservó el mismo espíritu del mensaje liberador en Cristo que contiene el texto original.

Este canto de esperanza de Érik A. Lund pervivió en el himnario Himnes y Càntics Evangèlics de 1924 compilado por Armengol Felip, con algunas pequeñas actualizaciones del catalán, como en el título: El jorn excels de la salut en lugar de Lo dia gran de la salut. Sin embargo y como sucedió con otras adaptaciones originales de Lund, su belleza no gozó de ninguna traducción al castellano en los dos himnarios oficiales bautistas del siglo XX y XXI. Esta grabación retrospectiva de época da fe de la calidad musical y literaria del canto, con la versión libre al catalán que realizó Lund:



9- Tot en Jesús (Todo en Jesús)

Este himno evangelístico de invitación, con una antigua melodía de 1708 denominada Hanover (Playford's Supplement de New Version of Psalms) fue muy popular en la época. Tot en Jesús o su primera línea ¿Desitxas la pau oh trist pecador? fue, paradójicamente, uno de los dos únicos cantos en catalán que se incluyeron en un himnario en castellano de 47 títulos editado en 1893 por la Misión de George Lawrence: Cantos Populares de Luz y Amor. De ahí también se deduce su popularidad o, también, su promoción. Curiosamente, y como algo poco habitual, a pie de himno quedó constancia de la autoría de Érik Lund con las iniciales E. L., exactamente igual que en la publicación de 1893 de El Eco de la Verdad. También apareció con el número siete en el himnario Himnes y Càntics Evangèlics de 1924 compilado por Armengol Felip Albó. Incluimos Tot en Jesús en una nueva grabación retrospectiva y congregacional de época que intenta reproducir el espíritu evangelístico y de adoración de finales del siglo XIX:


10- A vencer

En El Eco de la Verdad de 1894, este himno no tiene referencia alguna de música o indicación que permita entrever la melodía. No obstante, la temática coincide mucho con un himno que en castellano empieza por Estad por Cristo firmes soldados de la cruz, con música de Adam Geibel (1855-1933) y texto original en inglés de George Duffield (1818-1888). Asimismo el texto casa con la tonada. El apunte a pie de himno de Arr. por Arboleda, invita a pensar que Lund retocaría un poema anterior, tal vez un texto tardío atribuido a Juan Bautista Cabrera (1837-1916), puesto que la versión más conocida en castellano de Jaime C. Clifford (1872-1936) es bastante posterior. No obstante, si la melodía escogida fuese la anteriormente indicada, faltaría el texto del coro: Estaos firmes, soldados de la cruz… Es decir, Lund no incluye la letra de ningún coro tras las estrofas, por lo que se abren otras probabilidades musicales: seguramente habría usado una melodía de George James Webb (1803-1887) de 1837 con el mismo texto original de Duffield que no incluye coro. Más allá de estas suposiciones que no permiten conocer todos los detalles, éste es el único texto hímnico en castellano que conocemos del misionero sueco:

De pié, de pié, soldados
           De Cristo y de su cruz,
          Cual hijos bien amados,
          Sigamos á Jesús.
          En lucha y en victoria
         Aquí nos guiará,
         La lid en paz y gloria
         Al fin convertirá.
 
        ¡Alerta! Pues, soldados:
         Atentos á su voz,
        ¿quién huye la batalla
        Por más que fuera atroz?
        Si aquí con él vencemos
        La potestad del mal,
        Allí compartiremos
        Su reino celestial.

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>>> Relatores de la historia, historiadores y musicólogos de consulta: Josep-Lluís Carod-Rovira, Eva Pernas, Joaquim Campistrón, Pau Grau Ballester; Gabino Fernández Campos; Rev. Carlos López Lozano; Cristián Guerra Rojas; Débora Simón; Jorge Daniel Ciprés Ortega; Noemí Cortès; Jordi Cortès, David Catalunya.


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