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· Los bautistas y su música (10)

© 2022 Josep Marc Laporta

1- Los himnarios perdidos del Dr. Knapp
2- Los himnos de Ramón Bon
3- De Madrid a Catalunya


1- Los himnarios perdidos del Dr. Knapp

Además de Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870, William Ireland Knapp publicó dos himnarios más que están desaparecidos. En 1871 publicó Himnario Cristiano; y en 1875 Himnos para el uso de las iglesias cristianas primitivas establecidas en España. De los dos tenemos una referencia temprana de 1888 en Baptist Hymn Writers and Their Hymns, de Henry Sweetser Burrage (1837-1926). En su extenso documento sobre la música bautista, el historiador escribe: «Al comienzo de la obra misionera en España, el Prof. Knapp preparó y publicó en Madrid una pequeña colección de himnos para su uso en relación con sus servicios religiosos. Esta colección fue ampliada de vez en cuando, y en 1871 publicó su ‘Himnos Cristianos’, que contiene sesenta y nueve himnos, de los cuales veintinueve fueron escritos por el profesor Knapp. Algunos de estos, como los números 1, 2 y 64, eran originales. Otros eran traducciones libres de himnos tan conocidos como ‘Roca de la Eternidad’, ‘Mi fe descansa en Ti’, ‘Dulce oración’, ‘Hoy el Salvador llama’, ‘Tal como soy’ o ‘¿Soy un soldado de la cruz?’».

      Como ya informé en el anterior capítulo, tras los himnarios perdidos del Dr. knapp también hemos perdido muchas pistas sobre la traducción de himnos y de su propia autoría. Respecto a lo que anunciaba Burrage en Baptist Hymn Writers and Their Hymns, podemos interpretar que algunos de los cantos más conocidos de la época y que posteriormente han sido de los más apreciados en la himnología en castellano, podrían haber tenido en William I. Knapp su primera versión. Y, como sucedió con otros himnos ya apuntados, es probable que otros traductores crearan nuevas versiones desde sus traducciones. De Burrage también sabemos que el primer himnario –Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid de 1870– fue el más pequeño y de menos importancia respecto a los dos siguientes himnarios desaparecidos, de mayor número de cantos. Evidentemente este dato damnifica aún más la investigación musicológica, dejándonos en un importante vacío. 

El historiador Henry S. Burrage aporta más datos de gran valor:
 «Muchos de los himnos de esta colección [‘Himnario Cristiano’ de 1871] se han incorporado desde entonces a otras compilaciones, tanto en España como en Hispanoamérica. En una segunda edición, 'Himnos para uso de las Iglesias Cristianas Primitivas establecidas en España', publicado en Madrid en 1875, se añadieron algunos nuevos himnos del profesor Knapp». Y asegura que
«el siguiente himno del profesor Knapp, número 59 de 'Himnos Cristianos', es una imitación de los himnos familiares…».



Es innegable que existe un claro desconocimiento historiográfico sobre la importancia himnológica del primer misionero bautista en España; y también es evidente que su obra no llegó a la altura poética de otros autores nativos. Sin embargo, todo apunta a que sus cantos y traducciones influyeron en la producción himnológica de su época. Los escasos siete años que radicó en el país fueron muy fértiles en cuanto a la edición de himnarios y la traducción o adaptación de himnos foráneos, además de los propios inéditos. En consecuencia es evidente que los musicólogos nos encontramos con grandes dificultades en la investigación, especialmente por la pérdida de dos de sus himnarios, los cuales nos ofrecerían mucha información, no sólo de su obra himnológica sino de su personalidad misionera.

En su documento de 1888, Henry S. Burrage expone algunos interesantes detalles para entender aquel presente y el futuro de la himnología bautista que se presentaba por delante:

    «La colección de himnos del profesor Knapp está ahora agotada, y el libro que utilizan nuestros misioneros bautistas en España en la actualidad es una colección sin denominación de doscientos cincuenta y nueve himnos, titulada 'Himnario Evangélico'. Fue compilado por el Sr. A. R. Fenn, un misionero inglés, quien durante muchos años ha representado a los hermanos de Plymouth en su obra misional en Madrid. Es más músico que poeta, y con la excepción de algunas traducciones y adaptaciones propias, el libro comprende himnos tomados de colecciones de cantos que ya se utilizan entre los pueblos de habla hispana de ambos lados del Atlántico».

Que los tres himnarios estuvieran agotados en 1888 –fecha del documento historiográfico de Burrage y unos diez años después de la marcha del Dr. Knapp del país–, parece indicar la beneficiosa trascendencia que aquellos himnarios tuvieron entre las iglesias de todo el arco denominacional de la época; pero también podría revelar una corta tirada editorial de los mismos. Sea cual fuere el caso, el apunte de Burrage nos conduce a un cambio de ciclo en la himnología bautista en la península. La irrupción del himnario de los Hermanos de Plymouth, impulsado por Albert Robert Feen (1832-1896) y que Charles Edward Faithfull (1848-1924) reeditó sucesivas veces, fue el que poco a poco fueron adoptando los primeros bautistas españoles. Y aunque en el foco himnológico bautista en Catalunya las distintas ediciones del Himnario Evangélico de Feen y Faithfull (1873, 1878, 1885, 1895, 1900, 1909, 1921, 1927, 1932 y 1946) se fueron imponiendo paulatinamente, la realidad es que otros himnarios, idiomas e influencias también participaron. De ello daré cuenta en posteriores capítulos.

2- Los himnos de Ramón Bon Rodríguez

El caso del autor que nos ocupa bien se le podría denominar El caso Ramón Bon, como oportunamente tituló Manuel de León de la Vega en uno de sus escritos sobre el controvertido cura y pastor castellano. La realidad es que la vida de Bon está llena de sorpresas y controversias religiosas, con enigmáticos comportamientos que no pretendo analizar, sólo exponer brevemente como contexto. Pero, paradójicamente, sus textos hímnicos tienen una altura literaria y evangélica que destellan luz propia, a pesar de las dudas y disconformidades que internamente le acosaban y de las que el sistema misionero de la época y de algunos de sus representantes también podría haber contribuido.

Es evidente que la biografía del excura católico, aparentemente convertido a la fe evangélica, presbiteriano en sus inicios, colportor bajo el auspicio de la Sociedad Británica y Extranjera, bautizado por William I. Knapp, ordenado pastor bautista y, tras algunos desencantos ministeriales, retornado al catolicismo, es la biografía de un cristianismo ambulante y obstinado, aunque, también, predicador elocuente, escritor de talento que dejó su firma en diversas revistas evangélicas de la época y, concretamente, autor o traductor de algunos himnos, con buena mano literaria y teológica.

Aproximándonos un poco más a su paso por el protestantismo, aparentemente Ramón Bon tuvo una conversión de principios evangélicos en 1868, para volver otra vez al catolicismo en 1879. Tan sólo fueron once años de vinculación evangélica que se presentaron muy intensos e impregnados de vivencias. Fue en 1870 cuando compartió con el Dr. Knapp sus inquietudes espirituales, seguramente buscando apoyo y ayuda económica para él, su familia y el ministerio en la pequeña congregación evangélica que había fundado en el pueblo vallisoletano de La Seca. Así que, temporalmente, encontró apoyo en la comunidad bautista del Dr. Knapp. Para tal fin accedió a bautizarse por inmersión en el río Manzanares el 30 de agosto de 1871, procediéndose asimismo a su ordenación como pastor bautista.

     Diez años después y tras su contundente retorno al catolicismo, de aquella experiencia bautista y bautismal dio fe en un duro escrito denominado Historia de las Sociedades Bíblicas, de sus Jefes y Emisarios, Noticias de Varias Capillas Protestantes en España, de sus Pastores, Misioneros y Feligreses, Escándalos, Doctrinas, Vidas y Milagros. En la página 110 describe lo siguiente:

     «Llegados al río, alquilaron un salón de baños. Era el 30 de agosto de 1871. Cuando las lavanderas supieron que iban a bautizar a los protestantes, rodearon el salón (que era formado por esteras) por la parte exterior. A mí me daba vergüenza desnudarme, porque aunque había hombres solos dentro, yo divisaba más de doscientas narices por entre las esteras.

    Al fin, ya había llegado a consumar el sacrificio y no había más remedio: me desnudé, me puse una hopalanda negra y Knapp otra, y entramos en el río. Cuando en medio de la impresión que yo sentía, empezaron los demás a cantar, yo no pude hacerlo. Mis pensamientos eran entonces más católicos que protestantes; si se hubiese procurado probar mi fe en aquél momento, antes del bautismo, al verme vestido con aquella túnica negra, los cánticos de los protestantes por dentro de los baños y los gritos de infinidad de lavanderas por fuera, si hubiese sido posible leer mi corazón, se hubieran oído sus gritos…».

En realidad, el relato parece ser una renuncia en tiempo real de sus decisiones evangélicas y bautistas. O, tal vez, un recuerdo mal reconstruido después de años de sinsabores y desencantos en su empeño religioso. Sin embargo, aquellos himnos bautismales que tan incomprensibles le parecían no fueron impedimento para que él escribiera los suyos a la manera protestante, con bellos pasajes poéticos y teológicos. En su propia autobiografía, dispersada en varios libros de retractación evangélica, explica que en una de las vistas del Dr. Knapp a La Seca bautizó a ocho o diez personas, entre ellas su esposa. Y que mientras estuvo en aquel pueblo vallisoletano en tres o cuatro días formaron «un himnario para cantar en los cultos, cuyos himnos, originales míos y otros más que compuse después, se cantan hoy en las iglesias protestantes de España y América».

En total son veintidós los himnos registrados en distintas colecciones de finales del siglo XIX. Veintidós cantos que, también asistidos por su pósito católico-romano, desbordan bella teología evangélica. Algunos son: Allí la puerta franca está, traducción de The Gate Ajar for Me, de Silas J. Vail; Abismado en pecado; Mi delicia tu ley es; Corazón alienta ya; Despide ahora tu grey o Mira mis manos por ti llagadas. Todos los títulos quedan reflejados en este cuadro, relacionados con los himnarios donde aparecieron:

Y en el siguiente cuadro se puede observar la cualidad literaria, poética y teológica de ocho de sus himnos:

Al igual que los himnos de Bon no quedaron en el olvido en muchos himnarios de Hispanoamérica, tampoco quedaron relegados en la himnología bautista española. En 1985 el Rev. Carlos López Lozano (1962-) desveló en un artículo de El Eco –Nuevas aportaciones a la historia de los bautistas en España– que algunos himnos de Ramón Bon habían sido recogidos en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España de 1967, confeccionado por la Junta Bautista de Publicaciones, con Rodrigo, Mefford y Puig al frente de la edición. Según los apuntes del Rev. López Lozano, fueron los siguientes: con el número 52, Mira mis manos por ti llagadas; con el 73, Allí la puerta abierta está; con el 89, Corazón alienta ya; con el 103, Abismado en pecado; con el 136, Tenebroso mar, undoso; y con el 139, Anhelando amor perfecto.

No obstante, su selección ha de ser completada con cuatro textos más: Mi delicia tu ley es (184), Meditar en Jesús ha de ser todo mi afán (147), El dormir en Jesús es cesar (198) y Hoy Jesús te quiere hablar (443). Aunque también hay que apuntar que de los himnos que señaló el Rev. López Lozano hay que poner en cuestión el 136, Tenebroso mar, undoso, del que existen serias dudas sobre si la composición poética corresponde a Miralles o a Bon. Aparte de que no hay vestigios de su autoría en los himnarios de la época, una de las razones que sostienen mi duda es que Tenebroso mar, undoso ya aparece en el primer himnario del Dr. Knapp de 1870, Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid, himnario anterior a la relación entre Knapp y Bon, y muy temprano para que este último lo escribiera.

Como resumen y conclusión de la obra de Ramon Bon Rodríguez hay que destacar que de todos los cantos que escribió o adaptó tan sólo uno –Mi delicia tu ley es (177)– ha llegado hasta el siglo XXI con cierta relevancia himnográfica, aunque prácticamente olvidado en los servicios dominicales de las congregaciones bautistas españolas. Al igual que en el Himnario de las Iglesias Evangélicas de España de 1967, también apareció en Adoración XXI con la tonada GRAPE de John Thomas Grape (1835-1915), himnario editado el 2006 por el Ministerio de Educación y Fe de la UEBE. Sin embargo, este epítome del Salmo 119 merecería una segunda o tercera vida en la adoración congregacional. La siguiente interpretación con flauta travesera y guitarra es una muestra sonora de su belleza bíblica y poética:

3- De Madrid a Catalunya

Cuando en 1877 William I. Knapp dejó el país, la obra bautista que se había iniciado fuera de Madrid (Alicante, Valladolid, Linares y Jaén) se resintió, aunque anteriormente ya existieron indicios y dificultades que participaron determinantemente en la renuncia del Dr. Knapp. Este nuevo escenario provocó una reestructuración general. Sin embargo y a pesar de ello, en la capital se produjo un sólido crecimiento espiritual bajo el ministerio pastoral de Manuel de Cadencia (-1882), asumido de 1877 hasta 1882, fecha de su repentina muerte. En aquellos años la iglesia contó con una escuela para niños de ambos sexos en dos ubicaciones de la capital, al tiempo que disfrutaba de un buen grupo de músicos que dirigía los himnos, de los cuales las crónicas afirman que alguno de ellos era miembro de la Orquesta Real. Por esta razón podemos entrever que los cantos se acompañaban con el mismo armonio que presumiblemente habían dejado los Knapp en la capilla de Lavapiés y que el grupo de músicos permaneció como legado de los misioneros, tutelado tanto por el Dr. Knapp como por su esposa, Adeline Roberts.

El 26 de junio de 1878, el pastor Manuel de Cadencia informa a la Misión de algunas actividades en los hogares madrileños:

   «En estas reuniones les presenté en lenguaje familiar la verdad tal como está en Jesús, y también respondí a sus preguntas. En una de estas reuniones se ha presentado un caso interesante de una mujer que vivía en dicha casa. Esta mujer era muy fanática y siempre marchaba de casa cuando teníamos las reuniones. Una noche estaba un poco indispuesta en su cama, desde donde nos escuchó cantar un himno; y se sorprendió al escuchar el nombre de Jesús y nuestras ‘cosas buenas’, como ella dice. En la siguiente reunión se quedó escuchando tras la puerta con gran atención; en la siguiente se sentó con nosotros; y ahora es una de las asistentes más habituales en la capilla y siempre trae consigo algún amigo o vecino. Espero que con el tiempo sea un miembro útil, pero aún necesita mucha instrucción en la verdad del Evangelio».

Sin duda, el valor de los himnos en la predicación del Evangelio, en la comunión cristiana y en la alabanza a Dios fue muy alto en las primeras congregaciones protestantes del siglo XIX. Así lo refleja un escrito periodístico de ámbito cristiano de la época: «Es cuando hemos sido elevados de la profunda oscuridad y desesperación en que nos ha sumido el pecado que se pone el ‘nuevo cántico en nuestra boca’ y prorrumpimos en alegres alabanzas. El escepticismo y la incredulidad no poseen tales cánticos, no tienen nada que cantar ni nada porque alabar a Dios. Las madres escépticas e incrédulas no saben cantar, con sus hijos, himnos de alabanzas a Dios; las madres cristianas tienen un nuevo cántico puesto en su boca y con él alaban a Dios desde el fondo de sus corazones».

Por su parte, G. S. Benoliel, pastor en Alcoi, en dos cartas dirigidas a la Misión dando cuentas de su ministerio, nos ofrece un pequeño detalle sobre qué cantaban en su congregación. En un escrito datado en abril de 1879 manifiesta:

   «Uno de los diáconos de nuestra iglesia murió el pasado sábado; y el domingo a las tres de la tarde tuvimos solemnes funerales en la casa del difunto y en el cementerio. Una gran multitud siguió la procesión, y de trescientas a cuatrocientas personas asistieron a las ceremonias en el cementerio. Dimos un testimonio brillante de nuestra fe. Se cantó la traducción de ese hermoso himno: ‘Salvo en los tiernos brazos’. Luego hice un breve esbozo de la vida de nuestro hermano. Había sido conocido por su impiedad y mala conducta; la borrachera había destruido su paz, robando también la vida a su pobre esposa e hijos; era temido por su mal genio y su fuerza. Pero el evangelio lo cambió tanto, que asombró a los alcoyanos. Su esposa nunca fue feliz hasta que su esposo le entregó su corazón a Jesús: ella también hizo lo mismo y es miembro de nuestra iglesia».

El testimonio de aquel hombre y de su esposa es muy impactante por el poder del Evangelio al tocar una vida destruida, al tiempo que nos deja una interesante pista sobre qué cantaba la iglesia bautista en Alcoi. El himno Salvo en los tiernos brazos apareció por primera vez en Himnario Evangélico para uso de la Iglesia Cristiana Española, coleccionado y en parte compuesto por Juan B. Cabrera (1878), un año antes de que Benoliel escribiera la misiva. En realidad, parece que es muy poco tiempo para que la congregación lo conociera, lo aprendiera y lo pudiera cantar con facilidad. Este dato nos induce a pensar si el himnario de Cabrera fue el que lo difundió por vez primera o si anteriormente ya habría quedado registrado en alguno de los himnarios perdidos del Dr. Knapp. De momento el interrogante queda sin resolución, a pesar de que otros indicios apuntan a que realmente podría haber sido incluido en alguno de los dos himnarios que no conocemos de William I. Knapp.

Al volver al país el catalán Ricard P. Cifré a mediados de la década de 1870, procedente de Newton (Estados Unidos) a quien el Dr. Knapp había enviado a estudiar teología, y con la llegada de Erik Anderson Lund (1852-1933) a Catalunya, es cuando el foco bautista se desplaza de Madrid a Catalunya. Junto a otros esforzados efectivos, la presencia de los dos misioneros fue crucial para el desarrollo de la obra; aunque es incuestionable que el misionero sueco fue fundamental en las primeras operaciones evangelísticas en el Principado y para una muy primaria estructuración de un cuerpo bautista en el país. No obstante, como el Dr. Knapp, Erik A. Lund también tuvo, junto a otros, una relevante influencia himnológica en la vida bautista catalana y valenciana.


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>>> Historiadores y musicólogos de consulta: Pau Grau Ballester; Gabino Fernández Campos; Rev. Carlos López Lozano; Dr. Cristián Guerra Rojas; Jorge Daniel Ciprés Ortega; Quim Campistrón; Noemí Cortès; David Catalunya.

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© 2022 Josep Marc Laporta

 

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