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· Los bautistas y su música (8)

 © 2021 Josep Marc Laporta

1- Madrid: primer foco himnológico bautista

2- Primicias hímnicas bautistas en Madrid

3- La música en la 1ª Iglesia Bautista de Madrid

4- La música en la primera expansión misionera

 

1- MADRID: PRIMER FOCO HIMNOLÓGICO BAUTISTA

Madrid fue el primer foco misionero bautista tras la revolución de La Gloriosa y la nueva constitución de 1868; y también fue el primer foco himnológico y musical de los bautistas en España. William Ireland Knapp (1835-1908) fue un reconocido profesor estadounidense, bachiller en artes, experto en lenguas antiguas y modernas, y catedrático en literatura española en diversas universidades. Además de su ferviente fe cristiana, de su pasión hispanista y de una considerable lista de publicaciones, la lectura y el estudio de George Borrow también le convirtió en vascófilo, escribiendo una obra sobre el colportor inglés. Sin duda, podríamos definir al Dr. Knapp como un hombre de espíritu cultivado, de alta intelectualidad y de un sensible corazón misionero. Pero mientras que sus méritos intelectuales han quedado bien reconocidos en la memoria común estadounidense, en la historiografía protestante se le conoce por ser el primer misionero bautista que llegó a España: en sus inicios como independiente, para seguidamente servir bajo los auspicios de la American Baptist Missionary Union. Sin embargo, su ministerio fue más global. Aunque su aportación himnológica sea la faceta menos conocida de su trayectoria, desde que se estableció en Madrid en 1869 se implicó en la traducción y adaptación de himnos y en la edición de himnarios de letra. Por esta importante razón también se le debe considerar pionero y padre de la himnología bautista en España.

2- PRIMICIAS HÍMNICAS BAUTISTAS EN MADRID

Tras su paso por el país en 1867, el profesor Knapp y su esposa, Adeline Roberts, se establecieron en Madrid a mediados de 1869. Si bien Knapp dominaba varios idiomas como el francés, alemán, latín, hebreo, griego y el nativo inglés, como hispanófilo hablaba el castellano con suficiente fluidez, lo que junto a su pasión poética le acreditaría para traducir y adaptar algunos himnos. Por su parte, Adeline Roberts era profesora de piano, por lo que muy pronto la vemos tocando el armonio en la primera congregación que pastoreaba su esposo, dirigiendo desde el instrumento el canto y enseñando música a los niños. Sin lugar a dudas, la preparación académica de ambos fue un gran activo para la pionera obra misionera que emprenderían.

Durante un breve tiempo y junto a dos consiervos presbiterianos –William Moore de la Presbyterian Church de Irlanda y John Jameson de la National Society de Escocia–, el Dr. Knapp formó una congregación de perfil presbiteriano bajo el apelativo Iglesia Evangélica de Madrid, aunque con elisión del bautismo de adultos. Fue una opción aparentemente forzada por la estricta tradición española del bautismo de neonatos y las derivadas legales y sociales del registro católico con las partidas de bautismo, documentos que se exigían para casi toda solicitud oficial, desde la admisión a una escuela hasta la formalización del matrimonio.  Pero sus bíblicas convicciones en cuanto a la inmersión de adultos chocaron frontalmente con el paido-bautismo presbiteriano y el acomodo socio-católico, conduciendo, mediante votación, a la constitución de la Primera Iglesia Bautista de Madrid. Sin embargo, el poco tiempo que pasó con los pastores presbiterianos, hasta el 10 de agosto de 1870 –fecha de constitución de la congregación bautista–, fue tiempo suficiente para traducir algunos himnos y publicar, junto a sus consiervos, un primer himnario: Himnos para uso de la iglesia presbiteriana en Madrid. Después, en 1871, ya como iglesia bautista, llegaría una ampliación: Himnario Cristiano; y en 1875 Himnos para el uso de las iglesias cristianas primitivas establecidas en España. Del primero sólo se ha localizado una copia en la Biblioteca Nacional de España, mientras que de los otros dos, pese a la continua búsqueda de algún vestigio, ha sido imposible encontrar ningún ejemplar.

Ante un campo misionero de tanta urgencia y necesidad, el Dr. Knapp empezó su ministerio bajo tres líneas maestras: la predicación y atención pastoral, la instrucción y formación bíblica, y el cuidado de las necesidades básicas. En su empeño, en noviembre de 1869 escribía el siguiente párrafo:

   «La gran dificultad de lograr hombres responsables como evangelistas, y las efímeras relaciones de nuestro trabajo con quienes nos han predicado, me han llevado a emprender la formación de una Escuela de Formación Teológica, para el suministro constante de hombres para todas las ramas de la obra. […] Estos me encuentran todos los días de la semana por la mañana de nueve a once, cuando les doy clases de Biblia, Principios de Interpretación, Historia Sagrada, Geografía Bíblica y Antigüedades, por lo que mis antiguas ocupaciones como profesor de hebreo, griego y latín ha sido una providencial preparación».

En otro punto de la carta a la misión escribe profusamente sobre la multitud de menores que atendía y el alcance del ministerio entre ellos:

    «Todavía no he hablado de los niños. Un cuidadoso estudio realizado, ante la falta de atención y entorpecimiento de nuestras reuniones mixtas, me determinó a impedir la entrada de niños en los grandes salones e instituir servicios nocturnos especiales para ellos que servirían al mismo tiempo como ‘gimnasia’ para los estudiantes. Este plan tiene más éxito. De esta manera, se están enseñando los principios del Evangelio a unos 250 niños. Tenemos cuatro ‘escuelas dominicales’ a la semana, dos en cada salón, una en domingo y otra en día laborable. La facilidad con la que los niños españoles aprenden es igual, si no superior, a la de nuestra ‘gente pequeña’ en casa. […] Doy algunas recompensas, pero no muchas, porque los niños parecen encontrar compensación adecuada a su diligencia en el privilegio de venir. También se enseña canto y alfabeto»

Tanto en este escrito como en otros documentos se pueden encontrar algunas pistas del ministerio de Adeline Roberts. Aparte de la faceta litúrgica de organista de la congregación, como profesora de piano Roberts enseñó música y canto, al tiempo que atendió diversas actividades educativas y familiares. Junto a la docencia del matrimonio misionero podemos entrever que algunos de los adultos que recibían instrucción bíblica eran los que asimismo atendían a los niños en su enseñanza, creando una sinergia pedagógica completa.

En cuanto al culto, un documento de la American Baptist Missionary Union de diciembre de 1869 descubre los elementos que conformaban la adoración:

   «La forma de culto adoptada en los servicios protestantes de Madrid es muy sencilla. Primero hay una breve oración, mientras la congregación permanece de pie; luego la gente sentada canta un himno (un himno traducido del inglés, como por ejemplo, "Just as I am"); luego se lee un capítulo de la Biblia; luego otro himno, al que todos se unen, seguido del sermón y la bendición de despedida de la audiencia. Aparte de estos servicios públicos, dos obreros cristianos, los Sres. Gould y Lawrence, están llevando a cabo una gran obra en Madrid».

Hay dos aspectos a destacar en este párrafo. Primeramente, el himno aludido, Just as I am (Tal como soy), fue muy popular entre las primeras congregaciones protestantes españolas de finales del siglo XIX, traducido del inglés por José Joaquín de Mora (1783-1864) y publicado en Londres en 1862 en Himnos para el uso de las congregaciones españolas de la Iglesia metodista. Pero no hay que confundir la melodía con la conocida tonada Woodworth de William Batchelder Bradbury (1816-1868) que, junto al texto de Charlotte Elliott (1789-1871), desde hace décadas ha alcanzado mayor popularidad. Así que, aunque designado en el himnario londinense como Colección Española, la melodía es de autor desconocido, derivado de himnarios franceses donde también apareció la tonada y supuestamente de autoría hispana o francófona. La siguiente interpretación organística responde a la melodía apuntada tal como se cantaba en el siglo XIX, junto al texto de José J. de Mora:

Un segundo aspecto a subrayar del párrafo anterior es la constatación del buen hacer ministerial de dos obreros cristianos de los Hermanos de Plymouth: William Gould (-1870) y George Lawrence (1831–1894). La admiración del documento hacia ambos no es baladí. La buena relación en Madrid entre Lawrence y el Dr. Knapp fue una sinergia espiritual que posteriormente tendría ramificaciones ministeriales e himnológicas en la obra bautista en Catalunya. Con el tiempo, aquella sintonía se transformó en cooperación entre Érik Anderson Lund (1856-1933) y George Lawrence en tierras catalanas, con una clara influencia himnológica del ministerio de Lawrence en la música y cantos bautistas en Barcelona y l’Empordà. Históricamente, la fluida relación y colaboración entre los Hermanos de Plymouth y los bautistas se produjo por afinidades teológicas respecto al bautismo de adultos; aspecto que con otros grupos protestantes de la época no se produciría, al bautizar neonatos.

3- LA MÚSICA EN LA 1ª IGLESIA BAUTISTA DE MADRID

Fue un miércoles 10 de agosto de 1870 cuando se constituyó la Primera Iglesia Bautista de Madrid. Muy poco tiempo pasó desde la primera alianza eclesial presbiteriana. Y en diciembre de ese mismo año, William I. Knapp escribía a la Misión dejando constancia de la situación sociopolítica y religiosa del país:

   «La libertad continúa. […] Generalmente, la Biblia se distribuye y se lee; pero, por desgracia, se acepta más por un descubrimiento imaginario de ideas socialistas que por una profunda convicción de que ella tiene la intención de señalar el camino de vida a los pecadores perdidos. Pero creo que veremos en España un gran cambio hacia los puntos de vista bautistas, tan pronto como la gente escudriñe las Escrituras un poco más y haya tomado una decisión».

        Tras este primer análisis, el Dr. Knapp abunda en la realidad eclesial y sus progresos misioneros, apuntando también a algunos aspectos relacionados con la música y el orden litúrgico:

   «La capilla está abarrotada, y tenemos entre setenta y cinco y ochenta personas de asistencia regular en las escuelas. Mañana bautizo de nuevo. Nueve candidatos. Hay un gran interés en el culto de bautismos, y todo se lleva a cabo con profunda solemnidad. Mi mujer toca el órgano (o armonio), y tras cada inmersión empieza a tocar un verso, sabiendo guiar al público y detener el canto en el momento oportuno, para que todo transcurra con perfecta satisfacción».

        En las iglesias bautistas de los Estados Unidos, la tradición de cantar una breve estrofa o coro después de cada inmersión estaba muy en boga en aquellos años. Y aunque el modelo se remonta a los Camp Meetings y a los Gospel Songs, donde los cantos cortos y animados serían muy populares en las reuniones al aire libre, también se usó en los bautismos celebrados en los ríos o en las albercas. Cuando el  Dr. Knapp menciona a su esposa tocando el armonio, relacionando la secuencia de los cantos tras cada inmersión con el bien hacer litúrgico, está indicando cuál era su prioridad ministerial:

«Ahora mi obra en Madrid, aunque relativamente pequeña, es la obra mejor ordenada y más inteligente de España», apuntaba el misionero, convencido de que «la mera evangelización» o «predicar a Cristo a una audiencia diversa, la mayoría de los cuales nunca se ve dos veces, es una obra sin un fundamento sólido». Y continuaba diciendo que «el verdadero camino a seguir es formar una iglesia, instruir a los miembros en el cristianismo, sus deberes, obligaciones y leyes, edificándolos y tratándolos como un pueblo peculiar».

Estas palabras son las de un misionero que está convencido que debe hacer comunidad e iglesia local y que, por lo tanto, tendrá que ser un misionero integral: pastor, evangelista, discipulador y maestro. Según su percepción, la tendencia de otros grupos protestantes de la época radicados en España se movía más en la simple y vociferada predicación, con el patrón predominante del meeting político, donde el extraño se acercaba o entraba a un local simplemente «para ver qué es esto», pero que luego se iban indiferentes. «Mi trabajo favorito ahora es, por el Espíritu de Dios, hacer discípulos y entrenarlos, y creo que tengo la Palabra de Dios conmigo», apuntaba. De esta manera se entiende que el Dr. Knapp diera tanta importancia a la música, al canto, a los himnarios, a los himnos, a enseñar a cantar, al cómo y de qué manera hacerlo para contribuir a crear un cuerpo eclesial sólido que, al mismo tiempo, fuera misionero y evangelizador.

William I. Knapp se sentía pastor y educador, pero también tenía alma poética, traduciendo y adaptando textos del inglés al castellano, a pesar de que este último no era su idioma nativo:

   «Ayer domingo fue un día maravilloso para mí. Por la tarde, después de la escuela sabática, me llamaron para ir a ver a un hermano paralizado de medio cuerpo. Llevé conmigo para cantar a tres niños de la escuela sabática; y llamé al enfermo. Era él; su rostro brillaba con la luz que emanaba de su interior. Nos congregamos alrededor de su cama y cantamos un hermoso himno, que traduje hace un año. El coro es:

Estaremos allí, estaremos allí.

Salmos de victoria,

coronas de gloria

nos pondremos”.

   Después de leer un capítulo, comentar algunas palabras y hacer una oración, el pobre hombre hizo un movimiento que no pude llegar a comprender, pero por lo que me transmitió su hijo expresaba cual era su deseo: estrechar mi mano y agradecerme. Mientras cantábamos ese solemne himno, las lágrimas corrían por sus mejillas; y esa mirada…, oh, nunca la olvidaré, ¡tan tierna, tan llena de gloria! No puedo expresarlo mejor: tan radiante en el proceso de santificación, que su alma se ensanchaba rápidamente… Este era su estado permanente».

Esta carta del 24 de octubre de 1870 refleja la profundidad de su ministerio pastoral. El catedrático universitario y misionero por vocación, tiene corazón pastoral y también nos muestra su faceta más musical, pese a no dar pistas sobre la autoría de la traducción al castellano. El himno que el Dr. Knapp cantó en su visita pastoral al enfermo impedido no se encuentra registrado en el primer himnario que editó, todavía en la congregación presbiteriana. Y no sabemos si se publicó en los dos siguientes cancioneros desaparecidos, por lo que ni tenemos el texto en castellano, ni podemos saber quién lo tradujo. Pero sí se puede afirmar que el Dr. Knapp cantó un himno country, que originalmente tenía cadencias de blue grass, y que en los Estados Unidos se popularizó en los Camp Meeting con los Gospel Songs y los cantos de avivamiento. Aparentemente fue compuesto en 1836 por el reverendo John B. Matthias (1767-1848), un ministro episcopal metodista en el estado de Nueva York. Y aunque esta atribución no está suficientemente documentada porque Matthias no tenía un historial conocido de composición, si él no fue el autor, como mínimo fue quien lo popularizó, publicándose en cuatro himnarios estadounidenses de la época.

En su carta a la misión, el Dr. Knapp recuerda la escena y este himno: Deliverance Will Come o, más popularmente, Palms of Victory. Curiosamente, el Dr. Knapp cantó a aquel hombre que estaba impedido en cama un himno de esperanza a ritmo de blue grass; aunque, por lo que podemos imaginar, con un estilo bastante menos country y, supuestamente, más castizo. El siguiente vídeo presenta una versión de Palms of Victory en su estilo original y traducción literal subtitulada, que el Dr. Knapp podría haber adaptado como Salmos de Victoria:

También se puede escuchar una versión libre al castellano, interpretada por Crystal Lewis en 1995, aunque con una adaptación literaria y poética bastante deficiente:


4- LA MÚSICA EN LA PRIMERA EXPANSIÓN MISIONERA

Desde Madrid el Dr. Knapp emprendió la expansión misionera bautista hacia el sur y suroeste del país. En muy poco tiempo el Evangelio alcanzó distintas poblaciones, como Linares, Alcoy o Alicante, siendo esta última ciudad donde acontece el episodio que el mismo misionero y pastor relata. Según la revista La Luz, hacía un año que se había predicado por primera vez el Evangelio por un obrero bautista: en agosto de 1870. Y el propio William I. Knapp explica en un documento del día 24 del mismo mes y año que había conseguido un evangelista joven que predicaba bien, al cual consideró prudente traerlo a Madrid para prepararlo. Sin embargo, por alguna razón no dio los frutos deseados, así que un pastor que le ayudaba en Madrid, Juan Martín Calleja, fue enviado a Alicante.

Era el 3 de marzo de 1871 cuando el Dr. Knapp salió de Madrid en dirección a Alicante. Después de seis días de mucho trabajo y sin descansar lo suficiente, tomó un tren durante diecinueve horas, aprovechando el viaje para dormir y recuperar fuerzas. Llegó a Alicante las 2 de la tarde del día siguiente, donde le esperaba el pastor Calleja y un buen grupo de hermanos que, según informaba, aún no se habían bautizado. William I. Knapp aseguró que «fue la primera recepción que tuve en España, y me superó en gran manera. Solo conocía al pastor y a algunos amigos; los otros, sin embargo, pronto fueron como viejos conocidos, y los amé igual que a los demás. Estos hermanos no eran pobres como los de Madrid, sino bien vestidos y de aspecto pulcro, en su mayoría hombres jóvenes, de veinticinco a treinta años. Me impresionó el puro gozo que iluminó los rostros de los hermanos».

Esa misma noche predicó sobre Hechos 17 –Pablo en Atenas–, recordando que «me detuve particularmente en el arrepentimiento. La capilla estaba abarrotada en exceso y muchos se marcharon o se quedaron en la puerta. Después de la adoración se convocó una reunión de candidatos, y de unos veinticinco que esperaban la ordenanza del bautismo, diez estaban en condiciones de seguir adelante el domingo». Ese día, domingo 7 de marzo, fue la formación de la iglesia en Alicante. Después de la prédica en el culto matutino de las once por el pastor Calleja, a las tres de la tarde se celebró un servicio público de bautismos:

   «Era la primera vez que bautizaba en el Mediterráneo, aunque el hermano Calleja lo había hecho a menudo. Puedes imaginar los pensamientos y sentimientos que tuve, cuando en la orilla, a una milla de la ciudad y bajo un acantilado imponente llamado Cantera, canté el himno:

‘Yo voy viajando, sí,

    al cielo voy.

    Lo cantamos con nuestros rostros hacia Corinto, Éfeso, Antioquía y Jerusalén. ¡Oh, qué gran día para España! ¡La iglesia primitiva y el bautismo primitivo, volviendo a casa otra vez! Es una de las muchas maravillas de estos últimos días. Mientras cantábamos, la gente de las casas vecinas bajaba en grandes grupos, tomando posiciones sobre las rocas salientes y las proyecciones más bajas de la Cantera. Allí estaba el recio pescador de la costa, su esposa e hijos, vestidos de gala, pues era domingo, día festivo en España. También acudieron muchos que estaban de paso, dando un paseo dominical».

El himno que junto a los hermanos alicantinos cantó William I. Knapp es una composición de Lowell Mason (1792-1872), traducida al castellano en los opúsculos neoyorquinos Estrella de Belén. Apareció en España con el número ocho del himnario que el mismo Dr. Knapp había publicado en 1870: Himnos para uso de la Iglesia Presbiteriana en Madrid. Una interpretación más actual a cuatro voces suena así:

La narración del Dr. Knapp de su visita a Alicante aporta más información sobre qué cantaron los primeros bautistas españoles. Para tener una mejor perspectiva es necesario retomar la narración completa del misionero:

   «Prediqué mostrando cuál es la doctrina que Jesús vino a enseñar, la importancia de todos sus mandamientos y el cumplimiento exacto de lo que Él ordenó. Entonces enseñé qué es el bautismo y qué no es el bautismo; quiénes son sus siervos y quiénes no lo son, y la misión de una iglesia cristiana. Durante todo el tiempo de mi alocución, el auditorio escuchaba concentrado, y las olas, la fuerte brisa que soplaba del este y la multitud que se congregaba en la orilla, todo ello era una visión que no podía sino conmover los corazones más duros. Leí un pasaje (Felipe y el etíope) y oré. Y cuando levantaba a cada candidato del agua, los hermanos, por su propia cuenta, empezaron a cantar una estrofa que se oía a lo lejos en el mar, con el cielo brillando muy cerca. Cuando hube terminado, me arrimé a una roca, porque las olas eran altas y fuertes, y pronuncié una breve oración con la bendición.

   Al salir escuché entre la audiencia una charla en voz alta en dialecto valenciano (sic), y le pedí al pastor Calleja que me transmitiera lo que comentaban. Están diciendo: ‘Eso es el bautismo, esa es la manera cómo Jesucristo fue bautizado. Nos han engañado’.

   Mientras los hermanos me ayudaban a quitarme el hábito bautismal, se acercó un hombre de buen aspecto y tez curtida por el sol, invitándonos a todos a tomar un pequeño aperitivo antes de volver a la ciudad. Como el sol estaba muy fuerte, accedimos; y estando sentados en el gran salón frente al mar, las personas que habían presenciado el bautismo entraron a raudales, hasta que el salón se llenó. Cuando todo estuvo en silencio canté el himno ‘Alma, ya no llores más’, e hice algunos comentarios sobre cada verso antes de que lo repitieran todos línea por línea. Como había escrito el himno en su mayor parte imitando el capítulo 53 de Isaías, tuve ocasión de hablar de Jesús como nuestro sustituto. Después del himno leí y expuse la parábola del Hijo Pródigo. ¡Oh, qué apropiado era para esta pobre gente, viviendo en la confusión de Roma y del mundo!»

El himno que cantó, Alma, ya no llores más, podría ser una melodía que compuso Henri Abraham Cesar Malan (1787-1864) en 1830 y que el mismo William I. Knapp poetizaría libremente en 1870, sin tener ninguna relación con el texto que Joseph Humphreys (1720-?) escribió en 1743: Blessed are the sons of God. Pero la melodía que se cantó en aquellos años también podría ser una que apareció pautada en El Amigo de la Infancia, revista para niños editada por Friederich Fliedner en 1880, aunque sin ninguna citación de las autorías de música y letra. La coincidencia de publicación en Madrid y de que tanto el himnario del Dr. Knapp como la revista de Fliednder salieron de la misma imprenta, presenta una importante pista sobre cuál podría ser la tonada original.

No obstante y como dato importante, la adaptación libre de Alma, cese tu dolor –título del himno que posteriormente se denominaría Alma, basta de gemir–, es el texto poético e hímnico más conocido y reconocido del Dr. Knapp, que además tiene una curiosa historia de trastienda que en un posterior capítulo describiré. Pero en su narración el misionero no menciona el título del himno, sino la quinta frase de la primera estrofa, probablemente porque le iba bien para la redacción de su carta. Y en su alocución invitó a  la audiencia a aprenderlo, cantándolo línea por línea con una previa explicación de cada verso; un modelo que durante años se usó profusamente en Estados Unidos en el aprendizaje de cantos y la educación y formación musical de las congregaciones.

En el siguiente vídeo se puede escuchar una probable melodía del himno junto a la transcripción del poema libre que escribió el Dr. Knapp:

 

Y en este vídeo se puede escuchar otra probable melodía de Alma, cese tu dolor, la que publicó en 1880 El Amigo de La Infancia:

El ministerio en Alicante transcurrió con diversas vicisitudes de distinta índole; no todas positivas para la obra emprendida. Al año siguiente de la visita del Dr. Knapp, ya en 1872, hubo un desagradable suceso con un armonio, la iglesia, unos recibos y los tribunales en medio de todo. Según las crónicas, Benito Martín Ruiz, un ex-cura convertido que desde 1871 era el responsable de la obra en Alicante, compró un armonio para uso eclesial en nombre de la congregación, con la aportación de la membresía de unos mil y pico reales. Pero aquella suma de dinero no se invirtió íntegramente en la compra del instrumento, ya que costó 600 reales, por lo que el sobrante se lo apropió Martín Ruiz. En 1873 el armonio fue reformado por 500 reales, recogidos entre amigos y hermanos del extranjero. Cuando Martín Ruiz salió de la pastoral por irregularidades y faltas éticas de gran calado, se llevó los recibos que estaban a su nombre como presidente de la iglesia, sirviéndole delante de los tribunales para reclamar el armonio en propiedad. Y en medio de la contienda hubo falsas denuncias, falsificación de firmas, apropiación de documentos y otros subterfugios por parte del pastor. Al final de cuentas, la justicia determinó que el armonio pertenecía a Martín Ruiz, quien, en sus desvaríos éticos, se unió a los espiritistas, siendo su presidente, para al final volver al catolicismo.

Aparte de las tristes y no deseadas consecuencias que sucesos como este traerían a la iglesia en Alicante y también a otras, y que en el futuro participarían en la renuncia del Dr. Knapp de su ministerio en el país, el relato explica con bastante claridad la importancia de la música y el armonio en las congregaciones españolas del siglo XIX. En bastantes documentos de la época constan donativos del extranjero para la compra de un armonio y también donaciones directas de instrumentos o fórmulas para sufragar su compra, como es el caso de Alicante. En todas las denominaciones se dieron. La importancia del armonio fue tal que en algunos casos individuos comprometidos con la obra aprendieron solfeo y a tocar sólo y exclusivamente para acompañar los cantos. Este detalle, junto a la proliferación de himnarios, explica el gran valor que dieron a la música y al canto como educador doctrinal y transmisor eficiente de la fe evangélica y bautista.

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>>> Historiadores y musicólogos de consulta: Pau Grau Ballester; Gabino Fernández Campos; Rev. Carlos López Lozano; Dr. Cristián L. Guerra Rojas; Quim Campistrón; Noemí Cortès; David Catalunya.
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© 2021 Josep Marc Laporta


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