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· TransEstelada


–Propiedades simbólicas y semióticas de la quatribarrada estelada–

© 2014 Josep Marc Laporta

Desde la sociología clásica, la simbología de las banderas se observa como un elemento básicamente antropológico: una ilustración de esencia tribal más que un proceso de socialización. Sin embargo, existen muchos ejemplos en los que se evidencia que las banderas no son exclusivamente símbolos de carácter tribal o étnico, sino expresiones de distintos procesos sociales de los pueblos y las comunidades humanas.
 
BREVES APUNTES HISTÓRICOS – Desde la época griega y romana, el estandarte, el pendón o la enseña empezó a abrirse camino en la historia. Los reyes, emperadores y conquistadores los incorporaron a sus iconografías, junto a otras, como el escudo, las armas, los blasones o diferentes tipos de cruces. Consecuentemente, como un proceso social de representación y de manera paulatina, las distintas colectividades fueron vinculando sus respectivas identidades a una tela coloreada en un proceso de identificación social. La innata cualidad de transportación y la virtud de ondear ufana indicando la dirección e intensidad del viento da a la enseña una iconografía mayor, una expresión viva y vigorizada bastante más superior que la efigie, el icono o el grabado, esgrimiendo así un notorio poderío identitario.
Como si fuera una alegoría o escenificación de su función social, el viento da vida a las banderas y también las descansa replegadas en el asta. Desde esta consideración figurativa podemos descubrir tres de las funciones socializadoras de la bandera: 1- concebirse simbólicamente y fructificar o reproducirse en lo social, político y/o cultural; 2- uniformarse, aglutinarse e identificarse internamente y ante las sociedades circundantes; y 3- manifestar o mostrar públicamente la peculiaridad y características de la comunidad representada, proyectándose hacia el futuro desde el pasado o, simplemente, desde el presente.
 
QUATRIBARRADA ESTELADA – El proceso social y político que en las postrimerías del 2014 vive Cataluña, ha tenido en la quatribarrada estelada[1] (bandera catalana con una estrella blanca en fondo triangular azul) un elemento identitario que ha alcanzado a masas de gentes, que poco a poco fueron ingresando en el gran colectivo de partidarios de la independencia. Su popularidad ha hecho real aquel viejo aforismo de que ‘el medio también es el mensaje’. Y aunque la bandera no exhibe ninguna palabra, sí que despliega de manera concisa y bastante diáfana los elementos troncales e identitarios de una realidad social. Sus colores, geometrías y dibujos expresan referencias históricas, relaciones sociales, contenidos semióticos y elementos de distinción e identificación colectivos.
Se cree que la estelada nació a principios del siglo XX (probablemente en 1908), y lo hizo de la fusión de las cuatro barras tradicionales de la bandera catalana con el triángulo estrellado inspirado en las banderas de Cuba y Puerto Rico. Vicenç Albert Ballester,[2] activista del partido Unión Catalanista y de otros movimientos e iniciativas de carácter independentista catalán, tras su residencia en Cuba y viendo cómo recientemente este territorio se había independizado de España, tomó como modelo el triángulo con la estrella.[3] Para Ballester el proceso cubano fue un referente en la lucha nacionalista contra el imperio español.
 
COLORES Y SIMBOLOGÍAS – Afirma el profesor Enrique Gastón[4] que ‘los colores tienen muchas connotaciones, es decir, factores no descriptivos, sino psicológicos, estéticos, simbólicos que afectan a las atribuciones subjetivas’. Para la estelada, la simbología de los colores ha sido un elemento indentificativo en la psicología común. La bandera mantiene los vivos colores de las cuatro barras rojas sobre fondo de oro de la señera catalana.[5] Es una invitación al movimiento y representa una dinámica en que la tonalidad roja se esparce equidistante sobre un campo soleado simbolizando energía. Esta visualización psicológica que coincide con la semiótica de los colores, contrasta con la contundencia visual del triángulo azul y su estrella blanca. El cambio de color implica un rompimiento con las tonalidades semejantes según la marca pantone. El azul contrasta con el oro y el rojo, y exhibe una imagen de más presencia visual y marcadamente más iconoclasta.[6]

Sin embargo, en su dilatada historia política y social, la estelada no tuvo tanta fortuna como la que está disfrutando en la actualidad. Durante prácticamente cien años había quedado relegada a una enseña de lucha de pequeños grupos políticos y minúsculas asociaciones independentistas, convirtiéndose en la senyera de los díscolos, de los que iban en contra del autonomismo o del status quo. Y aunque ERC (Esquerra Republicana de Catalunya) la utilizó oficialmente hacia los años 30, posteriormente quedó en la recámara política. No obstante, en menos de un lustro se ha convertido en el arma visual y política de una sustancial mayoría de la población, asumiéndola e incorporándola en su ideario iconográfico diario. Hasta tal punto se ha incorporado a la vida social de Cataluña, que la población la ostenta con orgullo en innumerables ventanas, balcones y edificios, sin percatarse de que su más inmediato pasado fue una bandera prácticamente despreciada políticamente, al igual que las tesis que representaba. ¿Qué cambio sociológico o percepciones sociales han acontecido en gran parte de la ciudadanía catalana para adjudicarse con tanto orgullo una enseña que en un pasado muy reciente era prácticamente marginal?
 
SEMIÓTICA Y GEOMETRÍAS – Aparte del auge ideológico del independentismo, la fuerza sociológica de la estelada tiene mucho que ver con su semiótica. La estrella blanca en un triangulo azul es un símbolo de libertad y resistencia. La bandera de Cuba, o la francesa durante su revolución, la incorporaron como elemento de distinción y como reclamo de lucha por sus libertades. El contraste de colores y muy especialmente la estrella de cinco puntas enclavada dentro de un triángulo azul, provoca una poderosa percepción. La fuerza geométrica entre el triángulo y la estrella, en relación tonal de azul y blanco, transmite fortaleza y energía visual. Sin embargo, al contrario de lo que sucede con las banderas que incluyen estrellas en combinaciones de color rojo, como la de China o Vietnam, el azul invita a la acción, aunque con matices más abiertos y dinámicos.
La tradicional idea de que una bandera en realidad es un emblema militar y que, en cierta manera, significa contienda, es asumida por las sociedades modernas. Asimismo la estelada es tomada y asumida como un icono de lucha y combate en búsqueda del triunfo final: las urnas y la independencia. Si una gran mayoría de la población la ha incorporado a su imaginario visual es porque implícitamente su iconografía describe confrontación y combate, aunque sea de manera serena y, por lo general, festiva. Por muy pacífica que llegara a ser una demanda política o una reivindicación social, la identificación con una bandera impulsa la psicología de lucha, de resistencia y persistencia, de no rendición.
      En lenguaje militar, la semiótica de la bandera evoca y convoca a reunión, a la agrupación de los guerreros dispersos. La bandera congrega, alista, enfervoriza con su ondear al viento y marca un imaginario camino. La estelada, como iconografía plástica y estética, ha superado la función puramente estructural del emblema clásico. El merchandising y la mercadotecnia ha proliferado en todo el país con diversos artículos comerciales, desde zapatillas esteladas hasta souvenirs, promocionando y posicionando el soberanismo desde el logotipo o la marca. La estelada no es solo una bandera para colgar en el balcón de casa, en una rotonda, en la entrada de un pueblo o para ondearla en un señalado día de manifestación, sino que también es un símbolo, un grabado, un dibujo, una pintura, una lámina o una ilustración adaptable a múltiples escenarios visuales. 
     Por lo tanto, la estelada es un icono que por su precisión iconográfica es capaz de explicarse en diferentes soportes, facilitando afiliaciones y alistamientos.
 
PROPIEDADES INTRÍNSICAS DE LA ESTELADA – A diferencia de las enseñas patrias, la estelada no lleva incorporado en su ADN conceptos tan arcaicos como «la bandera objeto de veneración», con su connotación religiosa y sagrada; o la «lealtad a la bandera», con una clara vocación militar; o el «honor a la bandera», como acto de respeto a los que murieron defendiéndola; o el prestigio de «ser abanderado», con su implícito status social. La virtud del auge y aceptación popular de la estelada reside en su discordancia con una aplicada vexilología y su nula relación con significaciones patrias y procederes vetustos. Incluso, para muchos de los que la incorporan en su indumentaria reivindicativa, la estelada parece ser una bandera sin pasado ni historia. Una de las propiedades innatas de su éxito es la espontánea aceptación por la significación presente, sin depender de explicaciones antiguas o aclaraciones figuradas. Simplemente existe y se identifica directamente con la independencia, sin referencias explicativas que la encorseten.

El valor específico de la estelada y su gran aceptación por buena parte de la sociedad catalana que se manifiesta y reclama votar, tiene mucho que ver con las diferentes capas, grupos y estructuras cívicas del país. La han adoptado todos los grupos sociales y todas las capas de la sociedad. En sociología consideramos que un símbolo ha penetrado profundamente en una sociedad cuando los abuelos, las abuelas, las amas de casa o los niños lo convierten en cotidiano y lo incorporan en su relación social de manera natural, espontánea e instintiva. En las manifestaciones de la Diada de Cataluña del 11 de septiembre se aprecia la transversalidad de la estelada. Es en la transversalidad de una enseña, icono o representación donde se observa la profundidad de una convicción, creencia o ideología. Y en Cataluña, a pesar de la soledad interna española e internacional del proceso político hacia la independencia, cuando las señoras Marías, Enriquetas o Amatullah se apropian de una bandera, están indicando que es una enseña definitivamente propia, familiar, pacífica, transversal, multiclasista y multiracial. En palabras de François Mitterrand, «la force tranquille».[7]

 

© 2014 Josep Marc Laporta
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[1] Bandera de cuatro barras rojas en fondo de oro y triángulo azul en su lado superior con estrella blanca de cinco puntas en el interior.
[2] Vicenç Albert Ballester i Camps (Barcelona, 18 de septiembre de 1872 - El Masnou, 15 de agosto de 1938)
[3] Básicamente hay dos tipos de esteladas catalanas, aunque en su más de un siglo de vida cuenta con muchas variantes. La original, la denominada estelada blava (estrellada azul), ya se encuentra en publicaciones de 1918 y ha sido utilizada por sectores del nacionalismo catalán e independentistas de ideología no marxista. La denominada estelada vermella (estrellada roja), con el color de la estrella rojo sobre fondo amarillo, suele relacionarse con la defensa de un estado independiente de carácter socialista. Fue promovida originalmente por el Partit Socialista d'Alliberament Nacional (PSAN) en los años 1970. Otras banderas, como la denominada estelada verda (estrellada verde), es una bandera independentista de lucha pacífica, surgida en 2008 para reivindicar también la libertad para la Tierra y la Naturaleza, por un país ecologista, animalista y humanista.
[4] ‘Para una sociología de las banderas’- Emblemata, 19 (2013), pp. 231-240. Enrique Gastón, profesor Emérito de Sociología de la Universidad de Zaragoza.
[5] La enseña catalana es compartida por los distintos reinos o territorios de la antigua Corona de Aragón.
[6] Los diferentes tipos de bandera estelada que en su primer siglo de vida se instalaron en los reductos independentistas catalanes no se pudieron imponer al modelo del triángulo azul. Si bien existen otras del mismo color oro con estrella roja o distintas aproximaciones visuales y tonales, el triángulo azul original se mantuvo como la más aceptada. En la manifestación del 11 de septiembre del año 2012 la ANC (Assamblea Nacional de Catalunya), entidad que coorganizaba el acto, aconsejó llevar esteladas de triángulo azul. El contraste de este color proporcionaría mucha más visibilidad al ondear de las banderas.
[7] Lema de la campaña presidencial de François Mitterrand que le llevó al Palacio del Eliseo en 1981.

1 comentario:

  1. PITi06:26

    Eso de la banderas a mi parecer es una manera de diferenciarnos los humanos.. . una manera de hacernos diferentes los unos de los otros. .. pues no somos iguales a pesar que tenemos la misma sangre y los mismos organos. Las banderas no deberian existir y lo de Cataluña es una cosa muycomplicada porque que le habremos hecho para que no quieran ser parte nuestra.... . Me duele que se quieran independizar. .. no es justo.

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