· Los bautistas y su música (56)

© 2025 Josep Marc Laporta 

La introducción del piano en los cultos

      Las décadas de los setenta y ochenta fueron la primera puerta de entrada del piano a
la alabanza comunitaria de algunas iglesias bautistas españolas. Y aunque en los setenta ya hubo algunas incursiones, en realidad no fue hasta los años ochenta e incluso los noventa cuando el piano se fue popularizando y de facto reemplazó a los órganos eléctricos, siendo ambos sustituidos posterior y paulatinamente por los teclados sintetizados. Fue un espejo musicológico de lo que décadas atrás había sucedido en los Estados Unidos, cuando las campañas evangelísticas masivas pusieron de moda el piano en lugar del órgano por su practicidad, transportabilidad y sonido vivo y percutivo.

En realidad, el órgano, tanto de fuelle, de tubos, como electrónico, siempre estuvo asociado a la liturgia clásica y al acompasamiento congregacional uniforme. Tras la última línea del himno en cuestión tocada por el órgano a modo de introducción, todos los fieles se levantaban a una para disponerse a cantar la primera estrofa. El sonido denso y grueso del órgano invitaba a un canto ampuloso, firme y regular. Al finalizar la primera estrofa, una pequeña coda instrumental acostumbraba a marcar un breve descanso vocal, señal que daría entrada a la segunda estrofa. Y así sucesivamente hasta la tercera, cuarta o quinta…, cuando tras la última línea todos los fieles se sentaban al compás de los himnarios cerrándose, mientras el órgano postludiaba unas suaves y breves notas. Este tradicional modelo emparentaba muy bien con las cualidades sonoras del órgano, pero no tanto con los cantos de métrica irregular y de estructuras desiguales. Fue por estas razones que un instrumento percutivo, de sonido más claro y de más audibles aptitudes rítmicas, podía promover y animar a un canto más espontáneo y vigoroso, en el que el órgano también podría ser un buen aliado. Estas peculiares características hicieron que el piano tomara mayor protagonismo en la alabanza eclesial, mientras el órgano empezó a languidecer hasta desaparecer.

Un primer ejemplo de la lenta pero firme incursión de este instrumento aconteció en la Església Baptista Bona Nova de la capital catalana a principios de los años setenta. Tras la llegada a España e instalación en València en 1953 de los misioneros norteamericanos José Mefford (1921-2005) y Lila Pritchard (1921-2012), a partir de 1964 y durante unos años residieron en Barcelona, trabajando activamente con varias iglesias y en la preparación del libro de música del Himnario de las Iglesias Evangélicas de España (HIEE). Oficialmente fueron miembros de la congregación de la Bonanova en la cual José Mefford desarrolló un amplio ministerio: predicando, siendo organista, interpretando coritos con su acordeón junto a su esposa, dirigiendo el coro y, también, como profesor del Seminario Bautista. Pero en 1970 la familia Mefford volvió a cambiar de domicilio e iglesia para proseguir tareas misioneras y radiofónicas con epicentro en Alacant y Dénia. Antes del traslado y como un regalo de amor a la congregación que habían servido, los Mefford donaron el piano vertical que tenían en su hogar. Sin embargo, al principio aquel instrumento no fue instalado en el lugar de cultos sino en una dependencia de un piso superior para ser usado en otros menesteres, como apoyo a las escuelas dominicales o en reuniones de jóvenes. Pero gracias a un acto unido de las iglesias barcelonesas en el que participó la ya consagrada pianista Maria Luisa Cantos Vinuesa (1943–), el piano quedó instalado definitivamente en el templo para acompañar los himnos juntamente con el órgano, además de ser el instrumento guía de la coral de la iglesia. Posteriormente, en el mes de septiembre de 1991 aquel piano de pared volvió al piso superior, sustituyéndose definitivamente por un flamante piano de media cola que avanzada la segunda década del siglo XX fue reemplazado por sintetizadores y teclados electrónicos.

El siguiente vídeo corresponde a una de las primeras grabaciones en vivo de la Coral Bona Nova en 1977, con el piano como instrumento de acompañamiento. El director era Paul Shelton (1954–).

Otro caso similar o prácticamente calcado sucedió en la Iglesia Bautista de Dénia ‘La Trinitat’ a principios de los ochenta y con el mismo misionero de protagonista. De manera anónima, José Mefford donó el piano de su casa al templo de la calle Patricio Ferrándiz, que desde aquel momento participó junto a un órgano que había sido regalado años antes, en 1963, por la familia Pastor-Cabrera con motivo del cincuenta aniversario de bodas de Vicente Pastor Fullana  (1883–1972) y Josefa Cabrera Terrades (1887–1965), miembros fundadores de la iglesia dianense. Posteriormente, ya en la primera década del siglo XX, aquel piano de pared fue sustituido por un piano de cola, al trasladarse la congregación a los terrenos del Centro Alfa y Omega, quedando relegado más tarde por poca practicidad y exceso de espacio que ocupaba, apremiado también por la aparición de nuevos samplers con excelentes muestreos pianísticos. No obstante, y a modo de anécdota, algunas décadas antes, cuando la congregación dianense iniciaba su camino con reuniones por las casas, el primer piano que usaron para acompañar los himnos era el que estaba en aquella casa, que anteriormente había sido un cabaret.

En el siguiente vídeo se puede oír a José Mefford, tocando un popurrí de himnos al piano y acompañando a la congregación en el himno 'Todas las promesas del Señor Jesús'.

Paulatinamente, la introducción del piano fue imitado por otras congregaciones, que vieron en él un recurso musical más acorde a los nuevos estilos que gradualmente se iban imponiendo, primero con los coritos y después con himnos y cantos de estilo más pop. En abril de 1980, en la Iglesia Bautista de Alacant se propuso «la compra de un piano cuya financiación será efectuada por un grupo de hermanos», propuesta que fue impulsada por Manuel Iturralde Nadal (1952–), director del Cuarteto Sión o Voces de Sión. Tras varias deliberaciones y propuestas internas que retrasaron la decisión, el instrumento en cuestión no se llegó adquirir e instalar hasta 1983. Mientras tanto, algunas iglesias más rezagadas estrenaban órgano electrónico, como la Iglesia Bautista de Castelló de la Plana. Las crónicas de El Eco anunciaban que el 16 de marzo de 1980 fue un día muy especial, porque «después de muchos años de espera por fin vimos cumplidos nuestros deseos de poder tener un órgano electrónico que pudiera con su melodía traer a nuestros cultos la fuerza suficiente que la música es capaz de dar para elevar el espíritu». Para tal fin, «la señorita Elisabet (Ruth) Padilla, miembro de una iglesia bautista de València, acompañó al órgano un amplio repertorio de himnos cantados por la congregación en los que se quiso exponer el amplio valor de nuestra himnología evangélica para, seguidamente, darnos un amplio concierto de música sacra». Asimismo, al siguiente año, en marzo de 1981, la Iglesia Bautista en Girona compró un órgano para acompañar el canto en los cultos. Y en 1983, el Día de la Música en Las Palmas de Gran Canaria fue el del estreno de un piano vertical, que junto al Coro de Jóvenes, solos, dúos, tríos y cuartetos dieron realce a la inauguración.

A principios de 1981, el nuevo y dinámico pastor de la Iglesia Bautista de Cartagena, James Austin [Santiago] Williams (1926–2015), consiguió un viejo piano de pared, restaurándolo con sus propios medios con la finalidad de elevar musicalmente la instrumentación en la alabanza a Dios comunitaria. Junto a un sencillo órgano eléctrico ya existente, la guitarra que tocaba su esposa, Martha Faye Mathews (1926–2017), el acordeón por el propio Santiago Williams y el piano tocado por JM Laporta por espacio de un año, los cantos congregacionales adquirieron más vivacidad, mejor musicalidad y una expresividad que renovó el espíritu de alabanza. Pero por su antigüedad y endeblez, el piano en cuestión necesitaba de constantes afinaciones y reparaciones, y puesto que en la ciudad no se encontraban profesionales especializados, cada vez se tenía que llamar a un afinador de Murcia, capital situada a unos cien kilómetros de Cartagena. Cuando más tarde, en 1984 JM Laporta residió durante unos meses en la ciudad invitado ministerialmente por la iglesia, aprovechó la coyuntura para impartir unos cursos intensivos de afinación y mecánica a dos pianistas nobeles no creyentes de la ciudad, con aquel viejo piano como banco de aprendizaje. Después de unos meses de prácticas, José Enrique Álvarez (1956-), uno de los dos aprendices de lutier se convirtió en el primer afinador de Cartagena, desarrollando una larga carrera profesional.

La instalación de pianos en las iglesias también se benefició de gestos simbólicos y, al mismo tiempo, muy prácticos de reconocimiento a Dios y de gratitud por hombres y mujeres que dejaron su tierra para servirle fuera de ella. Este es el caso de la capital del Túria. 1988 fue el año del centenario de la Primera Iglesia Evangélica Bautista de València, en la calle Quart 134. Puesto que la congregación había tenido como primeros pastores a Carlos A. Haglund (1854–1895) y Juan Uhr Kos (1858–1922), ambos de procedencia sueca, y también como misionero a Nils (Nicolás) Johann Bengtson (1882–1941), en una visita a Suecia en 1986 por parte de Manuel Sarrias Martínez (1948–), entonces secretario general de la UEBE y miembro de la iglesia valenciana, cursó invitación a la secretaria general sueca, Birgit Elisabet Karlsson (1935–), para asistir al gran evento del Centenario. Además del gozo de volver a conectar los inicios misioneros suecos en València con la bendición de una iglesia creciente y próspera, la asistencia de Karlsson al evento de 1988 incluyó el regalo de un piano vertical de marca Maeari, cuyo coste fue de unas 250.000 ptas. de entonces, siendo usado durante muchos años en los cultos. Posteriormente, el instrumento fue retirado a una dependencia contigua y sustituido por teclados sintetizados. Sin embargo, la introducción del piano en los cultos no fue sencilla, a pesar de ser un regalo institucional. Algunos hermanos no estaban muy conformes con la transición instrumental y preferían estar fuera del templo mientras la nueva música sonara. Asimismo, la renovación estilística y la juventud de los músicos fue un aspecto que incidió en el rechazo que, poco a poco, fue menguando y desapareciendo.

En el siguiente vídeo se puede escuchar una grabación de 1992 del piano de la 1ªIEB de València, con una interpretación a cuatro manos de 'Ma mère l'oye' de Maurice Ravel, por Javier Pérez López y Sergio Martín Zamora (1973-), quien fue uno de aquellos jóvenes que con quince años abrió caminos y nuevas perspectivas en la música adoracional. 


Volvamos a Catalunya y en concreto a la Iglesia Bautista de la Barceloneta. Hacia la mitad de la década de los 70, los hermanos Cortès Casanovas plantearon a la iglesia la necesidad de comprar un piano vertical. Una de las razones de los requirentes era la pujanza musical del coro de la iglesia y la necesidad de un piano como apoyo a sus intervenciones cúlticas. El coro, que inicialmente había dirigido la pianista Anna Cortès Casanovas (1949–) y que traspasó la responsabilidad a su hermano Elies Cortès Casanovas (1954-) en 1975, experimentó un crecimiento exponencial en cuanto a calidad y objetivos. Planteado al Consejo de Iglesia y seguidamente presentado a la membresía, en 1976 se aprobó la compra de un sencillo piano vertical, encargándose la compra a Audenis, una tienda de música de la ciudad cuyos dueños eran creyentes y que desde 1928 se habían especializado en pianos y su afinación.

En el Vallés Occidental y en l'Església Baptista del Redemptor de Sabadell, en el año 1982 la organista de la iglesia Josepa Pastor Mut (1941–) planteó a la iglesia la necesidad de comprar un piano vertical, a colación de que unas hermanas que habían disfrutado de este instrumento en sus estancias en el Reino Unido trajeron a la congregación nuevos himnos y cantos más modernos. Hubo una reunión especial de iglesia para tal propósito, y no hubo ningún impedimento: el piano se compró a través de una ofrenda especial. Adquirido en la tienda de Agustí Rodés i Català (1936–2009), un proveedor de instrumentos musicales de confesión evangélica radicado en la avinguda de la Catedral de Barcelona, la combinación de órgano y piano se pudo escuchar en sus reuniones con bastante asiduidad, ya que los miembros de la iglesia disfrutaron con gozo del nuevo instrumento y de las nuevas canciones e himnos.

Sin embargo, a poca distancia del Redemptor, la Primera Església Baptista de Sabadell sita en Domènech i Montaner 40 disfrutó de un piano desde mediados de los años setenta, cedido por una familia de la congregación, aunque no tendría mucha participación en los cultos. Aquel instrumento, de cuerpo de pianola, poco a poco se presentaba insuficiente para las nuevas generaciones de músicos que crecían en la iglesia y que necesitaban de un instrumento en mejores condiciones, además de la utilidad para la interpretación de melodías más contemporáneas. Aparte, el órgano de tubos de dos teclados y pedalier situado en la parte superior trasera del templo era excelente para la música clásica y los himnos más tradicionales, mientras que para otras melodías más modernas no era tan adecuado, también por el desajuste sonoro producido por desajustes en la afinación del órgano y la lejanía física entre ambos instrumentos. Por esta razón y por el devenir de los tiempos, a mediados de los años noventa el músico y pianista Xavier Nouvilas Puig (1957-),  impulsó la adquisición de un instrumento que fuera más apropiado para la alabanza congregacional. Encontrar un piano de cola en buenas condiciones y que tuviera un precio asequible, realmente podía llegar a ser una empresa de difícil consecución. Sin embargo, todo empezó a cuadrar cuando el afinador que atendía regularmente el piano vertical de la iglesia comentó a Nouviles la disponibilidad de uno que el Palau de la Música de Barcelona le había entregado en pago de una deuda pendiente. El piano en cuestión, un Grotrian-Steinweg, tenía una larga historia detrás de más de sesenta años de vida y de excelentes pianistas que lo habían tocado. Lo estrenó la pianista Rosa Sabater Parera (1929-1983) en la década de los sesenta en el Palau de la Música de Barcelona y por sus teclas pasaron algunas de las figuras más relevantes del abanico pianístico del siglo XX. En palabras de Nouvilas: «Vi muchos pianos nuevos, pero ninguno se acercaba el más mínimo a la calidad de este. Es un privilegio al alcance de muy pocos poder tener y tocar un instrumento de esta magnitud». Sin embargo, cuando en el año 2005 se partió una viga del techo y se tuvo que desalojar el templo durante bastantes meses para una reparación integral de la estructura, el piano de cola tuvo que ser dejado en depósito en l’Església Evangèlica Baptista de Gràcia de la calle Verdi 191 de Barcelona hasta la finalización de las obras y reinauguración del templo.

A la Iglesia Bautista de la capital de La Costera, Xàtiva, también le llegó la hora de disponer de un piano para los cultos, en este caso de media cola con una segunda marca de Petrov. Su incorporación a la vida comunitaria fue más tardía, en 1996. Coincidió necesariamente con la remodelación integral del templo y del presbiterio, una obra mayor que facilitó incluir en el presupuesto general la compra del piano. Fue impulsado por la tenacidad y el entusiasmo del músico y pastor Pau Grau Ballester (1967-), en un proceso muy natural y gradual que la congregación asumió con beneplácito. A la práctica, su entrada jubiló al viejo órgano Hammond cuyo servicio hacía tiempo se había consumado debido al desplazamiento sonoro que la actualización musical y estilística de la época demandaba. Sin embargo y como sucedió también en alguna que otra iglesia, en dependencia contigua había algún piano vertical para acompañar cantos en reuniones de jóvenes o en las escuelas dominicales.

Como una compra asumida por la propia iglesia, en la Primera Iglesia Bautista de Madrid el piano vertical llegó ya avanzada la década de los 60, donde se registra que el joven Julio Castillo acompañó al Coro en un himno.  Sin embargo, su participación en los cultos fue inapreciable, con el órgano aún como instrumento principal y conductor de los himnos, aunque paulatinamente fue tomando más influencia musical, acompañando al Coro en algunas puntuales ocasiones y, especialmente, al Coro de Jóvenes hacia los 80. No obstante, en la frontera del cambio de siglo, la llegada del músico coreano Jeong-goo Lee dio un nuevo enfoque a las dinámicas musicales de la congregación al asumir la dirección del Coro de la Iglesia, promoviendo también la compra de un piano de media cola. Su gran interés y empeño animó a un grupo de creyentes muy relacionados con la música a aportar una cierta cantidad de dinero que permitiera su adquisición. El proceso duró poco menos de un año hasta que se formalizó la compra e instalación, relegando el papel del órgano y llevándolo a la desaparición física del templo. Otra congregación bautista de Madrid, la Iglesia del Buen Pastor, dispuso de piano vertical desde finales de los años ochenta, estrenado en 1988 con un concierto del pianista Martín Cuellar, del que podemos oír una muestra de la época.

La Església Baptista de Terrassa, ‘Ebenezer’, posteriormente denominada ‘la Unida‘ tras la fusión de tres iglesias (Ebenezer, Cristo y Betania), tuvo la ocasión de gozar de un excelente piano de gran cola en el antiguo templo de la calle Galvani. Sin embargo, previamente y como contexto mencionaré que a mediados de los ochenta un hermano de la iglesia hizo un donativo a la iglesia de un gran órgano de la marca neerlandesa Johannus Orgelbouw, de tres teclados y pedalera. La persona en cuestión, industrial textil, que en los años treinta había sido presidente de la Unión de Jóvenes y que en aquel momento ya era un hombre de avanzada edad, en un estricto anonimato quiso regalar a la iglesia un buen órgano con la ilusión de que los jóvenes tuvieran un instrumento de calidad para usarlo en la alabanza a Dios.

Pero la historia entre el órgano y el piano se completa con una llamada telefónica de Francesc Castillo Miquel (1955-2020) al pastor Andreu Dionís García (1963-) hacia finales de los años ochenta. Castillo, técnico de sonido en unos estudios de grabación en Barcelona y en la cadena televisiva TV3, comunica a Dionís que en breve deberá viajar a Madrid para conocer material y equipos de sonido de un estudio de grabación que iban a liquidar urgentemente por embargo o cierre inmediato del negocio. Al llegar a la capital, Francesc traslada a Andreu la disponibilidad y propuesta de un piano de gran cola de la marca Petrof que se podía adquirir por un millón y medio de las antiguas pesetas, aproximadamente 9.000 euros. Una ganga, puesto que en aquel momento el precio real podría rondar los dieciséis millones de pesetas, pero con el detalle añadido de que sólo había sido utilizado dos veces para la música de una película del cineasta Pedro Almodóvar, por lo que era una ocasión única de compra.

Planteado el asunto con gran celeridad y dada la urgencia de la toma de decisiones por los imperativos de la oferta, cuatro personas de la congregación asumieron el costo del piano, contrayendo también con los gastos correspondientes al traslado de un mueble de tan grandes dimensiones. Era el año 1994. Finalmente, el piano se instaló en el templo de la calle Galvani, para posteriormente emplazarlo en el auditorio de la nueva iglesia, ‘la Unida’, en la Avinguda de Béjar 299 de Terrassa, con aforo para más de 500 personas. Pero cierto pesar quedó en el aire porque aquel órgano de tres teclados y pedalier y el flamante piano de gran cola poco tiempo pudieron oírse juntos en un culto de alabanza a Dios, lo que sonora y musicalmente es una excelente experiencia. No obstante, en las siguientes décadas el piano de gran cola Petrof ha tenido una contribución muy importante, tanto en los cultos regulares de la iglesia como en conciertos abiertos a la sociedad egarense. De hecho, en la ciudad de Terrassa sólo existen dos pianos de gran cola: el de l’Escola Municipal de Música - Conservatori de Terrassa y el del auditorio de la Iglesia Unida.

 Para concluir el capítulo, señalaré que entre las congregaciones bautistas españolas prácticamente no existen registros sonoros de dúos de piano y órgano, ya sea acompañando a la congregación o como solistas. Sin embargo, grabado con medios caseros y sin preparación previa, de 1977 se puede rescatar un dúo improvisado con Basi Laporta (1954- al órgano y JM Laporta (1959-al piano, tocando dos himnos clásicos: Junto a la cruz y Lluvias de Gracia.

 

Bibliografía y documentación





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