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" El arte de la traducción (II)


© 2001 Josep Marc Laporta

CONTENIDO:

1- Introducción
2- Ejercicio: perspectivas generales
3- Ejercicio: aproximación textual
4- Ejercicio: la definición poética


1- Introducción

Traducir o adaptar una obra de un idioma a otro es tarea minuciosa en la que el músico observa más que determina. Básicamente es un trabajo de análisis y reflexión, y consecuentemente la ejecución de una nueva exposición más vinculada a una nueva cultura que a lo estricto de un idioma. Ejercer la traducción muy pendiente del lenguaje nos separa de la cultura, del ámbito donde creció la obra y, especialmente, del ambiente donde emergerá la adaptación.

En el anterior artículo presenté la columna vertebral de la traducción: 1- Entender el sentido del texto; 2- Entender el espíritu del autor; 3- Entender la atmósfera en la que se desenvolvió; 4- El arte de acentuar las palabras; y 5- La finalidad más noble: la narración de una historia. De todo ello destaqué que la traducción de textos musicados conlleva no sólo contabilizar las notas y las vocales, sino entender el sentido del texto, su espíritu y la atmósfera en la cual el compositor se desenvolvió. Mencioné también que la traducción precisa la participación de un individuo con más sensibilidades de poeta que de músico. Es entender las palabras, conocer su rima, su ritmo, su descanso, el desarrollo literario de la obra, el propósito, el microcosmos creado; en definitiva, sentir el latir de la poesía, donde la música es el aliado del poema, no a la inversa.

2- Ejercicio: perspectivas generales

En el presente artículo haremos un ejercicio práctico de traducción-adaptación sobre un pequeño fragmento de una de las obras cumbres de la música: el “Hallelujah!”, del oratorio “The Messiah” de G. F. Handel. Es el primer fragmento después de los Aleluyas: “for the Lord God Omnipotent reigneth”.



Para acercarnos a la obra primeramente deberíamos observar la época artística: el barroco. Nacido en 1685 y fallecido en 1759, Handel vislumbra el final de dicho estilo. Su obra satisface el barroco más exigente aunque con destacables transiciones hacia el clasicismo. Es el autor puente que, sin dejar de ser fiel a su época, avanza hacia la expresividad clasicista. Junto a Johann Sebastián Bach y Georg Philipp Telemann, Handel (Häendel en su idioma natal) conoce bien los misterios de la música pomposa y ornamentada, aunque sin dejarse llevar por el recargado criterio de Bach o Telemann, a quienes nunca llegó a conocer.

Otro aspecto a subrayar es la religiosidad de Handel. Luterano, con fuertes convicciones sociales en su creencia, fue algo díscolo con el catolicismo, ya que gran parte de su obra estuvo destinada a príncipes y próceres del protestantismo. Handel es sajón, por lo cual habitualmente compone bajo texto alemán. No obstante, en razón de su traslado a Londres como director de la “Royal Academy of Music” y tras distintas situaciones donde la envidia se cebó en la gloria del compositor, y convaleciente de una parálisis facial, escribe el memorable “The Messiah”. Tan sólo veinticuatro días bastaron para componer la majestuosa obra.

Handel escribe con el don de la belleza. Siempre se descubre ese talento natural, por lo cual podemos destacar como elementos medulares de su obra la serenidad y la elegancia dentro de la amplitud de la melodía, la claridad de expresión de los conceptos y el hondo sentimiento que los anima, rebosando inspiración y majestad.

Alentados por su biografía artística, nos enfrentamos a una composición que resume los trazos más destacables de su personalidad creadora. “The Messiah” es básicamente el resumen de su talante y talento artístico. Otra particularidad que no debemos pasar por alto es el idioma en el que se escribió “The Messiah”: el inglés. Handel compone bajo unos textos proporcionados por un amigo suyo, Charles Jennens, los cuales el compositor revisó detenidamente añadiéndole textos propios.

Las tres partes de la obra ensalzan el anuncio de la llegada del Mesías (nº 1-19), la Pasión y Resurrección (nº 20-42) y la realización del ideal del Mesías sobre la tierra (nº 43-52): la liberación de la humanidad de la oscuridad y el sufrimiento hacia la luz y la libertad. Precisamente, después un narrativo del tenor, el “Hallelujah!” inaugura esta última parte de triunfo sobre la muerte y nueva instauración.

Intencionadamente, cada parte de “The Messiah” se ampara en una porción bíblica. Isaías, Malaquías, el evangelio de Lucas, los Salmos o Job son textos del oratorio. El “Hallelujah!” se afirma en Apocalipsis XIX:6; XI:15; XIX:16), una contemplación del inicio del reinado divino. Este bosquejo bíblico nos proporcionará una nueva manera de conocer el texto original.

Sin duda, el lenguaje de la traducción o adaptación debe respetar el microcosmos del autor. Debe respetar la fuerza de su serenidad y elegancia; constatar la amplitud de su melodía, la claridad de expresión y su profunda fe, especialmente fortalecida en la época en la que escribió “The Messiah” (sus últimos años son muy fecundos en religiosidad).

Adaptar el Coro parece tarea sencilla. Prácticamente un tercio de “Hallelujah!”, no precisa de gran audacia. “Hallelujah!” o ¡Aleluya!, es similar en la contabilización y acentuación vocálica, por lo cual el esfuerzo adaptador queda derogado.

Pero recordemos que traducir musicando es esencialmente un servicio de comunicación. Es ofrecer inteligibilidad sin renunciar a la fidelidad de origen, ni a la música. Es una recreación poética donde el traductor demuestra su proximidad incondicional a la obra inicial y, también, a la resultante.

3- Ejercicio: aproximación textual

El ejercicio que nos proponemos con sus consecuentes reflexiones es la adaptación literaria del primer fragmento después de los Aleluyas iniciales: “for the Lord Omnipotent reigneth”, reiterada en varios compases (12 al 34). Una traducción literal propondría: “pues el Señor Dios Omnipotente reina ya”. Pero antes de avanzar debemos advertir dos detalles vitales para la comprensión original: 1) el libreto en inglés proyecta el inicio de “Hallelujah!” en presente, mientras que posteriormente, en el avance del Coro, muta hacia el futuro, y 2) la palabra “for” fusiona “Hallelujah!” y el discurso posterior.

Desarrollemos el primer punto: el “Hallelujah!” comienza su discurso en presente: “el Señor Omnipotente reina ya”, mientras que posteriormente afirmará que “Él reinará por siempre”. Ello nos indica que Handel sostiene que Dios ya ha inaugurado su Reino, mientras que más tarde otorgará a este presente una continuidad expectante: “Él reinará eternamente”.

La segunda cuestión implica que la palabra Aleluya, repetida varias veces al inicio, no es una expresión aislada, sino plenamente relacionada con el discurso siguiente: “Aleluya, pues (porque) el Señor Omnipotente ya reina”. Estos datos exigen al traductor un serio respeto al sentido explicativo de la obra.

La cuestión crucial es: cómo traducir esta frase educadamente, correctamente. Haciendo un rápido recuento de dificultades, contabilizamos básicamente tres: Primero, debemos incluir la partícula “pues” o “porque” para unir los conceptos (según deseo del original). También hemos de reflejar la significación “Omnipotente”, la cual no dispone de sinónimos más reducidos. Y por último, deberíamos resaltar la inauguración del Reino de Dios (Dios reina ya).

Unas iniciales aproximaciones nos invitan a realizar algunos ensayos en poesía libre, lejos de la métrica exacta y la acentuación: “Aleluya, porque nuestro Dios Omnipotente ya reina”; “Aleluya, pues el Señor, Dios Omnipotente ya reina”; “Aleluya, ya que nuestro Dios, Omnipotente, hoy ya reina”; “Aleluya, pues el Señor Omnipotente ya reina”.

La aproximación al sentido original nos obliga a desarrollar al máximo el sentido artístico. Para lograrlo, no debemos ser en absoluto literales. La literalidad ahoga la creatividad, por tanto para desarrollar lo que puede dar de sí un fragmento es necesario imbuirse en nuevas posibilidades creativas. La intención es desarrollar algunos nuevos poemas, si es posible, aún más alejados de la estricta literalidad original: “Aleluya, porque Dios, el Omnipotente, ya está reinando”; “Aleluya, porque el Omnipotente Dios reina ya hoy”; “Aleluya, porque ya reina el Omnipotente Dios”.
Básicamente, lo que pretendemos con estas deliberaciones poéticas es desacostumbrar nuestra mente de la literalidad, ofreciendo nuevas posibilidades e ideas para el texto. Después de cotejar distintas opciones, e intentando musicar los poemas, evitaremos las más convencionales como por ejemplo: “Dios, el Omnipotente ya reina” y “Porque el Señor Omnipotente reina”, u otras alejadas del estricto sentido del texto como “Gloria a Dios, grande y_Omnipotente”.

4- Ejercicio: la definición poética

Tras observar las muchas posibilidades, empiezo por descartar distintas opciones y me inclino ineludiblemente por alguna que vincule el “Aleluya” inicial y la razón del por qué se alaba (pues, porque), y, además, que destaque la llegada del reino (ya). Pero uno de los inconvenientes es la palabra “Omnipotente”, pues en inglés consta de 4 pulsaciones silábicas (Om-ni-po-tent) y en castellano de 5 (Om-ni-po-ten-te). Entiendo que “The Messiah” es una obra cumbre de la música, por lo cual me debo a su grandeza y no debo alterar su métrica a no ser por razones de extrema imposibilidad en la nueva adaptación. Lo más sencillo sería añadir a la melodía un valor rítmico más para encajar la palabra. Pero no es lo que pretendemos. Sin una seria y dedicada exploración de otras posibilidades es muy probable que cayéramos en este error. Con la intención de no cambiar en nada la cadencia original, me dejo llevar por el espíritu de la poesía y, tras varias alternativas, selecciono algunas opciones finalistas:

1- “Pues Dios, Omnipotente, ya reina”
2- “Pues el Omnipotente ya reina”
3- “Porque ya reina nuestro Dios fuerte”
4- “Pues Dios ya reina, Omnipotente”
5- “Pues Dios ya reina_el Omnipotente”
6- “Pues reina ya Dios, Omnipotente”
7- “Porque ya reina_el Omnipotente”
8- “Pues nuestro Dios ya reina potente”

De todas las posibilidades me inclino por alguna que incluya la palabra “Omnipotente”, pues resume perfectamente el poder divino al que se alude. También tengo preferencia por la identificación del Omnipotente, Dios.

De las ocho frases finalistas debo elegir una. Y para que la decisión sea lo más acertada posible es indispensable que musicalmente suene perfectamente engarzada con la melodía. La unión debiera ser tan profunda, que pareciera que música y texto son una misma cosa, un mismo idioma, que no hubo nunca otro original que el traducido.

Reviso detenidamente todas las anotaciones y me inclino por una de ellas. Mi decisión, ¿será la misma que la tuya? Si no lo fuera, no olvides que siempre habrá un recurso poético-lingüistico que hará reverdecer un pasaje de difícil adaptación.

© 2001 Josep Marc Laporta

2 comentarios:

  1. David04:16

    fabulosa ponencia profesor Laporta

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  2. Anónimo04:17

    muy bien. me llevó hasta donde quería llevarme con el artículo,. Elegi la primera. Seguro que es la que usted eligio. ¿Es verdad? o no?

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